04 de Abril de 2014

En defensa del pueblo chino. (Por el camarada "Alexandre García")

Respuesta a Elisseos Vagenas (1ª parte)

Viernes 4 de abril de 2014


INTRODUCCIÓN
I. Introducción:

El 3 de abril del año 2011, el Partido Comunista de Grecia (KKE) publicaba en su página web un discutible artículo del responsable de su sección de Relaciones Internacionales, Elisseos Vagenas, titulado “El papel internacional de China”. En este artículo Vagenas hacía un “análisis” de la naturaleza política y económica de la República Popular de China y de su papel en las relaciones internacionales. Este artículo pasaría posteriormente a formar parte de la famosa publicación “Colección sobre temas actuales del movimiento comunista”, disponible en la web del KKE, que goza de cierto renombre en algunos sectores del movimiento comunista de nuestro país. Aunque, por lo que veremos después analizando más detalladamente el artículo del camarada Vagenas, podemos afirmar que, en algunos casos, la consideración otorgada a esa obra del KKE guarda cierta desproporción en relación al contenido que encierra.

El artículo del camarada Vagenas, muy crítico con China, nos indica que la dirección del KKE todavía es presa de las viejas concepciones soviéticas sobre China, surgidas principalmente a raíz de la crisis del movimiento comunista internacional que se produjo en la segunda mitad del siglo XX, y que se saldó con la ruptura política entre el Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) y el Partido Comunista de China (PCCh). Por decirlo con otras palabras, la dirección del KKE demuestra que aún no ha roto, en esencia, con las concepciones jruschovistas y brezhnevianas sobre China, cosa que en apariencia contradice el carácter de partido marxista-leninista, libre de desviaciones ideológicas, que tanto reivindica. Llama particularmente la atención que, no hace tanto, en diciembre de 2012, coincidiendo con la celebración del XVIII Congreso del PCCh, el artículo del camarada Vagenas era publicado de nuevo en la web tercerainformacion, afín a las juventudes del PCE.

No obstante, se ha de reconocer que, si el KKE goza de cierto prestigio entre algunos sectores del movimiento comunista de nuestro país (así como cierta capacidad de mando sobre ciertos comunistas con principios volubles) ello no se ha conseguido sin méritos por su parte. Tras la victoria de la contrarrevolución en el este de Europa y en la Unión Soviética, el KKE se mantuvo fiel a sus principios, fiel al socialismo, negándose a renunciar a su carácter de partido marxista-leninista. Como tal, fue el promotor a partir de 1998 de la reanudación de los Encuentros de Partidos Comunistas y Obreros (EIPCO), que se celebran cada año. Mediante la elaboración de materiales teóricos, el KKE ha contribuido al esclarecimiento de las causas de la contrarrevolución en la Unión Soviética (particularmente valiosas fueron sus aportaciones sobre el revisionismo en materia de economía, en especial en sus “Tesis sobre el Socialismo” para su XVII Congreso), así como en el desenmascaramiento de la Unión Europea como superestructura política al servicio de los monopolios europeos. En su país, el KKE ha tenido un papel trascendental en el movimiento obrero para contrarrestar la estrategia de división sindical practicada por el Movimiento Socialista Panhelénico (PASOK) y otras fuerzas socialdemócratas, con la creación en 1999 del Frente Militante de los Trabajadores (PAME), que hoy tiene una considerable capacidad de movilización en el movimiento obrero griego.

Sin embargo, en algunos otros aspectos, y en especial aquellos que guardan relación con la división del movimiento comunista internacional a partir de los años 60 y con el necesario balance de las distintas experiencias de construcción socialista habidas en el siglo XX, vemos a través del artículo de Elisseos Vagenas que la dirección del KKE aún sigue presa de los viejos clichés y dogmas emanados de la dirección revisionista de un PCUS que acabó restableciendo el capitalismo en la Unión Soviética. El camarada Vagenas patina completamente a la hora de hacer un análisis científico de China, escribiendo un “cuento de terror” en el que, como suele ocurrir cuando se tiene un pensamiento metafísico, sólo se hablan horrores de China, de supuestos crímenes y pecados que se le atribuyen al PCCh en el pasado y en el presente, y de lo insatisfactorio que es el socialismo chino para el camarada Vagenas. Un modelo socialista que, sustituyendo la ciencia por la religión, contrapone de forma maniquea a la construcción del socialismo en la Unión Soviética, como si ambas experiencias, la soviética y la china, fueran una y otra expresiones del “bien” y del “mal”. Prueba de ello es que, en todo su artículo, el camarada Vagenas es incapaz de decir una sola cosa positiva que se haya derivado de la revolución china de 1949. ¿Es ésta una forma de “analizar” propia de marxistas?

Paradójicamente, el camarada Vagenas afirma al principio de su artículo, con mucha razón, que “una de las lecciones que hemos sacado de la contrarrevolución en la Unión Soviética es que los comunistas no deberían dejarse llevar plenamente por lo que decía el PCUS”. Por ello se entiende que el camarada Vagenas quiere decir que tampoco deberíamos “dejarnos llevar” por lo que diga el PCCh. Sin embargo, no se tiene constancia de que, una vez falleciera Mao Zedong y fuera ungido al poder Deng Xiaoping, exista alguna organización comunista importante que sea ejemplo de ello, es decir, que opere como “partido altavoz” del PCCh, como hiciera del KKE en la segunda mitad del siglo XX cuando se “dejaba llevar” por el revisionismo soviético. Los partidos comunistas “oficiales” de tradición pro-soviética que acuden al EIPCO no han tenido, en su inmensa mayoría, lazos de hermandad con la República Popular China, si exceptuamos el caso excepcional del Partido del Trabajo de Bélgica (uno de los pocos partidos de inspiración “maoísta” que no rompió relaciones con China tras la llegada al poder de Deng), o el Partido Comunista de España, que durante su etapa “eurocomunista” tejió lazos de hermandad con el PCCh por una serie de circunstancias históricas, motivadas por la política de alianzas del PCCh en su confrontación acérrima con la Unión Soviética. Pero, por regla general, si exceptuamos ciertas organizaciones provenientes del eurocomunismo, parece ser que la mayor parte de los partidos que asisten al EIPCO comparten en mayor o menor medida las críticas de la dirección del KKE contra China.

Por otra parte, los partidos hoxhistas (que también están presentes en Grecia), odian todo lo que huela a China o maoísmo(1), debido a su seguidismo ciego de los bandazos que dio en su día Enver Hoxha, que partiendo de la simpatía por el “pensamiento de Mao Zedong” acabó en el anti-maoísmo más extremo(2). En cuanto a los maoístas nostálgicos de la Revolución Cultural, que no son precisamente partidarios de la China actual, (por mucho que la dirección del KKE y de otros partidos “pro-soviéticos” afines traten burdamente de meter todo lo “pro-chino” en un mismo saco), si no están prácticamente desaparecidos en la mayoría de países (salvo honrosas excepciones), son los que más odian a la nueva China que ha despegado con Deng. De hecho, se puede afirmar que los marxistas que, reconociendo el papel positivo desempeñado por Mao Zedong en el pasado, defienden en mayor o menor medida la China actual y las decisiones políticas de Deng Xiaoping, son una rara avis. Como ya dije, las raras excepciones en el movimiento comunista internacional, son por ejemplo el PTB o el PC de Gran Bretaña (marxista-leninista) liderado por el camarada Harpal Brar.(3)

¿Quiénes son, pues, los que supuestamente se dejan llevar por los “cantos de sirena” del PCCh? No hay motivos aparentes para creer que exista ese “peligro” en el seno del movimiento comunista internacional. Probablemente no entiende el camarada Vagenas que, si bien el KKE y otros partidos afines de corte “pro-soviético”(4) incurrieron en su día en un seguidismo ciego de la política de los Jruschov y los Brézhnev, ello no implica necesariamente que todos los demás partidos comunistas tengan que hacer lo mismo. Cree el ladrón que todos son de su condición. Otra posibilidad es que el camarada Vagenas se refiera a fuerzas políticas no-proletarias, con cierta influencia sobre los trabajadores en Europa, a las que la dirección del KKE califica de oportunistas y reformistas. Por ejemplo, en nuestro país tenemos al PCE, que es una fuerza política que mantiene buenas relaciones con el PCCh y que es entusiasta de la construcción económica en China(5) (actitud que es de alabar por mi parte, aunque con matices). Pero aún siendo esto cierto, si el camarada Vagenas comienza su artículo afirmando que “los comunistas no deberían dejarse llevar plenamente por lo que decía el PCUS”, de allí se infiere que se dirige al movimiento comunista más genuino, es decir, el que tiene - al menos en lo formal - al marxismo-leninismo como principio rector. Y como ya he dicho antes, son más bien pocos los partidos comunistas, de la corriente o tradición que sea, que hagan una valoración positiva de China en la actualidad. Si acaso, puede que algún partido comunista en un país del “tercer mundo” que tenga relaciones comerciales ventajosas con China, pero aún así sería escaso su número. Por lo que no se puede considerar que exista una “tendencia peligrosa” en el seno del movimiento comunista “oficial” a que proliferen las opiniones favorables a China. Por ello, el camarada Vagenas debería decir abiertamente quiénes son los que supuestamente se “dejan llevar” por esos “cantos de sirena” del PCCh. Finalmente, si bien es cierto que los partidos comunistas “no deberían dejarse llevar” por lo que digan otros partidos comunistas en el poder, entonces, ¿por qué el camarada Vagenas repite en su artículo los viejos clichés y prejuicios anti-chinos divulgados en su día por los Jruschov y los Brézhnev? Una cosa es la crítica, legítima y necesaria, y otra cosa es la calumnia, como veremos después.

En este escrito trataré de refutar algunas de las acusaciones que el camarada Vagenas hace contra China y contra el PCCh, acusaciones que provienen de una concepción del mundo alejada del materialismo dialéctico, la base científica del marxismo. Esta iniciativa me parece necesaria, máxime cuando, aparte de lanzar contra China acusaciones gravísimas que en última instancia solamente benefician al imperialismo, en su artículo el camarada Vagenas se permite decir barbaridades como que “China es miembro de la ONU desde su fundación” (sic) difíciles de creer por parte de un cuadro comunista. Más escandaloso aún es que nadie hasta ahora se haya molestado en publicar una mínima crítica ante tales meteduras de pata. Muy al contrario, algunos de los admiradores del KKE, desde el fanatismo, o simplemente desde una ignorancia descomunal, jalean a sus dirigentes por sus ataques a China, sin haberse molestado en leer otros análisis más desapasionados y menos unilaterales, o sin haber hecho el esfuerzo de documentarse sobre la historia de China y del PCCh.

Evidentemente, muchos podrán preguntarse: ¿por qué ahora este escrito, transcurridos ya más de 3 años desde la publicación del artículo de Elisseos Vagenas? La respuesta es que, ha sido en los últimos años cuando me he dado cuenta de la importancia trascendental de defender a la República Popular de China, país que está transformando las condiciones de vida de una quinta parte de la humanidad, y que está jugando un papel de importancia histórica en las relaciones diplomáticas y comerciales con los países del llamado “tercer mundo”. Luego, está el deber ineludible para todo comunista de defender el socialismo, o si algunos prefieren, los restos de socialismo que aún permanecen en China. Tarea a la que no se puede faltar, ni siquiera por medio de coartadas baratas, y a la que han faltado muchos “comunistas” en Occidente, bien sea por dogmatismo, por ignorancia, por cobardía, o simplemente porque durante muchos años han estado recluidos en sus casas sin saber qué hacer después de que los cascotes del muro de Berlín les cayeran encima de la cabeza – antes de reiniciar su actividad política, en los años recientes, con una fraseología ahora ultra-revolucionaria. Muchos de estos comunistas, algunos de ellos muy “pro-soviéticos”, que hasta hace poco estaban recluidos en sus casas, y que en su día defendían con vehemencia la perestroika, ahora juegan a la “revolución” desde la aventajada posición que les otorga su estatus de miembros de la aristocracia obrera (desgraciadamente la intelectualidad marxista-leninista en España está copada por estos elementos sociales). Y hoy atacan con fiereza a China, aparentemente por no haber seguido el mismo camino que la Unión Soviética, o al menos mantienen una postura de falsa equidistancia entre China y el imperialismo. En este artículo veremos los motivos históricos que están detrás de este tipo de posicionamiento. Pero no me puedo resistir a decir ahora que tras esta pantalla ultra-revolucionaria, que denuncia a China por no tener un socialismo tan puro como quisieran ellos, realmente lo que se esconde es que durante los años 90 este tipo de dogmático-oportunistas no fueron capaces de soportar la enorme presión anticomunista que los regímenes otánicos ejercieron sobre ellos. Y es que tratar de comprender y después defender a un país socialista tan complejo como China, no es cosa fácil. Por eso es comprensible que para algunos sea mucho más fácil desertar del campo de batalla ideológico y optar por lo fácil, que es unirse al campo enemigo en lo discursivo.

Otro motivo para la redacción de este escrito es que durante mi breve vida militante también pude darme cuenta de la elevada capacidad de influencia que tiene la dirección del KKE sobre muchos comunistas en España(6), que en mi opinión se debe, al menos parcialmente, a una excesiva admiración por las elaboraciones teóricas del KKE, siendo éste el caso del artículo de Elisseos Vagenas. Ciertamente, el KKE ha escrito materiales brillantes sobre ciertas cuestiones (como ya dije, las causas de la derrota del socialismo en la Unión Soviética, por citar un ejemplo). Pero con la creencia de que las posiciones políticas de la dirección del KKE no son siempre correctas, y habiéndome dado cuenta de cuál era la percepción general sobre China desde el seno de la izquierda en general (no solamente en el seno del llamado movimiento comunista, sino también en el seno del eurocomunismo, del trotskismo y otros muchos movimientos políticos y sociales), decidí emprender la escritura de este artículo para refutar ciertos prejuicios que imperan en el seno de la izquierda y ciertas calumnias que el camarada Vagenas escribe en su artículo, con el fin de ofrecer un punto de vista diferente sobre China. No se puede dejar que los comunistas, en especial los más jóvenes, que son la semilla del futuro, estén abandonados a su suerte para que las ideas equivocadas campen a sus anchas, sin que uno al menos alce la voz para poner las cosas en su sitio.

