Carta abierta de Unión Proletaria a Nines Maestro (réplica por alusión)

¿División sindical o frente sindical de clase?

En Madrid, a 9 de julio de 2010

Domingo 11 de julio de 2010


Apreciada compañera:

En el acto de solidaridad con el PAME (Frente Militante de Todos los Trabajadores de Grecia) que celebró la Coordinadora Sindical de Madrid (CSM) el pasado 19 de junio, mencionaste públicamente a Unión Proletaria para pedirnos que aprendiéramos de la actitud de confrontación y de rechazo al diálogo social que mantiene este frente de sindicatos del país helénico.

Sin embargo, los miembros de Unión Proletaria, lejos de abogar por la conciliación de clases y el “diálogo social”, defendemos el desarrollo de la lucha de clases hacia la revolución socialista y la instauración de la dictadura del proletariado. En todo caso, la sospecha de moderación o de derechismo debería recaer sobre otras organizaciones de la izquierda incluso “radical” que no reconocen tales objetivos y que, por consiguiente, contribuyen a perpetuar el capitalismo por mucho que su intención sea tumbarlo. Pensamos que sería mejor no lanzarnos acusaciones a la ligera y buscar seriamente la salida a la grave situación en la que nos encontramos.

Al calor de la actual crisis económica, la burguesía está acelerando la destrucción de los logros históricos del movimiento obrero. Y todos los que formamos parte de él convenimos en que deben movilizarse los trabajadores para demostrar su fuerza y determinación en una jornada de huelga general que sea el arranque de una lucha continuada, al menos hasta derrotar la presente agresión. Las direcciones de CCOO y UGT ya han puesto fecha a esa huelga y son las que, hoy por hoy, tienen alguna posibilidad de darle eficacia a una convocatoria así. Al mismo tiempo, su trayectoria y sus argumentos han debilitado considerablemente la confianza que podamos tener en ellas los trabajadores, sobre todo los más conscientes.

¿Qué debemos hacer pues los revolucionarios ante tanta adversidad? Es un hecho que no coincidimos en la respuesta a esta pregunta. Pero, si existe la posibilidad de ponernos de acuerdo, esto sólo podrá conseguirse si discutimos la cuestión de manera racional y respetuosa. Y además, únicamente así podremos superar nuestros argumentos respectivos que no convencen más que a un número claramente insuficiente de trabajadores.

Con esta voluntad, vamos a analizar los que creemos que pueden ser los puntos de fricción entre nuestra posición y la tuya, los que motivaron tu crítica hacia Unión Proletaria: 1º) qué organización necesitamos ante todo y 2º) cómo debe ésta vincularse a los trabajadores.

La necesidad del Partido Comunista

En el mencionado acto, precediendo a tu intervención, hablamos en nombre de la Coordinación de Unidad Comunista, de la que Unión Proletaria forma parte junto al Colectivo Comunista 27 de Septiembre y el Partido de los Trabajadores de España (PTE-ORT). Suponemos que la intención y el hecho de avanzar hacia la reunificación de los marxistas-leninistas no debería causar molestia a ningún revolucionario, ni siquiera a un demócrata. Nuestro representante, después de saludar y agradecer al PAME y a la CSM por su experiencia combativa, destacó el papel fundamental del Partido Comunista de Grecia (KKE) en el surgimiento y desarrollo del Frente Militante de Todos los Trabajadores. Este hecho contrasta con la inexistencia de un partido comunista marxista-leninista y de masas en España.

¿Te resultó impertinente que pusiéramos de manifiesto esta evidencia a la hora de compararnos con Grecia, a la hora de envidiar a Grecia, a la hora de aprender de Grecia?

Nos parece muy respetable y admirable tanto tu trayectoria como el proyecto político que lideras porque van en la buena dirección y contribuyen a superar el reformismo servil que predomina en la dirección del PCE y de Izquierda Unida, las organizaciones de las que procedéis tú y Corriente Roja.

