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Balance de la experiencia de Unión Proletaria (octubre de 2013)

Balance de la experiencia de Unión Proletaria

Viernes 25 de octubre de 2013


Balance de la experiencia de Unión Proletaria (octubre de 2013)

I. LA BASE MATERIAL DE LA RECONSTITUCIÓN DEL PARTIDO COMUNISTA

II. NUESTROS ORÍGENES EN EL PCE

III. NUESTRA PRIMERA EXPERIENCIA EN EL PCPE

IV. NUESTRA EXPERIENCIA “IZQUIERDISTA”

V. LA EXPERIENCIA DE UNIÓN PROLETARIA

VI. EL VIRAJE DEL PCPE. PREPARACIÓN DE LA UNIDAD

Luces y sombras del IX Congreso del PCPE

Tesis 1: el PCPE ante el escenario de crisis capitalista mundial

Tesis 2: la revolución socialista en España

Tesis 3: avanzar con decisión en la construcción del partido necesario para la revolución española

VII. LA NUEVA EXPERIENCIA EN EL PCPE

Un problema fundamental: la concepción del mundo

La línea de masas política: el FOPS

La línea de masas económica: los CUO

El desarrollo de las contradicciones políticas del PCPE

Incumplimientos políticos de la dirección del PCPE

A) Del Documento de Unidad entre el PCPE y UP

B) De las Tesis aprobadas por el IX Congreso del PCPE

El tratamiento de las contradicciones políticas

VIII. UNA NUEVA ETAPA EN EL PROCESO DE RECONSTITUCIÓN DEL PARTIDO COMUNISTA

Balance de la experiencia de Unión Proletaria (octubre de 2013) El punto de partida del balance que ahora estamos en condiciones de realizar es que el reto pendiente principal del movimiento obrero sigue siendo la reconstitución de su Partido Comunista, después de que el PCE tomara una dirección pequeñoburguesa revisionista en la segunda mitad del siglo pasado. Sigue siendo el reto pendiente porque ni el Partido Comunista ni, por tanto, la manera de reconstituirlo se entienden igual por parte de todos los que queremos actuar como comunistas. Para acercarnos a una determinación científica de este objetivo prioritario y del camino hacia el mismo, debemos ponerlos en relación con la realidad social. Debemos ligar la cuestión del Partido al análisis concreto de la situación concreta, porque de ésta depende la construcción del partido.

I. LA BASE MATERIAL DE LA RECONSTITUCIÓN DEL PARTIDO COMUNISTA

El desarrollo de las relaciones de producción capitalistas, sobre todo desde el siglo XIX, lleva a la división creciente de la sociedad en dos clases confrontadas: la burguesía y el proletariado; y lleva asimismo al conflicto entre aquellas relaciones de producción y las fuerzas productivas sociales engendradas por ellas. El representante de las mismas, el defensor de su desarrollo liberado de las trabas del capitalismo, es el proletariado. Nuestra clase no sólo necesita luchar contra la explotación y opresión capitalista, sino que su capacidad de acabar con éstas crece junto con el crecimiento que el propio capitalismo imprime a las fuerzas productivas sociales. Para ello, tiene que arrebatar el poder político a la burguesía e instaurar su dictadura sobre ella hasta abolir las condiciones que dividen la sociedad en clases. Y esto requiere que se constituya en partido político.

De todos los partidos obreros que se forman, el partido comunista es la forma superior de ellos, la que debe alcanzar la dirección del movimiento obrero para que los fines políticos de la clase obrera puedan realizarse. Y esto, porque basa su actuación en la teoría científica del marxismo-leninismo, que es científica precisamente por expresar de la manera más exacta las condiciones bajo las que se desarrolla la clase obrera y la sociedad capitalista en su conjunto. Los demás partidos obreros expresan la influencia de otras clases sociales sobre el proletariado. De ahí sus programas políticos limitados por los intereses de esas clases. En condiciones ordinarias, la mayoría de las masas activas de la clase obrera se encuadran en partidos reformistas que representan esencialmente los intereses de la pequeña burguesía. Y, cuando los militantes obreros reaccionan contra el reformismo para defender la independencia política de su clase, tienden espontáneamente a echar mano de concepciones también pequeñoburguesas, pero más extremistas, y a separarse de las masas: se trata de las sectas comunistas, revolucionarias, etc. Estas concepciones pequeñoburguesas pueden no parecerse en nada marxismo-leninismo, pero también se le pueden parecer mucho cuando convierten ciertas conclusiones de esta teoría en dogmas (para ello, es necesario amputarle al marxismo su médula que es el materialismo dialéctico: por consiguiente, el dogmatismo es otra forma de revisionismo).

El desarrollo del proceso a través del cual se constituye el Partido Comunista no es sino la expresión política del desarrollo de la lucha de clases. A mayor desarrollo de ésta, mayor desarrollo del Partido Comunista, y a la inversa. Por eso, cuando el capitalismo alcanzó su etapa superior, su etapa imperialista, en la confluencia de los siglos XIX y XX, el partido comunista experimentó un avance cualitativo, siguiendo el ejemplo del Partido Bolchevique ruso, impulsado sobre todo por Lenin. El imperialismo significaba que la sociedad ya estaba en condiciones de pasar prácticamente a reconstruirse sobre principios socialistas y que la clase obrera –con el partido comunista al frente de su organización- estaba en condiciones de ejercer el poder político para lograrlo. A una escala histórica o estratégica que se cuenta en decenas de años, ya están aseguradas las condiciones materiales para que el partido comunista pueda reunir una fuerza suficiente a fin de ejercer su poder político revolucionario. Esa fuerza suficiente consiste en bastantes masas bastante organizadas. Para ello, la organización comunista que pretenda convertirse en ese partido debe dirigir toda su actividad a conquistar a la mayoría de la clase obrera para su programa revolucionario. En la época del imperialismo en que la construcción del socialismo ya es materialmente posible, no basta con alcanzar la dirección de los obreros conscientemente revolucionarios. Es necesario conquistar la dirección del movimiento obrero en su conjunto, aunque la mayoría del mismo sea conscientemente reformista. La pretensión contraria expresa una posición revolucionaria sólo de palabra y de claudicación ante la burguesía en los hechos. Es “izquierdismo” que sólo sirve para reforzar la hegemonía del ala derecha del movimiento obrero directamente vinculada a la burguesía. En Rusia, por ejemplo, Lenin y los bolcheviques consiguieron llevar a la clase obrera al Poder político para construir el socialismo, a pesar de que la mayoría de las masas habían apoyado hasta el último momento a los partidos oportunistas y a pesar de que las consignas principales del partido comunista no fueran expresamente proletarias o socialistas (“paz, pan y tierra” o “todo el poder a los soviets”)

Que las condiciones objetivas para la revolución ya estén dadas a una escala histórica o estratégica, no significa ni mucho menos que lo estén a una escala política o táctica. La lucha de clases propia de la sociedad imperialista, por mucho que siga una trayectoria ascendente a largo plazo, también conoce a corto y medio plazo ascensos o flujos y descensos o reflujos. Esto implica que la construcción del Partido Comunista, aunque siempre sea posible, será más o menos fácil, más o menos rápida, según esos avances o retrocesos en la coyuntura objetiva. En cada de una de esas situaciones, los comunistas debemos aprender a aprovechar las oportunidades existentes y a centrarnos en las tareas que puedan desbloquear el progreso del movimiento obrero.

Examinemos el estado del Partido Comunista en relación con el análisis político más concreto. La precipitación del sistema imperialista en una crisis estructural desde los años 70 y especialmente en la fase más aguda de ésta a partir de 2007 ha producido una mejora de las condiciones objetivas para la revolución con relación al período de prosperidad capitalista posterior a la II Guerra Mundial. Sin embargo, las condiciones subjetivas, como es habitual, están retrasadas. De manera destacada, la victoria de la contrarrevolución en la URSS y en otros países socialistas expresó y, a la vez, profundizó un período de reflujo del movimiento obrero revolucionario, consciente, del que todavía estamos lejos de haber salido. Además, entre las condiciones objetivas, no están sólo las de carácter económico-material que se necesitan para pasar a construir el socialismo, sino también las de carácter social y político, sin las cuales no es posible hacer la revolución. Y estas condiciones necesarias para alcanzar una situación revolucionaria y una crisis revolucionaria, explicadas por Marx, Engels y Lenin a lo largo de su obra, aún no están presentes. Por eso, aunque en los últimos cinco años nos hallemos en circunstancias más favorables para la reconstitución del Partido Comunista y para la revolución socialista, particularmente por un considerable flujo de las luchas de resistencia de las masas, sería aventurerismo exagerarlas y decretar una táctica de ofensiva revolucionaria . Ésta no se corresponde con la correlación real de fuerzas sociales y aísla al comunismo de las masas obreras, convirtiéndolo en sectarismo. El estado precario en que se encuentra el movimiento comunista internacional y el Partido Comunista en España prueba que la reciente reanimación del conflicto de clases todavía no significa la superación de su etapa de reflujo, ni por tanto la conveniencia de aplicar una táctica de flujo revolucionario. En las mayores organizaciones comunistas, al menos en España, prevalece el estado de descomposición animado por las políticas revisionistas de sus dirigentes, ya sea por la derecha (reformismo), ya sea por la “izquierda” (sectarismo). Como consecuencia, continúa la división fundamental de los comunistas que contagian su desorganización al conjunto del movimiento obrero.

En los más de 30 años que llevamos de experiencia en la lucha por asimilar y aplicar el marxismo-leninismo, hemos intentado desbrozar el camino que nos lleve a la reconstitución del partido comunista, entendido como una unión suficiente del socialismo científico y el movimiento obrero. En el PCE, en el PCPE, en el MAI, con el PCE(m-l), en la CUC y nuevamente en el PCPE, hemos ido aprendiendo marxismo-leninismo y fundiéndonos con las masas obreras, a través del trabajo teórico de estudio y de debate, así como de la práctica militante en organizaciones obreras elementales y en organizaciones comunistas. Todavía nos falta mucho y tenemos no pocas limitaciones, pero disponemos de un bagaje y unas posibilidades con los que podemos contribuir positivamente a la reconstitución del Partido Comunista.

II NUESTROS ORÍGENES EN EL PCE

El PCE en el que algunos de nosotros empezamos a militar en los años 70-80 se guiaba por una variante del revisionismo de derechas, conocida como “eurocomunismo”. Se trataba de una versión extrema del revisionismo soviético, que renegaba de la URSS y conciliaba con la democracia imperialista occidental. Sus dirigentes tenían por objetivo convertir al partido en el ala izquierda de la socialdemocracia a fin de gobernar, junto con el PSOE, el sistema político español posfranquista, una vez que, aliados con la gran burguesía liberal, consiguieran homologarlo a los regímenes parlamentarios europeos. A partir de ahí, impulsarían un camino de reformas que conduciría al socialismo sin revolución violenta y sin dictadura del proletariado, repitiendo así los vanos deseos pequeñoburgueses de la socialdemocracia.

Los dirigentes del PCE apoyaron su labor de derechización en las ilusiones democrático-burguesas de las masas hartas del fascismo, en el rechazo de éstas al burocratismo opresivo que los jruschovianos y brezhnevianos estaban instaurando en la URSS y que la burguesía identificaba interesadamente con el comunismo, en el ansia de los militantes por conseguir la legalización del partido y en la represión interna contra los defensores del marxismo-leninismo. En los años 60 y 70, éstos eran expulsados del PCE a todos los niveles, desde el Comité Central hasta las organizaciones de base. A partir de los años 80, la dirección revisionista pudo y tuvo que ser más permisiva en la base, aplastando los sucesivos intentos de revitalización revolucionaria que arrancaban desde abajo en los niveles medios y superiores del entramado organizativo.

El resultado de esos años fue que el Partido Comunista quedó dividido en organizaciones independientes y enfrentadas entre sí. Unas más revolucionarias que otras, unas más sectarias que otras, la ruptura del movimiento comunista internacional y la profundización del reflujo dificultaban enormemente la reconstrucción de la unidad política del proletariado. Fue precisamente la incapacidad de los comunistas para desarrollar una fuerte organización fuera del PCE, la que nos llevó a algunos a iniciar en este partido nuestra militancia, a pesar de que rechazábamos el carrillismo y el eurocomunismo (a menudo poco más que intuitivamente).

III NUESTRA PRIMERA EXPERIENCIA EN EL PCPE

Se lograban unidades parciales, a veces efímeras (PTE-ORT, MC-LCR, etc.) y otras más estables como fue el PCPE que resultó de la unidad de casi todas las organizaciones prosoviéticas, a excepción del PCOE, en parte gracias al apoyo económico y político de la URSS. Desde su fundación en 1984, algunos de nosotros ingresamos al PCPE compartiendo en lo fundamental su base política e ideológica . El prosovietismo con el que nos identificábamos significaba la oposición al reformismo eurocomunista principalmente por el alineamiento de éste con el imperialismo occidental frente a la URSS y los países socialistas de Europa oriental. Sin embargo, no éramos conscientes de que, en él, se confunde el marxismo-leninismo con el revisionismo soviético. Tanto Brézhnev como los dirigentes prosoviéticos occidentales seguían las tesis revisionistas que Jruschov promoviera en el vigésimo y vigésimo segundo congreso del PCUS, en contraposición a la política anterior encabezada por Stalin:

-  Coexistencia pacífica y emulación pacífica con el imperialismo como principios rectores de la política exterior soviética, en vez del internacionalismo proletario.

-  Defensa de la vía pacífica y parlamentaria al socialismo, renunciando a preparar y a realizar la revolución violenta.

-  Rechazo a continuar la lucha de clases bajo el socialismo hasta la desaparición de éstas, convirtiendo el Estado de la dictadura del proletariado en “Estado de todo el pueblo” y el Partido revolucionario de la clase obrera en “Partido de todo el pueblo”.

Sobre esta base, sucesivas reformas económicas fueron restableciendo la propiedad privada en los hechos, con el pretexto de desarrollar la autonomía de las cooperativas y de las empresas estatales, las relaciones monetario-mercantiles, los incentivos materiales, etc.

Las múltiples causas de este viraje revisionista por parte de la dirección del PCUS todavía están siendo investigadas. No hay pruebas de que los revisionistas soviéticos tuvieran la intención de restaurar el capitalismo en su país, pero sí parece evidente que representaban los intereses de un sector de funcionarios del partido que se había separado, en sus condiciones de existencia, de las masas obreras y que había engendrado por ello una concepción burocrática del socialismo (aristocrática, tecnocrática) que le llevaba a atacar en primer término la dictadura del proletariado y la democracia que ésta entraña, demasiado concreta para encubrir la dominación de este germen de clase no proletaria. En cuanto a la teoría revolucionaria del marxismo-leninismo, la conservaba en lo formal y quizás en la mayoría de sus formulaciones particulares, pero prescindía de su médula que es el materialismo dialéctico, la concepción del mundo que se corresponde única y exclusivamente con los intereses de clase del proletariado. No se trataba, pues, de un repliegue táctico que la vanguardia obrera estimara necesario, sino de la decisión de una capa social no proletaria convencida de poder edificar un socialismo superior a aquél que tenía por artífice a la clase obrera. El fracaso económico de este experimento era inevitable y abocaba prácticamente a esta capa social intermedia a una paulatina evolución burguesa.

Esa misma usurpación de la dirección de los partidos comunistas por parte de su burocracia se ha dado también en los países capitalistas, desviándose aquéllos del marxismo-leninismo unas veces por la derecha y otras veces por la izquierda. La curación de semejantes enfermedades exige absolutamente restablecer la dirección proletaria en esos partidos por medio de la fusión de éstos con las masas obreras y por medio del desarrollo de la democracia interna. Cualquier otro medio podrá responder a la mejor de las intenciones, pero estará abocado necesariamente al fracaso.

A pesar de esta clara desviación derechista del PCUS, los partidos prosoviéticos en general y el PCPE en España se diferenciaban de la socialdemocracia y de los partidos eurocomunistas en que se enfrentaban al imperialismo occidental y en que promovían hasta cierto punto la lucha de clases en sus propios países (movimiento anti-OTAN, tres huelgas generales contra el “pacto social”, batallas estudiantiles, frente único por arriba cristalizado en Izquierda Unida, etc.). Y la vanguardia proletaria respondió apoyando al PCPE, lo que demuestra que la clase obrera tiende a constituirse en partido político y que se volcará con él y lo desarrollará en defensa de sus intereses vitales. Sin embargo, los partidos de esta tendencia no orientaban la lucha de la clase obrera hacia la revolución socialista, puesto que conservaban dogmáticamente el viejo objetivo estratégico de la revolución democrático-burguesa –a pesar de que toda la Europa occidental había desarrollado plenamente el capitalismo monopolista- o bien renunciaban a la preparación de la revolución socialista como objetivo estratégico inmediato con el erróneo propósito de realizar así más fácilmente los objetivos tácticos intermedios, democráticos, anti-fascistas, republicanos, antimonopolistas, antiimperialistas, etc. El resultado de esta concepción reformista apoyada por el revisionismo soviético fue que no se conseguía el objetivo máximo, pero tampoco los objetivos mínimos. A pesar de ello, las organizaciones prosoviéticas –y, por ende, esta confusión entre marxismo y revisionismo- dominaban el movimiento comunista, particularmente debido a los errores “izquierdistas” y sectarios que estaban cometiendo el Partido Comunista de China y del Partido del Trabajo de Albania en su lucha contra el revisionismo de derecha. Estos errores, ya en los años 80, habían destruido por completo o reducido a su mínima expresión a todas las formaciones maoístas y hoxhistas que los habían puesto en práctica. El antagonismo entre marxismo-leninismo y revisionismo que constituye el fundamento del PCPE y de otros partidos prosoviéticos tiene necesariamente que producir crisis periódicas hasta que se resuelva finalmente en un sentido o en el contrario. Y, en todo caso, a mayor fusión con las masas proletarias, mayor será la posibilidad de reducir los efectos destructivos de estas crisis y de acabar resolviéndolas a favor del marxismo-leninismo. El mayor vínculo de masas ayudará a evitar las exageraciones de derecha y de “izquierda”, así como a reforzar las posiciones comunistas a medida que se vaya reanimando el movimiento obrero. De ahí que la contribución de las organizaciones prosoviéticas a la reconstitución del marxismo-leninismo dependa tanto de la crítica de sus posiciones revisionistas como de la amplitud de su práctica de masas. Y, a la inversa, esta contribución queda seriamente perjudicada por su aversión a la autocrítica y a la fusión con las masas.