Pero, aún así, muchos podrán preguntarse, ¿por qué ahora, después de tres años? El motivo es que, simplemente, antes la escritura de este artículo no era una prioridad, o simplemente, por una cuestión de “disciplina militante”, no era posible emprender este tipo de iniciativas. Ahora que me veo libre de ataduras, puedo por fin acometer una tarea que hace años no era una prioridad pero ahora considero oportuna, para defender a China de los ataques infundados de la que es objeto. Y no solamente desde los sectores “pro-soviéticos” (KKE y partidos afines), sino también desde otras corrientes, como los propios maoístas a quienes la dirección del KKE tanto pretende oponerse, así como los hoxhistas y los trotskistas. Curiosamente, todos éstos coinciden en la crítica a China, con lo que se produce una especie de maridaje difícil de explicar en un primer momento, pero que se puede comprender, si uno tiene en cuenta que todos ellos tienen un denominador común, que es la concepción dogmático-revisionista del marxismo-leninismo. Por ello, las conclusiones prácticas que sacan hoxhistas, maoístas y jruschovistas-brezhnevianos en relación a China no se diferencian en nada de las de los trotskistas. Con este escrito pretendo explicar que esta coincidencia no siempre es fruto de la casualidad.

II. El dogmático-revisionismo

Este concepto, empleado a menudo en este artículo, que fue inspirado por el concepto de “dogmático-reformismo” acuñado por el compañero José María Rodríguez en su obra “El dogmatismo, la otra cara del oportunismo”(7), requiere ser explicado.

En primer lugar, hay que aclarar que cuando empleo este término es solamente para caracterizar la concepción del mundo que subyace tras el artículo del camarada Vagenas, principalmente en lo que respecta a la actitud que él adopta hacia China. Pero no pretendo con ello hacerlo extensivo a toda la actividad política del KKE y demás partidos afines, puesto que no es el objetivo de este artículo. Si empleo este término es porque, aparte de tergiversar los hechos históricos y la realidad de China, en su afán por atacarla el camarada Vagenas incurre en ciertas distorsiones revisionistas de la teoría marxista-leninista. Estas desviaciones de la teoría marxista-leninista provienen de una concepción del mundo, muy propia de los comunistas dogmáticos de corte “pro-soviético”, que considero estar radicalmente alejada de la concepción materialista dialéctica de mundo, base filosófica del marxismo.

No existe un único tipo de dogmático-revisionismo (también existe en su variante hoxhista, maoísta, etc.) pero como este artículo es una crítica a un artículo de un destacado cuadro del KKE, me centraré en la variante de dogmático-revisionismo que subyace tras el artículo de Elisseos Vagenas, que es la variante jruschovista-brezhneviana. Afirmación que probablemente sorprenderá a muchos, pero lo cierto es que, si bien la dirección del KKE ha restablecido una serie de principios elementales del marxismo-leninismo que fueron tergiversados en su día por el PCUS, de la lectura del artículo del camarada Vagenas se extrae la conclusión de que, en realidad, no ha roto por completo con el revisionismo instaurado en los partidos comunistas de orientación “pro-soviética” a partir del XX Congreso del PCUS, como veremos a continuación. Si bien, en el plano formal, la dirección del KKE ha corregido ciertas tesis erróneas que había heredado de su pasado de seguidismo hacia el PCUS, en esencia no ha roto con la concepción metafísica y esclerótica del marxismo-leninismo que caracterizó a los Jruschov y los Brézhnev. Cosa que se percibe perfectamente en el artículo del camarada Vagenas.

Aunque no conviene extenderse demasiado en este punto, es importante tratar esta cuestión porque nos permitirá comprender mejor el origen de la concepción del mundo del camarada Vagenas y en particular del odio acérrimo que siente hacia la República Popular China y hacia el pueblo chino en general.

El revisionismo moderno

Conviene, pues, en primer lugar, hacer un muy breve recordatorio de las tergiversaciones revisionistas de la teoría marxista-leninista que hicieron los dirigentes del PCUS tras la muerte de Stalin, y que tanto daño hicieron a la causa del comunismo en el mundo entero. Estas son unas cuestiones ya conocidas por muchos comunistas en España, pero probablemente no lo sean tanto para ciertos sectores del movimiento comunista, en especial los más jóvenes. Por ello, lamento el no poder extenderme mucho en estas cuestiones, que comentaré muy sucintamente.(8)

En el XX Congreso del PCUS (1956), en el que el grupo de Jruschov se hizo con el poder, y claramente en contraposición a la política anterior encabezada por Stalin:

Se hizo una negación completa y unilateral de Stalin, a quien se condenó como un líder despótico y criminal, lanzándose contra su figura una serie de acusaciones calumniosas y sin fundamento. Algo parecido a lo que hace el camarada Vagenas con la República Popular de China. Con aquella negación de Stalin que hizo Jruschov en su famoso “informe secreto”, se asestaba ya un primer golpe mortal a la dialéctica, puesto que se echaba a Stalin toda la culpa de los males habidos y por haber en la Unión Soviética(9), rompiendo así con la tradición bolchevique de crítica y autocrítica, y abriendo paso a la autocomplacencia que tanto caracterizó a los dirigentes soviéticos tras la muerte de Stalin. Se proclamó que, debido a la invención del arma nuclear y la aparición de unas supuestas “nuevas condiciones” en la situación internacional, la coexistencia pacífica con los Estados capitalistas pasaba a ser la línea general de la política exterior de los países socialistas y el “imperativo categórico de los tiempos presentes”(10). Al formular esta tesis, los revisionistas soviéticos pretendían subordinar las luchas revolucionarias en todo el mundo a la paz con los imperialistas norteamericanos. Usando como pretexto la existencia del arma nuclear, aseguraron que las guerras ya eran totalmente evitables y que ya no existía el peligro de una nueva guerra mundial. Para Jruschov, el arma nuclear venía a sustituir a la lucha de clases como motor de la historia. Por ello, los países socialistas, con la Unión Soviética a la cabeza, debían convencer a los imperialistas del “sinsentido” que era la guerra y trabajar con ellos por el desarme mundial. Así, los destinos del mundo debían ser regidos exclusivamente por los Estados Unidos y la Unión Soviética, aunque fuera a costa de sabotear la lucha de la clase obrera y las luchas antiimperialistas en todo el mundo, y practicando una política chovinista de gran potencia.(11) Mientras tanto, los sistemas socialista y capitalista debían dedicarse a una competición o “emulación pacífica” que convencería a los imperialistas de las ventajas del socialismo. Mediante esta “competición” el capitalismo se derrumbaría por sí sólo(12), por no decir que los capitalistas se pasarían voluntariamente al bando del comunismo.(13)

Se tergiversó la estrategia revolucionaria del proletariado, justificando las posiciones reformistas en el movimiento obrero de los países capitalistas. En coherencia con la tesis de la “coexistencia pacífica”, los revisionistas soviéticos también se inventaron unas “nuevas condiciones” en los países capitalistas, que les permitían generalizar la posibilidad de pasar del capitalismo al socialismo por la vía pacífica y parlamentaria. Esta tesis no era más que un refrito de las antiguas posiciones reformistas de Bernstein y Kautsky, que décadas antes que Jruschov habían traicionado a la clase obrera negando la revolución y la dictadura del proletariado. Así, se invitaba a los partidos comunistas del mundo a seguir una línea de claudicación y colaboración con sus respectivas burguesías. Posteriormente, la dirección del PCUS difundió la creencia de que cualquier país podía construir el socialismo, sean cuales fueran sus dirigentes. El caso de la India de Nehru es el ejemplo paradigmático de este tipo de ilusiones reformistas e idealistas.

En el terreno económico, se tomaron una serie de medidas, que en lugar de fomentar el avance hacia el comunismo, fortalecían y ampliaban las relaciones monetario-mercantiles. Se dejó de considerar el intercambio de mercancías (que se producía entre las granjas colectivas y el Estado) como un hecho necesario pero accidental, y por lo tanto temporal, de la construcción socialista, para pasar a la creencia de que la producción de mercancías era necesaria en general en el socialismo y que la ley del valor también tenía una validez universal para la construcción del socialismo y del comunismo. Así, entre otras medidas, se amplió la esfera de circulación de mercancías, vendiendo a las granjas colectivas las Estaciones de Máquinas y Tractores, que pasaron a ser propiedad privada de las mismas.

Posteriormente, en el XXII Congreso del PCUS (1961), los dirigentes del PCUS profundizaron aun más en la revisión del marxismo-leninismo.

Exagerando los logros de la construcción socialista en la Unión Soviética, e ignorando las contradicciones internas (campo-ciudad, mercancía-propiedad social, trabajo manual-intelectual, burguesía-proletariado) que se han de superar en el avance hacia el comunismo, los revisionistas soviéticos declararon que la etapa socialista ya había concluido y que la Unión Soviética pasaba edificar el comunismo, la sociedad sin clases. En base a esta premisa, se permitieron afirmar que ya no era necesaria la dictadura del proletariado en la Unión Soviética, puesto que la lucha de clases había llegado a su fin. Así, eliminaron el carácter de clase del Estado soviético, declarándolo “Estado de todo el pueblo”. Durante varias décadas, esto sirvió de cobertura para que elementos burgueses o pre-burgueses, corrompidos y tecnocráticos de la sociedad soviética se hicieran con las riendas del Estado y de las empresas estatales, separándose cada vez más del pueblo y actuando en los hechos como capitalistas, hasta que terminaran apropiándose del patrimonio del pueblo soviético en la contrarrevolución de los años 89-91.

En coherencia con la fundamentación de que ya no había lucha de clases en la Unión Soviética y de que ésta se disponía a entrar en el comunismo, los revisionistas soviéticos eliminaron el carácter proletario del PCUS, declarándolo “partido de todo el pueblo”. Esto permitió a su vez que todo tipo de elementos sociales ingresaran en el PCUS sin ningún control sobre ellos o fiscalización de su compromiso con la revolución socialista. Huelga decir que esta eliminación del carácter proletario del partido comunista se extendió a muchos otros partidos comunistas del mundo leales a la dirección del PCUS.

Posteriormente, bajo el periodo de Brézhnev, entre 1965 y 1982 (periodo con el que claramente se identifica el camarada Vagenas, como se puede inferir de la lectura de su artículo), se introdujeron algunos cambios formales en la línea política del PCUS, sin renunciar a la esencia revisionista que la caracterizaba. Otros aspectos de la línea revisionista se mantuvieron intactos.

En efecto, ante el descontento que generaba en las bases del Partido la revisión histórica de la figura de Stalin y la línea derechista que llevaba Jruschov en materia de política internacional, con Brézhnev cesaron los ataques abiertos contra Stalin.(14) También se dejó de hablar obsesivamente de las ventajas de la “coexistencia pacífica” como panacea que iba a resolver todos los problemas del mundo. Al contrario, la política exterior de la Unión Soviética se orientó hacia una mayor confrontación con el imperialismo y hacia una mayor colaboración con las luchas antiimperialistas y socialistas de los pueblos del mundo (el giro radical de la Unión Soviética en 1965 al decidir apoyar militarmente a Vietnam, así como los ejemplos de Etiopía, Angola, Afganistán, Nicaragua, etc., dan fe de ello). Es más, la nueva política de confrontación con el imperialismo adoptó una forma radicalmente opuesta a la anterior política de Jruschov, pasando de la “emulación pacífica” a una frenética carrera armamentística con vistas a superar en capacidad militar a un imperialismo, según Brézhnev “impotente ante la marcha de la historia”(15). Política que sólo sirvió para acelerar el auto-derrumbe de la Unión Soviética.

Sin embargo, en lo que respecta a las tesis sobre el tránsito pacífico hacia el socialismo(16), el “Estado de todo el pueblo” y el “Partido de todo el pueblo”, Brézhnev no las refutó lo más mínimo, e incluso las desarrolló(17). Y si bien en materia de política internacional parecía producirse un giro a la izquierda, en la política interior se profundizaron a un ritmo incomparablemente mayor las medidas tendentes a la restauración del capitalismo. En este sentido fue clave la “Reforma Kosygin”(18) del año 1965, que torpedeó la planificación central, al establecer que los planes quinquenales ya no eran de obligado cumplimiento sino que eran simplemente un conjunto de “directrices”, y que cada empresa estatal tomada por separado debía buscar la máxima ganancia y rentabilidad. Entre otras medidas, se exigió que las empresas estatales tuvieran que pagar por los medios de producción. De esta forma, las empresas estatales pasaron en los hechos a funcionar como empresas capitalistas. A partir de allí el mercado negro creció como la espuma y proliferaron aún más los elementos capitalistas, que ya se habían distanciado del pueblo y ocupado posiciones de privilegio con Jruschov, y que pasaron luego a conocerse como los “nuevos ricos de Brézhnev”.

El reverso metafísico del revisionismo jruschovista

Aunque en algunas cuestiones se produjera un giro radical con respecto a la etapa anterior, es importante señalar que, en conjunto, la política de Brézhnev mantenía la misma raíz metafísica que caracterizaba al revisionismo de Jruschov.

Para justificar sus tergiversaciones del marxismo-leninismo en una serie de cuestiones esenciales, los revisionistas soviéticos tuvieron que extirpar la médula materialista dialéctica del marxismo-leninismo, volviendo a éste metafísico (y por lo tanto revisionista). Stalin explicaba que “por oposición a la metafísica, la dialéctica no considera la naturaleza como un conglomerado casual de objetos y fenómenos, desligados y aislados unos de otros y sin ninguna relación de dependencia entre sí, sino como un todo articulado y único, en el que los objetos y los fenómenos se hallan orgánicamente vinculados unos a otros, dependen unos de otros y se condicionan los unos a los otros.”(19) A la hora de formular sus postulados sobre una serie de cuestiones elementales de la revolución proletaria (la lucha de clases, la revolución proletaria, la guerra y la paz, la transición al socialismo, la economía política del socialismo, etc.), los revisionistas soviéticos se alejaron del principio de que “los objetos y los fenómenos se hallan orgánicamente vinculados unos a otros, dependen unos de otros y se condicionan los unos a los otros”. Así, no siendo capaces de ver la vinculación entre los múltiples aspectos que revisten aquellas cuestiones elementales, y en especial la vinculación que existe entre las diversas contradicciones del mundo,(20) los revisionistas soviéticos tendieron a exagerar unilateralmente y de forma subjetivista sólo una parte (la que les interesaba) de estos fenómenos, o sólo una de las distintas contradicciones del mundo, en detrimento de todos los demás, falseando así la realidad. Como decía el PCCh en 1963, “quien haga conjeturas subjetivas eludiendo el análisis de clase concreto o aferrándose al azar a ciertos fenómenos superficiales, no podrá de ninguna manera llegar a conclusiones correctas con respecto a la línea general movimiento comunista internacional y se deslizará inevitablemente por una senda totalmente distinta de la del marxismo-leninismo”.