Sin embargo, como ya hemos tenido la ocasión de explicar, opinamos que a la clase obrera no le basta con una lucha cualquiera ni con una organización cualquiera. La pregunta a la que todos intentamos responder es: ¿qué organización necesitamos y cómo construirla? A nuestro juicio, los asalariados necesitan, por supuesto, luchar por sus reivindicaciones inmediatas, de mera supervivencia, y necesitan pues asociarse en sindicatos y promover amplias agrupaciones políticas que obliguen al Estado a proteger a la mayoría trabajadora frente a la voracidad desbocada del capital.

Pero la clase obrera no debe conformarse con atenuar el estado de esclavitud en que se encuentra en el capitalismo. En palabras de Marx: “No debe, por tanto, entregarse por entero a esta inevitable guerra de guerrillas, continuamente provocada por los abusos incesantes del capital o por las fluctuaciones del mercado. Debe comprender que el sistema actual, aun con todas las miserias que vuelca sobre ella, engendra simultáneamente las condiciones materiales y las formas sociales necesarias para la reconstrucción económica de la sociedad. En vez del lema conservador de ‘¡Un salario justo por una jornada de trabajo justa!’, deberá inscribir en su bandera esta consigna revolucionaria: ‘¡Abolición del sistema de trabajo asalariado!’ ” (Salario, precio y ganancia, Marx).

Mientras los medios de producción y el poder político sigan en manos de los capitalistas, los logros de la lucha de los trabajadores serán precarios. Estamos seguros de que el abecé del socialismo es de sobra conocido y compartido por ti: es necesario destruir el Estado de los explotadores y ejercer la dominación política sobre ellos para expropiarlos y suprimir las condiciones económicas que producen la división de la sociedad en clases .

¿Quién puede hacerlo? Mientras diversas corrientes de izquierda llevan años buscando un nuevo sujeto revolucionario, Unión Proletaria está convencida de que sigue siendo la clase obrera, porque: 1º) es la clase social que más sufre bajo el capitalismo; 2º) porque, careciendo de propiedad sobre los medios de producción, es la más dispuesta a realizar la plena socialización de los mismos; y 3º) porque es la que pone en acción a diario las más modernas fuerzas productivas creadas por el capitalismo pero cuyo desarrollo reclama la negación revolucionaria de este régimen económico. En definitiva, sólo el Poder político de la clase obrera, sólo la dictadura del proletariado, puede liberar a la humanidad del yugo del capitalismo.

Creemos que también estás de acuerdo en lo antedicho, compañera Nines. Se puede criticar al capitalismo, oponerse a él, ser “anticapitalista”, sin que para ello sea necesario reivindicar que la clase obrera dirija la lucha revolucionaria; ahora bien, para vencer al capitalismo, es indispensable asegurar la dirección de la clase obrera.

Si los obreros conscientes de nuestra condición de clase y los miembros verdaderamente revolucionarios de otras clases sociales queremos que el proletariado conquiste el Poder político, debemos ante todo contribuir a que éste se organice en un partido político independiente de los partidos políticos de las clases poseedoras. Podrá este partido alcanzar acuerdos con los partidos representativos de las clases populares para luchar contra la gran burguesía y facilitar así la descomposición del sistema capitalista. Pero este frente de las clases populares sólo será posible si es el partido de la clase obrera quien dirige tales alianzas o frentes. No es posible formarlo dentro de un único partido político que reúna en su seno a la clase obrera con las diversas capas pequeñoburguesas de la población porque, en virtud de la dominación y de la hegemonía ideológica de la burguesía, un partido así tendría una dirección inconsecuentemente proletaria, tan vacilante como lo es la pequeña burguesía. Ya de por sí resulta muy difícil garantizar el carácter obrero de un partido obrero –así lo comprobamos con la trayectoria histórica del PSOE y del PCE-, ¡como para aceptar que el partido revolucionario tenga una definición interclasista, “popular”, “de izquierdas”, etc., en lugar de una definición estrictamente proletaria!

En Grecia, el KKE es un partido nítidamente proletario que promueve la lucha de clase del proletariado y la alianza antimonopolista del pueblo bajo la dirección de la clase obrera. Esto lo diferencia radicalmente de Izquierda Unida o del PCE o de cualesquiera otros que intervienen en el movimiento obrero subordinándolo de hecho a la izquierda imperialista (PSOE), a la aristocracia obrera o a alguna fracción de la pequeña burguesía.

