Editorial EM 11

Las primeras elecciones de la crisis

Julio 2009

Viernes 17 de julio de 2009


La derecha presume de haber ganado las últimas elecciones al Parlamento Europeo, pero esto sólo es cierto en relación con el número de votantes y éste sigue disminuyendo. En realidad, la derecha sólo es respaldada por 1 de cada 4 electores. Lo que sí es incuestionable es que más de la mitad de los ciudadanos no muestra interés por apoyar a ninguna de las fuerzas políticas concurrentes y se abstiene, tanto en España como en el resto de la Unión Europea. Además, esta abstención tiene un claro carácter de clase: en las circunscripciones españolas en las que la concentración obrera es mayor, la participación baja en más de 10 puntos porcentuales con respecto a aquéllos donde es mayor la proporción de población burguesa y pequeñoburguesa. Podemos decir que la burguesía ha ganado esta competición porque no se presentó a ella su contrincante: el proletariado. La mayoría de la clase obrera no apoya a los partidos políticos en general, sobre todo por no remediar los daños que le causa la crisis actual y, en particular, de cara a una Unión Europea que no ha servido para evitarla y que no le procura alivio sino más dolor. Pero esta abstención no es ningún boicot; no significa la apuesta por unas formas de lucha más contundentes y eficaces, sino que expresa la profunda derrota que ha sufrido nuestra clase en la segunda mitad del siglo XX. En este proceso, sus organizaciones, incluso muchas de vanguardia, han claudicado ante su enemigo y, por eso, amplias masas obreras se han despolitizado y unas pocas se han pasado a la reacción. En estas condiciones, la abstención no supone ninguna contrariedad para la gran burguesía; expresa, al contrario, que sus víctimas renuncian a ejercer una oposición política, siquiera reformista, a las medidas cada vez más agresivas que el gran capital les impone.

Las fuerzas de la oligarquía

Los principales partidos de la oligarquía –conservadores y social-liberales- son los ganadores absolutos: 1º) porque dominan el Estado y la sociedad civil, y su monopolio mediático se asegura de que acaparen la atención de la opinión pública; 2º) pero, sobre todo, porque, en España y en la mayoría de la Unión Europea, no tienen frente a sí a ninguna organización política democrática con un respaldo de masas que, aun minoritaria electoralmente, pueda desarrollar la lucha de clases en la calle y también en las instituciones representativas. En muchos países, los partidos que están gobernando han perdido votos porque su gestión de la crisis perjudica a la mayoría de la población, si bien esto es más claro en el caso de la socialdemocracia porque buena parte de sus apoyos los tiene en esa mayoría, es decir, en la masa trabajadora que es la principal víctima de la recesión. Aun así, es en las zonas de mayor concentración proletaria donde PSOE, IU y el resto de la izquierda obtienen sus mejores resultados. En cambio, la derecha se fortalece porque conserva el apoyo de la gran burguesía, muy minoritaria pero con medios poderosos e influyentes que le procuran apoyos de masas en las capas sociales intermedias y entre los obreros más atrasados políticamente, a base de demagogia y de azuzar la competencia entre nacionalidades, religiones, empleados-desempleados, fijos-precarios, etc. (en definitiva, corrompiendo moralmente al pueblo). Ésta es también la razón del crecimiento espectacular de UPyD, la tercera pata de que se dota la oligarquía española, para controlar parte del hartazgo popular hacia su actual sistema bipartidista corrupto y para que la mayoría de habla castellana, descontenta con los nacionalismos periféricos, se oriente no hacia el internacionalismo proletario sino hacia el nacionalismo español, en definitiva, hacia la derecha más imperialista y reaccionaria. A esta tendencia responde también el ascenso en votos de las candidaturas fascistas, xenófobas, racistas y ultranacionalistas (la reserva radical de la oligarquía financiera) en Europa y también en España, aunque aquí en cifras absolutas mínimas pero superiores a las de la izquierda revolucionaria, si exceptuamos el País Vasco y Navarra.