Así, para vender su tesis sobre el “Estado de todo el pueblo”, los revisionistas soviéticos exageraron los logros de la construcción socialista en la Unión Soviética, proclamando con fanfarronería que la Unión Soviética se preparaba para entrar en el comunismo, pero ignorando los retos y las dificultades que acompañaban este proceso (pervivencia de la mercancía, pervivencia de clases no-proletarias como el campesinado koljosiano, elevadas diferencias entre el trabajo manual y el trabajo intelectual, hostilidad del campo imperialista, etc.). Igualmente, para vender su tesis sobre el “Partido de todo el pueblo”, también se agarraron a ciertos logros de la construcción socialista (la expropiación de los capitalistas, la liquidación del kulak, los éxitos de la economía planificada, etc.) pero ignoraron la contradicción entre burguesía y proletariado, que sigue existiendo e incluso se agudiza bajo el socialismo, y menospreciaron la existencia de clases pequeño-burguesas como el campesinado y de estratos no-proletarios como la llamada ‘intelligentsia’. En cuanto a la línea de “coexistencia pacífica”, los revisionistas soviéticos exageraron unilateralmente solamente una de las múltiples contradicciones del mundo, en detrimento de las demás, a saber, la contradicción entre el sistema capitalista y el sistema socialista.

Dejemos que sean los propios comunistas chinos quienes lo expliquen. En 1963, el PCCh escribía: “En el problema de las contradicciones fundamentales del mundo contemporáneo, deben ser sometidos a crítica los puntos de vista erróneos que consisten […] en reconocer tan sólo la contradicción entre el campo socialista y el campo imperialista, desatendiendo o subestimando las contradicciones entre el proletariado y la burguesía en el mundo capitalista.”(22) Esta visión metafísica, que los comunistas chinos achacaban a los dirigentes del PCUS, ponía el acento en la contradicción entre el campo socialista y el campo imperialista, desatendiendo la lucha de la clase obrera en los países capitalistas así como las luchas de liberación nacional en todo el mundo, fueron causa y al mismo tiempo consecuencia de ese chovinismo de gran potencia soviético(23) que, aunque ya tenía sus raíces, empezó a germinar con Jruschov y después se desarrolló mucho más con Brézhnev. Usando como pretexto el arma nuclear y la innegable fuerza que tenía el campo socialista que surgió después de la II Guerra Mundial, a partir del XX Congreso del PCUS, los dirigentes soviéticos creyeron que ellos solos, conjuntamente con el imperialismo norteamericano, podían regir los destinos del mundo. Estos factores, añadidos a la presión que suponía la amenaza militar del imperialismo (particularmente la amenaza nuclear), fueron lo que dio lugar a la tergiversación revisionista que hizo Jruschov de la tesis leninista de coexistencia pacífica, que subordinaba las luchas proletarias y de liberación nacional a los intereses de los dirigentes soviéticos.

A raíz de esto, en el PCUS nació una tendencia a querer atribuirse un papel de “mando” en el seno del movimiento comunista internacional (cosa que empezaron a hacer tratando de imponer la línea del XX Congreso del PCUS al resto de partidos comunistas hermanos) y a tutelar los movimientos de liberación nacional en el mundo que luchaban contra el imperialismo. Fenómeno que los comunistas chinos definieron a posteriori como “hegemonismo” (eso antes de condenar erróneamente a la Unión Soviética como “social-imperialista”). En 1963, el PCCh escribía: “La superioridad del sistema socialista y los éxitos de los países socialistas en su edificación, desempeñan un papel ejemplar y alentador para los pueblos y naciones oprimidos. Sin embargo, este papel ejemplar y alentador no puede, ni mucho menos, reemplazar la lucha revolucionaria(24) de los pueblos y naciones oprimidos. Todos ellos pueden conquistar la liberación sólo mediante su propia y decidida lucha revolucionaria.” Y en otro artículo: “La carta abierta del CC del PCUS interpreta a su modo las relaciones de apoyo mutuo entre el campo socialista y el movimiento obrero de los países capitalistas de una parte y el movimiento de liberación nacional de otra, afirmando que el movimiento de liberación nacional debe ser “dirigido” por los países socialistas y el movimiento obrero de los países metropolitanos. Dice arbitrariamente que esta interpretación “se basa” en la idea de Lenin de la hegemonía del proletariado. Esta es evidentemente una enorme deformación y adulteración de la idea de Lenin, y demuestra que los dirigentes del PCUS quieren imponer al movimiento revolucionario de las naciones oprimidas su línea encaminada a liquidar las revoluciones.”(25)

Dicho esto, es preciso comprender que posteriormente con Brézhnev, si bien la política exterior de la Unión Soviética había dado un giro a la izquierda con respecto a la línea revisionista de Jruschov, dejando a un lado la apología obsesiva de la “coexistencia pacífica”, aquella política siguió manteniendo el mismo fondo reaccionario, la misma naturaleza chovinista de gran potencia. Chovinismo de gran potencia que con Brézhnev alcanzó cotas mayores. Si para Jruschov el arma nuclear venía a ser el nuevo motor de la historia, para Brézhnev el motor de la historia es el campo socialista, con la Unión Soviética a la cabeza. Pero para ambos, la Unión Soviética es la “fuerza motriz” que por sí sola hace avanzar la causa del socialismo en el mundo. En su informe ante el XXIV Congreso del PCUS, en 1971, Brézhnev afirma: “El sistema socialista mundial representa la fuerza decisiva en la lucha antiimperialista […](26) Cada vez que haga falta ayudar a las víctimas de una agresión, el soldado soviético aparece ante el mundo como un patriota desinteresado y valiente, como un internacionalista dispuesto a superar cualquier dificultad”. Pero pese a todas estas bonitas palabras y todos los buenos propósitos, esta afirmación suponía una tergiversación de la teoría marxista-leninista de la revolución. Como decía Ludo Martens, criticando estas mismas tesis: “Al decir que la Unión Soviética es la “fuerza decisiva” en la lucha antiimperialista, Brézhnev tiende a colocar a los países y a los pueblos anti-imperialistas bajo su “protección”. Rechaza el punto de partida de toda visión revolucionaria del mundo: son los pueblos los que hacen la historia; las masas trabajadoras del tercer mundo son los artífices de su propia liberación; la conciencia anti-imperialista, la capacidad de organización y la potencia de combate de los pueblos del tercer mundo son el factor principal en la lucha antiimperialista.” Y no el “sistema socialista mundial”, como pretendían los revisionistas soviéticos. Esto lo entendía perfectamente Lenin, que era consciente de la significación histórica de la Revolución de Octubre, pero que aún así no pretendía hacer de la experiencia soviética un modelo de validez universal que hubiera que copiar en todas partes, ni otorgarle a la Rusia soviética un papel de “líder” que tuviera que ser la “fuerza decisiva” que empujase la revolución en el resto del mundo. En su polémica con Bujarin y los “comunistas de izquierda” durante las negociaciones de paz de Brest-Litovsk en 1918, Lenin afirmaba que “…esta nueva sociedad [la soviética] es también una abstracción que sólo puede hacerse realidad mediante intentos concretos, imperfectos y variados de crear uno u otro Estado socialista. […] solamente por medio de una serie de tentativas –cada una de las cuales, tomada por separado, será unilateral y adolecerá de ciertas inconsecuencias– se creará el socialismo integral, producto de la colaboración revolucionaria de los proletarios de todos los países.”(27)

Por lo tanto, para Brézhnev el triunfo del socialismo en el mundo no se produciría por una serie de saltos cualitativos que supondría la suma de “intentos concretos, imperfectos y variados de crear uno u otro Estado socialista”, sino que vendría de la mano de pequeños crecimientos cuantitativos de la “esfera de influencia” soviética a lo largo y ancho del mundo (con intervenciones militares incluidas). Perdiendo así de vista una ley elemental de la dialéctica, que es la de la prioridad de los saltos cualitativos sobre los saltos cuantitativos. Este crecimiento en la tendencia hacia el hegemonismo es lo que dio origen a una formulación teórica cosecha de Brézhnev, que fue la teoría del “desarrollo no-capitalista”. Siguiendo un hilo de continuidad con el revisionismo jruschovista, Brézhnev consideraba a una serie de países del tercer mundo bajo “protección” soviética como “países de orientación socialista”, pese a que en los hechos fueran países feudales, semi-feudales o sencillamente con regímenes burgueses. Este era el caso de países con condiciones sociales y económicas tan dispares como Angola, Mozambique, Siria, Birmania, Etiopía, Afganistán o Yemen del Sur(28). En su informe ante el XXV Congreso del PCUS, en 1976, Brézhnev dice: “El desarrollo de los países socialistas, el crecimiento de su potencia y de su influencia benéfica, ejercida por su política internacional, constituye hoy el eje principal del progreso de la humanidad. La fuerza de atracción del socialismo ha crecido todavía más, gracias a la crisis que ha estallado en los países capitalistas […] El socialismo ejerce desde entonces una inmensa influencia sobre las ideas de cientos de millones de hombres en el mundo […] Sirve de bastión para los pueblos que luchan por su libertad y su independencia.” Pero al considerar al llamado “campo socialista” como la fuerza motriz del desarrollo social de los países del tercer mundo, Brézhnev obviaba la necesidad de que los pueblos bajo “protección” soviética acometieran su propio y genuino desarrollo de manera autónoma y mediante la movilización de las masas, pasando por las diversas tareas históricas que necesitaran resolver (revoluciones burguesas, anti-feudales, anticoloniales, etc., con su fase de desarrollo capitalista incluida), como enseña el materialismo histórico. Y no mediante una simple “integración” en el “sistema socialista mundial”, como trató de hacer la Unión Soviética por ejemplo con Cuba, con consecuencias nefastas para ésta. Tan pronto como se desintegró aquel “campo socialista”, muchos de aquellos países se orientaron hacia la globalización neo-liberal, y sus partidos dirigentes se quitaron la etiqueta de “marxista-leninista” de la noche a la mañana, como les pasó al MPLA, el FRELIMO o el SWAPO.

Para terminar con Brézhnev, la tendencia hacia el hegemonismo alcanzó su culmen con la formulación de la doctrina de la “soberanía limitada” o “doctrina Brézhnev”, que supuso un grave atentado al principio leninista del derecho a la autodeterminación de los pueblos. En un discurso ante el Soviet Supremo en 1968, Brézhnev dice: “Cuando hay fuerzas que son hostiles al socialismo y tratan de cambiar el desarrollo de algún país socialista hacia el capitalismo, se convierten no sólo en un problema del país concerniente, sino un problema común que concierne a todos los países socialistas.” Esta tesis, muy discutible, fue lo que permitió a Brézhnev justificar la intervención del Pacto de Varsovia en Checoslovaquia en 1968, para frenar la contrarrevolución que allí se estaba produciendo.(29) Este tipo de concepciones siguen calando fuerte en los dogmáticos “pro-soviéticos”, y en especial los de nuestras latitudes, cuando, en un afán por demostrar su lealtad hacia el llamado “campo socialista”, o por mostrar no se sabe qué pose “radical”, jalean como hooligans la intervención en Checoslovaquia de 1968 calificándola de “internacionalismo proletario”(30). Pero lo cierto es que aquellos que hicieron efectiva la intervención de los ejércitos en Checoslovaquia (es decir, los dirigentes soviéticos, para qué nos vamos a engañar) eran los mismos que en ese momento estaban restableciendo paulatinamente el capitalismo en la Unión Soviética. Y que habían contribuido ellos mismos al florecimiento de aquella “Primavera de Praga” encabezada por Alexander Dubcek, al dar pábulo en el este de Europa a las concepciones políticas y económicas revisionistas que ellos llevaban a la práctica en la Unión Soviética. Por lo tanto, más que de “internacionalismo”, cabe hablar de mucha realpolitik ante el inminente peligro de que una Checoslovaquia bajo “esfera de influencia” soviética se pasara al campo occidental. Afirmar que esto fuese un “mal menor”, es lícito y hasta respetable. Pero hablar de “internacionalismo proletario”, aunque quede mucho más bonito, ya es otra cosa más discutible. La “doctrina Brézhnev” también está muy presente en la consciencia de los dogmático-revisionistas “pro-soviéticos” cuando, con los mismos argumentos, justifican la invasión y posterior ocupación de Kampuchea por los vietnamitas a partir de 1979, cuestión que abordaremos después.

El KKE

Tras la contrarrevolución en la Unión Soviética, el KKE tuvo en un primer momento una actitud consecuente, al no renunciar al marxismo-leninismo y al objetivo estratégico de revolución socialista, no dejándose amilanar por la propaganda anticomunista post-guerra fría ni dejarse seducir por los cantos de sirena del revisionismo gorbachoviano. Después, tuvo la sincera voluntad de aprender de los errores del pasado, haciendo un balance de la construcción socialista en la Unión Soviética, especialmente tras la muerte de Stalin. Fue capaz de ver en los errores del XX Congreso (y posteriores Congresos) del PCUS las causas de la degeneración revisionista que condujo a la restauración del capitalismo. Sin embargo, nada de lo que haya podido concluir el KKE acerca del XX y del XXII Congresos del PCUS es algo que antes no hayan dicho, criticado y analizado sobradamente el PCCh en los años 60. Cosa que la dirección del KKE (y de partidos afines) no está, ni probablemente estará dispuesta a reconocer, lo cual indica que no ha roto totalmente con su pasado de seguidismo al PCUS jruschovista. Y esto es lo que en gran parte explica ciertas posiciones que el camarada Vagenas adopta en su artículo.