Además, la derrota del socialismo en la URSS y otros países nos recuerda que tampoco podemos conformarnos con un partido obrero cualquiera, que aspire a la dominación política del proletariado sin claridad de lo que esto supone. Debemos construir un partido comunista porque no queremos detenernos a mitad de camino, porque no queremos un camino de ida y vuelta, porque queremos la emancipación definitiva de los trabajadores acabando con la división de la sociedad en clases. Como explica el Manifiesto del Partido Comunista, los comunistas no se posicionan aparte del movimiento obrero, no tienen otros intereses y no quieren modelarlo con arreglo a una ideología que hayan extraído de sus cabezas. Sólo se distinguen, dentro del movimiento obrero, “en que destacan y reivindican siempre, en todas y cada una de las acciones nacionales proletarias, los intereses comunes y peculiares de todo el proletariado, independientemente de su nacionalidad, y en que, cualquiera que sea la etapa histórica en que se mueva la lucha entre el proletariado y la burguesía, mantienen siempre el interés del movimiento enfocado en su conjunto. Los comunistas son, pues, prácticamente, la parte más decidida, el sector que siempre impulsa adelante [más avanzado] a los demás; teóricamente, llevan de ventaja a las grandes masas del proletariado su clara visión de las condiciones, los derroteros y los resultados generales del movimiento proletario.”

Este partido, por el que Marx y Engels entregaron todas sus fuerzas, y que sucumbió ante las nuevas condiciones del capitalismo monopolista allá en los albores del siglo XX, lo volvió a levantar el bolchevismo, que es la inspiración de todo verdadero revolucionario de la época presente. El Partido Comunista marxista-leninista tiene que perfeccionarse con el desarrollo de la experiencia del movimiento obrero y sobre todo tras un revés como el sufrido en los últimos tiempos. Pero perfeccionarse no es retroceder hacia formas de lucha y de organización que no son nada nuevas y que no pasaron la prueba de la historia. No obstante, aceptamos que, tácticamente, pueda ser necesario retroceder para recabar fuerzas con las que continuar el combate revolucionario, pero, en ese caso: 1º) hay que reconocer que efectuamos un repliegue, en lugar de hacer apología de ciertas expresiones adolescentes del movimiento obrero presentándolas además como si fueran novísimas; 2º) este repliegue debe tener por objetivo el paso más rápido posible de las formas inferiores a las superiores del movimiento, es decir, la reconstitución de un Partido Comunista de tipo bolchevique que incluso supere los defectos de su precedente histórico.

Gracias a que el KKE continuó aplicando los principios del bolchevismo más que ningún otro partido comunista de Europa, está corrigiendo los errores que cometió en el pasado, (tal como hemos explicado en una serie de artículos de nuestro periódico En Marcha) y ha sido capaz de poner en pie una fuerza como el PAME, convirtiendo al proletariado de Grecia en el destacamento nacional de vanguardia del proletariado en Europa.

La táctica leninista del frente único de la clase obrera

Tal vez estés de acuerdo en esto con nosotros, compañera Nines, y, entonces, podamos concluir que compartimos los objetivos. En ese caso, quizás tu crítica a Unión Proletaria se dirija a la táctica que aplicamos para reconstituir el Partido Comunista e impulsar al movimiento obrero hacia la revolución socialista.

La premisa de la que partimos es que el movimiento obrero actual no es revolucionario sino meramente defensivo. Sólo puede convertirse en revolucionario si se desarrolla rompiendo las cadenas que lo atan al capitalismo.

