Unión Proletaria

Por una respuesta unitaria de los comunistas en la lucha antiimperialista

Jueves 14 de febrero de 2019


Por una respuesta unitaria de los comunistas en la lucha antiimperialista.

Venezuela no es Ecuador, Brasil o Argentina. Maduro no es Correa, Lula o Kirchner.

Son numerosos los comunicados de rechazo a la última injerencia del imperialismo norteamericano en el proceso revolucionario que cumple 20 años en Venezuela. Celebramos en todos y cada uno de los comunicados que lo principal sea ese rechazo. Sin embargo, entre unos y otros se hace notar el diferente grado de adhesión y apoyo al proceso bolivariano, llegándose a cuestionar incluso, su propia naturaleza revolucionaria [1]. Tal cuestión no es un problema menor ni secundario y sus efectos son enormemente lesivos para la causa que se pretende defender y fortalecer. En lo concreto, la soberanía de Venezuela y en lo general, al movimiento antiimperialista latinoamericano como igualmente al nacional español. Por otro lado, vuelve a demostrar lo que llevamos señalando hace tiempo como el principal problema que arrastra el movimiento comunista en nuestro país desde hace décadas y que, lejos de estar cerca su superación, cada vez parece mayor, acentuándose la gravedad de nuestra enfermedad. No estamos hablando de otra cosa que de la división – y hasta en ocasiones, el enfrentamiento – entre las diferentes organizaciones marxistas-leninistas de nuestro país.

En algunos comunicados hemos podido observar que se confunden varias contradicciones en un "tótum revolútum" en el que es fácil equivocarse al tratar tales contradicciones con una misma posición en vez de tomar cada una por separado y determinar aquella que es principal y condiciona y determina la posición más justa. Algunos llegan incluso a vaticinar la derrota inminente de Maduro y llegan incluso a culpar a su antecesor como a él de la derrota bajo la acusación de “socialdemócrata”.

En primer lugar, la revolución popular y patriótica bolivariana no está ni mucho menos agotada. Defendiendo el Estado bolivariano se encuentran bien encuadradas las FFAA (casi medio millón), las milicias populares (más de medio millón) y el apoyo de la gran mayoría de la clase obrera de ese país. La correlación de fuerzas en la Venezuela bolivariana no tiene nada que ver con la división y debilidad de proyectos populares anteriores como el chileno de Allende o los más recientes en Brasil, Ecuador, etc. Por tanto, se subestima el poder popular y militar que asegura la continuidad del proceso antiimperialista en Venezuela.

En segundo lugar, se confunde la posición de Partido de clase con la de gobierno. Así, la tarea de elevar una revolución antiimperialista hasta la revolución socialista corresponde, por su naturaleza de clase y orgánica no a Maduro y su gobierno sino a la vanguardia obrera organizada: al PCV, y lo hace. Lo hace a través de la exigencia al proceso bolivariano de reformas más profundas, señalando sus límites pero al mismo tiempo que sabe que lo principal es la defensa de la soberanía y en unidad con la principal fuerza bolivariana, el PSUV.

El tercer error es el exceso de confianza en algunos comunicados respecto a la correlación de fuerzas en el proceso de construcción del socialismo y al propio desarrollo económico capitalista venezolano. Así, el capitalismo venezolano es tardío y en la periferia capitalista en cuanto a desarrollo de fuerzas productivas. Además, históricamente dirigido por una burguesía que ha sido y sigue siendo exclusivamente "compradora", es decir, no ha sido capaz ni le ha interesado nunca el desarrollo de un capitalismo nacional, ni dotarse de infraestructura productiva y diversificada. Se ha limitado a una economía monolítica puramente extractiva de recursos naturales -sobre todo petrolera - conformando así una economía dependiente de los polos imperialistas y economías de la región para la importación del resto de mercancías. Con esa base dependiente del constante intercambio desigual internacional al que ha sido sometida durante décadas por el imperialismo y la oligarquía más parasitaria, su aislamiento solo puede llevar a una crisis humanitaria – situación que todavía hoy está lejos- y que, sin duda alguna, no daría paso a ningún proceso socialista sino más bien a la peor reacción de una de las oligarquías más vendepatrias de toda la región. Venezuela como Estado no puede desconectarse completamente de los mercados mundiales dominados por el imperialismo: no lo hizo la URSS, ni China ni la Albania socialista.