Pero en realidad, tras una apariencia de rechazo a las tesis más derechistas del revisionismo moderno, la dirección del KKE sigue compartiendo la misma raíz idealista y metafísica que caracterizó al revisionismo de los Jruschov y los Brézhnev. Ciertamente, hoy ha comprendido la necesidad de oponerse a los efectos más perniciosos del revisionismo moderno, que condujeron a la contrarrevolución en la Unión Soviética y a la liquidación de muchos partidos comunistas. Incluso comprende que el origen de este revisionismo se sitúa en el XX Congreso del PCUS. Pero tras décadas de seguidismo de la línea revisionista del PCUS, al no haberse educado durante todo este tiempo en el espíritu del bolchevismo y en el pensamiento dialéctico en general, en los años 90 el KKE se vio en la tesitura de “redescubrir” un marxismo-leninismo más “genuino”. Pero como suele ocurrir cuando ciertos partidos comunistas asumen los principios revolucionarios e inician una etapa de bolchevización tras años de “amnesia revolucionaria”, es decir, cuando “vuelven a nacer”, por hacer un símil, aquellos no pueden sino recuperar la ciencia marxista-leninista bajo una forma “infantil”. Es por ello que, al luchar contra el revisionismo de derecha, y todo lo que le viene asociado (ya sea reformismo, postmodernismo, socialdemocratismo, etc.), los partidos como el KKE han emprendido esta lucha pero desde el reverso metafísico del revisionismo de derecha, es decir, a la manera “izquierdista”, aquello que Lenin calificaba de enfermedad infantil del comunismo.

Así, en su afán por luchar contra el revisionismo de derecha, el KKE y partidos afines, tan carentes de pensamiento dialéctico, se pasan al otro extremo y emprenden esta lucha “desde la izquierda”, no advirtiendo que están cayendo en otro revisionismo, esta vez de tipo “izquierdista”. Al igual que ocurriera en el pasado con los revisionistas tipo Brézhnev, este revisionismo “de izquierda” se distancia de la realidad y engaña a sus bases militantes con una fraseología abstracta y estéril que vive de recitar de memoria un par de citas de los clásicos del marxismo-leninismo. Y al igual que hicieran los revisionistas soviéticos en el pasado, hace énfasis de forma demasiado unilateral en sólo una parte de los múltiples aspectos que existen en cada cuestión elemental que trata la teoría marxista-leninista, tergiversándola por tanto. Este revisionismo “de izquierda” caracterizado por una fraseología seudo-radical atraviesa todo el artículo del camarada Vagenas.

Como ya dije, con este escrito no pretendo hacer un análisis exhaustivo de la línea política del KKE, puesto que no es ése su cometido. Pero con el fin de comprender la naturaleza del pensamiento metafísico del camarada Vagenas, me limitaré a dar una serie de pistas que sirvan para ilustrar esta mutación del KKE (y partidos afines), de partido jruschovista-brezhneviano que era en el pasado a partido revisionista “de izquierda” que es en la actualidad. Sirva esto de adelanto de algunas cuestiones, relacionadas con las acusaciones que hace el camarada Vagenas contra China, sobre las que se volverá más adelante. Sobre otras cuestiones, que tienen más que ver con la política del KKE en su propio país, insisto en que no puedo ni debo extenderme demasiado, siendo esto más bien objeto de otro artículo.

Hoy, la dirección del KKE entiende que, contrariamente a lo que decía la tesis sobre el tránsito pacífico hacia el socialismo, no es posible que la clase obrera alcance el poder político sin un “derrocamiento violento”, como tanto le gusta decir. Entiende que no se deben subestimar las fuerzas de la reacción y que el partido comunista siempre ha de estar preparado para organizar la revolución proletaria para arrebatarle el poder a la burguesía, porque en un momento dado ésta no dudará en orquestar golpes de Estado, represiones sangrientas y recurrir a todo tipo de artimañas políticas para evitarlo. Pero al asumir este principio, partiendo de una postura de subestimación del peligro de reacción burguesa, la dirección del KKE se ha pasado al otro extremo y ahora le atribuye a las fuerzas políticas reformistas y socialdemócratas una influencia desmesurada sobre las masas. Esta desviación es lo que lleva, en los hechos, a que el KKE y partidos afines tengan una fijación obsesiva con las fuerzas reformistas, eurocomunistas, “verdes” y no-proletarias en general, considerándolas prácticamente como el enemigo principal, y a ver en todos los movimientos populares espontáneos, cuya naturaleza se sale de lo establecido por su “manual de instrucciones”, conspiraciones de la burguesía para sabotear su lucha (incluso cuando dichos partidos afines tienen un nulo arraigo popular en sus respectivos países).

Esta exageración de la capacidad de influencia del reformismo en el movimiento obrero (que en realidad sólo sirve para excusar la inoperancia y/o la nula influencia de ciertos partidos comunistas, eso sí muy “puros”) se extiende en el caso del camarada Vagenas a la arena internacional, cuando en su artículo acusa a China ni más ni menos que de “capturar el movimiento obrero” (¡qué importa el análisis cuando pueden escribirse tan bellas palabras, camarada Vagenas!) o incluso sacarse de la chistera acusaciones como que el PCCh pide a los partidos comunistas “que se olviden de la lucha de clases”, como si el PCCh no tuviera suficientes problemas en su propio país.

La dirección del KKE rechaza hoy la tesis revisionista sobre el “partido de todo el pueblo”, y defiende el carácter proletario del partido comunista. También renuncia a la tesis jruschovista que defendía que el partido comunista debía hacer un frente común con la socialdemocracia para la revolución socialista.(31) Pero del reconocimiento de la falsedad de esta afirmación, en modo alguno se deduce que no puede haber pactos con partidos socialdemócratas y demás fuerzas reformistas. Así, los partidos como el KKE y afines quieren defender la independencia política del partido comunista hasta el extremo de negarse a todo pacto o maniobra política con fuerzas no-proletarias, lo cual les lleva por una deriva de tipo anarco-sindicalista. Esto se puede constatar por ejemplo en las declaraciones que hizo su secretario general Dimitris Koutsoumpas en el Encuentro de Partidos Comunistas y Obreros del pasado 30 de septiembre de 2013: “En las condiciones del capitalismo monopolista surgen partidos y grupos políticos oportunistas con diversas formas que se escindieron y se diferencian del KKE de diversos modos, sobre todo en el asunto político principal, el de “reforma o revolución”. El KKE no puede hacer ningún tipo de cooperación política con estas fuerzas políticas.” No es cuestión de meternos a analizar a fondo la línea política del KKE, pero pese a toda la fraseología seudo-radical y neo-bakuninista que revisten estas palabras, la dirección del KKE debería explicarnos por qué en 1920, en su obra “La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo”, Lenin censuraba a los comunistas británicos que se negasen por sistema a pactar con los laboristas, y de hecho les instaba a apoyarles bajo ciertas condiciones.(32)

Al final, esta deriva anarco-sindicalista lleva al reformismo que tanto denuncian el KKE y partidos afines, pues si bien han comprendido la importancia de desarrollar una lucha de clases sin cuartel contra la burguesía, aquellos conservan en el fondo el mismo grosero economicismo que caracterizó la época de Jruschov y Brézhnev (ambos reducían el papel de la clase obrera y sus organizaciones en la Unión Soviética al tratamiento de cuestiones meramente técnicas y de gestión)(33). La diferencia es que ahora este economicismo es de signo contrario, considerándose que la huelga general es el principal (y casi el único) medio de lucha de la clase obrera. Pero el socialismo no puede venir por medio de una táctica “cenetista” que consiste en acumular huelgas generales. Creer en eso es una ilusión reformista. Las coartadas retóricas, con sus griteríos histéricos contra las fuerzas “oportunistas” y “reformistas”, y la “no participación en gobiernos de gestión” (fraseología que tiene como fin eludir la responsabilidad de elevar a las masas obreras de la lucha económica a la lucha política) no pueden ocultar esta realidad.

Hoy, la dirección del KKE sabe que la tesis jruschovista del “Estado de todo el pueblo” fue una pantalla para esconder las crecientes diferencias de clase en la Unión Soviética. Hoy entiende que la dictadura del proletariado es fundamental en todo el periodo de construcción socialista para asegurar el paso al comunismo. Pero en su voluntad de restablecer esta tesis marxista-leninista, la dirección del KKE se va al otro extremo y, como puede observarse en el artículo de Elisseos Vagenas, ante la falta de “pureza socialista” de países como China y Vietnam, que no pudieron hacer un calco de la experiencia soviética, niega a éstos la condición de países socialistas e incluso el carácter de clase de sus Estados. Carente de todo pensamiento dialéctico, el camarada Vagenas es incapaz de reconocer la existencia de elementos socialistas en esos países. Hasta Cuba (tal vez el único país socialista existente para la dirección del KKE, por su pasado de alineamiento con el bloque soviético), debido a las últimas reformas “chinificantes” que se han aprobado en la isla, ya no parece tener un socialismo que sea de su agrado. Y al hecho de que durante décadas la construcción del socialismo “con características chinas” haya sido tan sui generis, genera ya de por sí recelos y muchos prejuicios en los sectores dogmáticos (y más aún después del derrumbe del socialismo en el llamado “campo socialista”, que no pudo dejar de tener sus efectos en China) hay que sumarle también todo el odio legado por la era Jruschov-Brézhnev en ciertos comunistas “pro-soviéticos” que reaccionan con histerismo pequeño-burgués ante los progresos y las evoluciones (incluso positivas) de China, a quien además de negarle su condición de país socialista, se sigue acusando de “nacionalista” e incluso de “imperialista”.(34)

Por otra parte, mientras Jruschov negaba la inevitabilidad de la guerra imperialista, y confiaba en el “sentido común” y la benevolencia de los dirigentes del imperialismo, la dirección del KKE entiende hoy que la guerra es inevitable bajo el imperialismo, de la misma manera que éste tiende a la reacción y siempre tratará de destruir de forma implacable a los países socialistas. Pero del embellecimiento del imperialismo y de la idealización de sus dirigentes característicos del revisionismo de Jruschov, la dirección del KKE se ha pasado al otro extremo y ahora ve amenazas de guerra por todas partes y ve malvadas intenciones “imperialistas” en cualquier aspecto de la política comercial y la diplomacia de una serie de países, que difícilmente se pueden calificar de imperialistas, como Rusia y la propia China. Así, según el camarada Vagenas, si China invierte en armamento militar para su propia defensa, es porque prepara una guerra o pretende competir por el “reparto de los mercados” y “saquear los recursos”. Por poco que haga China en la arena internacional, el camarada Vagenas la hace responsable de la explotación de la clase obrera y de los pueblos del tercer mundo, así como del aumento de un peligro de guerra mundial. Por ejemplo, hablando de un acuerdo comercial firmado entre China y Grecia, el camarada Vagenas acusa a China ni más ni menos de socavar “las capacidades de producción del país” y de implicarlo “en antagonismos imperialistas peligrosos”. Como si el propio KKE no tuviera que responsabilizarse en nada de la situación actual de Grecia.

Para el camarada Vagenas, si China llega a acuerdos comerciales con Venezuela, es para “atarla” (sic) como colonia. Del “todo es coexistencia pacífica” de Jruschov, la dirección del KKE ha pasado al “todo es imperialismo”. Para Elisseos Vagenas, todas las economías emergentes (China, India, Rusia, Brasil y quién sabe si Sudáfrica o algún otro país claramente en fase imperialista como Zimbabwe – nótese la ironía) forman todos parte de un mismo conglomerado “imperialista”, igual de nocivo que la triada Estados Unidos-Unión Europea-Japón. En los años 50-60, los comunistas chinos criticaron el programa del XX Congreso del PCUS por negar las contradicciones inherentes al mundo capitalista, creyendo que “la contradicción entre los países imperialistas puede ser reconciliada o eliminada mediante “la conclusión de acuerdo internacionales entre los grandes monopolios”(35). Ahora la dirección del KKE defiende una tesis exactamente contraria, pero igual de revisionista, al no ver más que “antagonismos feroces” y burguesías monopolistas que pretenden “lograr una mejor posición en el sistema capitalista mundial para sí misma”, sin importar el país, ni el régimen económico, o haciendo afirmaciones como la que sigue: “cuando nos centramos en la cooperación entre los países del grupo BRIC […] o en la coordinación que han logrado los ministerios de relaciones exteriores de China, India, Rusia hay que recordar que este es solamente un lado de la realidad imperialista”. Siendo por lo tanto incapaz de ver nada progresista en el auge de las economías del sur, y metiendo a todos los países capitalistas en el mismo saco.

Este tipo de desviaciones de la base dialéctica del marxismo-leninismo son lo que explica algunas de las posturas que adopta el camarada Vagenas en su artículo. Algunas otras desviaciones, como por ejemplo la tendencia a reducirlo todo a la contradicción capital-trabajo, no han sido mencionadas en este breve apartado pero serán tratadas posteriormente.

El dogmatismo: un poco de historia

La otra pata sobre la que descansa el pensamiento dogmático-revisionista es el dogmatismo. También es conveniente hacer una breve reflexión sobre los orígenes del mismo. Porque además de por su actitud consecuente de oposición al revisionismo moderno y a las pretensiones hegemonistas de los Jruschov y los Brézhnev, el PCCh cometió otro “pecado” que genera odio en los dogmático-revisionistas “pro-soviéticos”. Este “pecado” está relacionado con el sencillo hecho de que la revolución china, triunfante en 1949, fue un proceso sui generis que atentó directamente contra una serie de pilares del pensamiento dogmático-revisionista, como son: a) el dogmatismo; b) la dependencia hacia un prestigioso “centro exterior”, es decir un país donde la clase obrera ha tomado el poder, que haga la función de “referente” y de “guía”; y c) en relación con lo anterior, la ineludible necesidad de que exista un “partido-guía” que marque la hoja de ruta de los partidos comunistas. “Partido-guía” que hoy parece que aspira a ser el KKE, sobre una serie de partidos comunistas del mundo con poco arraigo de masas.

Para los dogmático-revisionistas “pro-soviéticos”, ese “centro exterior” no fue otro que la Unión Soviética, debido a que fue en Rusia donde triunfó la primera revolución proletaria victoriosa. Naturalmente, a consecuencia de ello el Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista (IC) se estableció en Moscú, cosa que no se pretende poner en cuestión, puesto que en su día la Unión Soviética era la patria de los trabajadores. Como tampoco se puede criticar que el movimiento comunista internacional creara su destacamento de combate internacional, con un centro de dirección que tuviera cierto poder decisorio. La clase obrera es internacional y se enfrenta también a una burguesía internacional, por lo tanto es lógico que su partido de combate también sea internacional. Lo que sí es rechazable es que sea un partido comunista, un determinado destacamento nacional del movimiento comunista internacional, quién ejerza de centro decisorio, en tanto que “partido-guía”. Esta fue la voluntad de los revisionistas soviéticos a partir del XX Congreso del PCUS, momento a partir del cual la dirección del PCUS trató de imponer su línea y su programa al resto del movimiento comunista internacional, con mayor o menor éxito. Lejos de denunciar esta situación, los dogmático-revisionistas de ahora acogieron en su día con los brazos abiertos los planes del PCUS, que para ellos jugaba inequívocamente ese papel de “partido-guía” que debía marcar la hoja de ruta de los partidos comunistas del resto del mundo. Esto se puede constatar viendo la actitud de ciertos comunistas como Elisseos Vagenas, que se muestran indignados por el hecho de que el PCCh se negara a aceptar que el PCUS impusiera su programa revisionista al conjunto del movimiento comunista internacional. También nos los indica el rencor que aún sienten algunos dogmático-revisionistas hacia el PCCh por haberse negado a acatar las directrices de la IC en los años 30, y en general por las declaraciones hechas por ciertos dogmático-revisionistas que vienen a expresar que el hecho de contradecir la palabra del PCUS es algo así como contradecir la palabra de Dios.