Durante los años 80, participamos intensamente en la actividad del PCPE, aunque desarrollando contradicciones crecientes con su línea política, las cuales estallarán en la etapa final de la perestroika, a partir de 1989. En aquel entonces, la dirección central de este partido condena con razón la línea de abierta restauración del capitalismo en la URSS y en los demás países socialistas, pero no es capaz de analizarla desde un punto de vista de clase, desentrañando sus orígenes históricos. Llegará a tildar a Gorbachov de traidor y a reconocer la responsabilidad de las situaciones previas de estancamiento económico, de corrupción, de burocratismo, de desarme político-ideológico de la clase obrera, etc. Sin embargo, achacaba estos fenómenos a que el “modelo soviético” había fracasado y se había agotado, responsabilizando de ello principalmente a Stalin. Lamentaba que la perestroika no hubiera cumplido su promesa de corregirlos, lo que demostraba su ceguera a la hora de determinar el carácter de clase de la política soviética. Algunos militantes y cuadros del PCPE, animados por la negativa de Cuba y China a capitular ante la ofensiva neoliberal del capitalismo y, sobre todo, por el auge de la guerra popular maoísta en Perú, expresamos que la destrucción del socialismo en la URSS por parte de los máximos dirigentes del PCUS demostraba que éstos no representaban a la clase obrera, sino a la nueva burguesía, y que era fundamentalmente correcta la crítica de los comunistas chinos y albaneses, de Che Guevara y de otros marxistas-leninistas hacia el viraje político iniciado por el XX Congreso del partido soviético. Sin embargo, la dirección del PCPE no quiso examinar nuestros argumentos con el pretexto de no reabrir las viejas disputas de los años 60. Entonces, sacó conclusiones derechistas de los acontecimientos, considerando que se había cerrado el ciclo de Octubre, que los países socialistas estaban fatalmente sometidos a la “ley objetiva del desarrollo condicionado” por su entorno capitalista, que no podrían prescindir de “ciertas franjas de propiedad privada”, que el antagonista del imperialismo no era ya la clase obrera sino la humanidad, que el partido comunista debía compartir su posición de vanguardia revolucionaria con otras organizaciones y movimientos no proletarios y no marxistas, etc. Una parte considerable de esos dirigentes intentaba disolver el PCPE en el PCE-IU y allí acabaron. En el punto álgido de la contrarrevolución, cuando arreciaba la propaganda anticomunista, cuando el capitalismo occidental atravesaba un momento de prosperidad –ciertamente construida sobre las bases efímeras de la conquista de Europa oriental y de un endeudamiento masivo, pero prosperidad, al fin y al cabo- y cuando las masas se hallaban absolutamente confundidas sobre sus intereses de clase, la dirección del PCPE pecó de conservadora y fue incapaz de practicar una autocrítica que le permitiera defender a contracorriente los principios revolucionarios del marxismo-leninismo.

En esta situación, los que nos veíamos obligados a confrontar con las posiciones reformistas de la dirección comprendimos que la estrategia de revolución democrática, antiimperialista y antimonopolista debía sustituirse por una estrategia de revolución socialista, de preparación de ésta. Si bien, en esta sustitución, echamos por la borda también lo acertado de la posición contraria: a saber, el necesario realismo a la hora de evaluar la correlación de fuerzas sociales y, partiendo de ésta, la necesidad de elaborar tácticas que permitieran llevar la estrategia a la práctica. Rechazábamos estas concesiones tácticas al estado real de las masas, porque sólo veíamos el peligro de reforzar con ello su conciencia burguesa y de desviarnos hacia el reformismo, y porque creíamos haber encontrado la solución en la propaganda de las verdades generales del comunismo, abandonada durante tantos años y que las masas asimilarían ávidamente. Entendíamos pues la formación de la conciencia social a la manera racionalista e idealista, no a la manera materialista dialéctica. A pesar de nuestros errores “izquierdistas”, nuestras posiciones eran más correctas y avanzadas que el conservadurismo revisionista practicado por los dirigentes del PCPE en la estrategia y en la evaluación de la historia de la revolución proletaria.

Así, nuestra contradicción con esta dirección revisionista se fue volviendo antagónica y nos obligó a organizarnos frente a ella como fracción roja. Es verdad que los comunistas rechazamos el fraccionalismo en el Partido porque impide su acción disciplinada, pero toda verdad lo es dentro de ciertos límites. Dichos límites están marcados por el carácter de la organización que aspira a ejercer de Partido Comunista. Mientras mantenga su carácter comunista, proletario, toda fracción expresará los intereses de la burguesía o de la pequeña burguesía. Pero, si se desarrollan en el seno del partido discrepancias de fondo, la discusión debe realizarse abiertamente y sin demora, permitiéndose incluso la constitución de plataformas políticas a tal fin. Y si la dirección central se opone a ello, demostrará entonces que reemplaza el centralismo democrático, proletario, por el centralismo burocrático, burgués. En ese caso, el sector que sale en defensa del marxismo-leninismo tiene toda la legitimidad revolucionaria para organizarse en fracción y desenvolver la lucha contra los dirigentes revisionistas. Eso es lo que hicimos en el PCPE al inicio de los años 90, aunque actuamos únicamente en el interior de esta organización hasta el momento en que rompimos con ella. La mayoría de los militantes desconocía la dialéctica de la lucha política en el seno del Partido Comunista, tal como la habían practicado Marx, Engels y Lenin. A pesar de haber luchado fraccionalmente dentro del PCE, veían esta experiencia como una excepción que no se podía extender a un partido que reconociese formalmente el marxismo-leninismo. Además, la cultura dogmática, escolástica y metafísica que se impone a partir de Jruschov y Brézhnev hacía que los militantes prosoviéticos concibieran el centralismo, la disciplina, el monolitismo, etc., como exigencias absolutas, cualesquiera que fueren las circunstancias. Claro que esa obediencia y sumisión plenas impedían la formación de unos militantes conscientes. A falta de esa conciencia, los militantes del PCPE sólo podían poner a salvo sus propósitos revolucionarios si su organización se separaba de la sociedad en la que está inmersa. De ahí al sectarismo, a la conversión de la organización comunista en una iglesia y de la ideología comunista en una religión, hay un solo paso.

La dirección del PCPE manipuló demagógicamente aquellos prejuicios irracionales asumidos por los militantes, para desviar la atención de éstos hacia las normas organizativas erigidas en dogmas, eludiendo discutir la ideología y la política que son la razón por la que existen esas normas. Así, consiguió imponerse con facilidad en el IV Congreso, resultando sancionados los defensores del marxismo-leninismo y revalidados los defensores del revisionismo.

En aquella situación, nuestra fracción roja tomó la controvertida decisión de romper orgánicamente con el PCPE y organizarse fuera de él como Plataforma Marxista-Leninista . Posteriormente, a la vista de que la mayoría de los dirigentes de entonces acabaron pasándose al PCE-IU y a la vista de que los nuevos dirigentes viraron hacia la izquierda, hemos llegado a autocriticarnos por no haber tenido la paciencia de continuar en el seno del PCPE impulsando paulatinamente su rectificación comunista. Sin embargo, también debemos tener en consideración dos hechos que tardamos varios años en descubrir: 1º) los posteriores progresos del PCPE se debieron, en parte, a nuestra lucha intransigente por los principios y, en otra parte, a que nuestros errores “izquierdistas” nos impidieron conquistar a los sectores más sanos de este partido (esto sólo lo comprendimos a partir de 2004, es decir, diez años después); y 2º) el viraje hacia la izquierda de la nueva dirección del PCPE es más superficial y oportunista que real, puesto que conserva la base ideológica del revisionismo brezhneviano, como trataremos de demostrar más adelante (esto lo acabamos de comprobar recientemente, es decir, casi veinte años después).

IV NUESTRA EXPERIENCIA “IZQUIERDISTA”

Una vez fuera del PCPE, construimos una nueva organización sobre las bases políticas forjadas en nuestra lucha contra el revisionismo y planificando el proceso hacia la reconstitución del Partido Comunista. Tardamos pocos meses en sufrir una crisis y una fractura. En la batalla contra el revisionismo de derecha, la mayoría de nosotros había desarrollado una concepción unilateral, demasiado escorada hacia la “izquierda” y, por tanto, falseada del marxismo-leninista. Nuestros limitados conocimientos teóricos, dentro de un contexto de profundización en el retroceso del movimiento obrero, nos llevaron a exagerar la importancia del estudio en detrimento de la práctica política. Así, concebimos el conjunto de tareas necesarias de una manera no dialéctica, sino mecanicista: empezar por la teoría y sólo después ir al encuentro con las masas para así minimizar el riesgo de desviaciones. Sin embargo, lo que estábamos desarrollando era una desviación teoricista, intelectualista e incluso ideologista (dado el carácter de la teoría a la que nos referíamos). Frente a ella, se alzó una minoría de camaradas que enseguida se escindió para seguir su propia andadura. Pero, sin apenas fuerzas y en un contexto muy adverso marcado por la ofensiva anticomunista generalizada, estos camaradas se reunificaron a los pocos años con la mayoría, cediendo a los postulados idealistas de ésta, pero confiando en poder corregirlos con el tiempo.

Durante los años 90, al tiempo que estudiábamos las obras fundacionales del marxismo-leninismo, defendíamos esta teoría y sus realizaciones prácticas, continuábamos la necesaria lucha contra el revisionismo y el oportunismo en general, y difundíamos a las masas estas posiciones a través de nuestros medios de propaganda. Pero toda esta lucha la hacíamos con un marcado sesgo “izquierdista” y cada vez más sectario y antiunitario. Y nuestra crítica hacia las desviaciones de “izquierda” se dirigía únicamente a la práctica aventurera terrorista de ETA y de los GRAPO, al antiparlamentarismo absoluto (aunque propugnábamos la abstención “en las condiciones actuales en que el Partido Comunista todavía no se ha reconstituido”) y al antisindicalismo (aunque nuestra contribución positiva a los sindicatos quedaba abrumadoramente eclipsada por nuestros ataques a la aristocracia obrera y a la burocracia sindical), sin reconocer las contradicciones existentes entre nuestro “izquierdismo” intelectualista y el contenido integral de la teoría marxista-leninista. Hizo falta, primero, que nos topáramos con una situación de estancamiento de nuestra organización y, después, que esta constatación agudizase los conflictos internos entre los sectarios convencidos y el resto de los militantes. Merece la pena que analicemos con cierto detalle la lucha de dos líneas que sostuvimos contra estas posiciones, porque posteriormente nos las hemos vuelto a encontrar en otras organizaciones, con ligeras modificaciones en la forma.

Nuestro partido, formado sobre todo al calor de la lucha contra el revisionismo de derecha, no había sido capaz de advertir la presencia en sus filas de camaradas que tendían al revolucionarismo pequeñoburgués y que, por consiguiente, no asumían cabalmente la crítica del marxismo-leninismo hacia el “izquierdismo”, aunque tardaran años en desarrollar su afinidad con esta desviación. Si finalmente lo hicieron plenamente y consiguieron arrastrar con ellos a la dirección del partido durante los últimos años del MAI, fue por los errores que ya cometimos en nuestros inicios. Nuestra acertada convicción de que el revisionismo es el obstáculo principal para la recuperación del movimiento revolucionario del proletariado nos había llevado a obcecarnos con un tratamiento unilateralmente ideológico y teórico del problema: olvidamos de una manera cada vez más escandalosa la causa material y social de los fenómenos ideológicos –entre ellos, el revisionismo- y, por consiguiente, creíamos que, para derrotar a éste, debíamos extirpar sus raíces a base de una actividad exclusivamente teórica y propagandística.

Así, la causa última del actual retroceso de la Revolución Proletaria Mundial no se explicaba ya por las contradicciones sociales concretas, sino por impurezas o incoherencias que habían contaminado la ideología comunista, por los errores o el “revisionismo” de Stalin e incluso de Lenin, Marx y Engels; la teoría revolucionaria se reconocía como imprescindible para una práctica revolucionaria, pero la construcción de esa teoría se desvinculaba de nuestra participación en las luchas económicas y políticas de la clase obrera (ideología proletaria, sin el proletariado); la vanguardia revolucionaria del proletariado podía empezar a construirse “escindida” de sus masas; la lucha contra el oportunismo podía realizarse sin práctica unitaria de los marxistas-leninistas entre sí y con las masas obreras y populares; el proceso de la revolución y de la construcción del partido comunista era concebido como una sucesión mecánica de fases cualitativamente diferentes y definidas de antemano, de tal manera que cada una debía completar sus tareas antes de poder pasar a la siguiente . En definitiva, nuestro pensamiento discurría por cauces ajenos a los principios del materialismo dialéctico, el cual exige explicar la conciencia por lo material, por el ser social; transformar el mundo en lugar de interpretarlo; la práctica social como origen de las ideas, como criterio de su veracidad y como objetivo genuino de los comunistas; partir de lo concreto y de lo interno; la interdependencia del desarrollo de la vanguardia y de las masas, así como de la lucha económica, política y teórica de clases; etc. Nuestro afán por recuperar la pureza original del marxismo-leninismo nos desviaba hacia todo lo opuesto: el idealismo, el intelectualismo, el subjetivismo, el racionalismo abstracto y la metafísica del mecanicismo y de la negación absoluta. En resumen, hacia un revisionismo, esta vez, de “izquierda”.

En el último período del MAI, se tomaba como sujeto político a los intelectuales, en vez del proletariado; el marxismo-leninismo era concebido como la síntesis del saber universal y no como la expresión consciente de los intereses de clase de los trabajadores asalariados; y el objetivo del partido comunista era la emancipación de la humanidad entendida como algo más “elevado” que la de los obreros (aspiración a la que nuestros intelectualistas descalificaban como obrerismo, reconociendo en privado su odio hacia la clase obrera). Quedaba pues en evidencia que nuestra desviación ideológica y los dirigentes que la habían impulsado hasta provocar la escisión de nuestro partido tenían su raíz de clase en el sector oprimido y radicalizado de la pequeña burguesía.

La actitud y la práctica consecuentes con esta desviación eran el sectarismo, el fraccionalismo y el escisionismo, en todas las circunstancias, ya fuera en relación con nuestra organización, con el Movimiento Comunista Internacional o con las masas. A los militantes del partido, los “izquierdistas” les exigían la completa autotransformación o revolucionarización de sus conciencias individuales, al margen de la lucha revolucionaria de los obreros y como condición previa para participar en ella. Trataban como antagónicas las contradicciones de los miembros del partido con su entorno familiar, laboral y de masas en general. Pretendían así convertirlos en una élite intelectual con la que construir lo que denominaban vanguardia teórica. Su perspectiva organizativa consistía en ganar adeptos al nuevo dogma según un esquema de círculos concéntricos, conspirando contra el movimiento obrero y comunista, y fomentando la escisión con todos los que discreparan de su idea del comunismo. No tenían voluntad de aprender de otros ni de comprobar sus posiciones teóricas en la práctica social. Su estilo de trabajo era prepotente, despótico y mesiánico.

Afortunadamente, ante el sectarismo y dogmatismo crecientes de estos dirigentes, varios miembros del Comité Central y la mayoría de nuestra organización exigieron debatir el problema entre todos los militantes. Aquéllos se opusieron a someter sus posiciones a un debate democrático y abierto. Incapaces de imponer inquisitorialmente sus posiciones, decidieron abandonar el partido.

A la luz de esta experiencia, exhortamos particularmente a los jóvenes e intelectuales progresistas a que estén en guardia contra estos “cantos de sirena” ultrarrevolucionarios que arrecian en períodos reaccionarios y a que sigan confiando en la clase obrera, contribuyendo con sus valiosos conocimientos a su desarrollo revolucionario, sin pretender suplantarla como sujeto revolucionario.

