C. Ag

El 8 de Marzo visto por los y las revolucionarias

Martes 8 de marzo de 2011


El ocho de marzo desde principios del pasado siglo se viene celebrando como el día en el que intentamos romper una lanza en favor de la mitad de los seres humanos de la tierra: las mujeres.

La defensa de los derechos de la mujer tiene un largo historial. En 1789 se proclamaron los derechos del hombre y del ciudadano en Francia, en los que se incluía por igual a los dos sexos; Olympe de Gouges parafraseando lo anterior, publico los derechos de la mujer y la ciudadana en 1791; en 1948 con la declaración de los derechos humanos se pretendió dotar de toda una serie de derechos a la humanidad, incluidas las mujeres. Desafortunadamente esto no ha sido así, pues los hombres han disfrutado de algunas concesiones y las mujeres de las migajas de las mismas. Hoy en día los derechos de los hombres han crecido pero los de la mujer siguen estando muy por debajo.

Como hace más de doscientos años, continúa instalada en nuestra sociedad la desigualdad y la violación de los derechos humanos. Las costumbres sociales, donde se premia el machismo y la violencia, las condiciones denigrantes de trabajo para las mujeres, la falta de oportunidades, la desigualdad laboral y salarial, son motivos para que el hombre luche por una igualdad en todos los terrenos con la mujer y junto a la mujer, como un único ente con las mismas reivindicaciones y problemas.

Existen países en los que las mujeres no han avanzado prácticamente nada en sus reclamaciones de igualdad con el hombre, (en algunos, la mujer ni siquiera conoce su existencia) y se les niega el acceso a la educación, no tienen derecho al voto, nunca alcanzan el estatus de mayoría de edad por lo que siempre están bajo el yugo de un hombre (padre, marido, hijos) que las somete con violencia ó, incluso les niegan el derecho a la sanidad.

La violencia contra las mujeres es uno de los mayores problemas de nuestra sociedad ya que afecta a más seres humanos que ningún otro problema. Cuestiones como la ablación del clítoris, las violaciones sistemáticas, los crímenes de honor o la violencia machista (conocida comúnmente como”violencia de genero”) siguen existiendo incluso en países de la civilizada Europa.

Muchos hombres levantaron sus voces en defensa de las mujeres en aquellos años terribles de miseria y opresión de principios del capitalismo y aun después, entre los que destacan Karl Marx, Friedrich Engels, y Vladimir Ilyich Ulyanov “Lenin”. Los dos primeros en 1848 ya escribieron en el Manifiesto Comunista la denuncia sobre la situación de las mujeres en la sociedad burguesa:(...) ¿“En que se basa la familia actual, la familia burguesa? En el capital, en el lucro privado. La familia plenamente desarrollada solo existe para la burguesía; pero encuentra su complemento en la supresión forzada de todo vínculo familiar para el proletariado y en la prostitucion publica. (…) Para el burgués, su mujer no pasa de ser un instrumento de producción. Oyó decir que los instrumentos de producción deben ser de uso común y, naturalmente, no puede llegar a otra conclusión que lo mismo va a ocurrir con las mujeres en el socialismo. No sospecha que se trata justamente de acabar con esa situación de la mujer como simple instrumento de producción. Nada más grotesco que el horror ultramoralista que la pretendida comunidad oficial de las mujeres, atribuida a los comunistas, inspira en nuestros burgueses. (…) Nuestros burgueses, no satisfechos con tener a su disposición las mujeres y las hijas de sus obreros, sin hablar de la prostitucion oficial, encuentran un placer singular en seducir mutuamente a sus esposas. El matrimonio burgués es en realidad la comunidad de las esposas.

Engels a su vez nos relata en su libro “La situación de la clase obrera en Inglaterra” escrito en 1845 las condiciones de vida de las trabajadoras, madres y esposas en aquellos años en las fabricas: “El trabajo fabril deja su huella en el físico femenino. Las deformidades creadas por ocho horas largas de trabajo son bastante mas serias entre las mujeres. Las largas horas de trabajo a menudo originan deformidades en la pelvis, en parte debido al desarrollo anormal de los huesos de la cadera, y en parte también por deformaciones en la parte inferior de la columna vertebral.” Y mas adelante Engels continua: Esas trabajadoras tienen un parto más difícil que otras mujeres (…) También tienen más predisposición al aborto. Además sufren el debilitamiento general que es común a todos los trabajadores, y cuando están embarazadas continúan trabajando en la fabrica hasta el momento del parto, de otra forma perderían sus salarios y temen que se las sustituya si dejan de trabajar demasiado pronto. Con frecuencia ocurre que las mujeres están trabajando una noche y a la mañana siguiente, dan a luz en la fabrica entre la maquinaria…Si no se obliga a estas mujeres a regresar al trabajo en dos semanas, están agradecidas y se sienten afortunadas. Muchas regresan a la fabrica después de ocho o incluso después de tres o cuatro días…Naturalmente, el temor a ser despedidas, el miedo al hambre las lleva a la fabrica a pesar de su debilidad y desafiando el dolor.