Es cierto que hay sectores minoritarios del mismo que son revolucionarios. También es cierto que no lo es la minoría que lo dirige: las cúpulas de CCOO, UGT, IU, etc. En los años de la transición política monárquica, esa capa aburguesada de nuestra clase, organizada por el PCE, frenó, traicionó, descompuso e hizo retroceder al movimiento obrero. Aunque los dirigentes de estas organizaciones hayan podido cambiar positivamente, no debemos perder de vista su currículo, sobre todo cuando no se han autocriticado por su actuación pasada y no dan muestras sólidas de haber tomado el camino revolucionario (basta con comparar sus palabras y sus actos con los del KKE y del PAME). Pero ahora, el daño está hecho y el movimiento obrero salvo excepciones, por mucho que nos disguste, no es revolucionario sino reformista y conservador, no es clasista sino conciliador y corporativo. Esta es la realidad de la que partimos. Debemos reconocerla como primer paso para poder cambiarla. De lo contrario, aplicaríamos una táctica “izquierdista” que aislaría a los revolucionarios de las masas, que alejaría al movimiento obrero del socialismo. No podremos ganar para la causa revolucionaria a las masas del movimiento obrero influidas por esos dirigentes si solamente practicamos la confrontación con ellos, si no propugnamos la unidad con esas masas para luchar contra los capitalistas. Para este fin, tampoco estaría de más que nos autocriticáramos por nuestra incapacidad de arrancarles la dirección del movimiento a los oportunistas en los tiempos en los que habríamos contado con una amplia fuerza numérica de nuestra clase social.

Claro que nos puede tentar la esperanza de que la masa desorganizada de trabajadores haya conservado el espíritu combativo de aquellos años y ésa sea la razón por la que rechaza a los sindicatos actuales. Si así fuera, bastaría con crear una nueva organización sindical y/o política que desplegara una enérgica propaganda revolucionaria, para sumar una fuerza de masas que, como el PAME de Grecia, hiciese temblar al capitalismo y a la burocracia sindical que lo sostiene. Lamentablemente, mientras el PAME se ha desarrollado desde 1999 hasta agrupar a 700.000 de los 3 millones de asalariados que tiene el país helénico, en España, el llamado sindicalismo alternativo y la izquierda “radical” llevamos todos esos años sin ser capaces de desarrollar y organizar el descontento obrero por la creciente explotación burguesa y el colaboracionismo sindical.

¿Debemos seguir insistiendo en el enfoque escasamente productivo de rechazar toda unidad con CCOO y UGT o debemos aprender del PAME, del KKE y, por tanto, del bolchevismo, de la táctica leninista del frente único proletario? Efectivamente, es cierto que el KKE y el PAME se enfrentan a la burocracia sindical, pero no es menos cierto que sus logros actuales se deben a que, durante todos estos años, han militado en los sindicatos reaccionarios GSEE (sector privado) y ADEDY (sector público), elevando políticamente a miles de afiliados y cuadros de los mismos, y todavía siguen haciéndolo.

Compañera Nines, nos pedías confrontación con la burguesía y sus agentes sindicales. Toda la trayectoria de los que formamos Unión Proletaria es de confrontación con el enemigo de clase y con los oportunistas que lo ayudan voluntaria o involuntariamente. Precisamente, Unión Proletaria nació para continuar esa lucha, enfrentándonos también con quienes, en nuestras filas, colaboraban involuntariamente con el enemigo. Exageraban de manera unilateral el aspecto teórico de esa lucha, despreciando la importancia de la práctica de las masas. Para nosotros, el objetivo supremo no es confrontar con los enemigos ni desahogar nuestra rabia por sus fechorías, sino vencerlos. Y los podremos aplastar, no con radicalismo verbal, sino con una fuerza material.

En las actuales condiciones de nuestro país, esta fuerza no la tiene la izquierda revolucionaria organizada, por mucho que cohesione sus filas y aplique métodos de lucha verdaderamente contundentes.

La fuerza real que necesitamos, en nuestra opinión, deben formarla masas más o menos numerosas y más o menos pertrechadas material y espiritualmente. Por supuesto que este ejército político de la revolución no tiene por qué agrupar a la mayoría de la sociedad, ni siquiera a la mayoría de la clase obrera. Pero sí debe contar con una política acertada y con masas suficientes. Así podrá beneficiarse de, al menos, la neutralidad benévola de la inmensa mayoría a la hora de afrontar el combate con posibilidades de éxito.

