Unión Proletaria

La Huelga de John Deere

Una experiencia de lucha contra los expedientes y el paro

Miércoles 31 de marzo de 2010


Con este título, pareciera que el siguiente artículo va a ser de plena actualidad, y en cierta medida es así, pero los sucesos que relataré más adelante tienen lugar allá por el año 1981.

La compañía

La Empresa John Deere Ibérica, es la factoría de la multinacional del mismo nombre ubicada en Getafe (importante población del cinturón industrial madrileño) desde 1953 y que en el año que nos ocupa fabricaba tractores agrícolas de ruedas y comercializaba otros productos de la marca fabricados en otras factorías de la multinacional.

El papel que la fábrica española jugaba en el conjunto de la política productiva de la Deere & Company además de secundario era subordinado y tiene su origen en la gama de productos que al no ser fabricados en el país eran importados valiéndose para ello de los 97 concesionarios que la filial española había financiado y puesto en funcionamiento.

Esta subordinación de la John Deere Ibérica es más escandalosa si tenemos en cuenta que el mercado español era proporcionalmente más grande: en 1979 era el primero entre todos los países europeos, siendo superado en 1980 tan solo por Francia (tres factorías) y a distancia del mercado alemán donde esta multinacional fabricaba 4 veces más tractores.

En el contexto global los datos financieros de la multinacional mostraban una empresa boyante con una excelente red comercial que era una de sus bases más sólidas.

El descenso de los beneficios netos del 79 al 80 hay que conectarlo con la recesión económica mundial y la consiguiente disminución de ventas, principalmente en USA y en Europa. A la que hay que añadir un fuerte impacto negativo del embargo realizado en USA sobre las ventas de grano a la URSS, decretado por el presidente Carter como represalia por los acontecimientos en Afganistán. Sin embargo, la revista americana "Dun´s Business Monthm" en su clasificación anual citaba a Deere & Company como primer fabricante mundial de maquinaria agrícola, una de las 5 compañías USA mejor gestionadas y que había conseguido aumentar sus beneficios y la penetración en el mercado.

El expediente de crisis

Aunque desde 1979 se habían planteado por parte de la empresa 7 expedientes (ninguno de ellos que supusieran despidos) el que nos ocupa es comunicado el 10 de Junio de 1981 y plantea prescindir de una parte de la plantilla (202 trabajadores). Las razones que da la empresa en el expediente son las siguientes: situación de crisis económica general, aumento de las importaciones de tractores, escaso incremento previsible de las exportaciones, saturación del mercado interno de tractores con bajas expectativas de ventas y la tendencia al uso de tractores de gran potencia no fabricados por John Deere en España. Frente a esto el planteamiento del comité de empresa asesorado por el gabinete económico de CCOO fue el de rechazo total de estas razones y presentó un informe pormenorizado con los siguientes argumentos: en cuanto a la crisis económica, sin negar su realidad, los datos del primer trimestre del año 81 permiten asegurar que John Deere está aumentando su participación en el mercado; el escaso incremento de las exportaciones es contradictorio con el dato sobre la evolución de éstas en los últimos años; en cuanto a las importaciones, es voluntad de la multinacional que la factoría española esté dedicada fundamentalmente al mercado interno; la saturación del mercado interno estaba lejos de producirse según los datos de la propia compañía y no hay una tendencia de uso de tractores de gran potencia tal y como prueba las escasas importaciones de los mismos.

Los datos financieros que por otra parte adjunta la empresa al expediente son desmontados fácilmente por el contrainforme del comité de empresa. En primer lugar, el 75% de saldo de proveedores se debe a deudas contraídas con otras empresas del grupo multinacional lo que nos indica, que la empresa española está totalmente subordinada a la política general de la multinacional. Hay que señalar además que el tráfico interno de las multinacionales no se opera a precios de mercado, sino que los productos del tráfico interno son marcados con unos u otros precios, según convenga. Unido a esto donde la empresa había manipulado también las cifras era en la amortización de las inversiones para nueva maquinaria, poniendo unos plazos tan cortos que a la hora de analizar el saldo costes/ingresos los primeros se dispararon produciendo en lo contable un fuerte déficit. Con esta operación la empresa mataba dos pájaros de un tiro, introducía nuevas máquinas que incrementaban la productividad, y las financiaba "al galope" a costa de unos despidos "justificadísimos" por el déficit que tales inversiones provocaban.