V LA EXPERIENCIA DE UNIÓN PROLETARIA Tras nuestra crisis de 2004, nos reorganizamos como Unión Proletaria para tratar de dar continuidad a los aciertos y rectificar los errores hasta aquí expuestos . Valorábamos que se había superado el peor momento de la larga ola contrarrevolucionaria y anticomunista, que el movimiento obrero y democrático empezaba a reanimarse, que el proletariado se había desarrollado considerablemente en número, en cultura y en experiencia revolucionaria, que los comunistas debíamos aprovechar estas nuevas circunstancias para imprimir conciencia a las masas y que serían valiosas a este fin las lecciones de nuestra lucha por reconstituir el Partido Comunista frente al revisionismo de derecha y de “izquierda”. Así, realizamos nuestros propósitos de dotarnos de un programa político, un periódico, una página web, hojas volantes, folletos, puestos de agitación y propaganda, etc. Y todo ello, a partir del estudio de textos clásicos del marxismo-leninismo que nos sirvieran de orientación. También nos incorporamos activamente a los sindicatos y a otros movimientos de masas, resultando de ello, por ejemplo, que más de la mitad de nuestros militantes fueran elegidos como delegados en sus empresas. En un primer momento, intentamos que nuestra organización se convirtiera en el núcleo de agrupamiento de marxistas-leninistas para la reconstitución partidaria. Sin embargo, esta posibilidad se desbarató porque nos habíamos aislado durante demasiado tiempo de las demás organizaciones obreras y revolucionarias, nuestras fuerzas se habían reducido como consecuencia de nuestros errores, crisis y escisiones y, en cambio, experimentaban una notable progresión otros partidos comunistas como el PCE(m-l) y el PCPE. Entonces, tuvimos que priorizar los intentos de unidad con éstas. Además, porque se daba la circunstancia todavía dominante de que la gran mayoría de los comunistas que se oponían a la desviación reformista lo hacían de una manera absoluta, metafísica, sin precaverse de la desviación “izquierdista”.

Primero, nos encontramos con el II Encuentro Estatal Marxista-Leninista, organizado por el PCE(m-l) y el PCPE, en el cual participamos; así como con la mano tendida de un PCE(m-l) que parecía más abierto a la unidad comunista, obrera y popular, apariencia que este partido mostró al adherirse a los Diez compromisos de los comunistas españoles (compromisos para luchar por la unidad comunista y la reconstitución del Partido Comunista) que Unión Proletaria había aportado al Encuentro. El PCPE, en cambio, rezumaba confusión ideológico-política, radicalismo superficial (sectarismo nacionalista y antisindical) y prepotencia. Iniciamos lógicamente una relación preferente con el primero, toda vez que no era posible una relación trilateral ya que, entre ellos, la confrontación crecía más y más. Nos esforzamos entonces por comprender y asumir la parte válida de la táctica republicana del PCE(m-l), defendiendo al mismo tiempo que debía subordinarse a la estrategia de revolución socialista. En función de las condiciones reales en que se encontraba la vanguardia comunista, aceptábamos partir de unas premisas políticas inferiores para continuar la lucha por la reconstitución del Partido Comunista, siguiendo el ejemplo de Marx y Engels en la Primera Internacional. Pero, la dirección del PCE(m-l) no estaba realmente dispuesta a la autocrítica de sus propias desviaciones hoxhistas, para hacer posible la unidad de los comunistas. Al contrario, sólo veía una actitud dogmática y conservadora en la contraparte prosoviética que representaba el PCPE. Después de aplazamientos y reticencias, se avino a celebrar un debate amplio entre militantes de nuestras dos organizaciones, pero, en cuanto le entregamos nuestras ponencias orientadas a la superación dialéctica de las divergencias históricas entre los marxistas-leninistas, canceló el encuentro, congeló nuestras relaciones, dejó a un lado sus engañosas pretensiones de unir a los comunistas y fue volviendo cada día más a sus peores tradiciones, perdiendo a muchos de sus mejores militantes.

Una vez más, volvíamos a tropezar con el rechazo a la democracia y a someter las propias posiciones a la crítica marxista-leninista. Esta vez, incluso se recelaba de la formación de los militantes sobre la base de los textos clásicos de los fundadores de nuestra teoría, limitándola a documentos actuales del partido cuya solvencia marxista era la que estaba precisamente en cuestión. Comprendimos entonces que esta desviación no era privativa del prosovietismo y que afectaba también a quienes se habían formado a partir de la lucha contra el revisionismo moderno. En realidad, la misma pone de manifiesto que éstos habían llevado esta lucha de manera superficial. Rechazaron las “innovaciones” de Jruschov, pero no analizaron las raíces más profundas de las mismas y de su éxito en el PCUS, las cuales se remontan a los tiempos en que la línea política de este partido era fundamentalmente correcta, pero se veía comprometida por la creciente influencia del ambiente burgués y pequeñoburgués, interno y externo, en el que se hallaba la URSS de entonces. Estas dificultades siguieron desarrollándose también en los demás países socialistas y los comunistas españoles que seguían acríticamente a éstos trasplantaron a sus organizaciones métodos antidemocráticos que han perjudicado seriamente la causa de la reconstitución del Partido Comunista.

Ante la acumulación de indicios que nos llevaban a este desenlace, unos pocos meses antes, hacia mediados de 2009, nos dirigimos públicamente al conjunto de la vanguardia comunista, empezando a editar un Boletin por la Unidad Comunista, el cual reivindicó a la luz del día esta necesidad, hasta entonces invisible bajo la formalidad y privacidad de las relaciones bilaterales. Al dar carpetazo el PCE(m-l) al proceso de unidad con Unión Proletaria , se nos abrió la posibilidad de reunir organizaciones más pequeñas –el PTE y el Colectivo Comunista 27 de Septiembre- en la Coordinación de Unidad Comunista. La acción política conjunta se desarrolló satisfactoriamente, pero las dificultades surgieron en la discusión política, sobre todo cuando intentamos acordar una mínima definición ideológica común que nos permitiera pasar al proceso de unificación orgánica. Éramos conscientes de la dificultad, pero debíamos acelerar el paso en función de los progresos que se estaban produciendo fuera de la CUC y a una escala superior a ella.

VI EL VIRAJE DEL PCPE. PREPARACIÓN DE LA UNIDAD

En efecto, a diferencia del proceso involutivo que experimentaba el PCE(m-l), el PCPE emprendió un viraje sustancial hacia posiciones fundamentales del marxismo-leninismo, en su IX Congreso celebrado a finales de 2010. Se desmarcó oficialmente de las tesis revisionistas adoptadas en el XX y en el XXII Congreso del PCUS, se pronunció a favor de la línea política que había guiado la construcción del socialismo en la URSS, asumió la necesidad de luchar en España por la revolución socialista como objetivo estratégico inmediato, redefinió su política de alianzas en función de las clases y no de los partidos, reivindicó la unidad obrera frente a su división por motivos nacionales o sindicales, se vinculó a la parte del Movimiento Comunista Internacional más cercana al marxismo-leninismo y al movimiento obrero, la cual edita la Revista Comunista Internacional (KKE, PTB, PCOR, PCV y otros), etc. Estos progresos y coincidencias los condensamos conjuntamente en el documento de unidad del PCPE y UP. Además de estos avances políticos, el PCPE llevaba casi un decenio creciendo y se había convertido en la mayor organización marxista-leninista de España, en una de las mayores formaciones políticas a la izquierda del PCE-IU.

Sobre esta base, antes de la unificación, habíamos apoyado al PCPE en tres campañas electorales (la última, más intensamente), habíamos editado varias hojas volantes conjuntas, habíamos publicado un resumen del documento de unidad y habíamos intervenido en el mítin posterior al acto contra la represión a los comunistas del 22 de octubre de 2011. Valorábamos que estos acuerdos políticos y esta experiencia práctica conjunta eran suficientes para culminar el proceso de unificación en un breve plazo, no tanto por lo que eran en sí, sino por la tendencia ascendente que apreciábamos, en unas condiciones sociales que exigen compromiso, agilidad y dinamismo por parte de los comunistas. Éramos conscientes de que los cambios positivos en el PCPE no significaban que hubiera superado completamente su anterior política, tanto en los documentos, como en los comportamientos de algunos de sus miembros y, a veces, del partido como tal. Pero, al igual que nuestras concesiones al PCE(m-l) habían permitido que muchos de sus mejores militantes atendieran nuestros planteamientos y cuestionaran el sectarismo, nuestras concesiones al PCPE han elevado la disposición de sus militantes a escucharnos y a reflexionar sobre nuestros puntos de vista. Además, veíamos en los dirigentes del PCPE una voluntad de rectificación bolchevique, a la que podíamos ayudar, aun modestamente. Consideramos entonces que, si demorábamos la disolución de Unión Proletaria y nuestro ingreso a este partido, sólo favoreceríamos las tendencias adversas al bolchevismo, particularmente entre los sectores más conservadores del PCPE.

Al unificarnos con el PCPE, hemos demostrado que somos capaces de asumir los sacrificios necesarios para poner en práctica nuestra política de unidad marxista-leninista de los comunistas y, lo que es mucho más importante, hemos podido comprobar que nuestras diferencias con la línea política de aquella organización no son simples residuos de su vieja política en vías de superación. Lamentablemente, esto está todavía lejos de ser así, aunque podría llegar a serlo en un futuro, con la ayuda de ciertas condiciones externas a las que aspiramos a contribuir. Pero, por ahora, los progresos experimentados por el PCPE son aparentes, superficiales, cuantitativos, mientras que el revisionismo soviético sigue siendo su esencia profunda y cualitativa, aunque ahora ésta se manifieste a través de posiciones ultraizquierdistas (como, por otra parte, hizo a veces Brézhnev, a diferencia de Jruschov).

Vamos ahora a reexaminar detenidamente, a la luz de nuestra reciente experiencia en este partido, la crítica a las Tesis del IX Congreso del PCPE que trasladamos a su Comité Central antes de la unificación. Analizaremos cómo hemos tratado las contradicciones de estos documentos, tanto los miembros de Unión Proletaria como los dirigentes del PCPE: en nuestra opinión, cómo hemos intentado desarrollarlos hacia el marxismo-leninismo consecuente, mientras ellos imponían un revisionismo sectario incluso con medidas coactivas y disciplinarias. Así es como la experiencia de unidad con el PCPE, a pesar de su fracaso, habrá servido para que los comunistas comprendamos de una manera más concreta cuáles son las bases políticas que nos acercan a la reconstitución del Partido Comunista y cuáles son las que nos alejan de este objetivo.

Luces y sombras del IX Congreso del PCPE

De entrada, apreciamos un vuelco importante en la teoría y la política del PCPE, con una rectificación principalmente en la estrategia que se acerca a la posición que habíamos defendido veinte años atrás en ese partido. No obstante, ya advertíamos antes de la unificación que esto se estaba haciendo sin apenas autocrítica (sólo algunos amagos), queriendo hacer ver como una continuación lo que verdaderamente es una ruptura. Al mismo tiempo, el afán rupturista en cuanto a la estrategia les lleva en muchos casos, sobre todo en la táctica y en el análisis de clases, a la deriva “izquierdista”. Ese efecto péndulo también se debe a la falta de preparación en el bolchevismo y en la dialéctica (que ya nosotros padecimos en su día) cayendo en la deriva metafísica. Por eso, en la valoración de las citadas Tesis que remitimos a su Comité Central en noviembre de 2010, hacíamos la siguiente advertencia: “vuestra propuesta de Tesis muestra, a nuestro juicio, una importante evolución, creemos,… cimentada en la experiencia de años. Pero la evolución nunca es lineal, precisa y medida, sino que se desarrolla en procesos lentos acumulativos y saltos cualitativos, en períodos estáticos y dinámicos, en equilibrado movimiento y convulsas rupturas”. Lamentablemente, la negativa de la dirección del PCPE a reconocer las contradicciones en el seno de ese partido lo conduce a rupturas sucesivas que lo debilitan. Tesis 1: el PCPE ante el escenario de crisis capitalista mundial En cuanto a esta Tesis, destacábamos el acercamiento al marxismo-leninismo, el reconocimiento de las tesis de Lenin sobre el imperialismo y su aplicación a la realidad actual. También la relación del carácter parasitario con la crisis estructural (que no sólo financiera) y la contradicción cada vez más profunda de la propiedad privada sobre los medios de producción y el carácter social de la producción que colocan al imperialismo agonizante y en descomposición como la antesala del socialismo, etc. Pero también les advertíamos de defectos “que pueden ser importantes para desarrollar la línea política a nivel internacional y, sobre esta base, para desarrollar una política de alianzas lo más acorde con el momento actual y una línea de masas que desarrolle un camino dirigido por la estrategia pero que pueda ser transitado por las masas”. La tesis achaca el “arrinconamiento” de los comunistas a “los mecanismos de dominación burguesa”, obviando la propia responsabilidad y la correspondiente autocrítica por sus errores revisionistas, al menos los del pasado. Ellos mismos anulan sus muchos aciertos con planteamientos que traslucen un pensamiento poco dialéctico.

Es el caso de la falta de atención a la cuestión de las contradicciones interimperialistas. Al menos, en el VIII Congreso, hacían referencia a la lucha entre los tres polos del imperialismo. En el viraje que ahora dan hacia las conclusiones ortodoxas del marxismo-leninismo, pero sin dialéctica, reducen la cuestión a la pugna con las economías emergentes, mientras exageran la tendencia a la unidad entre los países imperialistas de la Unión Europea, obviando la lucha interna, las tendencias centrífugas, el hecho de que no es más que una unión reaccionaria de Estados imperialistas. Parece tratarse de una construcción ideológica a priori para justificar su táctica de ofensiva y de confrontación absoluta, de negación de toda política de frente único proletario con la Confederación Europea de Sindicatos, el Partido de la Izquierda Europea, Izquierda Unida, etc., a despecho del aspecto correcto de la política de éstos en el que asientan su hegemonía sobre las masas organizadas del movimiento obrero . Y es que los dirigentes del PCPE caen en el idealismo al exagerar el papel del engaño y de la manipulación de las conciencias en el logro de la hegemonía de la burguesía y de los reformistas sobre las masas. Pasan por alto el vínculo relativo pero cierto entre estos enemigos y los intereses y la práctica cotidianos de esas masas. De ahí que, en lugar de interesarse por estos intereses y esta práctica cotidianos, busquen el remedio en la “mediación directa” del comunismo con las masas. Es decir que dan más importancia a la propaganda del objetivo estratégico de la revolución socialista que a la participación continuada de los comunistas en las organizaciones de masas existentes para transformarlas.

En cambio, según Lenin “… para que realmente toda la clase, para que realmente las grandes masas de los trabajadores y de los oprimidos por el capital lleguen a ocupar esa posición [de apoyo a la vanguardia], la propaganda y la agitación, por sí solas, son insuficientes. Para ello, se precisa la propia experiencia política de las masas. (…) La tarea inmediata de la vanguardia consciente del movimiento obrero internacional, es decir, de los partidos, grupos y tendencias comunistas, consiste en saber llevar a las amplias masas (hoy todavía, en su mayor parte, adormecidas, apáticas, rutinarias, inertes, sin despertar) a esta nueva posición suya, o mejor dicho, en saber dirigir no sólo a su propio partido, sino también a estas masas en el transcurso de su aproximación, de su desplazamiento a esa nueva posición. (…) cuando se trata de la acción práctica de las masas,… no conseguiréis nada sólo con los hábitos de propagandista, con la repetición escueta de las verdades del comunismo ‘puro’.” En realidad, la lucha de clase del proletariado en cada país, la correlación de fuerzas de clases, depende también de estas contradicciones interimperialistas, de las luchas entre países imperialistas y países oprimidos, así como de las luchas entre países imperialistas y países socialistas. Respecto a esto último, su valoración de China sufre una involución “izquierdista” en relación a las tesis del anterior congreso. En aquél reclamaba una interpretación dialéctica con sus riesgos, aseverando que la “experiencia vietnamita o china siguen abriendo nuevas posibilidades para la lucha revolucionaria mundial”. En cambio, en el IX Congreso, se concluye que “las relaciones de producción parecen ser fundamentalmente capitalistas”. Aunque se comprometen al estudio de la realidad china, de todas formas, el desconocimiento no puede llevar a los comunistas a rechazar a priori experiencias de los partidos comunistas en el poder, a abandonarlos ante el acoso imperialista, a ignorar la lucha de las fuerzas más progresistas dentro del partido chino y, en definitiva, a hacer dejación del internacionalismo proletario. Sería el mismo error “izquierdista” que cometieron los comunistas chinos al condenar absolutamente a la URSS revisionista como “socialimperialista”, en vez de primar el apoyo a los elementos de socialismo que persistían.

Es justa la denuncia que hace la Tesis de la tendencia del capitalismo a la reacción en la época imperialista (precisamente en momentos de derrota de la revolución), aunque no contempla el crecimiento del fascismo como un grave peligro y una alternativa necesaria en algunos momentos para la burguesía imperialista. Además, de aquella tendencia, se concluye que es despreciable toda lucha democrática que no tenga un carácter anticapitalista, cuando, al contrario, el marxismo-leninismo entiende como decisiva la lucha democrática para lograr la constitución del Frente Único proletario y para abrir camino a la política comunista de ganarse a las masas para la revolución .

Como manifestación de la revisión “izquierdista” del marxismo en que ya incurriera el trotskismo, se obvia la explotación y subyugación de los países dependientes y semi-feudales, y se manifiesta una posición contradictoria sobre la consiguiente necesidad de que luchen por una revolución democrático-nacional que todavía no es socialista, si bien contribuye considerablemente a la revolución proletaria mundial. La Tesis tan pronto reconoce esta necesidad para los países atrasados como cae en el idealismo al imponer la orientación “directamente socialista” a esos países y a la construcción de un frente mundial antiimperialista. La reacción en toda línea, por parte de las potencias imperialistas, no es solamente por la guerra, sino también por el mismo saqueo para mantener el parasitismo de los centros imperialistas y por los impedimentos al desarrollo libre de las naciones y a su autodeterminación. Se ponen límites al desarrollo de las fuerzas productivas, se roba sus campos, sus ríos, mares y lagos, se profundiza la pobreza, se frena la posibilidad de acabar con enfermedades y hambre, etc. Pero existe una contradicción de interés en la expoliación de los países dependientes: el imperialismo explota, oprime, asesina sin piedad, etc., para mantener en su propiedad los recursos y para trasladar la producción a esos países, repercutiendo en inmensos beneficios; pero para conseguirlo tiene obligatoriamente que desarrollar allí las fuerzas productivas, generando así los elementos de la rebelión y de su propia destrucción. De ahí que los comunistas debamos apoyar esta tendencia que ha dado nacimiento a las economías emergentes y que éstas impulsan a su vez; y que debamos combatir las guerras de sometimiento, el mantenimiento de la pobreza, las superestructuras ideológicas de sumisión y la prohibición de desarrollar fuerzas productivas que no estén directamente relacionados con el interés particular imperialista.

