Unión Proletaria

El fin de la ultraactividad de los convenios

Miércoles 14 de agosto de 2013


El 23 de mayo, patronal (CEPE Y CEPYME) y los sindicatos CC.OO y UGT firmaban in extremis un acuerdo para estirar la vigencia de aquellos convenios colectivos que se estuviesen negociando. El pacto alivia, por ahora, una de las amenazas más serias que ha padecido la clase trabajadora en los últimos años. Hasta la reforma laboral de Báñez, cuando un convenio colectivo caducaba sin acuerdo, su amparo se prolongaba sine die en lo que se denominaba “ultraactividad”. Sin embargo, aquel decretazo estableció que los convenios colectivos agotados sin acuerdo entre empresa y representantes de la plantilla dejarían de tener vigencia al cabo de 12 meses. Y los primeros 12 meses se cumplirán el 7 de julio. Es decir, a partir del 8 de julio, la empresa, por tanto, podría unilateralmente acogerse al convenio de ámbito superior –el de su sector de actividad– y, en último caso, obedecer únicamente al Estatuto de los Trabajadores.

¿Ha terminado la amenaza? No Unos sindicatos muy necesitados de alegrías quieren presentar este pacto como una hazaña épica. Pero el acuerdo “no es para tirar cohetes” y “la poca fuerza negociadora que daba la ultraactividad de los convenios se ha perdido”. Los empresarios ni siquiera han querido que la firma se convierta en un acto público para no darle demasiada importancia al texto.

Entre 1,5 y 2,5 millones de personas estaban a punto de ver desaparecer sus convenios de empresa y ese hachazo, sí, se ha lentificado. Pero el pacto no elimina en absoluto la incertidumbre ni la inferioridad negociadora de los trabajadore/as. El acuerdo es sólo una recomendación de los agentes sociales a sus representados: si ya están negociando un convenio, deben comprometerse a prolongarlo mientras dure la negociación. Nada más.

Al margen de que el texto es sólo una recomendación, deja al arbitrio de cada una de las partes la decisión de dar por agotado el diálogo. Parece cabal pensar que ningún comité de empresa querrá dar por zanjada la negociación –mientras dure ésta, el convenio se mantiene–, pero la empresa podrá decidir unilateralmente levantarse de la mesa cuando quiera. Esta es la otra pequeña gran esperanza a la que se aferran los sindicatos: las partes habrán de someterse a la mediación de un arbitraje –previsiblemente más benévolo que el Estatuto de los Trabajadores.

Con todo, el texto salva, de momento un buen número convenios: aquellos que en su redactado contemplan la prórroga automática de su vigencia seguirán valiendo con independencia de lo que dijera la Reforma Laboral. Los próximos meses mostrarán si este pacto ha servido de algo o se deshace como papel mojado en cuanto las primeras empresas den por liquidadas las negociaciones que se estanquen.


Apartado de correos 51498. 28080, Madrid.

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