Por último, en los razonamientos financieros de la empresa hay que señalar que resulta del todo excesivo el achacar a los costos de personal la culpa del déficit, cuando éstos tan sólo representaban un 17% del total de los gastos de la empresa.

La postura del comité de empresa desde el principio se opuso frontalmente a los despidos, si bien se admitirían las soluciones de las jubilaciones anticipadas, bajas indemnizadas... pero junto a estas medidas en lo inmediato se planteó un plan económico-financiero encaminado a cambiar la política de la compañía acabando con la subordinación de John Deere Ibérica a otras empresas del grupo.

Hasta este momento existe un total acuerdo entre los miembros del comité: Unión General de Trabajadores, Comisiones Obreras y Sindicato Unitario, se manifiestan en contra de los despidos y a favor de presionar para evitarlos. Las diferencias surgen cuando se plantea la necesidad de convocar la huelga.

Mientras Unión General de Trabajadores plantea esperar a la resolución de la delegación de trabajo, Comisiones Obreras y Sindicato Unitario plantean la huelga como método más eficaz de lucha basándose en lo siguiente:

1.- John Deere, daba una imagen de empresa saneada y con una buena red de concesionarios en su campaña publicitaria, una huelga era un buen elemento de presión al desvirtuar esa imagen.

2.- El conflicto se inicia en plena finalización del año fiscal lo que supone el no poder planificar los costes del año siguiente ni hacer el cierre fiscal del mismo.

3.- Aunque es cierto que la empresa contaba con stock, no cubrían todos los modelos y algunos se estaban necesitando.

Con este planteamiento de llevar a cabo la huelga acude CCOO a la asamblea general de trabajadores y los argumentos antes mencionados junto a la decisión de tomar medidas que expresen claramente la decisión de dar la batalla arrastran a la inmensa mayoría de los presentes, muchos de ellos afiliados de UGT. La votación es clara; tan solo 20 trabajadores de unos 1200 votan en contra de la huelga y el referéndum planteado para clarificar al máximo la decisión es rechazado por la asamblea. Así pues, los trabajadores de John Deere en una respuesta absolutamente masiva, comienzan su larga y difícil huelga.

Cuando se iniciaba la huelga, quizás muy pocos trabajadores eran conscientes de las dimensiones y resonancias que este conflicto iba a alcanzar, tanto en los casi tres meses de transcurso de la misma como en el posterior periodo de cierre patronal, se desarrolla también un importante movimiento de solidaridad que alcanza su culminación con la impresionante huelga general del pueblo de Getafe.

Los primeros días, la huelga transcurre con normalidad, en todos los turnos se hacen asambleas, se recorre la fábrica gritando consignas, se ponen pancartas en la verja de la factoría... pero en la medida que pasan los días y no se ven los resultados los trabajadores plantean otras iniciativas y se comienzan a hacer salidas breves para cortar la carretera de Toledo.

En una de las asambleas, tras llevar ya tres semanas de huelga, y en el turno de tarde donde se concentraba el personal más combativo, se decidió esperar a los altos cargos de la empresa en la puerta, para recriminarles su intransigencia y falta de ánimo negociador; se hacen incluso turnos para ir a comer el bocadillo y aprovechando un momento en el que había descendido la presencia de trabajadores en la puerta la alta dirección decide salir, produciéndose en ese momento situaciones de tensión y enfrentamiento que el comité no logró controlar. Se llegó incluso a lanzar contra algunos jefes desperdicios de alimentos e incluso alguno más exaltado llegó a pinchar las ruedas de sus coches.

Esto provoca el primer cierre patronal de los muchos con los que se jalonará esta huelga, y que coincide con la preparación de la manifestación en contra de los despidos que se celebrará en Getafe 4 días más tarde; apoyada por CCOO y SU y ante la posición de inhibirse de UGT.

