Una vez más, sobre el PCE(m-l) y la unidad comunista

Miércoles 14 de diciembre de 2011


El 24 de Octubre, la dirección del PCE (m-l) ha respondido a nuestro escrito “El PCE (m-l) y la unidad de los comunistas” (12 de Septiembre de 2011), en el cual criticábamos su oposición a la unidad comunista en general y, como ejemplo de ello, su decisión de cancelar unilateralmente el debate con Unión Proletaria después de dos años de proceso unitario. Su respuesta es, nuevamente, decepcionante por su incapacidad de asumir o de responder a nuestra crítica. Por cierto, estos camaradas ni siquiera se toman la molestia de enviárnosla, a pesar de que la titulan “En respuesta a Unión Proletaria”. Vuelven a eludir el debate sobre la cuestión de fondo –la unidad de los comunistas sobre la base del marxismo-leninismo-, que explicábamos en relación con problemas concretos actuales como la guerra imperialista en Libia, la caracterización de la R. P. de China, la relación entre república y revolución socialista, el movimiento 15-M, etc. En lugar de ello, han insertado una carta que nos remitieron en Febrero de 2010, que ya está respondida en nuestro escrito citado y que, como podrá constatar el lector, tiene un escaso contenido ideológico o político concreto.

Las formas

En lugar de abordar los temas de fondo, los dirigentes del PCE(m-l) se dedican a descalificar nuestras críticas hacia ellos, con expresiones como “virulento libelo”, “malas formas”, “provocador”, “reproches”, “paternales consejos”, “grosería”, “falta de cortesía”, “eclecticismo”, “mentiras y tergiversaciones”. Y todo ello desde la prepotencia: “no lo vamos a responder”, “no será UP quien dicte nuestra agenda y establezca nuestras prioridades”. Si somos tan despreciables, ¿por qué publican una contestación, sin enviárnosla? Evidentemente, porque no es a nosotros a quienes se dirigen, sino a sus militantes actuales e históricos, a los que alejan del fondo de la cuestión con el pretexto de las “malas formas”, gracias a que, a lo largo de los años, han moldeado la conciencia de los mismos en esa misma falta de exigencia racional y en una sumisión temerosa a los calificativos intimidatorios. Es falso que nuestro escrito sea un “virulento libelo”, porque no es ni denigrativo ni difamatorio, sino que se apoya en hechos y en razonamientos marxistas-leninistas, expuestos con la manifiesta intención de convencerlos y de ayudarlos a corregir sus errores, a fin de poder unirnos en un mismo partido, estando abiertos a lo positivo que puedan aportar al debate. Son ellos los que lo hacen imposible con su cerrazón irracional. Volvemos a recordar que sólo hemos publicado esta controversia cuando ellos pusieron fin al debate entre nuestras dos organizaciones y dieron largas o incluso la callada por respuesta a todas nuestras solicitudes de reunión. Si no lo hubiéramos hecho, ellos habrían mantenido ocultas las contradicciones. ¿Es esa una manera dialéctica, marxista, de resolverlas? ¿No equivale eso a evitar “la confrontación ideológica con mil artimañas...”[1], como acusan a los demás en el informe de su Comité Central de febrero de 2011?

Precisamente, para concluir su respuesta, faltan a la verdad cuando relatan los hechos que sucedieron después de su decisión de romper relaciones con Unión Proletaria. Tal como exponen las cosas, parece que somos nosotros quienes hemos impedido que se reanudaran, cuando, en realidad, fue exactamente al revés. A su carta de febrero de 2010, procuramos contestar con un escrito conciliador para que la dirección del PCE(m-l) propusiera alguna salida a nuestro proceso de unidad. Y, en efecto, no tuvo más remedio que “reconocer, en primer lugar, que su tono es más constructivo” (Carta del 11-4-2010). A pesar de esto, nos culpaban ahora por nuestras relaciones con el Colectivo Comunista 27 de Septiembre en el marco de la Coordinación de Unidad Comunista y concluían así: “Queda claro pues, que por el momento no existen condiciones para avanzar en el proceso de unidad entre nuestras dos organizaciones.”