No obstante, no se puede descartar que, incluso en vida de Lenin y de Stalin, el Comité Ejecutivo de la IC, como centro de dirección radicado en Moscú, cometiera una serie de errores de dogmatismo y dirigismo, propios de los que cometería el “partido-guía” al cual me he referido, al pretender imponer un calco de la Revolución de Octubre en el resto de países donde operaban los distintos destacamentos nacionales. Hasta qué punto es esto debido a la influencia que pudiera ejercer el Partido Bolchevique sobre el Comité Ejecutivo de la IC, es algo difícil de valorar y que tal vez nunca se pueda saber a ciencia cierta. Pero se cometieron una serie de errores, surgidos de ciertas concepciones dogmáticas sobre cómo ha de organizarse la revolución (concretamente, la creencia de que bastaría hacer en el resto de países un calco de la Revolución de Octubre), y que en especial se cometieron en China, que nos permiten pensar que el Comité Ejecutivo de la IC se concedió a sí mismo (o se le concedió por parte del resto de partidos comunistas) un carácter de “centro exterior” infalible por su condición de centro de dirección radicado en Moscú. “Centro exterior” que estaría legitimado para tener una actitud paternalista con el resto de partidos comunistas (que no fueran el Partido Bolchevique) y que tuviera la última palabra incluso para decidir sobre la política a llevar en determinadas realidades nacionales que no conocía a fondo, como ocurrió efectivamente en China. En cualquier caso, sería conveniente hacer una reflexión sobre una serie de errores que, en las condiciones de entonces, se pudieron haber cometido en el funcionamiento de la IC, especialmente en el funcionamiento del centralismo democrático y en la aplicación de la línea política de la IC en cada uno de los distintos países donde tenía una destacamento nacional.

Era inevitable que surgieran errores en la primera tentativa del proletariado internacional por hacer la revolución proletaria mundial y por coordinar a los partidos comunistas en una estrategia revolucionaria común, pues no existe obra humana que no conlleve errores. En el caso de China, fueron errores de dogmatismo, subjetivismo y dirigismo que generaron en los años 30 una serie de roces entre la IC y el PCCh, y que terminaron con el desacato de los comunistas chinos a las directrices de la IC… en beneficio de la propia revolución china. A estos errores se debe añadir una errónea concepción del centralismo democrático en el seno del movimiento comunista internacional. Insisto, no se trata de negar que el proletariado internacional necesite su partido internacional de combate. Si ese partido es de combate, al igual que cualquier partido comunista, debe regirse por los principios del centralismo democrático, y tener un centro dirigente. Por lo tanto, el hecho de tener un centro decisorio que lance directrices a acatar por las secciones nacionales no es, en sí mismo, el problema. El problema es cuando se asume una concepción dogmática, sectaria y no democrática del centralismo, que excluye la autonomía de los partidos nacionales a la hora de aplicar las directrices generales a las condiciones particulares de cada país. Cosa que, en mi opinión, es lo que ocurrió en China, donde el centro decisorio pretendió tener la última palabra e imponer una serie de directrices sin conocer a fondo las condiciones existentes del país.

Estos errores de dogmatismo, que pusieron la semilla del pensamiento dogmático y metafísico característico de los revisionistas soviéticos a partir de los años 50, también pusieron la semilla del chovinismo de gran potencia que caracterizó a la política exterior de la Unión Soviética durante la era de los Jruschov y los Brézhnev. Cosa que era (y sigue siendo) alimentada por los propios dogmático-revisionistas “pro-soviéticos”, que conciben como una herejía el que se contradiga la palabra del PCUS, como hicieron los comunistas chinos durante la Gran Polémica.(36) Pero si partimos de la base de que ningún destacamento nacional (ni siquiera el PCUS) puede ejercer de “partido-guía”, y por lo tanto se puede discrepar perfectamente del PCUS, esté quien esté a su cabeza, tampoco debería considerarse herético el contradecir la política de la IC, sobre todo si ésta es profundamente errónea. Pero esto mismo es lo que no conciben algunos comunistas como Elisseos Vagenas. Aunque Vagenas no haga en su artículo una referencia explícita a las diferencias entre el PCCh y la IC en los años 30, los dogmático-revisionistas suelen trazar de forma oportunista una línea roja entre aquel hecho histórico y la posterior polémica entre el PCUS y el PCCh en los años 50-60. Pero por mucho que se quieran comparar, ambos hechos históricos son muy diferentes.

Finalmente, antes de abordar esta cuestión, también cabe señalar la posibilidad de que fueran los propios principios organizativos de la IC quienes contribuyeran a agravar los problemas entre la dirección de la IC y los comunistas chinos. Hasta 1943, año de su auto-disolución, y basándose en el principio organizativo del centralismo democrático, la IC desempeñó un gran papel histórico en la fundación y el crecimiento de los partidos comunistas. Sólo cuando la situación del movimiento comunista internacional se hizo mucho más compleja, la dirección centralizada de la IC se hizo innecesaria e imposible.(37) Sin embargo, esto no debe hacernos olvidar que: a) el funcionamiento del centralismo democrático en el seno del partido comunista de un determinado país, no puede ser exactamente lo mismo que entre partidos comunistas de distintos países con diferentes condiciones (la relación entre bases y dirección en el seno de un partido no es homologable a la relación entre la dirección de la IC y las secciones nacionales), y que b) siempre estará presente el riesgo de una mala comprensión del centralismo democrático (con un centralismo excesivo que niega la autonomía de los partidos, o a la inversa, con un ultra-democratismo que no conduce a una acción política unificada). En el caso de la IC, al tratarse de una organización internacional que abarcaba a destacamentos comunistas repartidos por el mundo entero, estos riesgos aumentaban considerablemente, por razones obvias. En mi humilde opinión, en el caso de China se incurrió en un excesivo centralismo que condujo a un divorcio entre la dirección de la IC y las condiciones materiales de la sociedad china, que llevó a aquella a seguir una línea dogmática que chocaba con las necesidades reales de la revolución.

Si observamos de hecho los estatutos que determinaban las bases organizativas de la IC en aquellos años, podemos concluir que se daban condiciones propicias para acentuar estos errores. En efecto, si cogemos los estatutos de la IC aprobados en su VI Congreso, celebrado en septiembre de 1928 (congreso en el que fue elegido el grupo dirigente que tuvo que gestionar la crisis con el PCCh de los años 30), se pueden leer cosas como las que siguen:

13. Las resoluciones del C.E.I.C. [Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista] son obligatorias para todas las secciones de la Internacional Comunista y deben ser puestas en práctica inmediatamente. Las secciones tienen el derecho de apelar al Congreso mundial contra las resoluciones del C.E.I.C.; sin embargo, mientras dichas resoluciones no hayan sido anuladas por el Congreso, su ejecución es obligatoria para las secciones […]

14. Los Comités centrales de las secciones de la Internacional Comunista son responsables ante sus congresos y ante el C.E.I.C. Este último tiene el derecho de anular y modificar tanto las resoluciones de los congresos de las secciones como de sus comités centrales, así como de tomar decisiones obligatorias para los mismos […]

Así las cosas, era muy probable que pudieran darse serias contradicciones entre algunas de las secciones nacionales de la IC y su Comité Ejecutivo. No tanto en lo que respecta a la ratificación del programa de una sección determinada o el acatamiento del programa de la IC, cosas que tienen que ver más con cuestiones estratégicas de orden más general, como en lo que respecta a cuestiones tácticas de aplicación del programa de la IC a la realidad concreta de cada país, en un momento concreto. En lo que respecta a la línea política concreta a seguir en un determinado país, era más que posible que un determinado partido comunista, que al fin y al cabo es quien mejor conoce las condiciones materiales de su propio país, discrepe de las resoluciones del Comité Ejecutivo, que pueden ser erróneas. Pero si además de eso, en base a lo que marcaban los estatutos de la IC, el Comité Ejecutivo pretendía tener la última palabra, entonces podía haber un problema. En el caso de China, este problema fue originado por las contradicciones entre amplios sectores del PCCh, encabezados por Mao Zedong, y los “abanderados” de la IC en China, que recibían el nombre de “los 28 bolcheviques”.

El PCCh y la Comintern

Los “28 bolcheviques” (según algunos dogmático-revisionistas, verdaderos “leninistas” en contraposición a la desviación “maoísta”) es el nombre con que se dio a conocer a un grupo de miembros del PCCh de orientación “pro-soviética” (y no en el mejor sentido del término precisamente, sino en el sentido dogmático, es decir el que le rinde un pobre homenaje a Lenin y a la Revolución de Octubre), que habían estudiado en la universidad Sun Yat-Sen de Moscú, en honor al nacionalista burgués chino del mismo nombre (esperemos que no les de un ataque a ciertos dogmático-revisionistas al leer esto), recibiendo allí lo que la historiografía burguesa llama una educación en la “ortodoxia comunista soviética”(38). Lo primero que hay que señalar es que este nombre, popularmente aceptado por la historiografía, no se refiere realmente a 28 personas en concreto, sino a un grupo difuso de comunistas chinos que habían estudiado en la Unión Soviética.(39) Su líder, Wang Ming, era el favorito de la IC, y el protegido de Pável Mif, vicepresidente de la universidad Sun Yat-sen, que por cierto terminaría siendo fusilado en 1938. Por otra parte, el hecho de que el primer rector de la universidad fuera Karl Radek, condenado en 1937 en los juicios de Moscú, debido a su participación en el bloque contrarrevolucionario de Piatakov, es cuanto menos para reflexionar.

Retrocedamos un poco en el tiempo. Pido disculpas por adelantado a los lectores que carezcan de conocimientos de la historia de la revolución china, si no explico en detalle los hechos que voy a mencionar a continuación. Tras el fracaso de la insurrección de Shanghái en 1927, debido a la traición del Guomindang(40), el PCCh trató de corregir la línea menchevique-derechista, que imperaba por entonces, de colaboración con el Guomindang(41) que había seguido durante el periodo 1924-1927 (inspirada por la IC, todo sea dicho). Esta línea fue sustituida, sin solución de continuidad, por una peligrosa línea izquierdista que estuvo a punto de echar al traste la revolución china (es precisamente este tipo de bandazos de derecha a izquierda, sin solución de continuidad, lo que reprocho al KKE y partidos afines). Esta línea izquierdista, que en lo esencial se mantendría durante la etapa de los “28 bolcheviques”, se basaba, entre otras cosas, en los ejes siguientes:

  • la negación del carácter prolongado de la guerra contra el Guomindang, como defendía Mao, promoviendo levantamientos insurreccionales a lo “cliché de la Revolución de Octubre”.
  • La oposición a una guerra de guerrillas, como aconsejaba también Mao, exigiendo a cambio una concentración absoluta de fuerzas para promover sorpresivos “golpes de fuerza”.
  • La tesis dogmática de que se deben tomar las ciudades como medio para tomar toda una provincia, desvinculándose de la lucha armada del campesinado.

Pero esta línea izquierdista, avalada por el Comité Ejecutivo de la IC, sólo condujo a sufrir una derrota tras otra. Durante años, todas las insurrecciones acabaron siendo brutalmente reprimidas, lo que supuso una sangría para el PCCh. Solamente Mao se opuso a esta línea izquierdista, lo que a la postre llevaría a su temporal marginación en el seno del PCCh. Mao chocaba especialmente con el delegado de la IC, Heinz Neumann, dirigente comunista alemán que, curiosamente, fue detenido por el NKVD en 1937. Neumann había participado en la elaboración de un documento colectivo, muy divulgado en aquel entonces en el seno del movimiento comunista internacional, que llevaba el título de “La insurrección armada”, publicado bajo el falso nombre colectivo de A. Neuberg. Este documento pretendía resumir una determinada estrategia militar de asalto al poder, que sirviera de guía para los partidos comunistas de todos los países. Lo cual nos indica de nuevo en qué errores de dogmatismo incurría el movimiento comunista internacional cuando acababa de salir de la cuna. Parece ser que sólo dirigentes como Mao se daban cuenta de ello.

Tras el VI Congreso de la IC en 1928, pese a ciertos retoques parciales de la línea política del PCCh, éste mantuvo lo esencial de la errónea línea izquierdista. Este error se debía en gran medida a que tras la victoriosa Revolución de Octubre, el movimiento comunista internacional, cuya dirección estaba radicada en Moscú, creía que bastaría con tomar el poder en una o más provincias de China, para que cayeran todas las demás ciudades y regiones rurales, repitiéndose el proceso ruso tras la toma de Petrogrado en 1917. Pero esto era consecuencia de no haber estudiado en lo más mínimo las condiciones de China. Tras el intento de modernización burguesa que vivió China en 1911, el país carecía de poder central en lo político y lo económico. Ninguna ciudad china podía desempeñar el papel que Petrogrado había tenido en Rusia. Si los dirigentes de la IC hubiesen estudiado más detenidamente la historia de China, se habrían percatado que esto mismo que pretendían ellos, no lo había conseguido ni siquiera el Guomindang, que en julio de 1928 había conseguido “unificar” el país, pero sólo formalmente. Por todo ello, Mao dedujo que la revolución china sería un proceso lento y prolongado.