En estos días preparativos de la manifestación se llegaron a alcanzar cotas de activismo y movilizacíón extraordinarias no sólo por parte de los trabajadores de John Deere, sino de otras fábricas importantes de Getafe donde también se realizaron asambleas (Intelsa, Casa, Standard, Talbot...) Al ambiente existente contribuye la celebración en tres ocasiones de marchas desde la fábrica a distintos puntos de Getafe y el literal empapelado de la ciudad con carteles de la manifestación (en sólo una mañana llegaron a pegarse 4000).

Por la tarde del día señalado, comienzan a concentrarse en las puertas de la fábrica grupos de familiares para acompañar a los huelguistas que posteriormente se dirigen a la Plaza de España para dar comienzo a la manifestación; tras una pancarta sostenida por el comité de huelga con un texto alusivo a los despidos se concentran 20.000 personas en la mayor muestra de solidaridad de la que Getafe es testigo a lo largo de su historia. La manifestación finaliza frente al ayuntamiento donde ya tanto en las intervenciones como en las consignas se hacen llamamientos a una huelga general del pueblo de Getafe.

Días después la delegación de trabajo hace pública una resolución en la que reconoce el despido de los trabajadores con lo cual es inmediatamente contestada con una marcha desde la fábrica hasta Getafe y con una radicalización de la lucha; los trabajadores se sentían burlados y en asamblea deciden acabar con los servicios mínimos e impedir el acceso a la oficina donde unos 15 esquiroles pretendían seguir trabajando.

Se decide también encerrarse en la fábrica ante lo que la empresa reclama la acción de los antidisturbios; 38 furgonetas rodean la fábrica, son momentos de muchísima tensión, trabajadores de otros turnos saltan las vallas para estar con sus compañeros dentro de la fábrica y ni el alcalde de Getafe, ni miembros de CCOO consiguen mediar para que los antidisturbios no entren en la fábrica.

Se vuelve a hacer una asamblea y cuando ésta decidía por una exigua minoría de votos salir pacíficamente, la policía entra en la fábrica con gran despliegue al tiempo que dos compañeros del comité de huelga se dirigían con rapidez al teniente para decirle que habían decidido desalojar la empresa. Como consecuencia de estos sucesos se produjo el tercer cierre patronal, y éste con carácter indefinido, ya que la fábrica no volvió a abrir sus puertas hasta la resolución del conflicto.

Getafe paralizado por la huelga general

Los días previos a la convocatoria de la huelga general en todo Getafe están marcados por todo tipo de acciones para sensibilizar al pueblo en la preparación de la protesta: se cortan accesos viarios al pueblo, se paralizan los trenes, amplia actividad informativa y de propaganda con miles de carteles, recorrido por las fábricas de la zona y la nada desdeñable labor de las mujeres en los barrios y mercados, explicando los motivos de la lucha y requiriendo el apoyo de los tenderos a la huelga. Cabe destacar la encomiable actitud de algunos de ellos que rehusaban cobrar el importe de las compras a los trabajadores de John Deere y sus familiares.

Este clima a todas luces solidario se vio empañado, no obstante, por la postura de la UGT, contraria a la movilización desde el primer día y haciendo serios esfuerzos para impedir que ésta llegase a buen término. Todo inútil, pues la dinámica del conflicto era a esas alturas imparable.

El día anterior a la huelga se redoblaron todos los esfuerzos. Grupos de mujeres recorrieron los comercios entregando una hoja en la que se hacía constar que el establecimiento en cuestión cerraba como apoyo a los trabajadores de John Deere, mientras, estos recorrían las calles dando gritos referentes a la acción que comenzaría a las pocas horas. Al final de la mañana se registró un incidente lamentable, un grupo de trabajadores de UGT fue sorprendido despegando carteles, produciéndose un enfrentamiento en el que uno de ellos resultó levemente herido. Al día siguiente, la UGT actuaría con bastante más prudencia.

Las acciones comienzan a la 5´30h de la madrugada. A esta hora, piquetes de trabajadores cortan los accesos a Getafe y los polígonos industriales por medio de barricadas de adoquines y neumáticos incendiados.