Tras este nuevo jarro de agua fría, volvimos a intentarlo ante la proximidad anunciada (pero sin fecha conocida) del II Congreso del PCE(m-l), enviándoles el siguiente correo, el 7 de octubre de 2010: “Teniendo en cuenta que nuestras conversaciones encaminadas a la unificación de nuestras respectivas organizaciones se interrumpieron debido a diferencias políticas, y dado que vais a celebrar vuestro Congreso próximamente, os solicitamos que, si así lo estimáis, nos enviéis los documentos políticos que estáis discutiendo en vuestro proceso congresual. De este modo, os haríamos llegar nuestro punto de vista sobre los mismos y vuestro Congreso podría adoptar decisiones sobre la urgente cuestión de la unidad de los comunistas, con conocimiento de la posición concreta de Unión Proletaria en relación a la política que vais a realizar. Consideramos que es un proceder saludable y habitual entre las organizaciones obreras y comunistas, máxime cuando la unidad de los marxistas-leninistas sigue pendiente de resolverse. A la espera de vuestra respuesta, recibid un saludo fraternal.”

Como la respuesta del PCE(m-l) no llegaba, decidimos publicar una carta abierta al Congreso de esta organización el 24 de octubre de 2010. En ella, le deseábamos éxitos y pedíamos la reanudación de nuestras relaciones, del debate y de la acción conjunta, hacia la unificación de las dos organizaciones. Fue sólo entonces cuando, menos de una semana antes de celebrarse el Congreso, recibimos una llamada telefónica invitándonos a su sesión de clausura que tendría lugar el 31 de octubre. Con ese escaso margen de tiempo, nos fue imposible acudir a esta invitación. En esto tienen razón, pero mienten cuando afirman que no pedimos disculpas por nuestra ausencia. Lo hicimos y dos veces por escrito. El 29 de octubre, víspera del congreso, les enviamos un e-mail donde decía: “Lamentamos comunicaros que no podremos asistir presencialmente a vuestro congreso. Cuando nos hemos enterado de la fecha exacta de celebración del mismo, los camaradas de Madrid ya teníamos compromisos de carácter personal que nos mantendrán durante todo el fin de semana y el lunes fuera de la capital.” Como seguíamos sin noticias de las decisiones del Congreso con respecto a nuestra solicitud, el 13 de enero de 2011, les escribimos un nuevo correo que incluía lo siguiente: “Pasados dos meses desde la celebración de vuestro Congreso, a cuya clausura nos fue imposible acudir, hecho por el que os reiteramos nuestras disculpas ya transmitidas por teléfono, estimamos necesario volver a explorar las posibilidades para retomar el proceso de unidad que quedó interrumpido hace más de un año entre nuestras respectivas organizaciones. (…) Por ello, os rogamos que nos proporcionéis los documentos que habéis aprobado en el Congreso y que nos hagáis llegar a la mayor brevedad una propuesta de método para reanudar el proceso de debate y unidad de acción, al menos, entre el PCE(m-l) y Unión Proletaria, proceso que se hace cada día más necesario ante la intensificación de los ataques del gran capital y ante la falta de una respuesta política a los mismos dirigida por la clase obrera.”

Tampoco recibimos contestación a este e-mail y, aunque es cierto que coincidimos luego en varias manifestaciones, no fue posible concertar reunión para que nos explicaran las conclusiones de su congreso. Poco más tarde, hicieron público el informe de su Comité Central de febrero pasado en el que optaban por la batalla entre los comunistas, en vez de la unidad y la hermandad. Y, en las semanas siguientes, se enfangarían en la campaña propagandística del imperialismo contra el gobierno de Libia, volviendo a las alianzas contra natura que ya practicaron los comunistas chinos y albaneses, en el nombre de la lucha contra el revisionismo. ¿Qué “esencia de clase” revela esta colaboración?

¿Fidelidad a los compromisos?

Como los propios camaradas del PCE (m-l) dicen en su respuesta, no han contestado a nuestras críticas, porque vienen “exponiendo su política y criticando las posiciones del revisionismo en los más diversos documentos”, excusa que no es válida porque nuestra crítica no versaba sobre revisionismo en general, sino sobre ciertas posiciones del PCE (m-l) que consideramos desviaciones de carácter democrático-burgués, dogmático y sectario. Los revolucionarios que tenemos por inquietud la unificación de todos los marxistas-leninistas en un solo partido, esperábamos de ellos una respuesta que, o bien incluyera una reflexión autocrítica, o bien sirviera para reiniciar el debate sobre una serie de cuestiones ineludibles si queremos afrontar el problema de la unidad comunista. En lugar de ello, la dirección del PCE (m-l) entiende “que no se trata tanto de combatir a tal o cual organización concreta, sino las posiciones generales y las contradicciones que se ventilan en el campo de los comunistas”. Estos amigos de las excomuniones “genéricas” deberían meditar sobre lo que ya advirtiera Lenin: “la verdad es siempre concreta, nunca abstracta” (Materialismo y empiriocriticismo).