¿Dónde podremos recabar esta fuerza de masas? En todas las capas de la población y mayormente en el seno de la clase obrera. Es decir, en el sindicalismo alternativo, en CCOO, en UGT, … y en las masas desorganizadas, ¡SIEMPRE QUE COMBATAMOS LOS DEFECTOS QUE TIENEN UNOS Y OTROS!

Quizás sea esta parte de nuestra intervención, compañera Nines, la que motivó tu denuncia contra Unión Proletaria. En ella, defendimos la necesidad de la unidad de acción sindical ahora que las direcciones con mayor capacidad práctica habían convocado la huelga general y la movilización sostenida de los trabajadores. En primer lugar, la crítica hacia los dirigentes oportunistas es siempre necesaria, pero no suficiente: para que las ideas revolucionarias se conviertan en una fuerza material, hace falta que se pongan en acción masas más numerosas de las que hasta ahora lo han hecho , y ahora es cuando se ha abierto esta posibilidad. En segundo lugar, para conseguir la mayor movilización posible de los trabajadores, nuestra crítica hacia los oportunistas debe ser tal que no cause un efecto contraproducente para la participación de las masas en las acciones convocadas. También defendimos la necesidad de que los sindicatos más avanzados aprovecharan este movimiento para dar muestras de mayor energía, iniciativa y capacidad política, para acreditarse como los mejores organizadores, para ganar prestigio y autoridad ante los trabajadores más activos, en definitiva, para ir arrebatando la dirección del movimiento sindical a los oportunistas.

Asimismo, sostuvimos que la crítica a los sindicatos mayoritarios no debía ser superficial sino que debía ir a la raíz de sus defectos: su actuación vacilante y timorata es consecuencia de la línea política reformista y conservadora del capitalismo que les imprimen sus actuales dirigentes. Sólo con esta táctica de unidad de acción y de crítica radical, podremos desarrollar la movilización que entraña la Huelga General del 29-S hacia cotas superiores. Se puede pensar que, tras esta convocatoria, no hay más que una trampa para llevar al movimiento obrero a la derrota y para “demostrar” que el colaboracionismo es la única política sindical posible. Pero, aun así, es preciso reconocer que, en una situación de crisis de este régimen social como la actual (que amenaza incluso a los llamados “derechos sindicales”, de los que depende la burocracia sindical), las direcciones de CCOO y UGT se ven obligadas a convocar acciones compatibles con el desarrollo revolucionario del movimiento obrero. Por supuesto que no será éste su objetivo, pero podremos alcanzarlo a pesar y en contra de ellas si participamos activamente en el movimiento que han convocado y, a la vez, criticamos el estrecho horizonte burgués al que quieren limitarlo.

Y, por último, para realizar la unidad de acción sindical, hemos pedido que se reconociera la combatividad de ciertos sectores de los sindicatos mayoritarios y se tendieran puentes hacia ellos, en lugar de manifestar una actitud sectaria y chovinista frente al conjunto de esos sindicatos. Pusimos como mero ejemplo –hay muchos más-, al Sector de la Administración de Justicia de CCOO que, en Madrid, a lo largo de los dos últimos años, había llevado a efecto tres huelgas indefinidas y, para la preparación de la huelga de empleados públicos del 8 de junio, había realizado decenas de asambleas y reuniones a pie de tajo. ¿Por qué es posible la unidad de acción en la recogida de basuras, en Correos, en RENFE, en el Metro de Madrid, en la Huelga General de Euskadi, etc., y no va a serlo ante la Huelga General del 29 de septiembre en toda España?

Tener en consideración la experiencia histórica

Cuando el movimiento obrero daba sus primeros pasos, allá en el siglo XIX, Marx y Engels defendieron siempre la unidad de acción de los trabajadores y la construcción de organizaciones combativas que abarcaran a amplias masas, aun al precio de rebajar inicialmente el programa revolucionario y, eso sí, luchando por la sucesiva elevación de la conciencia de aquéllas. Así lo hicieron al ingresar en el partido democrático de Alemania durante la revolución de 1848. También, al unificar en la Asociación Internacional de los Trabajadores (Primera Internacional) a las diversas corrientes obreras del continente, incluidas las tradeuniones reformistas inglesas y los proudhonistas reformistas franceses. Y finalmente, al poner en pie partidos obreros socialistas en Europa y Norteamérica .