Las fuerzas de la democracia

Mientras los nacionalistas burgueses y pequeñoburgueses moderados enfrentados al imperialismo español se mantienen, Izquierda Unida, aunque conserva sus dos eurodiputados, prosigue su declive en votos y en porcentaje. Al ambiente generalizado de derechización y de reflujo del movimiento obrero, hay que agregar como causa del continuo retroceso electoral de IU la particular contribución de esta organización al deterioro político que experimenta nuestra clase y el pueblo: su apología de una Unión Europea utópica; su seguidismo del PSOE; el comportamiento “respetablemente burgués” y nada revolucionario de la mayoría de sus diputados y concejales; su reformismo electoralista y su política errática, a caballo entre la fidelidad al pacto constitucional de 1978 y una superficial reorientación republicana; y el cómodo empecinamiento del PCE en mantenerse en el revisionismo eurocomunista cuando arrecian los ataques burgueses contra el marxismo-leninismo y su historia. A sus homólogos en la UE les ocurre algo similar, pasando la Izquierda Unida Europa de 41 a 33 escaños, siete de ellos perdidos precisamente en Italia, cuna del experimento eurocomunista.

Las demás opciones democráticas se quedaron sin representación en el europarlamento. Izquierda Anticapitalista (IA), el intento trotskista de hacer una IU todavía más posmoderna, se quedó muy lejos de su modelo francés, el NPA, que estuvo cerca de conseguir un diputado. Iniciativa Internacionalista-Solidaridad entre los Pueblos (II-SP), a pesar del acoso y cuasi-ilegalización que sufrió, es, de lejos, la opción extraparlamentaria que consigue más votos, pero 4 de cada 5, en Euskal Herria. Son votos de la izquierda abertzale, la cual, no obstante, reduce de ese modo a casi la mitad los resultados que obtuvo en los comicios europeos de 1999, los últimos en los que el imperialismo español le permitió presentarse. En el resto del Estado, es tan minoritaria como las restantes fuerzas de la izquierda revolucionaria. No representaba pues un proyecto para el Estado español, para sus pueblos, para su clase obrera, sino una maniobra del nacionalismo independentista para subordinar a sus fines a los proletarios más avanzados, más confrontados con la burguesía imperialista. La revolución socialista, e incluso cualquier cambio democrático como es el derecho de las naciones a la autodeterminación, pasan hoy por unir a la clase obrera y a los pueblos de España en la lucha por una república que proporcione las mejores condiciones para destruir a la oligarquía financiera imperialista. Ésta es la principal lección de los últimos años que deberían asimilar todos los independentistas.

La fuerza decisiva: el Partido Comunista

Los comunistas de Unión Proletaria hemos apoyado la candidatura del PCPE, como representante en España de la unión de 21 partidos comunistas y obreros de Europa. En conjunto, los resultados de estas organizaciones han mejorado, aunque, como era de esperar, su exponente más destacado, el Partido Comunista de Grecia (KKE), ha retrocedido ligeramente debido sobre todo al brutal ataque combinado que ha recibido por parte la derecha y la ultraizquierda, incluida la provocación policial de diciembre pasado. En cuanto al PCPE, al contrario que IA y que II-SP, consigue sus mejores resultados en los lugares de mayor concentración obrera. Sin embargo, su fuerza electoral sigue disminuyendo (sólo sube con relación a los votos conseguidos en 2004, en extraña alianza con un grupo trotskista), lo que vuelve todavía más pertinente y urgente nuestra crítica camaraderil hacia todo el movimiento comunista de España: ¡basta de sectarismo, de reproches mutuos, de prepotencia y de chovinismo de “partido”! Éste es el daño más grave que se está infligiendo a la causa socialista sistemáticamente, y no sólo cuando el Estado burgués convoca elecciones que, a fin de cuentas, son una expresión secundaria de la lucha de clases, subordinada a la organización del Partido y al combate directo de las masas obreras. Cada día que pasa, la burguesía consigue alejar más la conciencia proletaria de la concepción del mundo comunista y de la historia revolucionaria del movimiento obrero. ¡Unámonos para construir una única organización marxista-leninista y desarrollemos una propaganda y una línea de masas que forjen la unidad de la clase obrera por el socialismo y la unidad del pueblo por la república democrática! Unión Proletaria ha dado y seguirá dando todos los pasos posibles en esta dirección, pero hace falta que todos los comunistas y demócratas consecuentes colaboren en este esfuerzo.

La actual crisis económica tan profunda que atraviesa el capitalismo es una oportunidad para un nuevo auge del socialismo, si somos capaces de unir nuestras mermadas fuerzas. De lo contrario, nos hundiremos en un negro período histórico como el que soñó el nazi-fascismo, hasta que vuelvan a brotar del subsuelo las fuerzas de la revolución proletaria para poner fin al infierno burgués e instaurar el comunismo en el mundo. De nosotros dependerá que esta elección decisiva la gane la clase obrera, que la revolución no se posponga y que el sufrimiento no se prolongue.


Apartado de correos 51498. 28080, Madrid.

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