Siguiendo a Lenin, hay que poner en tela de juicio la afirmación que el PCE (m-l) hace en su respuesta, según la cual: “si bien es cierto que, a la vista está, nuestras posiciones son hoy absolutamente irreconciliables, siempre hemos respetado hasta el final, los compromisos contraídos con ellos…”. Por decirlo en un tono amable, creemos que esta afirmación falta a la verdad, y para demostrarlo nos remitiremos al documento conjunto suscrito entre nuestras dos organizaciones, titulado “Diez compromisos de los comunistas españoles”[2], publicado en Julio de 2008. Es posible que, desde el PCE (m-l), se nos vuelva a tachar de “revolucionarios de papel”[3], pero tampoco hay que olvidar que el papel, desde que se inventara por los chinos en el siglo II d.C., es un soporte que ha facilitado en una enorme proporción, el mejor y más fácil uso de uno de los instrumentos más revolucionarios de la historia de la humanidad: la escritura. Y lo que está escrito, escrito queda. Precisamente, por este motivo se firman este tipo de documentos. En este caso concreto para dejar constancia de a qué se comprometían nuestras dos organizaciones.

En el punto nº 3 de este documento, afirmábamos,: “…nos comprometemos a debatir entre los comunistas de manera autocrítica la práctica revolucionaria de construcción del socialismo, al igual que poner sobre la mesa las diferencias ideológicas de las diversas ‘tendencias históricas’ dentro del marxismo-leninismo, con el ánimo de superar las divisiones.” Ni en nuestra experiencia personal con el PCE (m-l), ni en sus diversos comunicados y órganos de expresión, nos consta en modo alguno que esta organización haya hecho una autocrítica por su pasado hoxhista[4], interpretación del marxismo-leninismo que mantienen en el presente, pero que ni ha servido para que el Partido del Trabajo de Albania, al cual apoyaron, impidiera la contrarrevolución burguesa en Albania, ni le ha servido al PCE (m-l) para imponerse como partido revolucionario del proletariado en nuestro país, bien al contrario. Es más, la dirección del PCE (m-l) no ha dado el menor paso para tratar de limar las diferencias entre varias corrientes que existen en el seno del movimiento comunista en España. Al revés, se aferra a su particular lectura del marxismo-leninismo; y no sólo eso, sino que parece haber dado un paso atrás con respecto a lo que firmó en aquel documento, como puede observarse en las siguientes palabras del informe de su Comité Central de Febrero de 2011: “No es cierto que la batalla ideológica entre los comunistas se haya atemperado; por el contrario, va a ser más dura que nunca (…) la propia sensación de debilidad de los comunistas puede urgir equivocadamente a algunos a buscar, en otras fuerzas que se autodenominan comunistas, una hermandad que está lejos de ser real”. ¡Vaya “ánimo de superar las divisiones”! Estas palabras contradicen los compromisos que suscribió el PCE (m-l) en su día.

Asimismo, en el punto nº 10 del mismo documento, decíamos: “Nos comprometemos con la unidad de acción de los comunistas y con el avance en la discusión ideológico-política, con camaradería, sin prepotencia ni imposiciones, desarrollando la crítica y la autocrítica, limando diferencias y deslindando campos con todo tipo de revisionismo (…) En este sentido, adquirimos el compromiso de realizar reuniones y discusiones periódicas, con un encuentro de representantes de cada partido, organización o destacamento comunista (…) donde se programarán discusiones políticas y se valorarán iniciativas comunes y el desarrollo de la unidad de acción y, cuando sea posible, se elaborarán resoluciones conjuntas.” No obstante, llegado el momento de preparar uno de esos encuentros de cuadros, crucial para el desarrollo del proceso unitario, porque en el mismo íbamos a tratar de resolver las diferencias ideológicas que nos separaban, el PCE (m-l) decidió cancelarlo unilateralmente, argumentando que ese debate ideológico (sobre 3 cuestiones fundamentales, a saber, la actitud hacia los países socialistas, la relación entre república y socialismo, y el tipo de partido que queríamos construir) iba a contribuir más a distanciarnos que a unirnos.

