Partido Comunista de Gran Bretaña (Marxista-Leninista)

Rabia contra el capitalismo. La clase obrera golpea de nuevo.

Traducido por Alejandro García y Unión Proletaria

Sábado 20 de agosto de 2011


Los disturbios que estallaron en Tottenham, en el norte de Londres, la noche del sábado 6 de agosto, y en las noches siguientes, que se extendieron primero a las poblaciones de Londres, y después a las ciudades de todo el país, son reflejo de la ira espontánea de amplios sectores del pueblo trabajador, en particular los más pobres y oprimidos, ante la violencia policial, el racismo y a la cada vez más insoportable carga que se ven obligados a llevar, no sólo a por los recortes sociales sino también por las altas tasas de desempleo y los trabajos precarios.

Hasta ahora, la clase obrera británica había sido relativamente pasiva ante la creciente represión policial y el empeoramiento de las condiciones de vida y de los servicios sociales, pero los acontecimientos de los últimos días han cambiado esta situación, mostrando una vez más el espíritu de lucha del proletariado inglés. Han sido particularmente los jóvenes de la clase obrera los que han mostrado que no están dispuestos a arrodillarse indefinidamente, mientras son golpeados como perros por los siervos de la clase dominante británica.

El desencadenante de los disturbios fue el tiroteo por parte de la policía a Mark Duggan, un padre de 29 años con tres hijos, asesinado en la tarde del jueves 4 de agosto en la zona de Tottenham Hale cuando estaba de camino a su casa en taxi, cerca de la zona residencial de Broadwater Farm.

Según se informa, la muerte de Mark era parte de una operación policial, a su vez parte de la Operación Tridente, supuestamente dirigida contra el crimen organizado en la comunidad afro-caribeña, que fue llevada a cabo por el CO19, una unidad especializada en armas de fuego.

Como suele suceder en los casos en que la policía asesina a un ciudadano, los primeros informes que emanan de ésta son contradictorios y poco fiables. Naturalmente, los policías tratarán de borrar las huellas de su crimen y, en el mejor estilo mafioso, tratarán de protegerse unos a otros. La prensa burguesa también tendrá un papel que jugar en ello. El reciente escándalo de News International ha arrojado luz sobre la corrupta relación que existe entre la policía y los medios de comunicación, que, en última instancia, sirven ambos a los mismos amos multimillonarios.

Una y otra vez, hemos visto las mismas mentiras y la misma manera de encubrir los crímenes de la policía, desde el caso de Blair Peach hasta casos más recientes, como los de Jean Charles de Menezes, Ian Tomilson, Kingsley Burrel y Smiley Culture. A consecuencia de ello, los familiares de las víctimas en primer lugar, y también las minorías trabajadoras en general, saben que no pueden confiar en la policía para obtener saber la verdad y obtener justicia. Están aprendiendo que necesitan organizarse y devolverle el golpe.

En el caso de Mark Duggan, la policía afirmó inicialmente que uno de sus oficiales había evitado sufrir graves heridas gracias a que su radio le había protegido de una bala. Sin embargo, el 8 de agosto, el diario The Guardian informaba que las pruebas balísticas iniciales habían demostrado que esta bala provenía de la policía. Lejos de haberse producido un intercambio de disparos, los últimos informes sugieren que el única arma de fuego que no era propiedad de la policía, encontrada cercana de la escena del crimen, se había escondido en un calcetín, y por lo tanto de ninguna manera estaba lista para ser usada.

Y lo que es más importante, no se produjo absolutamente ningún disparo de un arma que no fuera propiedad de la policía. Testigos independientes han relatado que Mark fue sacado fuera del taxi por la policía, empujado hacia el suelo, y que le dispararon más de una vez en la cara a quemarropa con un subfusil Heckler & Koch MP5.

En respuesta, a ello, el sábado 6 de agosto, la familia y los amigos de Mark hicieron un llamamiento a una vigilancia pacífica en las afueras de la comisaría de policía local. Familias enteras y jóvenes se unieron a la protesta, con pancartas hechas en casa, gritando: "¡Sin justicia, no hay paz!". La frustración creció cuando la policía siguió negándose a dialogar con los manifestantes o darle a la familia de Mark alguna explicación de cómo llegó a ser asesinado. Stafford Scott, que lleva mucho tiempo siendo líder comunitario de la zona, comentó:

“Si un oficial de policía hubiera venido a hablar con nosotros, nos habríamos marchado. Llegamos a las 17h00; habíamos organizado una protesta silenciosa de una hora. Estuvimos allí hasta las 19h00. La policía fue absolutamente culpable. Si hubieran sido más receptivos cuando llegamos a la comisaría de policía, llamando a un oficial superior para hablar con la familia, habríamos abandonado el lugar antes de que empezaran los disturbios. Es imperdonable que la policía se negara a dialogar.”