Entendemos que la mayoría de los errores de muchos comunicados no son malintencionados, son producto de la impaciencia y el voluntarismo. Sin embargo, aunque ambos ingredientes son necesarios, deben administrarse con la dosis justa. Desde la humildad llamamos a todas las organizaciones que hayan vacilado un tanto en la defensa del proceso bolivariano que no se puede ser consecuente con el marxismo-leninismo si en lugar de construir sobre la base material que nos encontramos, construimos sobre lo que deseamos. Como ya señaló el camarada Stalin:

"El carácter revolucionario del movimiento nacional, en las condiciones de la opresión imperialista, no presupone forzosamente, ni mucho menos, la existencia de elementos proletarios en el movimiento, la existencia de un programa revolucionario o republicano del movimiento, la existencia en éste de una base democrática. La lucha del emir de Afganistán por la independencia de su país es una lucha objetivamente revolucionaria, a pesar de las ideas monárquicas del emir y de sus partidarios, porque esa lucha debilita al imperialismo, lo descompone, lo socava. En cambio, la lucha de demócratas y "socialistas", de "revolucionarios" y republicanos tan "radicales" como Kerenski y Tsereteli, Renaudel y Scheidemann, Chernov y Dan, Henderson y Clynes durante la guerra imperialista era una lucha reaccionaria, porque el resultado que se obtuvo con ello fue pintar de color de rosa, fortalecer y dar la victoria al imperialismo. La lucha de los comerciantes y de los intelectuales burgueses egipcios por la independencia de Egipto es, por las mismas causas, una lucha objetivamente revolucionaria, a pesar del origen burgués y de la condición burguesa de los líderes del movimiento nacional egipcio, a pesar de que estén en contra del socialismo. En cambio, la lucha del gobierno "obrero" inglés por mantener a Egipto en una situación de dependencia es, por las mismas causas, una lucha reaccionaria, a pesar del origen proletario y del título proletario de los miembros de ese gobierno, a pesar de que son "partidarios" del socialismo. Y no hablo ya del movimiento nacional de otras colonias y países dependientes más grandes, como la India y China, cada uno de cuyos pasos por la senda de la liberación, aun cuando no se ajuste a los requisitos de la democracia formal, es un terrible mazazo asestado al imperialismo, es decir, un paso indiscutiblemente revolucionario." (Stalin, Los fundamentos del leninismo)”

Como hemos señalado antes, las contradicciones internas en Venezuela han configurado históricamente un capitalismo de burguesía "compradore" y dependiente del petróleo. Pero ello no sería mayor problema de no existir las contradicciones externas: el imperialismo que además de bloquear económicamente a Venezuela, la amenaza con intervenciones militares quirúrgicas e incluso abiertas o financiando y organizando desde grupos paramilitares desde Colombia a bandas terroristas en las calles de los núcleos chavistas. Todos los comunistas nos inspiramos en la revolución de Octubre, sin embargo, la correlación de fuerzas es completamente la contraria a ese momento. A diferencia de Octubre, vivimos en la época de mayor reflujo revolucionario, lo que le ha permitido al imperialismo aprovechar para ser más fuerte que nunca. Así las cosas, Venezuela ha alcanzado una de las cotas más altas que este contexto de reflujo revolucionario permite y a poco que trate de avanzar demasiado deprisa, una intervención militar a gran escala la haría desaparecer del mapa [2] .