Aparte del hecho de que esta decisión del PCE (m-l) contradice abiertamente aquello a lo que se había comprometido, lo cierto es que, con el tiempo, el sectarismo del PCE (m-l) y su aversión al debate ideológico ha conducido al resultado contrario al que decían desear. De hecho, ellos mismos vienen a reconocer que eran reacios a todo debate de fondo con nuestra organización, como puede observarse en la respuesta que nos han dirigido: “UP nos propuso participar en nuestros debates congresuales: aunque nuestro Partido invita a participar con todos los derechos, menos, obviamente el de voto, a representantes de los Partidos hermanos de la CIPOML, rechazamos cortésmente su ‘peculiar’ propuesta, por razones evidentes, dada la nueva situación de nuestro proceso de unidad…” Estas palabras nos resultan chocantes. Por una parte, ellos reconocen que, al menos en una ocasión, cerraron todo debate con nuestra organización. Por otra parte, no sabemos cuáles son las “razones evidentes” que les ha motivado a impedirnos participar en los debates de su congreso, máxime cuando reconocen que sí invitan a otras organizaciones a hacerlo, y nuestra organización tenía un proceso de unidad con ellos, desde hacía ya dos años. Y sobre todo cuando, en ningún momento, pedimos participar en sus reuniones congresuales, sino poder estudiar las tesis propuestas por su Comité Central para transmitirles nuestra opinión sobre las mismas antes de que se convirtieran en decisiones congresuales.

Otra cuestión de método importante para avanzar en la unidad de los comunistas en general, se puso de manifiesto al tratar de resolver nuestra discrepancia sobre los países socialistas. Expresamos a la dirección del PCE(m-l) que “nuestra posición mínima para poder alcanzar la unificación orgánica con el PCE (m-l) es, ante todo, que éste renuncie a la afirmación de su Línea Política, según la cual en la actualidad, no existen países intrínsecamente socialistas”. En opinión del PCE (m-l), esta exigencia de mínimos por parte de Unión Proletaria es una “exigencia intolerable en un debate abierto”, afirmación que en nuestra opinión está completamente infundada, porque como ya hemos explicado, en esta cuestión concreta, con el fin de limar las diferencias, nosotros propusimos una “solución marco”, mediante la cual el Partido Comunista que saliera de nuestra unificación no se pronunciara a favor, pero tampoco en contra, de los países que se denominan socialistas, para que, una vez unidos orgánicamente, el debate y la lucha de líneas permitieran clarificar el análisis sobre estos países. Y por otra parte, también creemos que estas afirmaciones de los dirigentes del PCE (m-l) son una demostración de mala fe y resultan ser manipuladoras, pues si nosotros no íbamos a conseguir que revisaran su análisis sobre los países socialistas o que aceptaran una formulación intermedia, esto significaba que la dirección del PCE (m-l) pretendía que los militantes de UP nos sometiéramos a la “imposición intolerable” –según sus propias palabras- de su línea sobre los países socialistas. Y, efectivamente, eso es lo que esperaban de nosotros.

En el punto nº 7 de los Diez compromisos de los comunistas españoles, que versa sobre un tema de primera importancia para construir el Partido Comunista que necesita nuestra clase, a saber, la formación marxista-leninista, se afirma: “… es estrictamente necesaria la formación ideológica y política marxista-leninista. Los comunistas tenemos la obligación de llevar a las masas la teoría marxista-leninista, ligándola con el movimiento obrero y popular (…) Así nos comprometemos al intercambio de experiencias y de materiales de formación política-ideológica marxista-leninista para la práctica política revolucionaria de masas.” Sin embargo, los dirigentes del PCE (m-l), a pesar de suscribir esto, nunca se mostraron dispuestos a dicho intercambio de materiales de formación, ni han participado, ni tan siquiera apoyado, alguna de las reuniones de formación marxista-leninista que hemos realizado en Madrid conjuntamente con otros destacamentos comunistas. Al contrario, vieron con desconfianza nuestras propuestas para organizar conjuntamente la formación marxista-leninista, como de hecho manifestaron públicamente en el artículo contrario a la formación marxista-leninista que escribió J. Romero en diciembre de 2009, titulado “Sobre la formación de los comunistas y la deformación revisionista”.