Es justo afirmar que la guerra imperialista es una “herramienta que utiliza el capital”. Pero también es mucho más que eso. Es una necesidad objetiva a la que las potencias imperialistas están obligadas a recurrir tarde o temprano para mantener el expolio de los países dependientes y para luchar por un nuevo reparto del mundo entre ellas. La tendencia a la guerra mundial a la que está abocada la economía y la política del imperialismo sólo pueden contrarrestarla el proletariado y los pueblos oprimidos, anticipándose a ella mediante la revolución o transformándola en guerra civil revolucionaria. Por eso, no sólo hay que referirse a las guerras injustas del imperialismo, sino también a las guerras justas de las masas obreras y populares y de los países socialistas.

La Tesis afirma acertadamente que el avance al socialismo en los países oprimidos será posible sólo con la dirección por el partido comunista del proletariado y las masas populares continuando la revolución hasta la abolición de la propiedad privada. Acierta también al apoyar a los gobiernos antiimperialistas de América Latina y al poner una línea clara de demarcación entre éstos y las revoluciones socialistas, criticando el “socialismo del siglo XXI” como otra versión de la socialdemocracia. Pero aún no se da el paso de apoyar a los partidos comunistas que tienen una práctica revolucionaria destacada y no proceden de la tendencia histórica prosoviética (como en Filipinas, por ejemplo).

También nos parece correcta la apuesta por la Federación Sindical Mundial, aunque falte un claro y valiente llamamiento a la unidad sindical mundial (siempre con condiciones), por el que los comunistas nos hagamos los abanderados de la unidad para poder ampliar nuestra influencia entre las masas, sobre todo teniendo en cuenta que los grandes sindicatos en España, los que mueven más masas obreras, están adscritos a la CES y a la CSI. La unidad obrera es un tema muy serio y la lucha por ella requiere que los comunistas nos pongamos a su vanguardia, por supuesto sin renunciar a estar del lado de la parte más consciente del movimiento sindical mundial.

El enfoque de la unidad comunista internacional tiene el acierto de criticar los Encuentros Internacionales por su composición amorfa y las diatribas revisionistas de una gran parte de sus “socios”, tratando dialécticamente la necesaria unidad sobre la base de la práctica con su contrario, que no es otro que la discusión teórica y política. Estamos plenamente de acuerdo en apostar por una unidad sobre la base del marxismo-leninismo con el objetivo de la reconstrucción de la Internacional Comunista, deslindando campos con el revisionismo. Pero falta un análisis más profundo del problema que nos permita conseguir este objetivo. La falta de unidad del movimiento comunista internacional se expresa en la existencia de tendencias históricas dentro del marxismo-leninismo, nacidas en lucha contra el revisionismo y en defensa del socialismo: principalmente, prosovietismo, maoísmo y hoxhismo. Estas tendencias responden a diversas experiencias de construcción del socialismo que trataron antagónicamente sus contradicciones mutuas produciendo diversas lecturas dogmáticas del marxismo-leninismo que ya estamos en condiciones de superar y que debemos esforzarnos por superar para poder unir a todos los marxistas-leninistas en un potente movimiento comunista internacional . Se trata, por lo tanto, de combatir el revisionismo presente en cada una de estas tendencias, empezando cada una por el suyo propio, cosa que la dirección del PCPE todavía no ha tenido el valor de hacer, prefiriendo enrocarse en un sectarismo basado en el revisionismo soviético frente a quienes le pedíamos una aplicación integral del marxismo-leninismo.

Tesis 2: la revolución socialista en España

De esta Tesis, compartimos la definición general de la estrategia revolucionaria para el Estado español. Al considerar a España como un país imperialista, la conclusión final es, sin duda, que el objetivo estratégico para el Estado español es la Revolución Socialista. De esta manera, el PCPE, se desmarca de la tradición –casi inamovible desde las propuestas del PCE en los años 20 y 30- en lo que se refiere a la necesidad de una previa revolución democrática en España, la cual se conservó como costumbre en los programas de las organizaciones comunistas sin tomar en cuenta la evolución y desarrollo del capitalismo en España. El reconocimiento de la Revolución Socialista como objetivo estratégico define el camino de la táctica revolucionaria y marca un camino correcto al proletariado. Pero si bien la táctica tiene una total dependencia de la estrategia, también tiene que formularse para una práctica de masas y, por consiguiente, debe partir de la situación concreta de la lucha de clases en el país; y lo concreto es, entre otras cosas, el nivel de conciencia y organización de las masas proletarias.

Espontáneamente y también a conciencia, el capitalismo hace una labor constante para desorganizar y desideologizar a las amplias masas trabajadoras, apartándolas de la cultura, de la política y de sus organizaciones. Tenemos una gran labor por delante de organización y de concienciación, para que las masas den un gran salto cualitativo desde su actual falta de convicción revolucionaria, desde la confianza que todavía tienen en la “democracia” y en los reformistas. Una labor que precisa de un potente partido comunista con una ideología marxista-leninista y una práctica política bolchevique. La táctica bolchevique consiste en llevar a las masas, a través de su propia experiencia (si no, será imposible), hacia el objetivo estratégico.

La práctica de los bolcheviques y de todos los comunistas que consiguieron atraerse a las masas para la revolución siempre ha unido en un todo la firmeza estratégica con la flexibilidad táctica. Ellos tenían claro el objetivo estratégico y, trabajando entre las masas, desarrollaban la mejor táctica en cada momento para facilitar la consecución de aquel objetivo. Nunca se apartaban del objetivo estratégico ni de las masas, aunque las circunstancias variasen, y lo conseguían precisamente adaptando la táctica a esas circunstancias cambiantes. Por eso, desde 2010, hemos criticado la distancia tan grande que el PCPE pone entre la realidad de la lucha de clases en la España actual y las propuestas que quiere llevar a las masas. No compartimos su oscuridad sobre las formas de transición, o sea, cómo ganarse a las masas, cómo introducirlas en la política, cómo elevarlas en conciencia y organización, cómo atraerlas hacia el comunismo. Porque los comunistas podemos ya estar convencidos de la estrategia revolucionaria, pero nuestra misión es convencer a las masas, no alejarlas de su objetivo, porque ellas son quienes tienen que hacer la revolución.

“Lo que importa –explica Stalin- no es que la vanguardia se percate de la imposibilidad de mantener el antiguo orden de cosas y de la inevitabilidad de su derrocamiento. Lo que importa es que las masas, millones de hombres, comprendan esa inevitabilidad y se muestren dispuestas a apoyar a la vanguardia. Pero las masas sólo pueden comprenderlo por experiencia propia. Dar a las masas, a millones de hombres, la posibilidad de comprender por experiencia propia que el derrocamiento del viejo Poder es inevitable, poner en juego métodos de lucha y formas de organización que permitan a las masas comprender más fácilmente, por la experiencia, lo acertado de las consignas revolucionarias, ésa es la tarea” .

Sin embargo, ya desde que se inició el movimiento del 15-M, la dirección del PCPE demostró su desprecio por la experiencia propia de las masas, por su movimiento espontáneo, al que no ve como forma embrionaria del futuro movimiento consciente revolucionario, sino como un mero producto de la manipulación intencionada de la burguesía. Luchar contra el espontaneísmo significa luchar contra la tendencia a situar al partido revolucionario a la zaga de los movimientos espontáneos de masas, pero despreciar a éstos u oponerse a ellos, como hace la dirección del PCPE, supone una tergiversación de esta lucha, incurriendo en el error opuesto al espontaneísmo, en el error del vanguardismo. De ahí que, en vez de orientar a sus militantes a insertarse en esos movimientos, sólo acepte intervenir en los mismos “desde los bordes”.

En su afán por destruir su vieja estrategia de lucha por una revolución democrática, el IX Congreso del PCPE entra como un elefante en una cacharrería, negando la táctica de lucha por la república y sustituyéndola por la consigna de “lucha por la república socialista” . Se coloca, pues, demasiado por delante de la visión actual de las masas, cuya conciencia democrática apenas alcanza a reivindicar la república. Entiende por firmeza estratégica el alejamiento de las masas, la identidad absoluta de la táctica con la estrategia, la renuncia a toda táctica que no se limite a la propaganda del objetivo estratégico. No comprende que la lucha por la democracia tal como la entienden todavía las masas proletarias es el mejor camino táctico para la consecución del objetivo estratégico, ya que significa el comienzo de la participación de aquéllas en la política; y de ahí a la revolución hay un paso, cuando el partido comunista acompaña este movimiento con la adecuada propaganda socialista . Una vez más, se pone de manifiesto el desconocimiento de la dialéctica por parte de la dirección del PCPE, supliéndolo con mecanicismo e “izquierdismo”. Nosotros también hicimos eso hace años, hasta que comprendimos la necesidad de autocriticarnos por ello. Lamentablemente, los dirigentes del PCPE todavía no han dado ese paso, a pesar de que les explicamos su necesidad de todas las maneras que supimos y en todas las ocasiones que se presentaron. Esperamos que, ahora, nuestra práctica política independiente consiga lo que no consiguieron nuestros argumentos teóricos.

Las razones que esgrimen para justificar su renuncia a luchar por la república en general se les vuelven en contra: a) “Ante una dura intensificación de la lucha de clases, que conlleve la amenaza de un cambio revolucionario de poder, la república planteada como reivindicación democrática general puede ser asumida por el bloque de poder, junto a concesiones políticas, económicas, sociales y culturales de carácter temporal” . Además de obviar el inequívoco carácter popular y progresista que la historia de España ha dado al concepto de república, se trata precisamente de que la lucha por la república ayude a esa intensificación de la lucha de clases, a ese cambio en la correlación de fuerzas, a partir del cual la burguesía tratará de recuperar la iniciativa concediendo una república y el partido comunista aprovechará esta concesión y la posición de las masas más alta en conciencia y organización para continuar el avance hacia la revolución socialista . b) “El imperialismo tiende a la reacción en todos los terrenos” y limita la democracia a marchas forzadas. Precisamente por eso, la lucha por la democracia entra en contradicción con los intereses de la oligarquía financiera y es el camino más fácil para que las masas que aún creen en la democracia abstraída de su contenido de clase rompan con el sistema burgués al comprender por su propia experiencia de lucha que sólo en el socialismo tendrán democracia . Y la afirmación de que “para el PCPE hablar de república es hablar de revolución socialista…”, vuelve a demostrar su falta de rigor dialéctico y un desconocimiento total de cómo es una táctica comunista destinada a ganarse a las masas para la revolución socialista.

Decir que, entre el capitalismo monopolista de Estado y el socialismo, no existe ninguna etapa intermedia, es correcto solamente desde el punto de vista estratégico, desde el punto de vista de cuál es la revolución social que corresponde al desarrollo alcanzado por la sociedad, por sus fuerzas productivas y sus relaciones de producción, consiguientemente, por su composición clasista. En este sentido, la estrategia correcta en España debe consistir en la preparación de la revolución socialista. Pero esto no significa ni mucho menos que, en el camino de esta preparación, no sean posibles e incluso necesarias ciertas formas de transición a la revolución proletaria, algunas etapas tácticas intermedias. Esto es algo que no podemos determinar de antemano, porque las cuestiones de táctica están en función de las condiciones particulares de cada momento. En todo caso, es “izquierdismo” reducir toda la táctica al objetivo estratégico. En ese caso, no haría falta ninguna táctica y podríamos vencer en la guerra de clases exclusivamente con una estrategia correcta aplicada indistintamente fueren cuales fueren las condiciones concretas. Esto es tan absurdo que ningún ejército en la historia ha podido alcanzar una victoria sólida sin una táctica que sirviera a la estrategia de una manera flexible, por partes, con etapas intermedias, avances y repliegues, maniobras, concesiones, acuerdos parciales con el enemigo, etc. A los comuneros blanquistas que afirmaban: “. . . Somos comunistas porque queremos alcanzar nuestro fin, sin detenernos en etapas intermedias y sin compromisos, que no hacen más que alejar el día de la victoria y prolongar el periodo de esclavitud”, Engels les respondía: “Los comunistas alemanes son comunistas porque, a través de todas las etapas intermedias y de todos los compromisos creados no por ellos, sino por la marcha del desarrollo histórico, ven claramente y persiguen constantemente su objetivo final: la supresión de las clases y la creación de un régimen social en el cual no habrá ya sitio para la propiedad privada de la tierra y de todos los medios de producción. Los 33 blanquistas son comunistas por cuanto se figuran que basta su buen deseo de saltar las etapas intermedias y los compromisos para que la cosa quede ya arreglada, y que si –ellos lo creen firmemente- ‘se arma’ uno de estos días y el Poder cae en sus manos, el ‘comunismo estará implantado’ al día siguiente. Por consiguiente, si no pueden hacer esto inmediatamente, no son comunistas. ¡Qué ingenua puerilidad la de presentar la propia impaciencia como argumento teórico!”

Las Tesis del PCPE adolecen de una confusión que la práctica de la dirección de este partido está resolviendo en un sentido contrario al marxismo, en un sentido blanquista. Por una parte, se habla de tres propuestas políticas –antimonopolista, antiimperialista y republicana-, de alianzas basadas en la “confrontación con el capitalismo monopolista” y, por otra parte, sólo se considera válida la lucha por la república socialista. Veamos cómo Dimítrov resolvía a la manera marxista-leninista la contradicción entre los objetivos revolucionarios y las reivindicaciones inmediatas de las masas: “Hace quince años, Lenin nos invitaba a que concentrásemos toda la atención ‘en buscar las formas de transición o acercamiento a la revolución proletaria’ [...] Los doctrinarios ‘de izquierda’ siempre pasaron por alto esta indicación de Lenin, hablando solamente de la ‘meta’, como propagandistas limitados, sin preocuparse jamás de las ‘formas de transición’. Y los oportunistas de derecha intentaban establecer una ‘fase democrática intermedia’, especial, entre la dictadura de la burguesía y la dictadura del proletariado, para sugerir a la clase obrera la ilusión de un pacífico paseo parlamentario de una dictadura a otra. ¡Esta ‘fase intermedia’ ficticia la llamaban también ‘forma de transición’ e invocaban incluso el nombre de Lenin! Pero no fue difícil descubrir el fraude, pues Lenin hablaba de una forma de transición y de acercamiento a la ‘revolución proletaria’ esto es, al derrocamiento de la dictadura burguesa y no de una forma transitoria cualquiera entre la dictadura burguesa y la proletaria. (Informe ante el VII Congreso de la Internacional Comunista, Dimitrov).

Para justificar su renuncia a una táctica flexible en nombre de la firmeza estratégica, la Tesis tergiversa la acertada consigna de construir frentes populares antifascistas aprobada por el VII Congreso de la Internacional Comunista, afirmando que era una propuesta de estrategia para la revolución democrático-burguesa en países atrasados y semifeudales, cuando era una táctica destinada a acumular fuerzas alrededor del proletariado con el objetivo de derribar la dictadura del capital financiero que había engendrado al fascismo para poder así realizar la revolución socialista.

Asimismo, la Tesis 2 excluye a la burguesía media de una posible alianza con la clase obrera, argumentando que sus intereses no son antagónicos con los de la oligarquía. Es un error “izquierdista” porque no distingue las contradicciones que van desarrollándose entre ambas fracciones de la burguesía, por las que ambas pugnan por conservar su posición y destruir a la otra, resultando que la burguesía media va perdiendo paulatinamente su libertad y se ve sometida al interés de la oligarquía financiera. El proletariado debe aprovechar estas contradicciones y estas luchas –esas “reservas indirectas” , diría Stalin-, promoviendo incluso alianzas tácticas coyunturales con la burguesía media en los momentos en que aquéllas se agudizan (o, al menos, realizando maniobras tendentes a conseguir su neutralidad política). Además, es incoherente negar la existencia de antagonismos entre la oligarquía financiera y la burguesía media, cuando parte del campesinado al que se pretende incluir en el Frente Obrero y Popular por el Socialismo es burguesía media.

Hay otra incoherencia más que pone de manifiesto la razón instrumental de ese desprecio hacia los objetivos de lucha democráticos, hoy abanderados por los reformistas. A éstos se les caracteriza justamente como pequeñoburgueses. Después de haber excluido a la burguesía media del FOPS, sería excesivo hacerlo también con la pequeña burguesía. Pero, ¿cómo incluirla a la vez que se excluye a sus representantes políticos que son los reformistas? Entonces, se “resuelve” este entuerto sosteniendo que la lucha por la democracia y por la república no interesa a la clase obrera ni a la pequeña burguesía. En definitiva, para justificar su lucha “izquierdista” (sin frente único leninista) contra los reformistas, la dirección del PCPE se ve obligada a renunciar a consignas democráticas de acumulación de fuerzas y a sustituirlas por consignas maximalistas, socialistas. La correcta solución a esta contradicción sólo nos la puede brindar el materialismo dialéctico, gracias al cual podemos comprender por qué Lenin exhortaba a los comunistas a convertirse en vanguardia en la lucha por la democracia: es así como esta lucha se desarrolla hasta destruir sus límites reformistas y transformarse en revolución socialista.