Además, parece ser que la primera noche de disturbios fue provocada por la brutal paliza de la policía, con escudos y porras, a una joven de 16 años que participaba en la protesta. El diario The Guardian reportaba:

“‘La golpearon con una porra, y luego la multitud empezó a gritar: ‘corred, corred’, y a continuación hubo una lluvia de misiles’, decía Anthony Johnson, de 39 años. ‘Ella decía: ‘Queremos respuestas, venid a hablar con nosotros’”.

“Laurence Bailey, quien se encontraba en una iglesia cerca del lugar, contó haber visto a la chica lanzar una octavilla, que a la policía le pareció ser una piedra.

“Bailey dijo que entonces la chica fue ‘aporreada por 15 policías con escudos antidisturbios’. ‘Se cayó al suelo pero cuando logró levantarse fue golpeada de nuevo antes de ser arrastrada por su amigo’, dijo.”

Según este informe, fue a continuación de este feroz ataque a una joven adolescente cuando varios grupos de jóvenes comenzaron a asaltar los coches de la policía.

El diario The Guardian describía a los alborotadores en la primera noche en Tottenham de la manera que sigue:

“El grueso de los alborotadores eran de diversos grupos raciales. La mayoría eran hombres o adolescentes, algunos parecían no tener más de 10 años.

“Pero familias y otros residentes de la zona, incluyendo algunos de la comunidad judía hasídica de Tottenham, también se unieron para mirar y abuchear a la policía.”

Una mujer adolescente, que era amiga de Mark Duggan, le contó a un reportero del Socialist Worker:

“Cuando también vi a los judíos salir fuera aquella noche, me sentí feliz. Pensé, ‘no solamente se trata de nosotros’. Nos trajeron pan a todos. No sólo había niños afuera aquella noche. Estaban todos.”

Si el asesinato de Mark Duggan provocó las protestas iniciales en Tottenham, los disturbios posteriores reflejaban el odio sentido hacia la policía en las comunidades negras y obreras y los sectores depauperados de Londres y de todo el país, así como la rabia y la desesperación generada por la pobreza extrema.

Se trata de protestas espontáneas por las muertes a manos de la policía, las detenciones y los controles, que están llegando a niveles récord, los servicios sociales y educacionales deficientes, la vivienda de mala calidad y el hacinamiento, la falta de servicios públicos (la semana pasada, en el municipio de Haringey, donde se encuentra el barrio de Tottenham, fueron cerrados 8 de un total de 13 centros de juventud) y el desempleo (Haringey tiene un empleo por cada 54 personas en paro).

Como era de esperar, se ha hablado mucho de los actos de saqueo, que son una consecuencia inevitable de estos altercados espontáneos. Sin embargo, no deben hacer olvidar el carácter principal de los acontecimientos, que es el de una legítima rebelión contra los asesinatos y la represión de la policía, el racismo y la pobreza.

Por otra parte, es la propia sociedad capitalista la que hace ostentación de sus productos de lujo a los pobres, difundiendo un mensaje que viene a decir que apenas eres humano si no posees un televisor de plasma o las marcas de los grandes diseñadores de moda, mientras al mismo tiempo priva a las masas de trabajo, o les paga con salarios demasiado miserables como que estos productos puedan ser comprados.

Mientras tanto, se ha reportado que algunos ’saqueadores’ han escapado con productos básicos como rollos de papel higiénico y pañales desechables. Otros se han centrado claramente en los símbolos de la represión estatal. El diario The Guardian reportaba:

“Un grupo de jóvenes salieron de los juzgados de Haringey y Enfield blandiendo los martillos de los jueces.

“Habían evitado la tentación de saquear las tiendas para, en lugar de ello, romper siete ventanas en el juzgado. Es un lugar que presuntamente los alborotadores habían visitado anteriormente; parece ser que otros serán visitados en un futuro próximo.”

Por supuesto, los políticos de todos los partidos burgueses se han apresurado en condenar a los manifestantes como criminales y sólo han prometido más represión. Cientos de personas ya han sido arrestadas. Pero los verdaderos criminales son los ilustres políticos del Partido Conservador, del Partido Liberal Democrático y del Partido Laborista quienes, al servicio de la clase capitalista británica, están librando una guerra de clases en nuestro país, y una guerra imperialista en el extranjero.

