Nestor Guadaño

Sigamos los pasos del 7 de Noviembre de 1917 ¡Por la Revolución Socialista!

Extraído de amistadhispanosovietica.blogspot.com

Lunes 7 de noviembre de 2011


Estamos asistiendo a una etapa histórica de la Humanidad. La transición del capitalismo al socialismo, es inevitable. En 1917 los bolcheviques se enfrentaron a los mismos problemas actuales. ¿Cómo derrocar al nauseabundo régimen burgués? Después del advenimiento de los reformistas a los gobiernos procapitalistas, la situación de la clase obrera, como hoy, en los grados de explotación y paro eran injustificables.

En noviembre los bolcheviques llamaron a no apoyar los gobiernos provisionales defensores del poder de los ricos, exigían una nueva insurrección, que la gente saliera a la calle y dijera “NO QUEREMOS EL ACTUAL SISTEMA SOCIAL”, para ello los trabajadores estaban creando instituciones propias “los soviets” donde la voz de los bolcheviques era un clamor. Los comunistas bolcheviques reclamaron “Todo el poder a los soviets”. Los trabajadores pedían “Paz, pan, tierra” y esa fue la consigna revolucionaria de los bolcheviques.

También como en la actualidad, la revolución social estaba y está muy cerca, porque se están y estaban acumulando una serie ininterrumpida de cambios cuantitativos económicos-sociales, que imperceptiblemente impiden a los gobiernos imperialistas solucionar sus perennes crisis. Incluso los partidos “apagafuegos”, (Kadetes, mencheviques), defensores del “poder imperialista reinante”, formulaban y formulan soluciones políticas que a la larga precipitarán la destrucción de cualquier acuerdo entre las clases sociales. El abismo que separa las aspiraciones de los millones de trabajadores y las migajas que ofrece la burguesía y sus acólitos es considerable. Cuando es necesario, la revolución es una época de conmoción social, capaz de cambiar el perfil de la sociedad, de poner en entredicho la dictadura de los poderosos del dinero, acelerar los ritmos de desarrollo de las naciones, modificando las relaciones de producción.

En aquel 7 de Noviembre se consumó el hecho más trascendente del siglo XX, La Revolución Soviética. Desde entonces nada es igual. Tiene que ser una de las fechas recordadas por todas las mujeres y todos los hombres del planeta. Motivó que el pensamiento y la práctica tuvieran una unión efectiva. Entramos con esa fecha, en el inicio de una nueva era de revolución social. Fue el primer proyecto político pensado a escala de toda la humanidad y creado no solamente sobre la base de las necesidades de un país, sino a partir de unas demandas sociales, y que esos mismos demandantes fueran los responsables de su edificación. Karl Marx no describió la revolución proletaria como un acto voluntarista, sino como resultado de las aspiraciones de una clase social revolucionaria. El socialismo es una categoría histórica, una nueva formación social que por la realidad objetiva y las leyes históricas, sustituye al imperialismo. Para Marx, la revolución y el socialismo no fueron nunca utopías, sino el pronóstico del avance social científico de la humanidad.

Por ello, en aquellos imprescindibles días, la República Socialista Federativa Sovietica en Rusia creó un poder popular de los trabajadores, NUEVO. Sus órganos de base en cada rincón “los soviets” transformaron las relaciones sociales, liberaron a la población de la esclavitud asalariada. Durante meses, muy duros de privaciones y sacrificios contra la intervención de la burguesía y el imperialismo, asentaron las ideas de libertad de la población. Crearon el increíble Ejército Rojo Revolucionario de obreros, soldados y campesinos que asombró al mundo, cuando vencía a los ejércitos profesionales imperialistas. Y después de vencer y convencer, ese ejército rojo se convirtió en el Ejercito del Trabajo Socialista. Combatían los trabajadores por el poder de la clase obrera.

Combatían con sus órganos de poder y de construcción de una nueva sociedad. Los sindicatos obreros dejaron de ser organizaciones destinadas a la lucha contra la explotación capitalista, convirtiéndose en colaboradores activos del poder soviético y un firme sostén de la dictadura del proletariado. Socializaron la gran producción, reestablecieron el transporte desorganizado, aumentando al máximo la productividad del trabajo. Cuando fue necesario estos mismos obreros tomaron las armas rechazando los ejércitos contrarrevolucionarios. Ese es el Poder de los Obreros. Esa es la Nueva Sociedad. No se escatimaron esfuerzos para conseguir que toda la población soviética viviera mejor. Había una clara conciencia de no volver al pasado de los patronos, defendiendo la construcción del socialismo, para la completa liberación de toda la humanidad trabajadora.

Recordemos esta experiencia. Ahora, se están acumulando las tensiones sociales. Ya no valen más pactos, más requisas de derechos sociales. La pantomima de las elecciones muestra el carácter residual de las mismas, cuando la bolsa y la dictadura de las multinacionales financieras imponen el imperialismo. Estas elecciones no son para cambiar los dueños del Estado, sino quienes se beneficiarán de su poder. Los movimientos reivindicativos que han salido recientemente a la calle han demostrado que “no quieren más de lo mismo”, que los actuales gestores no sirven. Que la actual sociedad está, sobre todo para los jóvenes, caduca porque no arregla o da solución a su futuro.

La élite dominante exige “paz social”, aunque no puedan evitar los escándalos, corrupción y dominación clara de toda la población. Quieren administrar con extorsiones y policía las contradicciones de clase, a fin de que sus crisis sean aceptadas por la población; un método muy viejo para impedir las explosiones reivindicativas sociales y la ruptura del orden vigente.

El momento actual es un instante histórico de unidad de los comunistas, ante la lucha de clases virulenta que se está dando. No sirven las actuales premisas de los partidos de la burguesía, hay que enseñarles que el socialismo es posible.

¡Viva el 7 de Noviembre de 1917!

¡Recordemos la lucha del Partido Comunista Bolchevique!

¡Tiene que acabar la dictadura de los mercados sobre los trabajadores!

¡No hay alternativas para mantener el imperialismo, la única es la alternativa que propicie su destrucción: EL COMUNISMO!


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