En cuanto a los Comités para la Unidad Obrera, desde 2010, hemos manifestado nuestro acuerdo con esta iniciativa, entendiéndola como similar a nuestra propuesta de Frente Sindical de Clase (y a la de otras organizaciones comunistas). Por eso, hemos combatido la tendencia al enfrentamiento con los sindicatos en el discurso y en la práctica de los CUO (y del PCPE) y hemos defendido que la premisa fundamental para el buen desarrollo de éstos es que los comunistas participemos activamente en la construcción y defensa de esos sindicatos . Pero eso no puede hacerse atacándolos sistemáticamente y menos aún desde una posición anarcosindicalista que exagera la importancia de las huelgas generales, mientras el partido no asume sus responsabilidades políticas más que mediante una participación testimonial en las elecciones, sin continuidad en la lucha parlamentaria posterior a éstas (ya sea porque el PCPE carece de respaldo social para obtener diputados a los parlamentos estatales y autonómicos, ya sea porque no muestra interés por la labor de sus escasos concejales).

Como explicaba Engels, “En el programa bakuninista, la huelga general es la palanca de que hay que valerse para desencadenar la revolución social. Una buena mañana, los obreros de todos los gremios de un país y hasta del mundo entero dejan el trabajo y, en cuatro semanas a lo sumo, obligan a las clases poseedoras a darse por vencidas o a lanzarse contra los obreros, con lo cual dan a éstos el derecho a defenderse y a derribar, aprovechando la ocasión, toda la vieja organización social. (…) De una parte, los gobiernos, sobre todo si se les deja envalentonarse con el abstencionismo político, jamás permitirán que la organización ni las cajas de los obreros lleguen tan lejos; y, por otra parte, los acontecimientos políticos y los abusos de las clases gobernantes facilitarán la emancipación de los obreros mucho antes de que el proletariado llegue a reunir esa organización ideal y ese gigantesco fondo de reserva. Pero, si dispusiese de ambas cosas, no necesitaría dar el rodeo de la huelga general para llegar a la meta” .

En cuanto a la cuestión nacional, apoyamos el viraje hacia el marxismo-leninismo dado por el PCPE en su IX Congreso, al apostar por la unidad de la clase obrera contra el Estado burgués frente a su anterior posición de alineamiento con las tesis separatistas de los nacionalismos periféricos. Se incluye la defensa del ejercicio del derecho de autodeterminación nacional de manera correcta, dentro del marco de la lucha de clases a nivel estatal. Se reivindica la lucha por los derechos nacionales, denunciando al mismo tiempo tanto el nacionalismo de nación opresora como el de nación oprimida porque dividen a la clase obrera y la debilitan frente al Estado imperialista. Sin embargo, las tesis del IX Congreso exageran el viraje y se pasan al extremo contrario al afirmar que “en el capitalismo no habrá derecho de autodeterminación”. Lenin ya tuvo que rebatir esta posición “izquierdista” de Rosa Luxemburgo y de los “economistas imperialistas”. En el capitalismo, sí puede llegar a ejercerse ese derecho democrático, siempre y cuando las contradicciones debiliten a una parte de la oligarquía y fortalezcan a otra, a la vez que se agudice parcialmente o territorialmente la lucha de clases. Y lo más importante es que la lucha por este derecho y por la democracia en general es el único camino para que las masas aprendan a luchar por la revolución socialista. Además, es significativo que las tesis asocien el respeto a la diversidad nacional al carácter confederal que pretenden darle al Estado socialista, en vez de defender que ese respeto se asegure a través del centralismo democrático, como así lo explicaban Engels y los bolcheviques. Los marxistas no rechazamos de manera absoluta el federalismo ni el confederalismo, pero los consideramos una concesión a los nacionalistas burgueses y pequeñoburgueses que puede ser necesaria por una correlación de fuerzas adversa, pero propugnando siempre el centralismo democrático como la solución a las contradicciones nacionales más conveniente al proletariado. La razón por la que no lo entienden así los dirigentes del PCPE ha quedado esclarecida por el tratamiento dado a los conflictos en el seno de su organización: no comprenden el centralismo democrático más que como centralismo, sin aprehender la primordial importancia de la democracia y de la autonomía de las partes de un todo (ya sea en el estado o en el partido) para alcanzar un verdadero y eficaz centralismo. Otra vez, sale a relucir su incomprensión de la dialéctica. Ésta es posiblemente la lección más urgente que deben aprender para que el PCPE pueda llegar a ser útil a la reconstitución del Partido Comunista. Tesis 3: avanzar con decisión en la construcción del partido necesario para la revolución española