Pese a que el fracaso de la táctica insurreccional en las ciudades ya empezaba a ser una evidencia, en enero de 1931 el secretario general del PCCh Li Lisan fue sustituido en su cargo por un grupo dirigente formado por Wang Ming, líder del grupo de los “28 bolcheviques”, y otros dos correligionarios suyos, Bo Gu y Lo Fu. Wang, que había ingresado en la universidad Sun Yat-Sen en 1925, sólo había vuelto a China por un periodo muy breve, entre 1929 y 1930, para hacerse con las riendas del PCCh, con el beneplácito de Moscú. Posteriormente, Wang volvió a residir ininterrumpidamente en la Unión Soviética entre 1931 y 1937, por lo que el PCCh era dirigido en el interior de China por Bo Gu, que en el momento de acceder a la dirección del partido apenas tenía 24 años. Así las cosas, resulta cuanto menos asombroso que la IC pudiera considerar que lo mejor para el PCCh era que su máximo dirigente fuera un joven muchacho que había vivido 6 años fuera de China. Olvidándose así de una de las enseñanzas más elementales del materialismo dialéctico: la realidad sólo se conoce si se participa en su transformación por experiencia propia. Por encima de todo, el grupo dirigente perteneciente a los “28 bolcheviques” no cambió en lo esencial la línea del PCCh, repitiendo errores pasados, y lo único que conocía era una teoría escolástica que pretendía repetir en China un cliché de la Revolución de Octubre.

Las consecuencias del mantenimiento de los mismos errores, especialmente en el aspecto militar, tardarían poco en hacerse notar. Entre 1930 y 1934, el Guomidang inició una nueva ofensiva contra las tropas comunistas que se concretó en cinco campañas de “cerco y aniquilamiento”, que estuvieron a punto de hacer peligrar la existencia del Ejército Rojo, del propio PCCh y de la revolución china. Ante los reveses sufridos por los ataques de las tropas nacionalistas del general Jiang Jieshi, la dirección del PCCh, ubicada en Shanghái, se vio obligada a replegarse al campo, hasta el soviet de Jiangxi, donde se encontraba Mao y el resto de la dirección del partido. Pese a que en Jiangxi el partido estuviera unido geográficamente, no lo estaba en lo ideológico, y enseguida surgieron disensiones entre Wang Ming, que operaba desde Moscú, y Mao Zedong. Después de mantener una polémica sobre cuestiones militares con Zhou Enlai (que en aquella época estaba totalmente alineado con las tesis de los “28 bolcheviques”), en agosto de 1932 Mao fue despojado de todos los cargos de responsabilidad política y militar que ocupaba, siendo posteriormente destituido del Buró Político del partido en enero de 1934. En aquel momento, el delegado de la IC, el alemán Otto Braun, se adhería a las tesis de Zhou Enlai que aconsejaban ataques frontales, sosteniendo una guerra de resistencia en toda la línea del frente, al estilo “Primera Guerra Mundial”. Pese a un par de éxitos puntuales, en el plazo de doce meses el Ejército Rojo perdió la mitad del territorio que controlaba (de un tamaño equivalente al de Suiza) así como 60.000 combatientes. A las tropas comunistas y al partido no les quedó otro remedio que desalojar el soviet de Jiangxi y replegarse, iniciándose con ello la Larga Marcha, uno de los hechos más míticos de la revolución china y una de las operaciones militares más brillantes e increíbles jamás habidas en la historia.

Cuando la dirección del partido se detuvo en la localidad de Zunyi el 15 de enero de 1935, con el fin de reabastecer al Ejército Rojo, se celebró una de las reuniones más importantes de la historia del PCCh, decisiva en el porvenir de la revolución china. Cabe señalar que si el propio Mao, marginado en el seno del partido, consiguió estar presente en la reunión, fue gracias a la invitación de otros delegados como Zhou Enlai, dándole así a la reunión un carácter de sesión ampliada. En la reunión de Zunyi se derrumbaron todos los obstáculos a las tesis de Mao Zedong, produciéndose un giro decisivo en la línea del PCCh, que abandonó así la deriva izquierdista. Según la cultura historiográfica dogmático-revisionista, aquella reunión supuso el inicio de la “desviación maoísta” en el PCCh. Algunos hasta llegan a considerarlo como una especie de golpe de Estado, algo así como el famoso “termidor” del cual hablan los trotskistas cuando se refieren a la reelección de Stalin como secretario general del Partido Bolchevique, tras la muerte de Lenin.

En la reunión, la mayoría de delegados del PCCh señalaron a Otto Braun, Bo Gu y Zhou Enlai como responsables de los reveses que sufrió el Ejército Rojo. Se les acusó de haber adoptado, en lo militar, una estrategia de defensa “estática” del soviet de Jiangxi, confiando en una guerra de posiciones que desgastó a las tropas comunistas, en lugar de apostar, como aconsejaba Mao, por rápidos repliegues de tropas(42) y por la movilidad de los ataques, estrategia en la cual los comunistas podían ser superiores a la hora de atacar los puntos débiles de las tropas nacionalistas. Mientras Braun se negó a asumir ningún tipo de responsabilidades, Bo y Zhou hicieron una pertinente autocrítica, dimitiendo Bo de su cargo de secretario general. El grupo dirigente del PCCh, conformado por Wang Ming, Bo Gu y Lo Fu, fue abolido. A partir de esta reunión, el prestigio de Mao empezó a ser indiscutido prácticamente de forma ininterrumpida hasta el día de su muerte (si exceptuamos el breve periodo encabezado por el dúo Liu-Deng entre 1962 y 1966), pasando a ser la máxima autoridad dirigente en el seno del PCCh.

Por cierto, los desplantes del PCCh hacia la IC ni siquiera terminaron aquí. En Zunyi las comunicaciones con la IC se habían restablecido, y en el momento de reanudar la marcha, la dirección de la IC aconsejó dirigirse a la provincia noroccidental de Xinjiang, que comparte frontera con la Unión Soviética. Sin embargo, el PCCh desoyó de nuevo sus consejos, alegando que el camino estaba repleto de pantanos que podían favorecer las emboscadas del Guomindang. A cambio de ello, Mao propuso cruzar el río Yangtsé para dirigirse hacia Shenxi, donde las tropas dirigidas por Mao podrían unirse con las fuerzas de Zhang Guotao.

Aquí terminamos con la cuestión de las contradicciones entre la IC y el PCCh. Con este relato, pretendo explicar que el odio de los dogmático-revisionistas hacia la revolución china no surgió por primera vez en los años 60 del siglo pasado, sino que se remonta a los años 30. Aunque los errores de la IC no se pueden homologar con el revisionismo y el escisionismo de Jruschov, con lo ocurrido en la reunión de Zunyi se puso la semilla de la desconfianza hacia los comunistas chinos por parte de los sectores dogmáticos del llamado “comunismo ortodoxo soviético” (pero cuyo pensamiento poco o nada tiene que ver con el marxismo-leninismo)(21). La tradición dogmático-revisionista nunca le pudo perdonar a los comunistas chinos que se negaran a acatar las directrices del Comité Ejecutivo de la IC, que a ojos de aquellos era un “partido-guía”, en tanto que Comité Ejecutivo radicado en Moscú. “Partido-guía” que hace la función de padre y por lo tanto es vitalmente necesario para ellos, y cuya palabra, que nunca se puede contradecir(43), equivale prácticamente a la palabra de Dios. Pero esta “desobediencia” permitió salvar la revolución china y al final permitió el triunfo de la revolución china, por medio de un camino no-dogmático, que no venía escrito en los libros. Un camino que fue fruto de la propia práctica revolucionaria y de una aplicación creativa del marxismo-leninismo, partiendo, como decía Carlos Marx, “de la realidad que tenemos ante los ojos”.

En un debate mantenido con Preobrazhenski durante el VI Congreso del Partido Bolchevique en julio de 1917, ante la afirmación de éste de que Rusia sólo podría encaminarse por la senda socialista si triunfaba la revolución proletaria en Europa Occidental, Stalin contestaba: “No está descartada la posibilidad de que sea precisamente Rusia el país que abra el camino hacia el socialismo. […] Hay que rechazar esa idea caduca de que sólo Europa puede señalarnos el camino. Hay un marxismo dogmático y un marxismo creador, yo me sitúo en el terreno del segundo.(44)” Mao también estuvo por un marxismo creador, y se negó a hacer en China un calco de la Revolución de Octubre que estaba destinado a fracasar. Mao optó por el repliegue de las tropas del Ejército Rojo, y tras un breve periodo de alianza con el Guomindang frente a los invasores japoneses, las tropas comunistas, nutridas de campesinos, acometieron el asalto a las ciudades desde el campo(45), expulsando así al Guomindang de la China continental y permitiendo la proclamación de la República Popular China el 1 de octubre de 1949. Aquel camino hacia la toma del poder supuso un golpe mortal al dogmatismo y enriqueció considerablemente la teoría marxista-leninista de la revolución (siempre y cuando aquel desarrollo creador no se convierta a su vez en un dogma, como ocurre con ciertos grupos maoístas), hasta tal punto que la doctrina militar de Mao Zedong ha servido de guía para multitud de movimientos revolucionarios y de liberación nacional en todo el mundo.

En la cultura dogmático-revisionista, la aversión hacia la revolución china y hacia el PCCh hunde pues sus raíces en aquella reunión de Zunyi. A partir de aquel momento empezaría a germinar en el resto del movimiento comunista internacional (sobre todo en Moscú) un sentimiento de desconfianza hacia los comunistas chinos, que perdura hasta hoy en los sectores dogmático-revisionistas. Incluso el propio Stalin, que, hay que decirlo, había cometido una serie de errores en su política hacia China(46), no reconocería la condición de verdadero partido comunista al PCCh hasta la guerra de Corea (1950-1953), en la que China mandó un contingente de 380.000 voluntarios del Ejército Popular. De esta desconfianza de Stalin hacia el PCCh se sirven muy interesadamente ciertos dogmático-revisionistas, que después de haber contribuido a reproducir y divulgar el antiestalinismo durante décadas en el seno de sus propios partidos, dando crédito a las calumnias de Jruschov, ahora pretenden ser “más papistas que el papa” y consideran a Stalin algo así como una especie de Espíritu Santo al que no se puede contradecir.

Como no podía ser de otro forma, durante la Gran Polémica, los revisionistas soviéticos intentaron sacar provecho de forma demagógica de la tradicional aversión de los sectores dogmáticos hacia los comunistas chinos, sacando del baúl de los recuerdos las divergencias entre el PCCh y la Comintern en los años 30, para dar a entender que los comunistas chinos siempre habían sido unos “desviados” que actuaban al margen del movimiento comunista internacional. Pero la realidad era que durante aquella Gran Polémica los comunistas chinos no incurrían en desviación alguna, sino todo lo contrario. Lo que hicieron fue poner a los soviéticos en tela de juicio por traicionar el marxismo-leninismo, cosa que parece ser crimen imperdonable para los hooligans de la Unión Soviética. Aquella actitud de denuncia del revisionismo jruschovista nada tuvo que ver con los desacuerdos entre el PCCh y la Comintern durante los años 30. Sin embargo, en la cultura dogmático-revisionista se ha trazado interesadamente un hilo de continuidad entre ambos hechos históricos, para hacer creer a las bases militantes de los partidos “pro-soviéticos” que el PCCh siempre tuvo un cariz “nacionalista” y “antisoviético”(47). Pero los comunistas “pro-soviéticos” que caen en esta trampa, y que le niegan por sistema a los comunistas chinos la posibilidad de haber hecho algo bien, no se dan cuenta de que entre esto y el racismo sólo hay un trecho.

De la misma manera que un fanático religioso no concibe que se contradiga la palabra de Dios, los dogmático-revisionistas no le perdonan al PCCh el haber desoído hasta en dos ocasiones las directrices del “partido-guía” que por entonces estaba asentado en Moscú. Primero en 1935, para salvar a la revolución china del desastre, y después en los años 50-60, para defender el marxismo-leninismo frente a la tergiversación que hicieron de él los revisionistas soviéticos, y negándose a asumir esta línea revisionista que aquellos quisieron imponer al conjunto del movimiento comunista internacional. Para los dogmático-revisionistas “pro-soviéticos”, el proceso revolucionario chino estaba abocado per se a encaminarse por una “desviación” antisoviética, porque no hizo un calco de la Revolución de Octubre.

Lo mismo se puede decir del proceso de construcción socialista en China, que, con sus avances y retrocesos, no ha seguido de la A a la Z el proceso que la Unión Soviética bajo la dirección de Lenin y de Stalin, motivo por el cual el desarrollo económico actual de China en las últimas décadas es mirado con recelo por muchos comunistas. Como la construcción del socialismo en China no ha seguido el camino soviético, que al parecer según algunos es universalmente aplicable a todas las condiciones en cualquier tiempo y en cualquier lugar, el desarrollo económico de China es camino directo hacia el capitalismo (“guión-imperialismo”). En el fondo, ésta es la misma postura que adoptan los trotskistas que no acaban de encontrar una revolución acorde con su modelo pre-conceptualizado de “revolución permanente”. Para ellos, todo lo que no sea eso, acaba en “estalinismo”. Para la dirección del KKE, en “imperialismo”. Curiosamente, todos los dogmáticos, en sus distintas variantes, tanto “pro-soviéticos”, como hoxhistas y hasta maoístas, coinciden todos en que para construir el socialismo no hace falta más que aplicar una receta mágica legada por nuestros predecesores. Todo lo que sea apartarse de ese camino, aunque sea ligeramente, es “revisionismo” o “oportunismo” (aunque la dirección KKE lo llama más bien “maoísmo”, puesto que la palabra “revisionismo” no le es tan familiar). Y por ello todos ellos coinciden en su odio hacia China, a la que condenan sin falta como “capitalista” o incluso “imperialista”.

Hasta el mismísimo Lenin, padre de la Unión Soviética, era consciente de algo tan elemental para un marxista. Al hacer un balance la Revolución de Octubre en 1922, en su obra “La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo”, Lenin escribe: “En la actualidad contamos ya con una experiencia internacional más que regular, que demuestra con absoluta claridad que algunos de los rasgos fundamentales de nuestra revolución tienen una significación no solamente local, particularmente nacional, rusa, sino también internacional.” Pero más adelante matiza lo siguiente: “Naturalmente, sería un tremendo error exagerar esta verdad extendiéndola más allá de algunos rasgos fundamentales de nuestra revolución.”