¿Firmeza ideológica o sectarismo?

Por estos y otros motivos, creemos que es verdaderamente cuestionable la afirmación de los camaradas del PCE (m-l) según la cual éstos habrían respetado los compromisos contraídos con nosotros, no digamos ya “hasta el final”. Como también es cuanto menos discutible que el PCE (m-l) sea un partido realmente propenso a la unidad de los comunistas, o que tenga una “política en el terreno de la unidad de los comunistas”. Por mucho que digan, hay que atenerse a los hechos, y éstos nos indican que esa supuesta política a favor de la unidad comunista de la que habla el PCE (m-l) ha sido hasta ahora inexistente. De hecho, la conclusión a la que hemos llegado es que, realmente, el PCE (m-l) pretende tener de cara a la galería una apariencia de organización a favor de la unidad, cuando en realidad están anclados en los mismos esquemas anticuados, dogmáticos y sectarios que mantuvieron en los años 70 y que les llevaron a su disolución en el año 1991. Esquemas que les llevan a aferrarse a la línea hoxhista que les ha caracterizado históricamente, y a confrontar de forma destructiva con el resto de destacamentos comunistas de España, como se puede observar en el informe de su Comité Central.

De hecho, sin ir más lejos, a nosotros nos acusan, tácitamente, de “eclecticismo” y de tener profundas desviaciones oportunistas, que compartiríamos con lo que ellos llaman “el campo de los jruschovistas modernos y los maoístas”. Por un lado, tanto nosotros como el conjunto del movimiento revolucionario proletario en España agradeceríamos que el PCE (m-l) nombrara a esos “jruschovistas” y “maoístas”, y que explicaran cuáles son esas desviaciones oportunistas de las que hablan, en consecuencia con su supuesta política de combatir las posiciones del revisionismo. Por otro lado, al decir que somos eclécticos, el PCE (m-l) viene a decir que existe una parte de nuestras posiciones que concuerda con los principios que ellos estiman correctos, pero que, como la propia palabra indica, Unión Proletaria concilia dichos principios con otros supuestamente ajenos a la ortodoxia marxista-leninista. Por tanto, sería interesante que el PCE (m-l) también explicite o incluso critique aquellos principios que según ellos nos conducen por la senda del oportunismo.

En su respuesta, los camaradas del PCE (m-l) también nos reprochan que, de momento, no hayamos criticado a otras organizaciones “autodenominadas” comunistas. Sin embargo, esta observación es absurda, en primer lugar porque fue con el PCE (m-l), y no otro partido, con quienes mantuvimos un proceso de unidad que generó entusiasmo tanto dentro de las filas de ambos partidos como en el seno del movimiento revolucionario. Y fue ese mismo proceso unitario el que desembocó en fracaso ante la decisión unilateral del PCE (m-l) de cerrar el debate ideológico y de congelar el proceso, cuando ya estábamos muy avanzados. Es obvio que es por tanto al PCE (m-l) en concreto, y no a otro partido, a quien debíamos publicar una crítica profunda, para dar cuenta al movimiento comunista en España de por qué no llegó a fructificar dicho proceso. Por otra parte, tras la publicación del informe de su Comité Central de Febrero de 2011, vimos que era muy necesario realizar dicha crítica precisamente al PCE (m-l), al darnos cuenta de que este Partido estaba adoptando una línea muy sectaria y negativa, sobre todo tras su II Congreso de Diciembre de 2010, en la que se aventuraban en una campaña de ataques (“virulentos”, como ellos dicen) contra todo lo que defiende Unión Proletaria y, en general, el movimiento comunista en España. Es decir: ataques a los países socialistas, ataques a la unidad de los comunistas, ataques al Estado soberano de la Jamahiriyah libia en connivencia con las potencias imperialistas y su brazo armado, la OTAN, etc.