Esta Tesis, con la que compartimos la necesidad del Partido Comunista y muchas otras afirmaciones generales, es quizás la que se aparta del marxismo-leninismo de una manera más grave, por cuanto sus errores hacen muy difícil la rectificación del resto de la línea política. Empieza incurriendo en el idealismo al caracterizar la historia del movimiento comunista en España en función de la lucha entre los conceptos de reforma y revolución, en vez de vincularla a la historia de la lucha de la clase obrera contra la burguesía. Por supuesto que aquella lucha tiene una importancia capital, pero no se puede tratar correctamente si no se parte de la base social de la que emanan las ideas reformistas y las ideas revolucionarias. Al no hacerlo, se cae en el “izquierdismo” y en el sectarismo. Entre las causas de la deriva ideológica del PCE impulsada por la política de reconciliación nacional, se olvida mencionar el punto de inflexión del XX Congreso del PCUS. Y es que la simultaneidad de ambos hechos demuestra que el defecto de partida no es la defensa de una “vía autónoma”, sino, al contrario, el seguidismo acrítico hacia el partido soviético . A pesar de que se ha reconocido la degeneración revisionista de éste y de muchos otros partidos comunistas de los países socialistas, la Tesis obvia este aspecto al hablar del antisovietismo en el que cayeron los eurocomunistas, “que continúa hasta la actualidad y cuyas consecuencias padecemos”. Lo realmente grave fue que las críticas de éstos hacia el campo socialista coincidieran con las del imperialismo (como ya habían hecho anteriormente los dirigentes revisionistas de la URSS a los que veneraban los prosoviéticos) y, por consiguiente, su “traición mayor” no fue emitir críticas, sino hacerlo y actuar en sus propios países de manera contraria a los intereses del proletariado. Si entonces podía estar justificada la condena absoluta del antisovietismo (aunque, al mismo tiempo, hubiera sido de gran ayuda una crítica correcta de las desviaciones de la URSS y del PCUS), hoy en día, esta condena confunde la defensa del socialismo con la defensa del revisionismo que traicionó a la clase obrera para acabar restaurando el capitalismo. Por consiguiente, debe hacerse obligatoriamente de una manera matizada. Por eso, además de inmodestia, resulta una falsedad sostener que el Congreso de Unidad de 1984 “significó un punto de inflexión en la etapa de retroceso de la lucha revolucionaria de este país” y que el “nacimiento del PCPE supuso la recuperación del partido de vanguardia”. Si, además, como marxistas, consideramos que la práctica es el criterio de la verdad, habremos de preguntarnos: ¿Cómo avanzó la lucha revolucionaria en España? ¿Cómo podía ser el partido de vanguardia si no cumplía las premisas que se plantean ahora en estas tesis, ni en la comprensión de las causas de la contrarrevolución, ni en la estrategia, ni en la táctica, ni en la organización? Eso sí, fue una experiencia que creó mucha ilusión entre los comunistas y entre las capas más concienciadas del proletariado, la cual podría haber significado un punto de inflexión en la lucha revolucionaria en España si hubiera evolucionado de otra manera. Lo mismo que ahora podría haberlo sido en el necesario proceso de unificación de los marxistas-leninistas, si hubiese sido cierta “la firmeza ideológica y el compromiso militante de sus cuadros principales”. Pero, ni entonces mantuvieron una “línea de compromiso firme con la causa de la clase obrera, sin dejarse influenciar por la sistemática campaña anticomunista”, puesto que los cuadros principales se pasaron a IU o, al menos, estuvieron hipotecados por el reformismo y el revisionismo del XX Congreso del PCUS durante los años más duros de la campaña anticomunista del imperialismo, dejando a las masas huérfanas de una explicación marxista-leninista de la derrota del socialismo. Ni ahora, han demostrado aquellas características al gestionar los procesos de unidad y las contradicciones internas del partido, siguiendo la caricatura cuartelaria que del comunismo ha fabricado la propaganda burguesa. La soberbia les distorsiona la percepción de la realidad cuando afirman que el PCPE es “organización referencial a nivel del estado de la lucha revolucionaria” o que “en la realidad del estado español están claramente diferenciadas las posiciones reformistas y las posiciones revolucionarias”. Lamentablemente las masas están lejos de haber deslindado posiciones con sus líderes reformistas y los supuestos “revolucionarios” no paran de ayudar a éstos con su actitud sectaria hacia las grandes masas. En cuanto al centralismo democrático, en realidad, no es un producto de la época del imperialismo, sino de la revolución burguesa y es reivindicado por Marx y Engels para organizar al proletariado. Lo nuevo de nuestra época es que ésta pone al orden del día la revolución proletaria y, por tanto, urge a la aplicación del centralismo democrático. Igual que el prosovietismo exagera la importancia de la revolución rusa en detrimento de otras, también convierte en ley general la forma particular en que se practicó el centralismo democrático en el partido bolchevique, sin tener en cuenta las condiciones de falta de libertad política en las que desenvolvió la mayor parte de su actividad hasta conquistar el Poder político; sin tener en cuenta, las modificaciones que introdujo en su aplicación según las condiciones; y, lo que es más grave, sin distinguir su aplicación revolucionaria de su paulatina tergiversación revisionista hasta convertir al PCUS en el crisol de una nueva burguesía. De ahí que los dirigentes del PCPE, educados en la idealización metafísica de la Unión Soviética, no entiendan la importancia de la democracia y pretendan hacer pasar por centralismo democrático (democracia proletaria) lo que es realmente centralismo burocrático (ordeno y mando burgués): hace años, para imponer un revisionismo de derecha y, ahora, para imponer un revisionismo “izquierdista”. Ciertamente, como dice la Tesis, el centralismo democrático debe ser un todo único y el método de organización del partido de nuevo tipo, comunista. Pero no consiste en un rígido conjunto de normas invariables, sino que se tiene que adaptar permanentemente a la realidad de la lucha de clases y a la intervención (y posibilidades de intervención) en la misma para transformarla. Su aplicación está subordinada a las necesidades políticas concretas del desarrollo del movimiento obrero. Por eso, es flexible en las formas concretas de la organicidad y, a la vez, férreo en la disciplina. La Tesis 3, en cambio, cae en el organicismo (concebir la organización como inmutable, en vez de procurar su adaptación a las tareas políticas necesarias), al no justificar por qué, a la hora de asegurar la disciplina, prioriza la sumisión a los organismos superiores sobre el desarrollo de la conciencia de los militantes. Si el centralismo democrático no se basa en la unidad de voluntad, que presupone la lucha de opiniones, es imposible conseguir una disciplina férrea . Sólo así llegará a ser posible que los órganos superiores impongan la disciplina dentro del partido en circunstancias de la lucha de clases en que no puede hacerse por medio de discusiones, por los cauces democráticos ordinarios. Para forjar la necesaria disciplina en todas las circunstancias, partiendo de las actuales condiciones de relativa libertad política, no basta con exhortar a que se cumplan rígidamente los mandatos de los organismos centrales, permitiendo al resto de los militantes intervenir en las decisiones solamente una vez cada cuatro años, sino que éstos han de tener una participación viva en la creación de la política partidaria en relación a la realidad de la lucha de clases. Porque, por mucho que queramos, los ritmos no los marcaremos nosotros sino la lucha de clases en lo económico, lo político y lo ideológico (incluyendo su reflejo como lucha de líneas dentro del partido). Decir que acabado un Congreso “se terminó la discusión”, debemos tenerlo los comunistas sólo como parcialmente cierto y necesario. Por ejemplo, cualquier decisión política, toma de posiciones o priorización en las tareas, basados en cualquier nueva realidad o acontecimiento puede abrir la lucha de líneas dentro de la organización (porque en el desarrollo de la lucha de clases es donde van a surgir las diferencias políticas y, a partir de éstas, la lucha ideológica) y, si la controversia es de importancia, debe abrirse a toda la organización. Eso sí, después de cada debate, hay que asegurar una disciplina consciente y férrea, hasta que haya madurado la necesidad de un balance de la puesta en práctica de la decisión tomada. Por eso, con la intervención de abajo a arriba es como se consigue la disciplina férrea, que sólo puede ser consciente, no ciega. Asegurar el centralismo democrático en momentos en que se hace necesario abrir el debate debe significar la posibilidad de intervención política en los mismos de manera horizontal . Esto no quiere decir la aceptación de fracciones organizadas que impidan la ejecución de los acuerdos resultantes del debate, pero sí garantizar la intervención de todos y todas, sin que sea censurada la opinión de nadie por un corte en un comité intermedio al quedarse en minoría. Las opiniones de la minoría deben ser tan importantes como las de la mayoría y ser conocidas por todo el partido hasta la toma de una decisión. La vida normal del Partido Bolchevique fue ésta a lo largo de toda su historia, incluso después de la prohibición tajante de las fracciones en el X Congreso (1921). Es más, en aquel momento, Lenin se opuso a que se prohibieran las plataformas de opinión en los debates del Partido . Los dirigentes y los afiliados apoyaban unas opiniones u otras mediante plataformas que después desaparecían al acabar la discusión. ¿Por qué unas enmiendas para un Congreso no pueden ser presentadas por un grupo de militantes de distintos comités o células si en un proceso congresual los órganos de dirección sólo están en funciones? ¿Por qué frenar con una rígida estructura la riqueza en las aportaciones? El bolchevismo es la aplicación por parte del partido de los principios del marxismo-leninismo a la realidad concreta, con una estrategia firme y una táctica flexible con el objetivo de ganarse a las masas para la revolución y para organizar el socialismo, pero siempre desde el mismo movimiento, desde la realidad. El bolchevismo no es un movimiento sectario que se separa de la realidad con la intención de intervenir en ella desde fuera de la misma. Esta, por desgracia, es la posición que adoptan varios párrafos de la Tesis 3 que caen en una concepción idealista de la organización , que era todavía más exagerada en la propuesta del CC al Congreso. Los militantes no pueden substraerse a las condiciones reales y hay que intentar luchar entre las masas para cambiarlas. Pero el error más importante es la consideración del partido en relación a las masas, o sea, su carácter de vanguardia. Tiene plena relación con lo que acabamos de explicar en el párrafo anterior, completando una cierta deriva sectaria. El Congreso matizó las expresiones que más la evidenciaban: “el carácter de vanguardia del Partido, es decir de organizador que va delante de la clase…” o “siempre es necesario mantener el vínculo que no nos sitúe fuera del alcance de la clase, pero por delante o por encima”. Pero, a pesar de haberlas corregido con la idea correcta de que el partido es “la parte más avanzada” de la clase obrera, en el redactado final se sigue aspirando a “un partido que lucha por delante de la clase obrera” y a “un partido que llega allí donde las masas y la clase no llegan”. Si el partido es parte de la clase, ¿cómo puede llegar allí donde no llega la clase? Con estas expresiones contradictorias y con su propia práctica, los dirigentes del PCPE ponen de manifiesto que consideran al partido de vanguardia fuera de la clase, a unos pasos delante o por encima de ella, incluso quieren hacer la revolución en su lugar, sustituyendo al proletariado por el Partido Comunista como sujeto revolucionario. Podríamos estar ante una reminiscencia psicológica del hegemonismo de los revisionistas soviéticos, los cuales –coherentes con su pretensión de superioridad sobre la clase obrera de la URSS- atribuían a su Estado una misión que sólo puede realizar la clase obrera internacional. Es un error garrafal, pues así se rompe el vínculo con la clase. Si no conseguimos ligarnos profundamente al proletariado y a las masas, si no conseguimos ser parte integrante de ellos, no podremos “aprovechar” nuestra más elevada conciencia y organización para elevar la suya, para organizarla hacia los objetivos revolucionarios, para dirigirla. En definitiva, no podremos nunca ser su vanguardia. Así no se construye el Partido Comunista, sino una secta comunista. En Los fundamentos del Leninismo, Stalin lo explicaba muy sencillamente: “El Partido que marcha al frente de la clase obrera, tiene que ver más lejos que la clase obrera, tiene que conducir tras de sí al proletariado y no arrastrarse a la zaga del movimiento espontáneo”; “Pero el Partido no puede ser tan sólo un destacamento de vanguardia, sino que tiene que ser, al mismo tiempo, un destacamento de la clase, una parte de la clase, íntimamente vinculada a ésta con todas las raíces de su existencia”. Si no vamos en el mismo autobús, ¿cómo vamos a poder conducir a los pasajeros? Esto explica la tendencia de los dirigentes del PCPE a desvincularse de las masas en la táctica, queriendo ir mucho más delante de su conciencia actual. La apuesta de la Tesis 3 por la formación es positiva, con planes centrales de formación destinados a toda la militancia (no sólo a los cuadros) y que la formación sea parte del trabajo cotidiano de las células. Si se llevara correctamente a cabo, podría elevar la capacidad de intervención de sus militantes entre las masas de manera revolucionaria, eliminando sectarismos, reforzando la prevención contra todo revisionismo y engrandeciendo la vigilancia revolucionaria desde la base. La formación político-ideológica tiene que convertirse en uno de los pilares de todos los militantes comunistas, siendo imprescindible para poder desarrollar una práctica revolucionaria de masas. Teoría y práctica deben ir fuertemente unidas. Sin embargo, lo que hemos comprobado por experiencia es que, transcurridos casi tres años desde el IX Congreso, la organización central de la formación en las células todavía no se ha llevado a cabo. La educación de la militancia en los fundamentos del marxismo-leninismo sólo ha empezado este año y, no a base de textos de Marx, Engels y Lenin, sino de ponencias redactadas por dirigentes del partido. Se dedica a su estudio un único fin de semana en el que la explicación de las mismas ocupa el mayor tiempo, mientras queda reducida al mínimo la participación de los militantes para expresar sus dudas y desacuerdos. Parece que el estudio directo de los clásicos sólo comenzará el año próximo y únicamente para una minoría de militantes previamente seleccionados como cuadros. Apreciamos aquí el mismo celo que entre los dirigentes del PCE(m-l) por proteger sus propias posiciones de la crítica de unos militantes dotados de un conocimiento directo del marxismo-leninismo. Entretanto, sigue sin ver la luz la tantas veces aplazada edición del manual de introducción al marxismo-leninismo. Con esta crítica no pretendemos cuestionar el sincero empeño de los dirigentes del PCPE por impulsar la formación en su organización, sino mostrar la coherencia entre el modo de enfocarla, escolásticamente, como adoctrinamiento, y la concepción general de la que no quieren o no consiguen desprenderse: la de la burocracia revisionista que hegemonizó la Unión Soviética y el movimiento comunista internacional a partir de los años 50. Una cuestión de vital importancia para conseguir la reconstitución del Partido Comunista es continuar los procesos de unidad de los comunistas, darles una amplitud mayor, fusionar experiencias, contenidos marxistas-leninistas y militantes comunistas. Es necesario y urgente llegar a acuerdos políticos y prácticos, para intentar paso a paso unir a todos los marxistas-leninistas de España, con el propósito de construir el Partido que la clase obrera necesita, su Partido con el que podrá caminar hacia la revolución socialista. Por sus dimensiones y sus progresos políticos, el PCPE puede jugar un papel de importancia en este ámbito y así lo prometen sus documentos congresuales. Pero la práctica ha sido la contraria: la del hegemonismo, la de identificar la unidad con la sumisión a sus propias concepciones, la de engañar con buenas palabras para, una vez consumados los procesos de unidad, ignorar las contribuciones de los que se sumaban al PCPE o directamente expulsarlos si podían alcanzar posiciones de dirección real, aunque fueran mínimas, como les pasó a los camaradas de la antigua UJC-Madrid. Unos oscuros procederes, maniobras y justificaciones de los fracasos con hipotéticas “conspiraciones”, en lugar de aprender de ellos con la autocrítica y la rectificación. VII LA NUEVA EXPERIENCIA EN EL PCPE Un problema fundamental: la concepción del mundo Lo que creíamos como un proceso de desarrollo hacia el marxismo-leninismo realmente era sólo una peligrosa fachada sectaria. Pero este sectarismo es la expresión en el terreno organizativo y de la línea de masas cuya práctica tiene sus raíces teóricas. Como ya hemos dicho con anterioridad, nuestra lucha de líneas contra el ‘izquierdismo’ sectario dentro del MAI se definía, en general, como lucha contra el ‘izquierdismo’ intelectualista; en el caso de la teoría y la práctica actual del PCPE, creemos que no contiene ese carácter intelectualista, sino más bien espontaneísta y voluntarista: los primeros predicaban la necesidad previa de reinventar la gran Idea Absoluta (el marxismo revolucionario) y, los segundos, postulan que la gran Idea (el marxismo-leninismo) ya está formulada y solamente hay que tener la voluntad de alcanzarla. Ambos apartándose del análisis de la realidad concreta necesario para que las masas proletarias avancen en el proceso revolucionario Con el análisis de la experiencia vivida, pensamos que ambas tendencias derivan de un tronco común: la influencia del radicalismo pequeño-burgués dentro del movimiento obrero y de su vanguardia comunista. Pero los errores de la concepción teórica actual del PCPE creemos que tienen unas peculiaridades que vamos a resumir según lo hemos podido vivir y analizar. Es un síntoma generalizado de la historia de nuestro movimiento que después de las grandes derrotas o de las coyunturas negativas, crecen de una manera generosa en el movimiento comunista las desviaciones de todo signo. Cuando se observa “fracaso” en la lucha proletaria, la influencia de las ideologías burguesas y pequeñoburguesas se hace notar más que nunca y unas tendencias se suman a las posiciones revisionistas de derecha, buscando el posibilismo, y otras tendencias, normalmente minoritarias, derivan hacia el subjetivismo y el voluntarismo. Entonces, la línea proletaria, la marxista-leninista, tiene la exigencia de luchar frente a las dos tendencias revisionistas. Después de ser aplastado el movimiento revolucionario ruso de 1905, se manifestaron las tendencias idealistas dentro del Partido Bolchevique (Bogdanov, Bazarov,…) que fueron combatidas por Lenin (“Materialismo y empiriocriticismo” y la lucha contra el boicot a la Duma reaccionaria); después de las grandes luchas contra el revisionismo de la II Internacional y las derrotas de las revoluciones alemanas y húngara, de los años 20 del siglo pasado, el ‘izquierdismo’ subjetivista cobra cierta fuerza dentro de la III Internacional y en los partidos comunistas de Europa Occidental, que se posicionaban en contra de la participación en sindicatos y parlamentos y defendían que las condiciones objetivas ya estaban dadas para la revolución y solamente era necesario propagar la ideología, revolucionar las conciencias y practicar la revolución (Pannekoek, Bordiga, Lukács, Korsch,…); después de la derrota del proletariado internacional que supusieron el XX y el XXII Congresos del PCUS, se provocó la fractura del movimiento comunista internacional y se formaron en muchos países grupos, tendencias y partidos que, queriendo defender el marxismo-leninismo, pendularon hacia el sectarismo, el subjetivismo y la crítica negativa; después de la gran derrota del llamado ‘socialismo real’ el refugio del sectarismo y el dogmatismo se puso al orden del día entre muchos de los que defendíamos el marxismo-leninismo . Hoy en día aún estamos en este proceso de derrota de la clase obrera, pero en una fase dominada por la brutal crisis del capitalismo en la cual diversos partidos, grupos y tendencias hemos querido salir de la fortaleza asediada para recuperar el Partido Comunista con el objetivo de la Revolución Socialista. Entre ellos, el PCPE, con el salto adelante de su IX Congreso ‘descubrió’ la revolución socialista como objetivo estratégico, pero de tal forma que, en lugar de desarrollar la teoría y la práctica sobre la base del marxismo-leninismo, la educación dogmática prosoviética profundiza el sectarismo y la concepciones metafísicas y subjetivas. De esa manera, el objetivo estratégico correcto se transforma en pilar de una falsa ideología apartada de la objetividad. “Esa seña de identidad prosoviética forma parte del ADN del PCPE y de los CJC” , así se pronuncia la dirección del PCPE a pesar de la crítica correcta de hace unos años sobre la involución revisionista iniciada en el XX Congreso del PCUS . En efecto, de esta manera se puede comprender mejor por qué se desarrolla una práctica determinada de masas y una determinada concepción del Partido y del proceso revolucionario. Las justificaciones teóricas (podríamos definirlas como eclécticas) de la práctica sectaria parten, en la actualidad, de dos polos aparentemente contrarios, pero que se retroalimentan. Por un lado, el prosovietismo brezhneviano, esencialmente dogmático-derechista y tradicionalmente disfrazado de un lenguaje revolucionario, y que en el PCPE actual se define en su práctica de masas espontaneísta (corriendo de un lado a otro enarbolando banderas detrás de las movilizaciones obreras pero sin ligarse al movimiento y a sus organizaciones) y en su práctica política interna sectaria (dando la prioridad al partido “granítico”, como gusta a sus dirigentes llamarlo, o sea, al ‘partido aparato’, conspirativo, burocrático y desligado de las masas). Por otro lado, se implanta en la organización el radicalismo subjetivista, heredero de las tradiciones más ‘izquierdistas’ de la III Internacional, con las cuales ya tuvieron que entrar en disputa los leninistas , que se caracteriza por un vanguardismo voluntarista y blanquista (basta creer en la revolución para realizarla, sin tener en cuenta las condiciones objetivas ni las necesidades de las masas, por eso su apuesta por el partido, no de vanguardia, sino vanguardista, ‘va delante’ o ‘por encima’ de las masas, o sea, no es parte de las masas proletarias sino un grupo de elegidos, ‘graníticos’, a los que las masas seguirán cuando sean llamadas) . Así, la dirección del PCPE no puede hacer madurar las condiciones