La crítica al dogmatismo también estuvo presente en la Gran Polémica. En 1963, al criticar la pretensión de los revisionistas soviéticos de hacer pasar por “verdad universal del marxismo-leninismo” un conjunto de recetas divorciadas de la realidad, el PCCh decía lo siguiente: “…algunos afirman abiertamente que es el dogmatismo y no el revisionismo el peligro principal, o que el dogmatismo no es menos peligroso que el revisionismo, etc. ¿En qué principio se basa esto? […] es preciso en todo tiempo partir de la realidad, mantener estrechos vínculos con las masas, sintetizar constantemente la experiencia de la lucha de las masas, y elaborar y aplicar independientemente una política y una táctica apropiadas a las condiciones del propio país. Se cometerá el error de dogmatismo si se procede de otra manera, copiando mecánicamente la política y la táctica de otro Partido Comunista, obedeciendo a ciegas a la voluntad de otros y aceptando, sin análisis, el programa y las resoluciones de otro Partido Comunista como línea propia.”

Y, más adelante:

“Debe haber un partido revolucionario […] Si no es un partido que sea capaz de pensar y juzgar por sí mismo y adquirir un conocimiento exacto de la tendencia de las diferentes clases en su propio país mediante una seria investigación y estudio, y que sepa aplicar la verdad universal del marxismo-leninismo e integrarla con la práctica concreta de su propio país, sino un partido que repite ciegamente las palabras de otros, copia la experiencia ajena sin análisis, y da virajes siguiendo el bastón de mando de ciertas personas del extranjero, o sea, un partido que es una ensalada surtida en que hay de todo: revisionismo, dogmatismo y otras cosas, menos principios marxista-leninistas.”

Con estas palabras, el PCCh hacía referencia a partidos comunistas como el KKE, que como tantos otros dieron “virajes siguiendo el bastón de mando” del PCUS en los tiempos de Jruschov y de Brézhnev. Ahora que ya no existe la Unión Soviética, al ser incapaces de integrar toda la verdad universal del marxismo-leninismo, el KKE y partidos afines han dado, sin solución de continuidad, un bandazo hacia el “izquierdismo”. En el caso de los comunistas “pro-soviéticos” como el camarada Elisseos Vagenas, la concepción tergiversada del marxismo-leninismo y de su base dialéctica, es decir la concepción revisionista, ya sea en su variante derechista o “izquierdista”, se aúna también con una concepción dogmática, metafísica (y por lo tanto anti-marxista) de la propia teoría marxista-leninista. El dogmatismo “pro-soviético” considera que el comunismo es un fenómeno típicamente ruso, y asocia marxismo-leninismo con las directrices (sean éstas acertadas o erróneas) emanadas del PCUS. Todo lo que sea disentir de ellas es considerado “desviación”, “nacionalismo”, “policentrismo” o incluso algo peor, “maoísmo”. Entiende que la construcción del socialismo, independientemente de la época, el lugar y las condiciones, debe consistir en hacer un calco de la obra de Lenin y de Stalin en la Unión Soviética. Considera que todo lo que tengan que hacer los comunistas está resumido cual manual de instrucciones en las obras de Marx, Engels, Lenin y Stalin,(49) y que el desarrollo del socialismo científico terminó con el mismo Stalin, no habiendo después de él ningún desarrollo creador del marxismo-leninismo.(50) Cosa que contradice totalmente la esencia misma del marxismo, que es una ciencia viva. De esta manera, el dogmático-revisionismo clava el último clavo sobre el ataúd del marxismo-leninismo y lo convierte en escolástica barata, en una ideología fosilizada y esclerótica que conduce a una práctica política estéril.

Se trata, pues, de un revisionismo de tipo dogmático, o dogmático-revisionismo. Dogmático porque se aferra a una sola parte del marxismo, cogiendo de las obras del marxismo-leninismo un par de citas, fórmulas e ideas que interesan puntualmente para hacer encajar la realidad en sus dogmas pre-concebidos, recitando aquellas citas mecánicamente a la manera que los estudiantes en las escuelas islámicas memorizan el Corán en la enseñanza hafiz.(51) Revisionista porque tergiversa la esencia dialéctica del marxismo, y en no pocas ocasiones tergiversa también lo afirmado por los propios padres del socialismo científico, en cuyo nombre tanto hablan, precisamente para hacer coincidir la verdad universal marxismo-leninismo con su particular lectura – ayer derechista, hoy “izquierdista – del mismo. En aquellos que sufran de esta enfermedad, dogmatismo y revisionismo son las dos caras de una misma moneda, son conceptos inseparables uno de otro e interrelacionados entre sí. No puede existir el uno sin el otro.

Hasta aquí la explicación del concepto de “dogmático-revisionismo”.
El KKE: ¿partido-guía?

Volviendo sobre la cuestión de los errores del grupo dirigente de la IC, cabe recalcar, una vez más, que todo movimiento obrero internacional necesita tener una coordinación, y que toda coordinación requiere a su vez disponer de un órgano dirigente/ejecutor. Pero las experiencias de las distintas internacionales, incluyendo la tercera, no pudieron dejar de tener sus limitaciones y sus errores, sobre todo en sus inicios. La Revolución de Octubre fue la primera revolución socialista victoriosa, y por ello el centro dirigente del movimiento comunista internacional tuvo que estar radicado en Moscú. El Partido Bolchevique fue considerado el destacamento más avanzado del movimiento comunista internacional, de allí que las consignas y directrices emanadas del Comité Ejecutivo de la IC, bajo el patrocinio de Moscú, fueran considerados dogmas válidos para cualquier especificidad nacional. Cuando uno lee por ejemplo el Manifiesto del II Congreso de la IC, celebrado en 1920, se ven vaticinios de inminentes insurrecciones armadas en todos los países capitalistas, y pareciera como si el régimen burgués estuviera a punto de hundirse en todas partes. Se pueden leer fragmentos como los que siguen:

“La guerra civil está vigente, en todo el mundo. Su divisa es: “El poder a los soviets” […] Los obreros de la nueva generación, habituados desde la infancia al fragor ya los estallidos de la guerra mundial, acogieron a la revolución como su elemento natural. La lucha pasa por fases diferentes según los países, pero esta lucha es la última. Sucede que las olas revolucionarias, estrellándose contra el edificio de una organización caduca, le prestan una nueva vida […] el movimiento en su conjunto tiene un carácter profundamente revolucionario. No es posible ni extinguirlo ni detenerlo. Se extiende, se fortalece, se purifica, rechaza todo lo caduco. No se detendrá hasta que el proletariado mundial haya llegado al poder.(52)

“La huelga es el medio de acción más habitual en el movimiento revolucionario […] Frecuentemente, fragmentos de reformismo se entremezclan con consignas de revolución social. La huelga se calma, parece terminar, luego prosigue con más fuerza, trastrocando la producción, amenazando al aparato gubernamental […] Esta huelga desordenada no es sino una compulsa de las fuerzas revolucionarias, un llamado a las armas del proletariado revolucionario…

“El abismo de la miseria humana y de la ignorancia es insondable. Todo sector que se yergue deja detrás suyo otro que apenas intenta levantarse. Pero la vanguardia no debe esperar a la masa compacta de la retaguardia para iniciar el combate. La clase obrera emprenderá la tarea de despertar, estimular y educar a sus sectores más atrasados cuando llegue al poder…”

Pero al lanzar esta consigna de “revolución mundial inminente”, los dirigentes de la Comintern, y en particular los bolcheviques, perdieron de vista que no son los factores externos, sino los factores internos los determinantes en el desarrollo social de cada país, en razón de la ley elemental del materialismo histórico que nos enseña que es la lucha de clases en cada país el motor principal de la historia. Lucha de clases que no necesariamente estaba al nivel de la Rusia soviética o que no había madurado en suficientes condiciones para la revolución. No bastaba, pues, la fuerza de una vanguardia revolucionaria asentada en Moscú para hacer que se derrumbara el sistema capitalista, no bastaba con que los trabajadores del mundo se inspirasen en la “Rusia de los soviets”.(53) La “revolución mundial” pregonada por los bolcheviques no tuvo lugar, pese a un par de intentonas aisladas, debido, entre otras cosas, al papel de colchón amortiguador de la lucha de clases que desempeñó la fuerte aristocracia obrera de los países capitalistas europeos.

Evidentemente, en posteriores congresos de la IC hubo diversos cambios de línea política, al constatar que de un periodo de flujo se pasaba a un periodo de reflujo, y que la conquista del poder por el proletariado iba a tardar un poco más de lo previsto en un primer momento. Pero la tendencia a apoyarse en un “Estado/Partido-guía” se mantuvo perenne en el seno del movimiento comunista internacional, hasta llevar incluso a posiciones idealistas que consideraban como aspecto esencial las relaciones con el “Estado/Partido-guía”, antes que la propia fusión con las masas del propio país. Esta deriva idealista alcanzó su paroxismo tras la muerte de Stalin, cuando los revisionistas soviéticos supieron muy bien hacer uso de ello, persiguiendo sus propios intereses.

Aquellos que padecen la enfermedad del dogmático-revisionismo necesitan de ese “partido-guía” como el cuerpo necesita el aire, porque han sido malacostumbrados a depender de él y a apoyarse en él para justificar su propia inoperancia en sus respectivos países de origen. Este síntoma no es exclusivo de los dogmático-revisionistas de corte “pro-soviético”. También lo sufren los dogmático-revisionistas de cualquier cuño y color, ya tengan su “partido-guía” de referencia en Moscú, Tirana, Beijing… o Atenas. Así, muchas veces no les suponía un problema su escasa fusión con las masas proletarias de su propio país, porque podían apoyarse en ese “partido-guía” y obtener su “reconocimiento” para seguir justificando su inoperancia en sus propios países de origen. En ocasiones, también eran suculentos fondos financieros lo que se obtenía. En nuestras latitudes, los brezhnevianos pudieron en su momento justificar su aceptación de la transición democrática(54) y su papel de desmovilizadores de huelgas durante la transición para no enfadar a los militares y vivir confortablemente de las rentas que les proporcionaban las nuevas instituciones “democráticas” y los maletines provenientes de Moscú. Esto no suponía problema alguno, puesto que mientras defendían el camino parlamentario hacia el socialismo, mantenían una pose “pro-soviética” que les otorgaba cierta aureola “comunista” frente al eurocomunismo carrillista. El saberse reconocidos por el PCUS como “camaradas” u “organización hermana” les aportaba cierto elemento tranquilizador de la conciencia pese a su inoperancia a la hora de llevar a las masas hacia la revolución proletaria.

Una vez desaparecida la Unión Soviética, muchos comunistas “pro-soviéticos”, aún recuperándose del impacto de los cascotes del Muro de Berlín que se les cayó sobre la cabeza,(55) se encontraron de pronto desamparados y desorientados. Su “Estado/Partido-guía” había desaparecido, y con ello las rentas que provenían de Moscú (algunos “pro-soviéticos” encontraron solución a este problema pasándose a las filas de la socialdemocracia). Tras unos años de travesía del desierto, desesperados por encontrar algo a lo que agarrarse después de décadas de dependencia hacia el PCUS, muchos dogmático-revisionistas vieron en el KKE una salvación. El KKE era un partido marcadamente “pro-soviético” (y ferozmente hostil al pueblo chino), que no había sido liquidado por el revisionismo eurocomunista, y con un cierto peso en el movimiento obrero de Grecia. Por lo tanto, el KKE tenía cierta imagen de “fuerza” a los ojos del resto de dogmático-revisionistas que se encontraban en el paro, a falta de un patrocinador que les permitiera sentirse “completados” en una época de dura tormenta anticomunista. El destacado papel del KKE en el movimiento obrero de Grecia y su papel de liderazgo a la hora de reactivar los Encuentros de Partidos Comunistas y Obreros, así como sus elaboraciones teóricas del KKE sobre las causas de la victoria de la contrarrevolución en la Unión Soviética (que en gran medida no son más que una copia de los análisis que habían hecho los comunistas chinos y albaneses décadas antes), causaron admiración en el resto de dogmático-revisionistas, que no tardaron en abrazarlo como nuevo “partido-guía”.

Los dogmático-revisionistas de todo cuño y color le niegan al PCCh su carácter de partido comunista, al igual que niegan el carácter socialista de la República Popular China.(56) Ni siquiera reconocen el carácter de clase del Estado chino, como no sea el de “burgués”. Esto no se debe solamente a una falta de comprensión de las reformas liberalizadoras emprendidas en China en los últimos 36 años, sino también al hecho de que, en sí misma, la revolución china supone una seria amenaza para el “partido-guía” del cual se alimentan. Porque reconocer la existencia de un partido comunista que tomó el poder en un país de 600 millones de habitantes, oponiéndose a las directrices de la IC y siguiendo su propio camino; que posteriormente se opuso a que la dirección revisionista del PCUS impusiera su programa al conjunto del movimiento comunista internacional; y que encima, en condiciones de aislamiento, forjara su propio camino en la edificación del socialismo, sin seguir “ortodoxias” ni hacer calcos de otros modelos, son cosas que pondrían seriamente en peligro la existencia de un “partido-guía” que ha de marcar la hoja de ruta del resto de partidos comunistas y que determine lo que ha y lo que no ha de ser la construcción del socialismo. También pondría en entredicho la excesiva prioridad que se le concede al establecimiento de un “centro de dirección” del movimiento comunista internacional, hegemonizado por determinado “partido-guía” que determine un único programa político a seguir a seguir sine qua non por el resto de partidos comunistas, por encima de las necesidades del movimiento obrero de cada país.(57)

Ahora bien, ¿pretende hoy el KKE ser el nuevo “partido-guía” que lidere el movimiento comunista internacional “oficial” en sustitución del PCUS? Tal vez sería precipitado afirmar esto. Sin embargo, lo que sí sabemos con certeza que para otras organizaciones con escasa implantación entre las masas en sus respectivos países, el KKE sí cumple el papel de “partido-guía”. Estas organizaciones de corte “pro-soviético”, conformadas por comunistas que ayer seguían de forma acrítica los pasos del PCUS, hoy hacen gala de una veneración hacia el KKE que da hasta miedo, y tratan de imitarlo como sea. Como decía el PCCh, estas organizaciones, que ayer seguían “el bastón de mando de ciertas personas del extranjero”, lo siguen haciendo de hoy, pese a su afirmación de que han aprendido las lecciones del pasado. Uno se puede creer lo afirmado por el camarada Vagenas de que el KKE ha sacado las lecciones del pasado y ya no se “deje llevar plenamente por lo que dijera el PCUS”. Lo que uno ya se cree menos es que esa serie de “partidos satélite” de los que se sirve la dirección del KKE para exportar su línea política, hayan sacado esas lecciones.