Es preciso apuntar que los diputados laboristas no han sido menos vociferantes que otros a la hora de calificar a sus bases electorales de criminales, y de pedirle más contundencia a la policía; entre ellos no sólo se encontraba el diputado de Tottenham David Lammy, sino también Hackney’s Diane Abbott, idolatrada por la ‘izquierda’, y antigua heroína del oportunista ‘Movimiento Negro’ en el Partido Laborista.

Estos sinvergüenzas le deben precisamente su puesto a las pasadas luchas de las comunidades negras, que ahora ellos desprecian. Esto indica que lo que está en juego no es una lucha entre distintas razas que, al final, solamente beneficia a una fina capa de oportunistas que buscan dar el gran salto; sino que lo que está en juego es una lucha contra el racismo y el capitalismo en la que todo los trabajadores, sea cual sea el color de su piel, tienen un puesto de combate y en la que deberían tomar parte.

Otro ídolo de la ‘izquierda’, Ken Livingstone, ya se había esmerado incrementando el número de policías cuando era alcalde de Londres, y, sin duda, se hizo querer mucho por los oficiales superiores de policía cuando utilizó los disturbios de Londres como pretexto para pedirle al gobierno que anule su plan de recortes a las fuerzas de policía.

Los acontecimientos de los últimos días han demostrado, una vez más, que los sectores depauperados de la clase obrera saben muy bien que la policía no es un organismo neutral o benigno dedicado a servir a la comunidad o ayudar a las ancianas a cruzar la calle, sino una banda de delincuentes despiadados dedicados a la defensa de los privilegios de los ricos. Por decirlo en términos marxistas, son un cuerpo especial de hombres (cada vez más) armados, cuyo trabajo es hacer valer la dictadura de la burguesía.

Los jóvenes en las calles también están aprendiendo una lección que la clase capitalista quisiera que olviden lo antes posible, a saber, que si un número suficiente de personas se levantan simultáneamente y en suficientes lugares, no hay mucho que pueda hacer la clase dominante para detenerlos, ya que la policía y los otras personas que componen las fuerzas del Estado son, en realidad, muy pocos en número si los comparamos con las masas de la clase obrera.

La lección fundamental que la clase obrera necesita aprender urgentemente es que la verdadera fuente de su miseria y su frustración es el sistema de producción capitalista. Este sistema se mantiene gracias a los mercenarios de un puñado de multimillonarios, que se enriquecen a cada momento, mientras le aprietan las clavijas a las personas que trabajan para crear dichas riquezas. Como la crisis económica está poniendo en peligro los beneficios de los multimillonarios, éstos aprietan aún más, no sólo reduciendo los salarios de los trabajadores al mínimo e incluso por debajo, sino también los servicios sociales que necesitan, mientras son incapaces de proveer de trabajo a millones de personas que necesitan un empleo decente.

Los comunistas apoyamos y defendemos a los oprimidos cuando se levantan, pero ya hemos visto levantamientos de masas en el pasado, generalmente en las mismas comunidades que en la actualidad, como por ejemplo en 1981 y 1985. Pero mientras el capitalismo siga en pie, seguirá empobreciendo inexorablemente a la clase obrera; y el derrocamiento del capitalismo es imposible sin una organización consciente para ello, para lo cual se requiere una dirección proletaria digna de confianza. Mientras el capitalismo siga en pie, las victorias de las luchas obreras, aunque sean magníficas, son transitorias y reversibles - precisamente el motivo por el cual los acontecimientos de los años anteriores se están repitiendo en la actualidad.

Ciertamente, las minorías necesitan organizar cuerpos de autodefensa para resistir a la de policía y otros agentes de represión de la burguesía. Pero, sobre todo, la clase obrera necesita su propia organización, que no solamente pueda guiarla en las luchas defensivas, sino también en la lucha para derrocar al cada vez más criminal gobierno burgués de multimillonarios despiadados, cuyo sistema trata a los millones de personas de la clase obrera como si fueran bichos.

Esta organización sólo puede ser un partido comunista, guiado por la ciencia del marxismo-leninismo: la sabiduría acumulada durante más de un siglo y medio de lucha de los trabajadores de todo el mundo. El Partido Comunista de Gran Bretaña (marxista-leninista) está luchando por construir ese partido y le da la bienvenida a la gente con conciencia de clase para unirse a sus filas. Con vuestra ayuda, podremos organizar a la clase obrera para la toma del poder y para construir una nueva sociedad donde sean los intereses del pueblo trabajador los que determinen lo que se construya y cómo se viva, en lugar de la necesidad de los ricos de obtener beneficios.

http://cpgb-ml.org/


Apartado de correos 51498. 28080, Madrid.

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