Unión Proletaria

¿Qué interés puede tener esclarecer la experiencia de los países socialistas, cuando lo que preocupa ahora es la pandemia y la crisis económica?

Martes 27 de octubre de 2020


Con confinamiento o sin él, nos obligan a hacinarnos en las empresas y en los medios de transporte para que los capitalistas sigan lucrándose con nuestro trabajo, aunque se extiendan los contagios y se pierdan vidas. Además de recortar los recursos de la sanidad pública y de desviarlos hacia el negocio privado, se ensañan con la clase obrera reprimiendo a la población allí donde malvive, sobre todo cuando protesta. En Estados Unidos, en Colombia, en Chile, etc., las masas se levantan contra la violencia policial. En España, millones de personas se movilizaron contra la salida capitalista a la anterior crisis y por el derecho democrático de autodeterminación de Cataluña. Gracias a estas luchas, se han logrado pequeñas mejoras, mayorías parlamentarias y gobiernos que apenas alivian el sufrimiento popular. Ni la acción directa de las masas, ni los representantes políticos elegidos por ellas consiguen más, porque la correlación de fuerzas real es muy ventajosa para los capitalistas y muy adversa para los obreros. El hecho de que éstos elijan, en el mejor de los casos, a reformistas pequeñoburgueses como sus representantes políticos ilustra a la perfección el desamparo de la mayoría proletaria frente a la minoría capitalista.

Las luchas estallan; a veces incluso se prolongan y se desarrollan; pero se acaban apagando sin conseguir erradicar las causas que las provocaron. En el mejor de los casos, conquistan paliativos parciales. No tienen la continuidad, ni la unidad, ni la organización suficientes para cambiar la correlación de fuerzas. Aunque este cambio sólo se pueda conseguir a través de tales luchas, las condiciones en que las mismas se practican resultan insuficientes.

Hoy día, en España y en muchos otros lugares, cuando las masas se movilizan, ni persiguen el socialismo, ni están dispuestas a sacrificar sus vidas, ni poseen una sólida organización que merezca su confianza. Al contrario, han visto derrumbarse a la URSS y a los Estados socialistas de Europa; ven que Cuba, China y otros países todavía socialistas han retrocedido ante la presión imperialista y la insuficiente solidaridad por parte de la población obrera de los países capitalistas; llevan ya tres generaciones sometidas a una creciente propaganda anticomunista sin respuesta firme por parte de los partidos que se llaman comunistas; se apoyan en sindicatos cuyos dirigentes practican la mínima resistencia y la máxima colaboración con los capitalistas; sólo consideran realistas las luchas por conservar lo que tienen y no empeorar; y, en el transcurso de éstas, se les acerca una pluralidad de pequeñas organizaciones revolucionarias que pretenden hacer la guerra cada una por su cuenta.

Para remate, los planteamientos de muchos de estos revolucionarios han retrocedido hacia el empirismo, el pragmatismo y la creencia anarquista de que las luchas espontáneas son suficientes para generar conciencia de clase en los obreros (del caos, nacerá el orden revolucionario [1]). Es comprensible que muchos militantes comunistas -hartos de las luchas perdidas contra el revisionismo- hayan acabado por aborrecer los "ismos", en definitiva, la lucha teórica por depurar el marxismo de sucedáneos oportunistas. Lo lamentable es que jueguen demagógicamente con este prejuicio algunos dirigentes comunistas con un nada desdeñable bagaje intelectual. Para ellos, la unidad comunista debe circunscribirse a acordar reivindicaciones y acciones inmediatas, cerrando la puerta a todo esfuerzo de resolución racional de las causas que motivan las discrepancias prácticas.