subjetivas para la revolución socialista. Durante nuestra militancia en el PCPE hemos intentado ayudar a sus dirigentes a formarse en el materialismo dialéctico en general –particularmente con la ponencia sobre este tema elaborada para la II Escuela Territorial-, pero, no sólo los máximos dirigentes han hecho oídos sordos, sino que algún informe criticaba su contenido, “el uso de algunos ejemplos, determinadas definiciones de categorías del materialismo dialéctico, los ‘tipos’ de contradicciones, etc.” Así pues, no se trata solamente de un problema de desconocimiento, sino sobre todo de concepciones revisionistas conscientes y arraigadas en importantes dirigentes, que sólo podrán vencerse mediante la práctica combinada con la lucha teórica de líneas. En efecto, concepciones revisionistas conscientes que derivan de una concepción del mundo alejada del materialismo dialéctico, una concepción del mundo idealista y metafísica. Si bien el PCPE se define del marxismo-leninismo, y se reclama como su legítimo portador, tiene en estos momentos una concepción del mismo muy peculiar. Sus dirigentes lo formulan como dogma de fe, con lo cual pierde su carácter materialista para transformarse en una Idea Absoluta que da igual tanto tiempo, condiciones, como lugar para ser aplicada absolutamente. Ni tan siquiera toman la teoría revolucionaria en su desarrollo histórico concreto, sino que es remendada por ciertos dirigentes a su interés, recogiendo atemporalmente ciertas fórmulas estáticas, rígidas, para conformar la Idea definitiva . Esto tiene sentido si comprendemos la concepción del partido como una iglesia con sus obispos, sacerdotes, feligreses, dogmas y hasta sus santos, sus premios, pecados y castigos . Para ello, la Idea Absoluta (elaborada por sus obispos) es fundamental. Otro aspecto que le da su carácter idealista es la negación de la importante determinación de las condiciones objetivas para la práctica de masas revolucionaria. En el IX Congreso del PCPE se dio un paso adelante muy importante al reconocer que las condiciones objetivas generales en España (al ser un país imperialista) requerían señalar como objetivo estratégico inmediato la revolución socialista. Para nuestro punto de vista esta cuestión es correcta. Pues bien, esto se ha convertido en que ya no es necesario atender a las condiciones objetivas concretas para avanzar hacia la revolución socialista, que basta con atender a la subjetividad, con dirigirse con propaganda a las conciencias y con la voluntad de hacer la revolución para poder hacerla: la fe mueve montañas. El segundo elemento que define su concepción del mundo, no es la dialéctica, sino el método metafísico. “Para el metafísico, los objetos y sus imágenes en el pensamiento, los conceptos, son objetos de investigación aislados, fijos, rígidos, enfocados uno tras otro, cada cual de por sí, como algo dado y perenne. Piensa sólo en antítesis sin mediatividad posible; para él, una de dos: sí, sí; no, no. Porque lo que va más de esto, de mal procede. Para él, una cosa existe o no existe; un objeto no puede ser al mismo tiempo lo que es y otro distinto. Lo positivo y lo negativo se excluyen en absoluto. La causa y el efecto revisten asimismo, a sus ojos, la forma de una rígida antítesis”. Esta es la forma de pensar, de analizar y de practicar la política de los máximos dirigentes del PCPE, en lugar de hacerlo de manera dialéctica “que enfoca las cosas y sus imágenes conceptuales sustancialmente en sus conexiones, en su concatenación, en su dinámica, en su proceso de génesis y caducidad…” . Toda la dialéctica es excluida, por ejemplo, al negar la relación y concatenación del centralismo democrático y promover dentro de la organización un sistema parlamentario burgués, donde la democracia se practica cada cuatro años y el centralismo burocrático de los jefes campa a sus anchas. También cuando toda contradicción en la práctica se contempla como antagonismo absoluto: estrategia-táctica, partido-masas, CUO-sindicatos, democracia-socialismo, clase obrera-masas populares;… Todo y todos son traidores y enemigos principales. Con esta cosmovisión irracionalista, resulta imposible en el momento presente que el PCPE pueda construir una política revolucionaria para ganarse a las masas para la revolución socialista, resulta imposible que pueda fusionarse con las masas y reconstituir el Partido Comunista en nuestro país. Sinceramente esperamos que el proceso de reconstitución del Partido Comunista en nuestro Estado pueda dar claridad a estos planteamientos y modificarlos hacia el materialismo dialéctico. La línea de masas política: el FOPS La línea estratégica de Frente Obrero y Popular por el Socialismo (FOPS) es un avance sustancial si lo comparamos con la línea estratégica de Frente de Izquierdas que el PCPE tenía antes su IX Congreso. O sea, como línea estratégica destinada al objetivo estratégico (la Revolución Socialista), el proletariado formará una alianza con las otras masas populares (clases y capas sociales) interesadas en la revolución socialista en un momento determinado bajo la dirección proletaria. Pero aquí nos encontramos con un problema sustantivo derivado directamente de la cosmovisión de la dirección del PCPE: para ellos, en la práctica política solamente existe línea estratégica; la táctica para conseguirla, que se relaciona siempre con las condiciones objetivas concretas en cada momento, no existe. Evidentemente la táctica siempre debe estar subordinada al objetivo estratégico, pero no es la misma estrategia, sino los diversos caminos que pueden y deben tomarse dependiendo de las condiciones objetivas, de las coyunturas concretas, de los flujos y reflujos, victorias y derrotas, confrontaciones y compromisos,…, ligado siempre al objetivo de ganarse a las amplias masas para la revolución. Las condiciones objetivas, las coyunturas, no son tomadas en cuenta por el PCPE para afrontar en todo momento las tácticas adecuadas para ganarse a las masas para la revolución. Con su pensamiento subjetivista en toda coyuntura, en toda maniobra, en cualquier táctica, localizan a los enemigos de la revolución: todo aquel que no proclame de inmediato la revolución socialista, incluso todo aquel que quiera alcanzarla ganándose a las masas desde su estado actual. Así toda lucha por objetivos democráticos se convierte en democratismo; toda lucha por reformas sentidas por las masas se convierte en reformismo; o, toda táctica, para ellos, es tacticismo. El análisis de las condiciones objetivas concretas es fundamental para que el socialismo pueda ‘fusionarse’ con las masas, para que la política revolucionaria cale en las mismas, en definitiva, para ganarse a las masas para la revolución socialista, para la toma del poder por parte del proletariado. Hoy, con unas condiciones objetivas en nuestro país que se corresponden con las consecuencias de la derrota del movimiento revolucionario, con el reflujo del movimiento, en una situación de potente crisis estructural del sistema y con un ataque brutal del capitalismo (perfectamente organizado) contra la clase obrera y las capas populares; en unos momentos defensivos, con una mínima capacidad de movilización, incluso de resistencia, con un nivel de conciencia de la clase obrera, apenas, democrático ; y con el movimiento comunista disgregado y muy débil. Hoy, en esas condiciones, evidentemente los comunistas no podemos renunciar al objetivo estratégico de la revolución socialista, pero tenemos la obligación de desarrollar la táctica correspondiente para ganarnos a las masas: estar en los movimientos y organizaciones de las masas, trabajar en ellos de manera cotidiana, intervenir en la experiencia práctica de las masas, realizar en esa práctica una lucha inteligente y tenaz contra el reformismo y el ‘izquierdismo’, reconstituir el Partido Comunista sobre la base de la práctica de masas y desarrollar políticamente el marxismo-leninismo (o sea, ser parte de la clase, su vanguardia política). La propaganda socialista es necesaria, pero ésta debe combinarse con la agitación a favor de las necesidades vitales de las masas, a favor de los derechos democráticos y laborales. Son las masas las que tienen que hacer la revolución, pero solamente llegarán a esa conclusión por experiencia propia, ahí debemos de estar los comunistas. Pero, en cambio, el PCPE no está de acuerdo con estos postulados básicos, creen que no tienen validez ni los pactos ni los compromisos , tampoco la lucha por la democracia como medio de experiencia política, ni la unidad en los frentes obrero, estudiantil, feminista, etc. Sino que hay que quebrar todas estas cuestiones por una unidad exclusivamente por abajo con el objetivo socialista, solamente enmarcada en el pequeño círculo de influencia del PCPE, sin tener en cuenta en ningún momento la necesidad de la flexibilidad táctica en la dirección política. ¿Cómo ganar a las amplias masas dominadas por el reformismo si no participamos en los movimientos de masas dirigidos por los reformistas? Todo ello les lleva a separarse de las masas en un posicionamiento plagado de radicalismo pequeñoburgués. Dirigentes del PCPE han insistido en diversas ocasiones en que su planteamiento está tomado directamente del III Congreso de la Internacional Comunista. La verdad que, salvando las distancias, es un buen ejemplo para ver cómo esta organización toma las posiciones ‘izquierdistas’, en lugar que las de Lenin y los comunistas bolcheviques (que fueron las aprobadas). En 1.921, año de celebración de ese Congreso, existían unas condiciones objetivas de derrota del movimiento revolucionario del proletariado (derrota del Ejército Rojo a las puertas de Varsovia, de las revoluciones alemana y húngara, de la huelga general checoslovaca, de la huelga de los mineros ingleses, de la ocupación de fábricas en Italia, etc.); una profunda crisis económica (en sus sucesivas fases financiera, comercial e industrial); una gran ofensiva de la burguesía que provoca la pérdida de conquistas laborales y democráticas de la clase obrera y otras capas populares;... Bajo estas condiciones, dentro de la Internacional Comunista, y de los partidos que la componen (muchos de ellos muy débiles), se desarrolla la lucha de líneas en el problema principal de la táctica de masas: por un lado, los que apuestan por la táctica del Frente Único del Proletariado (Lenin y la mayoría) y, por otro, los que defienden la ‘teoría de la ofensiva’ (la minoría ‘izquierdista’ de muchos partidos, además de Zinoviev y Bujarin que defendieron estas posturas justo hasta la celebración del Congreso ). La táctica de Frente Único representaba la necesidad, en las condiciones concretas, de ganarse a las masas, realizando un frente por abajo y por arriba basado en las reivindicaciones inmediatas. Y la consigna aprobada de “¡Id a las masas!”, iba destinada a conquistar a la mayoría de las masas, conquistar los sindicatos y las organizaciones de masas (manejadas por los reformistas o, incluso, en algunos casos, por los reaccionarios). Esta era la política que se inició con la “Carta abierta” del Partido Comunista Unificado de Alemania a todas las organizaciones proletarias y que Lenin apoyó totalmente . Por el contrario, los defensores de la ‘teoría de la ofensiva’ , los ‘izquierdistas’, consideraban reformista esta política de Frente Único, pues creían que la revolución era posible en cualquier coyuntura, que bastaba con llamar a la clase para hacerla, que era una traición a la revolución llegar a compromisos o estar en los sindicatos reformistas, que la intervención directa era lo esencial, que se debe aplicar siempre la táctica de ataque sean cuales sean las condiciones objetivas. Las Tesis sobre la táctica del III Congreso de la Internacional Comunista sostienen que "Toda objeción contra el planteamiento de reivindicaciones parciales de ese tipo, toda acusación de reformismo bajo pretexto de esas luchas parciales, derivan de esa misma incapacidad de comprender las condiciones reales de la acción revolucionaria que ya se manifestó en la oposición de ciertos grupos comunistas a la participación en los sindicatos y en la utilización del parlamento. No se trata de predicar siempre al proletariado los objetivos finales sino de hacer progresar una lucha concreta que es la única que puede conducirlo a luchar por esos objetivos finales. Hasta qué punto las objeciones contra las reivindicaciones parciales están desprovistas de fundamento y son extrañas a las exigencias de la vida revolucionaria se deriva sobre todo del hecho de que aun las pequeñas organizaciones fundadas por los comunistas llamados de izquierda, como asilos de la pura doctrina, se han visto obligadas a plantear reivindicaciones parciales cuando han querido tratar de arrastrar a la lucha a masas obreras más numerosas que las que les rodean o cuando quieren tomar parte en las luchas de las grandes masas populares para poder ejercer influencia sobre ellas" . El PCPE ha apostado por el III Congreso de la Internacional Comunista, pero no por sus resoluciones, sino por los que se opusieron a las mismas desde posturas ‘izquierdistas’, las sectarias. Compartimos la idea de que hay que recuperar el análisis y la práctica de “¡Id a las masas!”, de la “conquista de la mayoría de las masas” y de Frente Único, como estableció este Congreso de la IC . La línea de masas económica: los CUO Decíamos más arriba que nos manifestamos a favor de la iniciativa de Comités para la Unidad Obrera (CUO) que proponía la unión de los obreros más conscientes, pertenecientes al sindicato que fuese, para promover la unidad obrera y sindical bajo un programa y una acción fundamentados en el sindicalismo de clase. Esta iniciativa era muy similar a la que defendíamos durante años de Frente Sindical de Clase, y a la que otras organizaciones también proponían con otras denominaciones, y que podría dar un importante impulso a la recuperación del sindicalismo de clase, a la unidad obrera y sindical, y, también, a la unidad comunista. Pero en la práctica se convirtió en su contrario. La práctica ha demostrado que la propuesta de los CUO se convierte en política-ficción si no se dispone de una importante influencia dentro de los sindicatos de masas, si apenas existe la participación de los comunistas dentro de ellos, si ni tan siquiera se tiene un interés en generar una actividad planificada de toma de posiciones dentro de los sindicatos, ni se quiere tener, siendo estrictamente necesario, un trabajo cotidiano en secciones sindicales, sectores, comités o uniones sindicales . Por tanto, lo que se hace en la práctica es convertir a los CUO en una nueva alternativa sindical, una nueva escisión sindical, haciendo oposición a las políticas reformistas o, incluso, reaccionarias, de los jefes sindicales, desde fuera de los sindicatos, sin conseguir influencia entre las masas obreras. La idea de los CUO ha sido degenerada por el tipo de práctica de masas que desarrolla el PCPE. El objetivo de los comunistas es ganarse a la mayoría de la clase para la revolución (aunque no es una cuestión estrictamente numérica, porcentual, no podemos renegar de ese objetivo hasta tener las fuerzas suficientes, las cuales dependerán de las circunstancias revolucionarias concretas). Los sindicatos de masas en nuestro Estado han perdido mucha influencia por las políticas conciliadoras realizadas por sus máximos dirigentes. Pero no dejan de ser las organizaciones más masivas del proletariado, varios millones de trabajadores se encuentran afiliados a éstas, y arrastran a muchos más cuando llaman a la movilización con reivindicaciones justas. Los comunistas no podemos dejar de lado esta realidad y tenemos que hacer todos los esfuerzos posibles por estar, obligatoriamente, con los obreros organizados, en los sindicatos, por muy reaccionariamente que actúen en muchos casos, desarrollando la influencia comunista, ganando posiciones entre esas masas de obreros organizados, en los centros de trabajo, en sus estructuras, participando y organizando su ala más revolucionaria. No podemos seguir dejando el campo libre a la influencia de los dirigentes reformistas sobre la gran masa de la clase obrera organizada . Del mismo modo los comunistas tenemos la obligación de trabajar por organizar a los obreros y trabajadores no sindicados o no organizados, trabajar con ellos también de manera cotidiana, llamándoles a organizarse sindicalmente (trabajadores en activo o desempleados). La unidad de la clase en las reivindicaciones económicas, en las reivindicaciones de derechos laborales, políticos y sociales, es fundamental para desarrollar la unidad de la clase por objetivos políticos generales. Por eso, el PCPE se equivoca de plano al no tener como una de sus prioridades fundamentales el trabajo sindical en las organizaciones de masas de la clase obrera, en sus organizaciones, en no dar prioridad también a organizar a los no organizados, en no empezar a organizar metódicamente el trabajo sindical de sus afiliados. Por el contrario, sin este trabajo sindical, sin la influencia dentro de los diversos sindicatos, se afana en generar una organización de allegados paralela y al margen, los CUO, que de esa manera se convierte en una nueva pequeña escisión dentro de la organización de la clase obrera, en lugar de promover y ser generador de la unidad sindical (tanto dentro de los grandes sindicatos, como de los llamados ‘alternativos’), tan necesaria para la lucha de la clase obrera, como mejor manera de conquistar a las masas . Un nuevo grave error ‘izquierdista’. Los CUO u otra estructura destinada a la unidad obrera y sindical, tendrá sentido real (no sólo formal) cuando los comunistas tengamos una importante presencia e influencia dentro de las organizaciones sindicales . El desarrollo de las contradicciones políticas del PCPE Hasta aquí, hemos expuesto los acuerdos y desacuerdos que teníamos con la política del PCPE antes de la unificación y su comprobación posterior. Aunque todavía desconocíamos el calado de nuestras diferencias, era un hecho también conocido por sus dirigentes que no estábamos plenamente de acuerdo, que manteníamos las importantes discrepancias mencionadas. Entonces, ¿por qué decidimos consumar la unidad ? En primer lugar, porque no debemos esperar a estar de acuerdo en todo si queremos que la unidad sea posible. En segundo lugar, porque los desacuerdos tenemos que valorarlos dialécticamente, es decir, con su desarrollo y sus contradicciones. El acercamiento de la política del PCPE al marxismo-leninismo ha sido evidente en los últimos años. Este acercamiento podía ser más aparente que real, pero eso no lo podíamos saber sin una práctica conjunta y la dirección de este partido no estaba dispuesta a prolongar mucho más el proceso de unidad. Esa progresión contradictoria se nos explicó como resultado del empeño de los principales dirigentes por bolchevizar el partido. Todavía no teníamos razones para dudar de estas intenciones. Partíamos de que ellos sabían qué entendíamos en Unión Proletaria por “bolchevismo” y de que, entonces, empleaban este término en el mismo sentido. Entendimos que, con nuestra incorporación, esperaban que contribuyéramos al desarrollo de este proceso que fuera sentando una práctica correcta basada en ir resolviendo las contradicciones del IX Congreso en un sentido favorable al marxismo-leninismo (los camaradas de la UJC-Madrid nos habían explicado que la dirección de los CJC decía esperar lo mismo de ellos). Estábamos dispuestos a ser pacientes, a seguir el ritmo de progresión que marcaran los dirigentes supuestamente más avanzados, sin reclamar la discusión de nuestras diferencias hasta el siguiente congreso y apoyando siempre el cumplimiento del Documento de Unidad y de las posiciones más correctas de las tesis congresuales. Sin embargo, en los debates del Comité Central y en los documentos emanados del Comité Ejecutivo, fuimos descubriendo que aquellos dirigentes supuestamente partidarios del bolchevismo llevaban a su paroxismo las posiciones más “izquierdistas” y sectarias. Por ejemplo, el rechazo a la anterior política de “frente de izquierdas” no era para abrir la política de alianzas más allá de las organizaciones “izquierdistas”, sino, al contrario, para cerrarla incluso a éstas, reduciéndola al PCPE y su exiguo entorno. Su agitación y su propaganda (mítines, comunicados, carteles, etc.) no suelen corresponderse con lo que anhelan los trabajadores y, cuando se dan cuenta de esto, optan por huir de ellos despavoridos y descalificando los movimientos sociales como engendros contrarrevolucionarios. Los máximos dirigentes del PCPE repiten nuestros viejos errores “izquierdistas”, con el agravante de que no lo hacen frente a un revisionismo de derechas como fue nuestro caso, sino frente a quienes hemos reclamado una aplicación integral del bolchevismo. Dan un bandazo de un tipo de revisionismo al contrario. La vieja línea política de este partido hasta su IV Congreso tenía como virtud un cierto realismo, aunque miope por cuanto posponía los objetivos revolucionarios a las calendas griegas. Su nueva línea política ha dado un vuelco: progresa por cuanto destaca dichos objetivos pero ha perdido todo realismo para poder alcanzarlos. Ha reconocido el objetivo estratégico correcto, pero lo esgrime como un dogma y no como una guía para la acción de masas. Hace 50 años, el marxismo-leninismo fue tergiversado y mutilado para adaptarlo a un proceso de degeneración burguesa del movimiento obrero, ligado a la expansión económica de la posguerra mundial y al cambio de la correlación de fuerzas de clase en la URSS. Entonces, lo que necesitaba la clase obrera más que nada era que los comunistas defendieran los objetivos revolucionarios. Ahora, precisamente cuando el capitalismo está en profunda crisis y las masas necesitan volver a aprender a luchar contra él, los herederos de aquella revisión del marxismo por la derecha –lejos de restablecer nuestra ideología, aprendiendo modestamente de otros que denunciaron antes de ellos dicha deformación- vuelven a revisarla, esta vez por la “izquierda”, aferrándose a los objetivos finales y despreciando a las masas. Parece que lo único que no cambia en ellos es, además de la soberbia, que eligen en cada circunstancia la táctica que menos conviene a la revolución. Incumplimientos políticos de la dirección del PCPE Por consiguiente, no nos queda más remedio que denunciar la tergiversación, la manipulación y el fraude que la dirección del PCPE ha cometido contra el proceso de unidad con Unión Proletaria. El Documento de Unidad suscrito entre ambas organizaciones e incluso las Tesis del IX Congreso del PCPE constituían una base suficiente para desarrollar una política realmente bolchevique. Pero los dirigentes de este partido han abusado de su mayoría en el Comité Central y de tener la dirección ejecutiva en sus manos para zanjar las contradicciones de dicho congreso en beneficio de las posiciones más alejadas del marxismo-leninismo, más “izquierdistas”. En apoyo de esta acusación, alegamos, al menos, los siguientes incumplimientos políticos, por parte de la dirección del PCPE: A) Del Documento de Unidad entre el PCPE y UP: En primer lugar, se trata del incumplimiento de los siguientes acuerdos que velaban por dar un carácter de masas a la línea