Lenin el dirigente comunista que consiguió establecer el primer estado socialista en el mundo- la Unión de Republicas Socialistas Soviéticas,- y que acabo con todas las restricciones de los derechos de la mujer igualándola al hombre declaraba en1918: “No puede haber revolución socialista si la inmensa mayoría de las mujeres trabajadoras no toma parte en ella”(…) “La situación de la mujer es tal en todos los países civilizados, incluso en los mas adelantados, que no sin motivo se denomina a ésta esclava del hogar. En ningún estado capitalista, ni siquiera en la republica mas libre, existe plena igualdad de derechos de la mujer” (…) Hasta ahora, la situación de la mujer ha sido tal que se la ha calificado de esclavitud; la mujer ha estado agobiada por los quehaceres de la casa, y de esta situación solo puede sacarla el socialismo.

( …) Pero el capitalismo no puede ser consecuente ni siquiera en lo que atañe a la igualdad formal (igualdad ante la ley, “igualdad” del harto y el hambriento, del poseedor y el desposeído). Y una de las manifestaciones más flagrantes de esta inconsecuencia es la desigualdad de derechos de la mujer respecto al hombre. Ningún Estado burgués, ni siquiera el Estado republicano más progresista y democrático, ha dado la plena igualdad de derechos. En cambio, la Republica Soviética de Rusia acabó inmediatamente con todos los restos, con todos sin excepción, de la desigualdad jurídica de la mujer y le aseguró al punto la plena igualdad ante la ley. Se dice que la situación jurídica de la mujer es lo que mejor caracteriza el nivel cultural. Este aserto contiene un grano de profunda verdad. Y desde este punto de vista, solo la dictadura del proletariado, solo el estado socialista ha podido lograr y ha logrado el más alto nivel cultural. El nuevo e inusitado impulso dado al movimiento obrero femenino esta, pues inevitablemente vinculado a la fundación ( y afianzamiento ) de la primera Republica Soviética y, por ende, a la Internacional Comunista.

( …) Y es imposible incorporar a las masas a la política sin incorporar a las mujeres. Porque, en el capitalismo, la mitad femenina del genero humano está doblemente oprimida. La obrera y la campesina son oprimidas por el capital y, además, incluso en las republicas burguesas más democráticas, no gozan de plenos derechos, pues la ley les niega la igualdad con el hombre. Esto, en primer lugar; y en segundo lugar- lo que es principal- permanecen en “la esclavitud casera”, son “esclavas del hogar”, (…) La revolución bolchevique, soviética, corta las raíces de la opresión y de la desigualdad de la mujer tan profundamente como jamás osó cortarlas un solo partido ni una sola revolución en el mundo. (…) Esto es solo el primer paso hacia la emancipación de la mujer. Pero ninguna republica burguesa ni siquiera la más democrática, se atrevió jamás a dar incluso este primer paso. No se atrevió por temor a “la sacrosanta propiedad privada”.

Las condiciones de miseria y explotación de aquellos años sentaron las bases también, para los primeros brotes de protestas y levantamientos de las mujeres por sus derechos. Una de las primeras mujeres en reivindicar estos derechos fue Flora Tristan que imbuida por el pensamiento de los socialistas utópicos escribió “La Unión Obrera” (1843) donde explica que los dos, el hombre y la mujer, son esclavos del mismo yugo: “A vosotros, obreros que sois las victimas de la desigualdad de hecho y de la injusticia, a vosotros os toca establecer al fin sobre la tierra el reino de la justicia y de la igualdad absoluta entre la mujer y el hombre. Dad un gran ejemplo al mundo (…) y mientras reclamáis la justicia para vosotros demostrad que sois justos, equitativos; proclamad, vosotros, los hombres fuertes, los hombres de brazos desnudos, que reconocéis a la mujer como vuestro igual, y que, a este titulo, le reconocéis un derecho igual a los beneficios de la unión universal de los obreros y obreras.

Cuando en la actualidad evocamos el “Día Internacional de la Mujer Trabajadora” no podemos olvidar el unir al nombre de la mencionada Flora Tristan los nombres de las extraordinarias mujeres luchadoras revolucionarias Clara Zetkin, Rosa Luxemburgo, Alejandra Kolontay y Nadiazda Krupskaya entre muchas otras. Fueron ellas las que con más ahínco levantaron la bandera de la lucha por sus derechos y quienes además de atender sus tareas dirigentes en el seno del movimiento obrero tomaron la iniciativa de realizar reuniones internacionales en las cuales analizar los graves problemas por los que atravesaba la mujer con el avance del capitalismo. Se levantaron en contra de la discriminación educativa, lucharon por el derecho de la mujer al trabajo, batallaron por la igualdad con el hombre en salarios y participación política. Sus voces se alzaron pidiendo protección a la maternidad; al trabajo de los menores, o a la defensa del niño desde su primer día de vida. Algo se ha conseguido en la lucha por conquistar e igualar los derechos de la mujer a los del hombre pero aun falta mucho por conseguir hasta lograr la plena igualdad.

Esta lucha reivindicando el establecimiento ante la ley de las mismas condiciones de derecho y de hecho para la mujer y el hombre sigue vigente. Por ello, la mejor manera de rendirles homenaje a todos los que han luchado, mujeres y hombres, por la defensa de unos derechos justos e igualitarios, consiste en mantener levantadas sus banderas hasta acabar con todas las formas de explotación y de opresión.

¡POR LA IGUALDAD DE LA MUJER Y EL HOMBRE!

¡POR LA REVOLUCION Y EL COMUNISMO!

¡POR EL 8 DE MARZO!


Apartado de correos 51498. 28080, Madrid.

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