Si en Rusia pudo triunfar la primera revolución socialista, si la Unión Soviética fue el primer país en que se pudo empezar a realizar el programa político comunista, fue principalmente porque se organizó un partido político proletario de vanguardia a partir de la comprensión de que "sin teoría revolucionaria, no puede haber movimiento revolucionario" (Lenin) y de que la lucha teórica es una de las tres formas, junto a la política y la económica, en que se debe dirigirse la lucha de la clase obrera para hacerla fuerte e invencible (Engels) [2]

Sólo contrastando las diversas propuestas prácticas con la teoría del marxismo-leninismo es posible resolver las discrepancias y unir en una misma organización a los revolucionarios. Este método es el único que permite discernir entre dos tipos de discrepancias: por una parte, las que se deben a errores lógicos o al conocimiento insuficiente de la realidad concreta; por otra parte, las que se deben a diferentes posiciones de clase. Es el único método para zanjar las divergencias mediante la discusión y la posterior subordinación de la minoría a la mayoría, al tiempo que depuramos la organización de aquéllos individuos cuyas posiciones no proletarias tienden a destruirla. Es la única vía de unidad que permite forjar una conciencia cualitativamente superior en el seno de dicha organización, acrecentando la convicción, la disciplina, la actividad y la determinación combativa de los militantes. La acción mucho más consciente de éstos multiplica la eficacia de la labor de propaganda y de organización de las masas: alumbra en las masas proletarias la comprensión del vínculo entre sus luchas parciales y la revolución socialista, proporcionándoles una seguridad y una confianza en sí de las que hoy carecen. Esto es lo que significa educar, organizar y dirigir la lucha de la clase obrera.

Ahora bien, la alternativa correcta al espontaneísmo no es el dogmatismo doctrinario.

La lucha teórica revolucionaria no es una batalla escolástica por la fiel aplicación de los versículos de un libro sagrado. La teoría revolucionaria no es un dogma, un catecismo, una doctrina a la que atenerse en su literalidad. El cuerpo teórico del marxismo-leninismo se ha ido desarrollando a través de su aplicación en determinados momentos y lugares. En la medida en que las circunstancias cambian, la letra también debe hacerlo, so pena de que el éxito del pasado se convierta en fracaso en el presente. Todos los logros del comunismo se han obtenido aplicando, no la plena literalidad de la doctrina marxista, sino el resultado de analizar la realidad concreta con las herramientas de esta doctrina, pero verificando la vigencia de las mismas sobre la base de una concepción del mundo que se corresponde con el interés fundamental de los obreros (emanciparse de su condición de clase, emancipando así a toda la sociedad de la división en clases). La teoría revolucionaria contemporánea se construye y se reconstruye continuamente a partir de la concepción del mundo del materialismo dialéctico.

El marxismo-leninismo no es una suma de preceptos inamovibles sino de verdades relativas, teniendo por esencia a aquella concepción del mundo. En coherencia con esta base, analizamos la realidad concreta y emprendemos acciones que se convierten en principios y leyes particulares cuando resultan fructíferas y progresivas. Y, en la medida en que se demuestran comunes a diversos países y tiempos, se convierten en principios y leyes generales que forman el cuerpo de la doctrina marxista-leninista. Pero la vida siempre cambiante y los fracasos cosechados nos obligan a reconsiderarlas continuamente. Quien se niegue a ello, convierte la doctrina marxista-leninista en un dogma, lo cual es contrario a su esencia. Y quien la modifique apartándose del materialismo dialéctico -como les ocurrió a Bernstein, Kautsky, Jruschov, Carrillo, etc.-, también va contra su esencia y la convierte entonces en una teoría revisionista. En ambos casos, resultará una deformación del marxismo que sólo beneficiará los fines conservadores de la burguesía.

El retroceso del socialismo en la URSS y en otros países es el cambio negativo más importante desde que surgió la clase obrera. Sin encontrarle una explicación científica, es imposible unir a los comunistas, reconstituir el partido revolucionario del proletariado y avanzar hacia la revolución.

Las masas a las que los comunistas ayudamos en sus luchas inmediatas podrán simpatizar con nosotros, pero no nos acompañarán más lejos, hacia el socialismo, mientras prevalezca en su conciencia la "explicación" burguesa sobre el fracaso del socialismo y la maldad del comunismo. Pasar por alto este problema es suponer que las masas son tontas y no van a contrastar nuestras promesas de hoy con nuestra práctica histórica. Y centrar toda la atención de las masas en lo inmediato, ocultando los objetivos radicales y finales de sus luchas, sólo alimenta el reformismo.