Mientras tanto, más de 500 hombres de las brigadas antidisturbios comienzan a acudir al lugar. Era aún noche cerrada cuando la población despierta sacudida por el vocingleo de las consignas obreras, mezcladas con el ulular de las sirenas policiales y las órdenes conminatorias impartidas a través de megáfonos; solamente podían circular grupos de tres personas, aduciendo que la huelga era ilegal.

Miembros del comité de huelga se dirigen al mando de la fuerza presentando el documento de comunicación de huelga legal sellado por la delegación de trabajo pero la policía no atiende a razones.

Poco después comienza el horario de trabajo en las empresas de la zona. A las 7´30h las fuerzas del orden público penetran en el recinto de Construcciones Aeronáuticas, cuyos trabajadores realizaban una asamblea en el patio, disolviéndolos mediante el lanzamiento de botes de humo.

No obstante, a las 10´00h de la mañana el paro era total en Getafe. Las empresas Intelsa, Siemens, Ericsson, Metalinas, Uralita, y otras más pequeñas se habían sumado a la huelga; el comercio, la enseñanza y los servicios municipales (incluido el de recogida de basuras), la construcción permanecían paralizados, de igual forma que los bancos y empresas de servicios.

Mediada la mañana, Getafe se encontraba inmerso en un clima de terror. Así las cosas, la represión indiscriminada se había desatado sobre los ciudadanos de Getafe: no se permitían grupos de más de tres personas, y cualquier viandante que pasease por las calles corría el riesgo de verse golpeado con saña, como les ocurrió a un grupo de tres personas que guardaban cola ante la cabina telefónica. Significativo de todo este clima los gritos del "largo de aquí" que les daban algunos policías a los pocos niños que andaban por las aceras. Más grave aún, si cabe, fue la penetración de la policía en los locales de CCOO que afortunadamente no pasó de unos metros con la consiguiente retirada.

Multitud de cargas policiales de las que los trabajadores se defendían como podían se sucedieron a lo largo de aquel tenso día; mientras tanto en el local de CCOO se empezaba a concentrar gente, convocada a una asamblea en la que iba a hablar Marcelino Camacho y otros dirigentes de la zona.

Ante las noticias que llegaban de los detenidos, se empezaron a hacer gestiones ante las autoridades y policías, lográndose por fin que se diera la orden a la policía de que se retirase. Asimismo, se obtuvo permiso para hacer una asamblea en el polideportivo, que se llevó a cabo a última hora de la tarde con la participación de unas 10.000 personas.

Por encima del simple anecdotario o la enumeración cronológica de los hechos, quedaba la constatación de que el movimiento obrero, tan frenado en los últimos años por diversas causas, unas objetivas y otras no tanto, tenía en el pueblo madrileño de Getafe un decidido ejemplo de la posibilidad de resurgir. Getafe y en particular los trabajadores de la John Deere estaban marcando la pauta del camino que se debe seguir cuando los derechos de los trabajadores (el primero de los cuales es el derecho al trabajo) son puestos en tela de juicio por un sistema económico, el capitalista, que no reconoce otras reglas de juego que la teoría de la oferta y la demanda, que el mercado, al margen de cualquier consideración de índole social. La huelga general del pueblo de Getafe en apoyo de la lucha de John Deere y contra los expedientes y el paro supuso un grandísimo refuerzo moral.

En términos sindicales y de forma resumida, la situación nada más pasar el día de la huelga se caracterizaba por: intransigencia patronal, división profunda entre CCOO y UGT con una actitud muy negativa de esta última, y disposición de proseguir la lucha hasta el final por parte de CCOO y de la mayoría del comité y de los trabajadores.

A los pocos días se produjo una nueva multitudinaria manifestación por Getafe y algunos encierros que vinieron a coincidir con la huelga general de dos horas planteada por CCOO del metal para todas las empresas en crisis de Madrid, y a la que UGT tampoco se sumó.

A pesar de toda esta ingente presión movilizadora la empresa, al menos aparentemente, seguía mostrando una gran dureza e intransigencia, a la que los trabajadores decidieron responder con un intento de sacar el problema de Getafe y llevarlo a Madrid.