Ya en el siglo XX, Lenin empezaba por aclarar que lo prioritario no es construir sindicatos sino el partido revolucionario de la clase obrera: “… el socialdemócrata debe, ante todo, pensar en una organización de revolucionarios capaces de dirigir toda la lucha emancipadora del proletariado. (…) si comenzamos por establecer una fuerte organización de revolucionarios, podremos asegurar la estabilidad del movimiento en su conjunto, realizar, al mismo tiempo, los objetivos socialdemócratas y los objetivos propiamente tradeunionistas.” (¿Qué hacer?).

Luego explicaba que este partido era imprescindible porque los sindicatos se iban alejando de las necesidades revolucionarias de la clase obrera, a pesar de que éstas sólo podían satisfacerse a través de aquéllos: “Los sindicatos fueron un progreso gigantesco de la clase obrera en los primeros tiempos del desarrollo del capitalismo, por cuanto significaban el paso de la dispersión y de la impotencia de los obreros a los rudimentos de la unión de clase. Cuando empezó a desarrollarse la forma superior de unión de clase de los proletarios, el partido revolucionario del proletariado (que no merecerá este nombre mientras no sepa ligar a los líderes con la clase y las masas en un todo único e indisoluble), los sindicatos comenzaron a manifestar fatalmente ciertos rasgos reaccionarios, cierta estrechez gremial, cierta tendencia al apoliticismo, cierto espíritu rutinario, etc. Pero el desarrollo del proletariado no se ha efectuado ni ha podido efectuarse en ningún país de otro modo que por medio de los sindicatos y por su acción conjunta con el partido de la clase obrera.” (La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo).

Por eso, en esta misma obra, Lenin prescribía una táctica que no era simple sino compleja, dialéctica, tan contradictoria como lo es el propio movimiento obrero: “…la lucha contra la ‘aristocracia obrera’ la sostenemos en nombre de la masa obrera y para ponerla de nuestra parte… para conquistar a la clase obrera”. Se equivocan quienes deducen “del carácter reaccionario y contrarrevolucionario de los cabecillas de los sindicatos la conclusión de la necesidad de... ¡¡salir de los sindicatos!!, de ¡¡renunciar a trabajar en los mismos!! y de ¡¡crear nuevas formas de organización obrera inventadas por ellos!! Es ésta una estupidez tan imperdonable que equivale al mejor servicio prestado a la burguesía por los comunistas. (…) No actuar en el seno de los sindicatos reaccionarios, significa abandonar a las masas obreras insuficientemente desarrolladas o atrasadas, a la influencia de los líderes reaccionarios, de los agentes de la burguesía, de los obreros aristócratas u ‘obreros aburguesados’ (…).

Para saber ayudar a la ‘masa’, para adquirir su simpatía, su adhesión y su apoyo, no hay que temer las dificultades, las zancadillas, los insultos, los ataques, las persecuciones de los ‘jefes’ (que, siendo oportunistas y socialchovinistas, están en la mayor parte de los casos en relación directa o indirecta con la burguesía y la policía) y trabajar sin falta allí donde estén las masas. Hay que saber hacer toda clase de sacrificios, vencer los mayores obstáculos para entregarse a una propaganda y agitación sistemática, tenaz, perseverante, paciente, precisamente en las instituciones, sociedades, sindicatos, por reaccionarios que sean, donde se halle la masa proletaria o semiproletaria. (…)

… toda la tarea de los comunistas consiste en saber convencer a los elementos atrasados, en saber trabajar entre ellos y no en aislarse de ellos mediante fantásticas consignas infantilmente ‘izquierdistas’.

No dudamos de que los señores ‘jefes’ del oportunismo recurrirán a todos los procedimientos de la diplomacia burguesa, al concurso de los gobiernos burgueses, de los curas, de la policía, de los tribunales, para impedir la entrada de los comunistas en los sindicatos, para expulsarles de ellos por todos los medios posibles, para hacer su labor en los sindicatos lo más desagradable posible, para ofenderles, acosarles y perseguirles. Hay que saber resistir a todo esto, disponerse a todos los sacrificios, emplear incluso, en caso de necesidad, todas las estratagemas, todas las astucias, los procedimientos ilegales, silenciar y ocultar la verdad con objeto de penetrar en los sindicatos, permanecer en ellos y realizar allí, cueste lo que cueste, una labor comunista.”

