Cuba

Cinco Palmas es otra de las páginas gloriosas de nuestra historia

Extraído de Granma Internacional

Lunes 19 de diciembre de 2011


Ocurrió hace 55 años. Trece días habían transcurrido desde que los expedicionarios del Granma sufrieron el amargo revés de Alegría de Pío. Muertos unos, heridos otros, dispersos la mayoría, comenzó para los sobrevivientes la terrible odisea de la persecución y el hambre, agudizada por el cansancio provocado por la travesía de Tuxpan a Las Coloradas, las marchas continuas tras el desembarco y la preocupación por la falta de comunicación y de noticias sobre el Jefe de la Revolución.

Fidel, Faustino Pérez y Universo Sánchez, continuaron avanzando hacia la Sierra Maestra. Raúl, al frente de otro grupo en el que se hallaban Ciro Redondo, René Rodríguez, Efigenio Ameijeiras y Armando Rodríguez, marcharon "llenos de esperanza", a pesar de todos los contratiempos.

Fue en la noche del 18 de diciembre de 1956, cuando se produjo el esperado e histórico encuentro de Fidel y Raúl y demás combatientes de ambos grupos. El lugar: Cinco Palmas, un intrincado paraje cañero de la zona de Media Luna. Tras el abrazo de hermanos, de revolucionarios, y la emoción y la alegría que obviamente provocó aquel momento, Fidel preguntó:

-¿Cuántos fusiles traes?

 Cinco –respondió Raúl.

 ¡Y dos que tengo yo, siete! ¡Ahora sí ganamos la guerra!

Las difíciles circunstancias que caracterizaban entonces la situación de los fundadores del Ejército Rebelde no disminuyeron un ápice la fe revolucionaria de Fidel, su convicción patriótica y su seguridad en el triunfo.

La significación de aquel suceso sobrepasa las limitadas fronteras de lo anecdótico para insertarse con fuerza de lección imperecedera en las nuevas y futuras generaciones de cubanos: ¡jamás un revolucionario verdadero pierde su filo de decisión, su firmeza y su optimismo, aun en los peores momentos!

Cinco Palmas quedará como página gloriosa de nuestra historia por su épica de resistencia y de fe en la victoria, tal y como fue la Protesta de Baraguá frente al Pacto del Zanjón o el glorioso 11 de octubre de 1868, cuando después de proclamar en La Demajagua su determinación de Independencia o Muerte, Carlos Manuel de Céspedes marchó sobre el poblado de Yara. Allí se produjo una dura derrota para el naciente Ejército Libertador, rechazado y sorprendido por el fuego enemigo. Los cubanos se dispersaron desordenadamente y solo quedaron junto al Padre de la Patria once combatientes. Alguien del grupo, angustiado probablemente por el revés, exclamó: "¡Todo se ha perdido!". Entonces Céspedes, con firmeza y energía, respondió: "¡Aun con doce hombres: bastan para hacer la independencia de Cuba!".

Así ha sido siempre nuestra historia.


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