Los comunistas necesitamos una explicación científica del retroceso del socialismo, no sólo para proporcionársela a las masas, sino también para delimitar los contornos de la teoría revolucionaria que debemos aplicar. Después de la gran derrota sufrida, no podemos orientar correctamente nuestra práctica cotidiana si no determinamos qué continúa vigente en la teoría marxista-leninista enriquecida a lo largo de un siglo de luchas y revoluciones. Por ejemplo, ¿cómo arrebatar a los reformistas la dirección de la mayoría de las masas obreras? Se han cumplido 100 años desde que Lenin explicó a los comunistas del mundo la experiencia bolchevique al respecto en su famosa obra La enfermedad infantil del "izquierdismo" en el comunismo. Pero las organizaciones leninistas de España ni la aplican ni la critican: simplemente, la ignoran (incluso en el presente año de su centenario).

Frente al revisionismo que tergiversa y denigra la experiencia soviética, es natural que muchos comunistas respondan que los dirigentes bolcheviques actuaron correctamente en todo y que la destrucción de la URSS se debió a la correlación objetiva de fuerzas de clase. La consecuencia positiva de esta posición es el esfuerzo por divulgar y defender los aciertos revolucionarios negados por toda la propaganda anticomunista dominante. Pero su consecuencia negativa es alimentar la ilusión de que pueda existir una práctica sin errores, condenar el movimiento futuro a repetir los errores del pasado, aminorar el papel del factor subjetivo y promover un determinismo fatalista. Esta posición encierra un peligro de dogmatismo en perjuicio del materialismo dialéctico.

Rearmar la conciencia del proletariado actual exige darle a conocer las acciones acertadas de sus predecesores. Pero también exige que nos esforcemos por descubrir las dificultades objetivas y las debilidades subjetivas que les llevaron a la derrota, tratándolas científicamente. De algunas, tendremos pruebas sólidas y deberemos sacar las enseñanzas pertinentes para nuestra práctica revolucionaria. De otras, sólo podremos sospechar por algunos indicios y emitir entonces hipótesis pendientes de ulteriores comprobaciones. Y habrá cuestiones sobre las que deberemos reconocer el desconocimiento actual, criticando por consiguiente las especulaciones e invenciones malintencionadas de los enemigos de nuestra causa.

Si desarrollamos con este criterio nuestra actividad teórica y la simultaneamos con la práctica, podremos ayudar a las masas proletarias a ponerse en marcha hacia la revolución socialista.

Notas

[1] Así lo explicaban Marx y Engels: "La anarquía: he aquí el gran caballo de batalla de su maestro Bakunin, que, de los sistemas socialistas, no ha tomado más que las etiquetas. Todos los socialistas entienden por anarquía lo siguiente: una vez conseguido el objetivo de la clase obrera —la abolición de las clases—, el poder del Estado, que sirve para mantener a la gran mayoría productora bajo el yugo de una minoría explotadora poco numerosa, desaparece y las funciones de gobierno se transforman en simples funciones administrativas. La Alianza toma el rábano por las hojas. Proclama que la anarquía en las filas proletarias es el medio más infalible para romper la potente concentración de fuerzas sociales y políticas que los explotadores tienen en sus manos. Con este pretexto, pide a la Internacional, en el momento en que el viejo mundo trata de aplastarla, que substituya su organización por la anarquía. La policía internacional no pide otra cosa para eternizar la república de Thiers, cubriéndola con el manto imperial[*]." (Las pretendidas escisiones en la Internacional, 1872: https://www.marxists.org/espanol/m-e/1870s/lpee72s.htm)

[*] En el informe sobre la ley Dufaure, el rural Sacase apunta, sobre todo, contra la «organización» de la Internacional. Esta organización es su pesadilla. Después de haber constatado «el ascenso de esta formidable Asociación», añade: «Esta Asociación rechaza las prácticas tenebrosas de las sectas que le han antecedido. Su organización se ha hecho y se ha modificado a la luz del día. Gracias a la potencia de esta organización... ha acrecentado progresivamente su esfera de acción y de influencia. Se abren las puertas de todos los territorios». Después describe «sumariamente» la organización y concluye: «Tal es, en su sabia unidad... el plan de esta amplia organización. Su fuerza reside en su concepción misma. Reside también en la masa de sus afiliados, ligados a una acción simultánea, y reside, por último, en el impulso invencible que puede ponerlos en movimiento».

[2] ¿Qué hacer?, Lenin (https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1900s/quehacer/qh1.htm).


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