Curiosamente, la dirección del PCE (m-l) nos tilda de “autoproclamados defensores de la unidad y del purismo”. En cuanto a lo primero, nos sentimos halagados porque hemos sido un destacamento organizado que ha hecho cuanto ha podido para tratar de tender puentes entre distintos partidos y organizaciones comunistas a lo largo y ancho del Estado, con nuestros aciertos y nuestros errores. Pero en cuanto a lo segundo, rechazamos rotundamente esta afirmación, puesto que guardar apariencias de “purismo” está lejos de formar parte de los objetivos y la práctica política de Unión Proletaria. De hecho, resulta chocante que el PCE (m-l) diga esto de nosotros, cuando se puede observar en su respuesta a nuestra crítica, o en el informe de su Comité Central, que son ellos quienes se erigen en guardianes de la ortodoxia marxista-leninista, empleando multitud de calificativos (“revisionistas”, “jruschovistas”, “eclécticos”) para atacar al resto de destacamentos comunistas. Sin embargo, parece ser que a los camaradas del PCE (m-l) no les gusta probar su propia medicina y que, cuando las acusaciones de vulnerar los principios del marxismo-leninismo van dirigidas hacia ellos, éstas se convierten, según sus propias palabras, en libelos, en escritos provocadores que “arremeten con saña contra su partido”.

Un llamamiento a recapacitar

En consecuencia, pedimos a los camaradas de la dirección del PCE (m-l):

Que no sigáis eludiendo la cuestión de fondo, que es la única que realmente importa, a saber, la necesaria e ineludible unidad de los comunistas en un solo Partido, y que dejéis de desviar la atención hacia las cuestiones formales.

Que seáis consecuentes con vuestra presunta política a favor de la unidad comunista, corrigiendo vuestros errores, abandonando vuestras concepciones dogmáticas y sectarias, y renunciando a vuestra pretensión de querer hegemonizar la reconstitución del Partido Comunista bajo los términos de la línea hoxhista que os ha caracterizado, pues sabéis que eso es una quimera y que perseguir este objetivo solamente puede llevaros al fracaso, a ser una fuerza marginal que sea mera espectadora del desarrollo del movimiento obrero, cuando no un obstáculo al mismo.

Que os unáis, por tanto, al imparable proceso de unidad de los comunistas. Os lo pedimos porque la clase obrera necesita su Partido, necesita unificar a su vanguardia revolucionaria y también os necesita a vosotros, asimilando toda vuestra experiencia, con sus luces y sus sombras.

Y si nada de todo esto es posible para vosotros, si queréis seguir por el camino de la confrontación, la desunión y el sectarismo, entonces os reclamamos que seáis consecuentes con vuestra supuesta política de combate ideológico contra lo que llamáis “revisionismo”, política que proclamáis a los cuatro vientos, pero que hasta ahora no ha pasado de ser una mera declaración de intenciones, unos amagos de críticas a organizaciones a las que no nombráis nunca, y cuyas posiciones no os atrevéis a criticar de forma concreta. Si no estáis por la unidad de los comunistas, si veis en nosotros “enemigos” en vez de “amigos”, al menos, sed coherentes y tened el valor de iniciar ese combate ideológico que habéis anunciado.

El Comité Central de Unión Proletaria, diciembre de 2011.

NOTAS

[1] http://www.pceml.info/2011/02/20/informe-del-comite-central-preparar-al-partido-para-el-combate-politico-e-ideologico/

[2] http://www.unionproletaria.net/spip.php?article8

[3] No sabemos si se trata de una reminiscencia de su pasado maoísta – relacionada con la expresión “tigres de papel”-, o tal vez afán de presumir de realismo -como hacía el terrorista Nadiézhdin cuando despreciaba el plan de Lenin de construir el partido desde un periódico central-, pero no vemos sinceramente cuáles son las ventajas prácticas de estos camaradas. Lamentablemente, todos los comunistas españoles somos mayormente “revolucionarios de papel” y todavía nos queda mucho que discutir y experimentar para alcanzar una práctica revolucionaria que sea verdaderamente de masas.

[4] Parece que la dirección del PCE(m-l) se ofende cuando se la “moteja” de hoxhista, pero eso es lo que significa oponerse a los “jruschovistas modernos” y a los “maoístas”, a la vez que rechazan la unificación con otros marxistas-leninistas que han roto con el revisionismo del XX Congreso del PCUS. ¡Que prueben estos camaradas a explicar sus diferencias con la manera en que Enver Hoxha concebía el marxismo-leninismo!


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