Así las cosas, la contradicción principal - en primera instancia - no puede ser entre capitalismo y socialismo en Venezuela sino entre soberanía o imperialismo. El papel y la responsabilidad internacionalista que nos toca a los comunistas de España y de todo el mundo con la revolución bolivariana no es cosa a desdeñar: hay que salir a las calles a hacer frente a toda manifestación fascista venezolana hasta cercarla y hacerla retroceder, exigir a Unidos Podemos que a su vez lo haga al gobierno provisional de Sánchez que rectifique en su reconocimiento al golpismo de Juan Guaidó y que incluya a esa oposición dentro del listado de organizaciones terroristas aportando todas las pruebas materiales que existen y se encuentran al alcance de cualquiera.

Volvemos a hacer un llamamiento a los comunistas sin partido, al conjunto de los Partidos y organizaciones comunistas que insistan en la defensa de la revolución bolivariana de Venezuela. Volvemos a repetir el llamamiento a la unidad y esta vez, concretada en un movimiento de acción concreta que sea la preparación de una mesa central en la que se organice el trabajo conjunto y se elaboren las posiciones más acertadas que todos los comunistas debemos trasladar y difundir entre nuestra clase en la defensa de Venezuela y su gobierno legítimo.

Al mismo tiempo, realizamos una advertencia a algunos líderes de los partidos de izquierda que guardan silencio o, en el mejor de los casos titubean a la hora de defender a Maduro. Frente a las agresiones imperialistas no valen medias tintas ni equidistancia alguna: o se defiende firmemente la soberanía nacional de cada uno de los países y pueblos del mundo o de lo contrario, se blanquea el imperialismo y el fascismo producto de él. Ser consecuentemente demócrata y antiimperialista implica respetar cada mandato popular, desde el del mismísimo Trump enviado del infierno hasta el respetado Xi Jinping pasando por el líder bolivariano Nicolás Maduro. Los pueblos del mundo venceremos porque Historia está de nuestro lado, porque los imperialistas son gigantes con pies de barro que siembran rebelión a cada paso que dan y cada país que pisan. Los falsos amigos que siembran la duda y la confusión pronto se desenmascaran al exigir nuevas elecciones y diálogo con quien habla con las armas del imperio. Esos falsos amigos, hijos a partes iguales de la socialdemocracia como de la izquierda posmoderna, amables con la burguesía, el gran capital y el imperialismo, los partidos nacidos en el período del desarrollo relativamente pacífico del capitalismo y adaptados a llevar la lucha de clases sobre la base de la legalidad, no pueden servir en la nueva época, cuando las colisiones de clase adoptan un carácter abierto, cuando en el orden del día se plantea el problema del Poder.

Notas

[1] https://reconstruccioncomunista.es/venezuela-maduro/

http://www.pceml.info/actual/index.php/internacional/internacional/648-sobre-el-intento-de-golpe-de-estado-en-venezuela

http://www.pceml.info/actual/index.php/internacional/649-pcof-imperialistas-fuera-vuestras-manos-de-venezuela

http://www.partido-comunista.es/internacional/fin-la-injerencia-agresion-venezuela/ y http://www.partido-comunista.es/internacional/nota-del-pcpe-ante-la-situacion-venezuela/

https://www.pcpe.es/index.php/internacional/item/2147485831-comunicado-internacional-conjunto-de-partidos-comunistas-sobre-la-situacion-en-la-republica-bolivariana-de-venezuela

https://www.pcpe.es/index.php/comite-central/item/2147485835-declaracion-del-secretario-general-del-pcpe-carmelo-suarez-contra-el-servil-imperialismo-de-pedro-sanchez-y-su-gobierno

[2] Lo anterior no equivale a decir automáticamente que en 20 años no se hayan cometido errores ni que su desarrollo haya sido el de una línea proletaria revolucionaria cumplida al milímetro. Pero de ahí a concluir que no es un proceso revolucionario o a mostrar fisuras de unidad con él, median dos posiciones de principios antagónicas e irreconciliables. Ya lo hicieron incluso con aquellos estados socialistas o pseudosocialistas como Yugoslavia. Si en Rumanía el golpe a Ceausescu hubiera fracasado o no hubiera sido suficiente, no cabe duda que hubieran hecho lo mismo que hicieron después en Yugoslavia.


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