Siguiendo esta orientación, la Internacional Comunista sostenía en su 3º Congreso (1921) que: “El deber de los comunistas consiste en explicar a todos los proletarios que la salvación no reside en salir de los antiguos sindicatos para crear otros nuevos o para dispersarse en una multitud de hombres desorganizados, sino en hacer la revolución en los sindicatos, en acabar con el espíritu reformista y la traición de los líderes oportunistas para hacer de esas organizaciones un arma activa del proletariado revolucionario.” (La Internacional Comunista y la Internacional Sindical Roja)

En su 4º Congreso (1922), la I.C. afirmaba que “Ningún sindicato reformista debe quedar desprovisto del fermento comunista”; y daba las siguientes directrices a los sindicalistas expulsados por las direcciones traidoras: “Los miembros excluidos no tienen que permanecer dispersos. La tarea más importante de los partidos comunistas consiste en impedir la disgregación de los elementos excluidos. Deben organizarse en sindicatos de expulsados centrando su trabajo político en un programa concreto y la exigencia de su reintegración.” (Tesis sobre la acción comunista en el movimiento sindical)

Su 5º Congreso (1924) detallaba la táctica leninista: “Todo el trabajo por la unión de los no organizados debe tener la finalidad de hacerlos entrar en los sindicatos y de trocar a los descontentos en militantes activos contra la burocracia sindical. … no basta con intensificar la agitación y la propaganda. Los obreros se liberarán de las ilusiones reformistas en la medida en que los comunistas sepan desempeñar el papel protagonista en los combates económicos de la clase obrera. (…)

Es necesario agrupar en cada país a todos los sindicatos revolucionarios autónomos, así como a los sindicatos de excluidos, y relacionarlos, por medio de los comités de acción, con la oposición dentro de las organizaciones reformistas. (…) Abandonar los sindicatos es desertar de la revolución y trabajar en beneficio de los enemigos del proletariado. (…) Es preciso popularizar la consigna de ‘¡Fuera los burócratas traidores de las organizaciones proletarias!’ (…) Toda la actividad de la Internacional Comunista se rige por el hilo conductor de la unidad sindical. (…) Combatir por la unidad del movimiento sindical es la mejor manera de conquistar a las masas.” (Tesis sobre el problema sindical)

Tal fue básicamente la línea de actuación del movimiento comunista internacional hasta que éste entró en crisis, hasta el momento en que las conquistas de la lucha obrera empezaron a perderse. Y ésa es la línea de actuación en la que se inspiran el KKE y el PAME. ¿Por qué no aplicamos esta táctica aquí y ahora? ¿Qué cambios ha experimentado la realidad social para que esta táctica haya dejado de valer? ¿O era ya errónea en aquéllos tiempos? ¿O es Unión Proletaria quien no la interpreta correctamente? Son interrogantes a los que los revolucionarios deberíamos esforzarnos por responder.


Para concluir, compañera Nines, la razón por la que hemos elegido polemizar contigo a través de una carta abierta es porque esta controversia no nos concierne únicamente a ti y a Unión Proletaria, sino a toda la vanguardia del movimiento obrero. No tenemos ningún conflicto personal contigo ni pretendemos tener toda la razón en una cuestión tan compleja y delicada como es el desarrollo del movimiento obrero hacia la emancipación social. Lo que deseamos es que se establezca la más rica comunicación entre los diversos sectores militantes de la clase obrera para actuar conjuntamente en todo lo que sea posible y para debatir nuestras diferencias, en el camino hacia nuestra necesaria unificación orgánica.

A la espera de que tu respuesta contribuya a la construcción de una política cada vez más acertada y eficaz para el progreso revolucionario de los trabajadores, te transmite un saludo fraternal el Comité Central de Unión Proletaria.


Apartado de correos 51498. 28080, Madrid.

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