política que se debía aplicar: “Es necesario confrontar con las diferentes corrientes oportunistas, tanto de derecha como de ‘izquierda’… … la derrota del oportunismo y del revisionismo requiere un constante desarrollo de la lucha de las masas por sus intereses,… El partido comunista orientará la inserción de sus militantes en las organizaciones de masas… El Partido Comunista, a través de sus militantes, trabajará en todas las organizaciones sindicales en las que haya masas obreras… debemos procurar que nuestro lenguaje sea lo más comprensible posible para las masas y que nuestra tarea de elevación de su conciencia entronque con las reivindicaciones y luchas concretas de las propias masas. (…) La lucha contra el oportunismo y el reformismo es elemento central del combate ideológico que tiene por objeto ganar a las masas obreras y populares para la revolución socialista. (…) La organización de vanguardia debe estar en todas las luchas de la clase obrera organizando y creando conciencia. Hay que priorizar la lucha de masas, con mediación directa del Partido y organizando los frentes fundamentales de la lucha política: movimiento obrero, antiimperialista, república, mujer, juventud, medioambiente, contra la guerra, etc. (…) Muy lejos de la renuncia teórica y práctica de los principios del modelo leninista de Partido realizada por muchos antiguos partidos comunistas y, también, de la repetitiva e infecunda retórica escolástica alejada de la práctica política,… En segundo lugar, la dirección del PCPE incumple los siguientes acuerdos que pretendían asegurar la aplicación de ese mismo criterio de masas a la lucha política, es decir, a la relación del partido comunista con los partidos políticos no proletarios: En la lucha socio-política, la relación con las organizaciones oportunistas y revisionistas es inevitable. En ningún caso el partido comunista hará dejación de su labor de crítica, manteniendo sus posiciones de principios y política independiente, incluso en circunstancias en que sea precisa una cierta colaboración frente al enemigo principal de clase. Siempre dirigirá su crítica hacia los dirigentes de estas organizaciones, tratando en cambio de ganar para la política comunista a las masas obreras que militan en las mismas como objetivo fundamental de esta táctica de colaboración, de frente único proletario, de frente obrero y popular por el socialismo… recuperemos la militancia comunista como factor de prestigio social entre los trabajadores y trabajadoras. Esto se construye con militantes comunistas conscientes… Finalmente, la dirección del PCPE incumple los siguientes acuerdos destinados a garantizar el principio democrático de la igualdad entre los miembros del partido y a prevenir a éste contra la burocratización y la degeneración política que pudieran promover algunos de sus dirigentes: La derrota del socialismo ha sido una derrota temporal de la clase obrera. En ese proceso jugó un rol determinante la erosión oportunista de algunos partidos en el poder y la traición de muchos dirigentes,… triunfa la tendencia a la burocratización que frustra el desarrollo de la dictadura del proletariado y favorecerá la formación de una nueva clase burguesa. (…) Crítica y autocrítica sincera y revolucionaria como garantía de democracia interna y desarrollo primario, a nuestro interno, de los valores superiores de sociedad socialista y comunista… seguir enriqueciendo y desarrollando el Partido Comunista con cada unidad parcial. En la construcción del Partido Comunista marxista-leninista… nadie puede arrogarse papeles protagónicos…” B) De las Tesis aprobadas por el IX Congreso del PCPE:
- Tesis 1: La dirección del PCPE incumple el mandato de promover alianzas tácticas: “Nuestra propuesta va dirigida a poner fin al sistema económico, social y político que padecemos. Pero, como todo proceso revolucionario, como proceso dialéctico de la lucha de clases, tendrá diversos grados de desarrollo, en los cuales habrá de establecerse una correcta política de alianzas para quebrantar el sistema actual y convertir nuestra propuesta en hegemónica, que permita instaurar el poder obrero y construir el socialismo” (p. 14) . La dirección del PCPE incumple el mandato de promover alianzas en la lucha democrática: “En lugar de producirse una extensión del Estado de derecho, tal como pregonaban los teóricos burgueses, nos encontramos, hoy, con el desmantelamiento de los sistemas de libertades civiles y políticas, así como la cada vez mayor indefensión de cantidades crecientes de la población ante la violencia del Estado burgués, lo que hace posible que la clase obrera despliegue una adecuada política de alianzas para el desarrollo de la lucha de clases…” (p. 20) “La búsqueda de posibles alianzas coyunturales y, otras, estratégicas, en el ámbito europeo con elementos opuestos a las políticas de la UE y en defensa de los pueblos en lucha en todo el mundo, disputándole la hegemonía al reformismo.” (p. 49) La dirección del PCPE vuelve al seguidismo prosoviético del que se había desmarcado el IX Congreso: “Las dificultades heredadas de las prácticas no siempre beneficiosas en el campo de las relaciones internacionales llevadas a cabo por los partidos comunistas en el poder –principalmente, el PCUS, el PCCh y el PCY, por la influencia que tuvieron sobre el movimiento comunista internacional, debido a sus posicionamientos enfrentados durante un período, lo que generó en dicho movimiento, por un lado, seguidismos acríticos (con tal de no ser considerados desleales a quienes habían realizado la revolución), y, por otro lado, confrontaciones rupturistas, tanto izquierdistas como revisionistas (por considerar que los partidos comunistas en el poder traicionaban a la revolución o a la democracia)-…” (p. 51)
- Tesis 2: “… la necesidad de analizar en términos científicos los errores y desviaciones que socavaron el poder proletario, en una perspectiva de avance superador que restablezca el marxismo-leninismo con la depuración de todo vestigio oportunista.” (p. 87) La dirección del PCPE desoye el mandato congresual de establecer amplias alianzas sociales y políticas, además de luchar contra la hegemonía del reformismo, y como medio imprescindible para vencer en esa lucha: “Para afrontar la tarea de la superación del capitalismo y abrir el paso a la construcción del socialismo, deben predominar en el seno del proletariado y de las masas trabajadoras las posiciones revolucionarias, terminando con la hegemonía del reformismo y debe existir un marco de amplias alianzas sociales y políticas, ...” (p. 88) “El objetivo del PCPE es la organización de la Revolución Socialista,… Lo que en ningún caso supone que renunciemos a la constante mejora de las condiciones de vida de la clase obrera y del conjunto del pueblo trabajador, implicándonos decididamente en la lucha por las reivindicaciones inmediatas de las masas populares de nuestro país. En esa lucha por los intereses inmediatos del pueblo trabajador y por la mejora de sus condiciones de vida, nuestro Partido no genera expectativas de tipo reformista en el seno de la clase obrera. Al mismo tiempo que se emplea a fondo en cada reivindicación, el Partido destaca la inviabilidad de alcanzar en el marco capitalista un futuro emancipado en el que las necesidades y aspiraciones de las mayorías sean satisfechas definitivamente, orientando y explicando cada lucha parcial en el proceso general de la lucha revolucionaria y organizada por el socialismo, entendiéndola como un proceso dialéctico con avances y retrocesos.” (p. 88 y 89) “La clase obrera necesita un marco de alianzas para elevar el nivel de confrontación y trazar objetivos de avance y contraataque obrero y popular, superando la actual fase de resistencia. Esas alianzas deben establecerse teniendo presente la posición actual y los intereses objetivos de las distintas clases sociales.” (p. 89 y 90) “… la táctica comunista debe caracterizarse por su flexibilidad, por la capacidad para adecuarse a las más disímiles condiciones de lucha, para enfrentar condiciones favorables y también adversas.” (p. 91) “La formulación tradicional de lo que veníamos denominando Frente de Izquierdas es superada hoy por el objetivo del Frente Popular, con la clara voluntad de implicar directamente a amplias masas en la acción política superando estrechas concepciones de pactos o meros acuerdos entre organizaciones... Lo anterior, en ningún caso implica la renuncia a adoptar todo tipo de acuerdos con las organizaciones dispuestas a compartir en enfoque estratégico del Frente Popular, dispuestas a impulsar la entrada en la escena de las mayorías trabajadoras y a defender la unidad de la clase obrera; ni a llegar a todo tipo de acuerdos unitarios que permitan hacer avanzar las reivindicaciones inmediatas presentes en cada lucha concreta librada por sectores obreros y populares.” (p. 91)
- Tesis 3: Contrariamente a lo que exige el IX Congreso, la dirección ejecutiva del PCPE trata de manera meramente formal la unidad con otras organizaciones comunistas, el vínculo con las masas y las relaciones con los militantes del partido, mientras que impone a todos ellos su propio criterio de manera autoritaria y burocrática: “En la unidad comunista no hay atajos ni prisas coyunturales de ningún tipo que nos pueda hacer pasar por encima del acuerdo madurado y fundado en las cuestiones organizativas, programáticas, ideológicas y de acción política en la lucha de clases.” (p. 106) “Quienes alejan a las células de las alianzas políticas y frentes de masas bajo el pretexto de su posición no netamente revolucionaria hacen flaco favor al proyecto. Quienes intentan aprovechar de manera utilitarista por el Partido cualquier movimiento plural, destruyen día a día la confianza de la clase en el proyecto. Quienes sitúan determinadas políticas del Partido como acertadas a priori y son capaces de no transmitir los fracasos de ésta para que la dirección los valore, son cómplices del mismo problema.” (p. 113) “La clase lucha en general por cuestiones puntuales, económicas y de búsqueda de mejores condiciones para los trabajadores y trabajadoras dentro del sistema. Los y las comunistas apoyamos estas luchas buscando un objetivo más amplio, permanente y revolucionario…” (p. 138) “… hay que saber estar en minoría [en los frentes de masas] para poder transformar la situación. La inteligencia política, el conocimiento del medio, el reconocimiento de las masas y saber administrar correctamente los tiempos son elementos que no podemos ignorar y que debemos gestionar correctamente para no incurrir ni en posiciones retardatarias, ni en izquierdismos estériles.” (p. 142 y 143) “La agitación y la propaganda es un elemento central en el proceso de avance del Partido y, por ello, es necesario que se realice,… claramente insertada en el desarrollo dialéctico de la conciencia y en las claves socioculturales de la clase. Una agitación y una propaganda… muy pegada al terreno,…” (p. 148) “Referenciarnos con claridad como un proyecto político revolucionario diferente del reformismo y el izquierdismo estéril…” (p. 155) “Algunos de sus indicadores [del burocratismo] son… la sobrevaloración de los elementos administrativos y formales en detrimento de los políticos,…” (p. 112) “… cualquier comunicación de una organización y/o militante a la dirección superior tiene que ser tramitada con agilidad y rigor, y el órgano de dirección correspondiente ha de responder y/o actuar en consecuencia en el plazo necesario. En caso contrario la militancia se queda alejada de la dirección y se frustran las iniciativas y/o reclamaciones presentadas.” (p. 120) “Un partido que no debate, que no polemiza, es un partido incapaz de analizar y responder a la enorme complejidad con que se desarrolla la lucha de clases.” (p. 123) El tratamiento de las contradicciones políticas A pesar de comprobar que habían abusado de nuestra buena fe y tergiversado todo el proceso unitario, uno de los miembros del Comité Central procedente de Unión Proletaria intentó convencer a los máximos dirigentes (siguiendo el método que ellos mismos le habían aconsejado) de sus errores con extensas y profundas argumentaciones escritas que no distribuyeron a los demás miembros del mencionado órgano. Hicieron algunas enmiendas a la primera de ellas e ignoraron las siguientes hasta que la desconfianza mutua que se había desarrollado les obligó –para tratar de evitar una nueva escisión después de la ruptura de los exmilitantes de la UJC-M y la mayoría de los CJC de Castilla La Mancha- a convocar al firmante de estos escritos a una reunión, eso sí, rechazando la presencia de los demás miembros del CC procedentes de Unión Proletaria. Por supuesto que, en todo este tiempo, no rectificaron nada de lo que se les pedía e incluso acentuaron su deriva sectaria, promoviendo una política de cuadros que refuerza el control de arriba hacia abajo (concretamente, la dominación del Comité Ejecutivo sobre el partido), expulsando a varios camaradas y exigiendo el apoyo a esta decisión como prueba de fidelidad al partido. Las expulsiones de los camaradas procedentes de la UJC-M fueron todo un salto cualitativo en esta deriva: recurrieron a sucios métodos para constituir pruebas; tomaron partido por los suyos y no por los que más razón tuvieran; no escucharon a las dos partes en conflicto antes de tomar partido y de decidir las sanciones; optaron directamente por la sanción máxima ; empezaron a tratar el conflicto de manera exclusivamente administrativa y jurídica y, sólo después, se justificaron políticamente con una reivindicación de la tradición prosoviética y con una acusación de “maoísmo” a los sancionados que atacaba la misma médula dialéctica del marxismo; hurtaron al pleno del CC del PCPE la información, el debate y la decisión sobre un proceso disciplinario ya abierto por parte de los Comités Ejecutivos del partido y de los CJC; amenazaron e intimidaron a los miembros del CC para condicionar su posición, prohibiéndoles traer a la discusión los argumentos de los expulsados-escindidos . ¡Dónde se ha visto que Marx, Lenin, etc., restringieran las lecturas de sus camaradas! En la mencionada reunión de los miembros de la Comisión Permanente con nuestro camarada, le emplazaron a conquistar posiciones dentro del Comité Central. Pero, ¿cómo?, si no admiten la comunicación horizontal ni siquiera entre miembros del CC, más allá de unos pocos minutos de intervención oral en los plenos trimestrales, pues incluso rechazan las aportaciones argumentadas por escrito. Todo tiene que pasar por el Comité Ejecutivo, el cual impide que lleguen a los otros miembros del Comité Central las opiniones que no comparte. Ni plataformas en los congresos, ni tribunas de discusión en el periódico, ni plenos de militantes allí donde hay discrepancias con la dirección . En lugar de modestia y confianza en los militantes y en las masas obreras, los jefes imponen su autoridad de una manera irracional y fanática. En lugar del centralismo democrático, imponen su propio centralismo . Las unificaciones de organizaciones comunistas no las realizan para una síntesis superior, sino para conquistar nuevos súbditos. En estas condiciones antidemocráticas en el interior, ¿qué posibilidades teníamos de desarrollar una verdadera línea de masas hacia el exterior?; ¿qué posibilidades teníamos de restablecer el marxismo-leninismo integral, el materialismo dialéctico, y de aplicarlo en la infinidad de facetas que presenta la vida social? ¿Qué utilidad tenía para la clase obrera que siguiéramos sometidos al yugo de la dirección del PCPE? La dirección del PCPE responde demagógicamente, usurpando la representación del Partido Comunista frente a nuestro presunto individualismo fraccionalista y escisionista. Pero el PCPE no es el Partido Comunista y, mientras su dirección se comporte así, no podrá llegar a serlo. Considera que basta con afirmar con rotundidad que el PCPE es el partido comunista para que lo sea realmente. Para ella, lo principal es su propia marca, mientras que considera a la clase obrera como algo secundario, como un objeto pasivo a merced de sus designios. El Partido Comunista auténtico, en cambio, vendrá de la fusión del socialismo científico con el movimiento obrero, y el PCPE adolece de una concepción sesgada del marxismo-leninismo y de una posición sectaria hacia las masas. Además, sus jefes ejercen un poder absoluto sobre el funcionamiento interno, formando una militancia acrítica y sumisa. Lenin explicaba que “…la centralización incondicional y la disciplina más severa del proletariado constituyen una de las condiciones fundamentales de la victoria sobre la burguesía. (…) ¿cómo se mantiene la disciplina del partido revolucionario del proletariado? ¿Cómo se controla? ¿Cómo se refuerza? Primero por la conciencia de la vanguardia proletaria y por su fidelidad a la revolución, por su firmeza, por su espíritu de sacrificio, por su heroísmo. Segundo, por su capacidad de vincularse, aproximarse y hasta cierto punto, si queréis, fundirse con las más grandes masas trabajadoras, en primer término con la masa proletaria, pero también con la masa trabajadora no proletaria. Tercero, por lo acertado de la dirección política que lleva a cabo esta vanguardia; por lo acertado de su estrategia y de su táctica políticas, a condición de que las masas más extensas se convenzan de ello por experiencia propia. Sin estas condiciones, no es posible la disciplina en un partido revolucionario, verdaderamente apto para ser el partido de la clase avanzada, llamada a derrocar a la burguesía y a transformar toda la sociedad. Sin estas condiciones, los intentos de implantar una disciplina se convierten, inevitablemente, en una ficción, en una frase, en gestos grotescos. Pero, por otra parte, estas condiciones no pueden brotar de golpe. Van formándose solamente á través de una labor prolongada, a través de una dura experiencia [destacado por UP]; su formación se facilita a través de una acertada teoría revolucionaria, que, a su vez, no es ningún dogma, sino que sólo se forma definitivamente en estrecha relación con la práctica de un movimiento que sea verdaderamente de masas y verdaderamente revolucionario.” Si lo correcto fuera siempre mantenerse dentro del partido más grande para luchar por corregir sus defectos, ¿por qué no hacerlo entonces dentro del PCE o del PSOE que también son formalmente partidos obreros? ¿Por qué tuvieron razón los que dejaron en su día al PCE para formar el PCPE o los que dejaron el PSOE en 1920-21 para formar el PCE? ¿Por qué no podemos tener razón los que volvemos ahora a organizarnos independientemente, una vez comprobada la insolvencia marxista-leninista del PCPE? Nosotros no tendríamos derecho a rebelarnos frente al revisionismo “izquierdista” y sectario porque, hasta el presente, no hemos sido capaces de completar la reconstitución del Partido Comunista. Sin embargo, algo hemos hecho avanzar esta causa cuando: 1º) el PCPE ha acabado haciendo suyas importantes posiciones que, en 1993, nosotros defendíamos y sus dirigentes rechazaban, aunque lo haya hecho de manera superficial e inconsecuente; 2º) el PCPE aceptó unificarse con UP, lo que demuestra que el respeto en política no se gana arrodillándose, sino desarrollando una lucha de principios. Cuesta mucho aprender a ser comunista y no se consigue siempre sometiéndose a la mayoría, simplemente para mantener en pie una organización y llenarla con unos pocos cientos de militantes. El mérito en ello de los dirigentes del PCPE es innegable y deberemos aprender de lo válido de sus métodos y actitudes, sin cerrar los ojos ante sus taras invalidantes. "Tampoco debe olvidar usted –advertía Engels- que si, por ejemplo, el Neuer Social-Demokrat tiene más suscripciones que el Volksstaat, eso se debe a que cada secta es necesariamente fanática, y gracias a ese fanatismo –sobre todo donde la secta es nueva, como ocurre, por ejemplo, con la Asociación General de Obreros Alemanes en Schleswig-Holstein- consigue éxitos momentáneos mucho más importantes que el partido que representa simplemente el movimiento real, sin extravagancias sectarias. Por otra parte, el fanatismo es algo que no dura mucho" . Como decíamos en nuestro Comunicado del 31 de mayo: “Por muchas ventajas y virtudes que tenga el PCPE (su experiencia, su mayor tamaño, sus aciertos políticos, etc.), es muy difícil corregir ese sectarismo hacia las masas y esa falta de democracia interna, ya que se refuerzan mutuamente. El Comité Central respalda estas posiciones, rechaza someterlas a un Congreso Extraordinario y la alternativa estatutaria de convocarlo por más de la mitad de los militantes se hace imposible al prohibirse la comunicación horizontal entre ellos. Las críticas de quienes venimos de UP son desestimadas y nuestra contribución política ignorada, resultando inútil nuestra unificación y, por tanto, nuestra presencia en el PCPE. En el mejor de los casos, harían falta muchos años para curar estos graves defectos. Mientras, las masas obreras y populares empobrecidas por el capitalismo en crisis no recibirían del comunismo una verdadera ayuda para superar sus limitaciones reformistas y emprender una lucha revolucionaria.” Precisamente, para contribuir a abrir camino a un partido comunista no sectario que ayude a las masas y a los militantes de otros partidos mediante la propaganda y el ejemplo práctico, la mayoría de los militantes de Unión Proletaria hemos decidido recuperar nuestra independencia orgánica, con el propósito de volver a desarrollar nuestra actividad política orientada a la unidad de las masas obreras y de los comunistas para que puedan desarrollar su lucha de clase hacia la revolución socialista. VIII UNA NUEVA ETAPA EN EL PROCESO DE RECONSTITUCIÓN DEL PARTIDO COMUNISTA Actualmente la cultura revisionista sectaria que subyace en la dirección del PCPE está mucho más desenmascarada que hace un año, tanto por la propia práctica como por la lucha de líneas que hemos desplegado nosotros y otros camaradas. Hoy Unión Proletaria, a pesar de que algunos de sus miembros se hayan quedado en el PCPE, ha aprendido nuevas lecciones y tiene más posibilidades y capacidades de desarrollo, abriéndose además una nueva oportunidad de unidad comunista con destacamentos políticamente más afines y con los que acabamos de compartir experiencia. Si lo consiguiéramos, el paso atrás que ha supuesto nuestra fallida unidad con el PCPE, quizás podría convertirse en un importante paso adelante (una negación de la negación), al poder constituir una organización más nutrida de la que teníamos hace un año y con un mayor nivel de dedicación en la lucha de masas. Podríamos oxigenar el campo comunista con verdaderas masas surgidas de la lucha espontánea y superar así las miserias con las que nos hemos topado en las viejas organizaciones en permanente disputa entre sí y ajenas a las necesidades sentidas por las masas. Sólo a partir del surgimiento de un ejemplo real de trabajo comunista de masas, podremos reunificar a los comunistas hoy dispersos por el reformismo y el sectarismo. Sólo así podremos despertar la iniciativa revolucionaria de los comunistas sanos del PCPE y de otras organizaciones revolucionarias.


Apartado de correos 51498. 28080, Madrid.

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