Así pues, se decidió organizar una marcha de Getafe a Madrid por la carretera de Toledo, que acabara en una gran manifestación y a la que acudieran compañeros de otras empresas madrileñas en crisis.

CCOO y SU hicieron la consiguiente petición oficial, esta acción además de suponer un esfuerzo solidario con los trabajadores de John Deere, suponía también extender y generalizar la lucha contra el paro y los expedientes a toda la provincia. La convocatoria de esta marcha supuso un relanzamiento decisivo de la presión, en la búsqueda de una salida definitiva para el conflicto.

En estas fechas, tuvo lugar otro gran acto de masas de un especial simbolismo popular. Nos referimos al partido de fútbol con asistencia de unas 12.000 personas y una recaudación de más de 1.100.000 pesetas entre el Getafe y una selección John Deere.

El objetivo de este partido era en principio recaudar fondos a repartir entre los jugadores del Club (que atravesaban una coyuntura económica difícil) y los huelguistas. Pero el acto, sin duda, desbordó esta pretensión económica para ser otro gran acto de movilización y lucha. El significado sindical del mismo lo da el hecho de que fuera Marcelino Camacho, secretario general de CCOO quien hiciese el saque de honor. La idea de este partido había surgido al enterarse los trabajadores que el día de la huelga algunos jugadores del Getafe se habían negado a entrenar para mostrar su solidaridad con la lucha de John Deere.

Estos hechos vinieron a coincidir con la salida a la luz pública de un acuerdo entre trabajadores y empresa. Salida que sería explicada al pueblo de Getafe en la asamblea en una plaza pública ese mismo día y que como veremos a continuación significaba un rotundo éxito en la lucha emprendida hacía ya 70 días.

El acuerdo

Los trabajadores en él logran el objetivo que tenían marcado: impedir que hubiera despidos forzosos, junto con la negociación de un plan sobre bajas voluntarias y jubilaciones anticipadas incentivadas para toda la plantilla.

El ejemplo y lo que supuso la lucha de John Deere son expresados con estas palabras por Marcelino Camacho en el prologo del libro "Fue una resistencia gloriosa, que tuvo que hacer frente, desde las incomprensiones de los compañeros de UGT, hasta los planes apátridas de la multinacional. Fue una lucha gloriosa que salió fuera de la fábrica y supo dar una alternativa, sin encerrarse en su bunker, ni emborracharse en sus gritos desde fuera.

Fue también una experiencia importante que nos debe ser útil. Estamos en presencia de la crisis económica más larga, más amplia y más profunda que hemos conocido. Crisis, fundamentalmente, de un sistema dominado por el gran capital nacional y multinacional, pero que incide sobre todo el mundo sin excepción. Crisis global, que no excluye al propio sindicalismo de clase.

Las respuestas a esta crisis global no pueden ser primarias si queremos encontrar una salida progresiva, que tienda a asegurar el pleno empleo y mientras lo conseguimos, la plena protección de los parados. Como nada se regala, como todo se conquista, esto va a depender de nuestra capacidad de movilizar a los trabajadores masivamente y esto último sólo es posible si nos pegamos al terreno explicando, por supuesto, que la crisis tiene sus causas en el sistema dominado por el gran capital y que los cambios son imprescindibles, para soluciones definitivas con el socialismo y la libertad."

Llegados a este punto, los mas nostálgicos y agoreros argumentarían que esto es cosa del pasado, que ya no se va a volver a repetir... pues bien, independientemente de la multitud de similitudes y paralelismos que hacen de esta historia algo de candente actualidad y con el consiguiente retroceso que el movimiento obrero ha sufrido en estos casi 30 años desde que se produjeron estos hechos; en John Deere Ibérica los trabajadores más combativos siguen organizándose en Comisiones Obreras y en los últimos años se efectuó un día de paro para forzar a la empresa a firmar el último convenio colectivo que suponía importantes mejoras para los trabajadores y en Diciembre de 2008 toda la plantilla estuvo tres días y medio en huelga como respuesta al despido de una compañera, consiguiendo finalmente su readmisión.


Apartado de correos 51498. 28080, Madrid.

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