Estas organizaciones, que no reconocen más que la palabra del KKE, no sólo copian determinados elementos de la línea política del KKE (y en ciertas ocasiones, determinadas propuestas que hizo el KKE en Grecia, aplicándolas mecánicamente en sus respectivos países, con resultados paupérrimos), sino que incluso llegan extremo de copiar las expresiones y la fraseología del KKE(58) y su pose estética, véase los cortejos en manifestaciones por ejemplo. Así es como vemos a partidos del exterior de Grecia hacer sistemáticamente mención al famoso “socialismo-guión-comunismo", el “derrocamiento”, la “lucha clasista”, las “alianzas interestatales capitalistas” y demás vocabulario de nueva creación. Reproducen la misma fijación obsesiva con el “reformismo-guión-oportunismo”, que convierten en una especie de ectoplasma causante de todos los males que sufre la clase obrera.(59) Se ve cómo ciertas organizaciones copian la estética del KKE en las movilizaciones obreras, cómo tratan de copiar mecánicamente las propuestas organizativas del KKE en el movimiento obrero, pese a tener aún una muy escasa presencia en el movimiento obrero y sindical, o cómo tratan de agradar al KKE con desfiles militares con un toque “vintage” como si estuviesen en la mismísima Plaza Roja de Moscú en los años 30.

Estos partidos se convierten, en palabras del PCCh, en partidos que no son “capaces de pensar y juzgar por sí mismos”, que “repiten ciegamente las palabras de otros”, “copian la experiencia ajena sin análisis”, y “dan virajes siguiendo el bastón de mando” de determinado “partido-guía”. El resultado: bandazos a derecha e izquierda sin haber asumido la “verdad universal del marxismo-leninismo”(60) y sin haberse curtido en una verdadera práctica bolchevique.

III. Revisionismo histórico: la Gran Polémica entre el PCCh y el PCUS

Para empezar ya a tratar del artículo del camarada Vagenas, y enlazando con lo que he expuesto anteriormente, empecemos pues con una de las grandes no-verdades que escribe en su artículo, acerca de la (según él, inexistente) Gran Polémica entre el PCCh y el PCUS en los años 50-60. En relación a esta cuestión, el camarada Vagenas se permite hacer ciertas afirmaciones que constituyen un grosero ejercicio de revisionismo histórico, que no pueden pasarse por alto. Considero importante hablar de esta cuestión porque se trata de unos hechos de una importancia trascendental si queremos comprender algo sobre lo que pasó en el movimiento comunista internacional en la segunda mitad del siglo XX, y si también queremos comprender algo sobre la actual situación de división del movimiento comunista internacional en distintas corrientes y tendencias. Además, ello nos permitirá profundizar en el origen del odio que siente el camarada Vagenas hacia la República Popular China, odio que subyace detrás de todo su artículo.

En el apartado “Precedente histórico” de su artículo, el camarada Vagenas afirma que las controversias entre el PCCh y el PCUS no se debieron a motivos ideológicos, sino que fueron de orden puramente geopolítico, y describe de forma algo sesgada y simplista los pasados “pecados” de China en materia de política internacional. Vagenas, que como buen metafísico, no es dado a reconocer las contradicciones para mejor estudiarlas, sino que le tiene pánico, opta por el camino más fácil, haciendo un totum revolutum de toda la historia de la República Popular China, y resume 42 años de política exterior (desde 1949 hasta 1991, año de la desaparición de la Unión Soviética), de la siguiente manera: “Mientras existía la Unión Soviética la política externa de China se coordinaba con la de los EE.UU. contra la URSS.” Y, más adelante, Vagenas afirma que China “ha llevado a una actitud hostil frente al movimiento comunista internacional y la URSS y en coordinación con los EE.UU. a expensas de los intereses del movimiento revolucionario mundial”.(61) Afirmaciones cuanto menos unilaterales e interesadas, que recoge lo parcial para hacerlo extensivo a la totalidad, de manera a hacer encajar con calzador los hechos históricos dentro de unos prejuicios ya establecidos, y que se dicen alegremente como si el PCUS nunca hubiera estado “en coordinación con los EE.UU. a expensas del movimiento revolucionario internacional”…

Para “demostrar” esta acusación, el camarada Vagenas recurre en su artículo a una serie de medias verdades y a simplificaciones al máximo de los hechos históricos. Se hace referencia de manera superficial a determinados hechos ocurridos en una serie de países en los que parece que China desempeño un triste papel, como Afganistán donde, en palabras de Vagenas, China “participó en el bloque de fuerzas formado por los EE.UU. junto con Arabia Saudita, Pakistán y otros” frente a la “ayuda internacionalista de la URSS al Poder Popular Revolucionario en Afganistán”, o Angola, donde China “apoyó […] a las fuerzas de la reacción local que luchaban en un frente común con las tropas racistas de África del Sur”. Pese a que el camarada Vagenas haga referencia a estos tristes episodios de forma simplista y maniquea, lo cierto es que, en caso de ser ciertos, aquellos hechos son del todo reprobables y se corresponden con la época en que el PCCh ya había condenado unilateralmente a la Unión Soviética como “social-imperialista” y la consideraba una potencia imperialista tan nociva o más que los Estados Unidos. Aunque tal vez requieran de matización, son hechos sobre los que no me voy a detener,(62) puesto que serían objeto de otro artículo.

Ahora bien, el que en un determinado momento China haya practicado el anti-sovietismo, llegando a aliarse con los Estados Unidos contra el “social-imperialismo”, no le permite al camarada Vagenas falsear los hechos históricos ni afirmar que la actitud de los dirigentes chinos siempre fue errónea o que siempre fuera “hostil al movimiento comunista internacional y la URSS”. Sean ciertas (o no) las afirmaciones del camarada Vagenas contra la política exterior de China en relación a Angola, Afganistán o Vietnam, lo cierto es que Vagenas no parece tener una mínima voluntad de estudiar las causas que llevaron a que, en un momento dado, dicha política exterior se “coordinara con la de los EE.UU.”, causas en las que tuvo una gran responsabilidad la dirección del PCUS. Ello no exculparía a China en caso de haber cometido graves errores, pero al menos permitiría explicar y clarificar los hechos. Brilla pues por su ausencia aquello en lo que Lenin tanto insistía, que es “el análisis concreto de una situación concreta”, para él “el alma viva del marxismo”.(63) En cambio, cuando se trata de hablar de la política exterior de la Unión Soviética, el camarada Vagenas la describe con las mismas anteojeras metafísicas, sólo que en sentido contrario: idealiza a la Unión Soviética en grado extremo, al querer hacernos creer que su política exterior se caracterizó siempre por un consecuente “internacionalismo” que hizo avanzar la causa revolucionaria en el mundo y por oponerse por todos los medios posibles a la política de los Estados Unidos. Cosa que es discutible.

A continuación, el camarada Vagenas escribe: “Esta posición al principio apareció como una postura crítica al giro oportunista del PCUS en su XX Congreso. Sin embargo, en realidad ya sabemos que el Partido Comunista de China al principio no se diferenció de modo abierto y esencial de las direcciones del XX Congreso del PCUS. Su diferenciación se dio a conocer más tarde, debido a los conflictos de la frontera sino-rusa.”

En primer lugar, hay que dejar claro que la “coordinación con los EE.UU.” y la “postura crítica al giro oportunista del PCUS en su XX Congreso” son dos cosas que, aunque relacionadas de forma indirecta, son muy distintas. Las críticas del PCCh al XX Congreso del PCUS empezaron tan pronto como terminó aquel congreso, celebrado en 1956, volviéndose nítidamente abiertas en 1957. Y el giro favorable a establecer relaciones amistosas con los EEUU no se produjo hasta 1971. Es un buen intento por parte del camarada Vagenas para mezclar una cosa con la otra, pero este hueso habrá que vendérselo a otro perro.

En segundo lugar, ¿si el camarada Vagenas es capaz de mentir tan descaradamente sobre un hecho histórico de una evidencia tan mayúscula, qué se puede esperar del resto de su “análisis”? Además, si el camarada Vagenas asegura que “ya sabemos” que al principio el PCCh “no se diferenció de modo abierto y esencial de las direcciones del XX Congreso del PCUS”, ¿por qué no dice directamente de donde provienen las fuentes a las que él ha accedido, que le permiten afirmar que “ya sabemos” que toda la polémica entre el PCCh y el PCUS en el periodo que abarca desde 1956 hasta 1963 realmente no existió? ¿Trata el camarada Vagenas de sustituir las verdades absolutas por las verdades relativas? Al final va a resultar que tenía razón el señor Bogdánov cuando acusaba a Engels de “eclecticismo” por decir que es verdad absoluta afirmar que Napoleón murió el 5 de mayo de 1921.(64)

Resulta escandaloso que un comunista sea capaz de mentir tan burdamente para defender sus puntos de vista. Y lo peor es que estas barbaridades se puedan decir sin que nadie eleve una crítica, habiendo en cambio una masa de comunistas “pro-soviéticos” mantenidas en la ignorancia que se las creen a pies juntillas. Por ello, voy a dedicar unas líneas para refrescar la memoria del camarada Vagenas, haciendo una pequeña cronología del origen de las divergencias entre el PCCh y el PCUS, con el fin de refutar sus burdas (y por ello tan fácilmente refutables) mentiras. Siento tener que extenderme en este punto, pero es necesario ser exhaustivo para echar por tierra tan colosales mentiras sobre unos hechos de una importante significación histórica por los comunistas, sobre los que no vendría mal volver en un momento como el actual donde los marxistas-leninistas, de la corriente o la tradición que sea, deberían ponerse manos a la obra para superar diferencias y viejas rencillas. Como decía Hegel, “La verdadera refutación debe penetrar la fortaleza del opositor e invadir la esfera de su poder”.

Origen y evolución de las divergencias entre el PCCh y el PCUS

En el artículo “El origen y el desarrollo de las divergencias entre la dirección del PCUS y nosotros”, publicado en Diario del Pueblo el 6 de septiembre de 1963, el PCCh afirmaba que las divergencias con el PCUS se iniciaron tan pronto como finalizó el XX Congreso del PCUS. Es interesante señalar que en la época en que el PCCh escribió este artículo, los homólogos soviéticos del camarada Vagenas ya habían redactado una carta abierta, con fecha del 14 de julio de 1960, en la que criticaban al PCCh y, entre otras cosas, afirmaban que las divergencias fueron realmente motivadas por una serie de artículos que el PCCh publicó en abril de 1960 bajo el título de “Viva el Leninismo”, y que, anteriormente a eso, el PCCh “apoyó totalmente el XX Congreso del PCUS” y que sólo a posteriori había “dado un viraje de 180 grados”. Es decir, ni siquiera para mentir sobre eso es original el camarada Vagenas. Es decir, que sus homólogos al frente del PCUS al menos tuvieron más decencia y no dijeron que las divergencias se debieron a conflictos en la frontera sino-rusa, como afirma el camarada Vagenas.

En su artículo, el PCCh valoraba que el XX Congreso del PCUS “fue el primer paso que dio la dirección del PCUS por el camino del revisionismo”, insistiendo particularmente en que sus dos mayores errores fueron “la negación total de Stalin so pretexto de la lucha contra el culto a la personalidad” y “la tesis de transición pacífica al socialismo por la llamada ‘vía parlamentaria’”.

La primera vez que el PCCh hizo una referencia negativa al XX Congreso del PCUS, y en concreto al famoso “informe secreto” en el que Jruschov lanzó su diatriba anti-Stalin, fue en forma no-abierta y no-directa, en un artículo publicado el 5 abril de 1956 (es decir, tan sólo dos meses después del XX Congreso del PCUS), titulado “Sobre la experiencia histórica de la dictadura del proletariado”, en el que claramente mostraba su rechazo por la valoración que hiciera Jruschov de Stalin. El artículo decía, entre otras cosas, lo siguiente:

“Después de la muerte de Lenin, Stalin, como principal dirigente del Partido y del Estado, aplicó y desarrolló en forma creadora el marxismo-leninismo. En la lucha en defensa del legado del leninismo contra sus enemigos – los trotskistas, zinovievistas y otros agentes burgueses – Stalin expresó la voluntad y los deseos del pueblo y demostró ser un destacado luchador marxista-leninista. Si Stalin se ganó el apoyo del pueblo soviético y desempeñó un importante papel en la historia, fue ante todo porque, junto con otros dirigentes del Partido Comunista de la URSS, defendió la línea de Lenin de la industrialización del país soviético y la colectivización de su agricultura. La aplicación de esta línea por el Partido Comunista de la Unión Soviética condujo al triunfo del sistema socialista en el país, y creó las condiciones para la victoria de la Unión Soviética en la guerra contra Hitler. Estas victorias del pueblo soviético correspondían a los intereses de la clase obrera mundial y de toda la humanidad progresista. Era por lo tanto muy natural que el nombre de Stalin fuese altamente honrado en el mundo entero.”

El mismo mes de abril de 1956, Mao Zedong expresó a Anastás Mikoyán, vice-primer ministro de la Unión Soviética, y al embajador soviético en Beijing Pável Yudin las opiniones del PCCh sobre la cuestión de Stalin, subrayando que los méritos de Stalin “pesan más que sus errores” y que era “necesario hacer un análisis concreto” y “una apreciación que abarque todos los aspectos” (es decir, precisamente lo que falta en el artículo del camarada Vagenas) de la obra de Stalin.

El 23 de octubre, al recibir al embajador Yudin en China, Mao Zedong insistió de nuevo diciendo que “la crítica de Stalin es necesaria, pero no estamos de acuerdo con el método empleado”, y que “hay algunos problemas con los cuales tampoco estamos de acuerdo”. Naturalmente, Mao se refería a la cuestión de la “transición pacífica” hacia el socialismo propugnada por los jruschovistas. El 30 de noviembre, Mao Zedong volvió a señalar a Yudin que la política y la línea defendida por Stalin fueron correctas y que “no se debía tratar a un camarada como a un enemigo”.

El 15 de noviembre de 1956, en la II sesión plenaria del VIII Comité Central del PCCh, Mao Zedong expresó su opinión sobre Stalin y sobre el XX Congreso del PCUS de la siguiente manera:

“Respecto al XX Congreso del PCUS, quisiera decir algo. A mi juicio, existen dos "espadas": Una es Lenin y la otra, Stalin. Ahora, una de esas espadas, Stalin, ha sido abandonada por los rusos. Gomulka y algunos húngaros han echado mano de ella para caer sobre la Unión Soviética y combatir el llamado estalinismo. Los Partidos Comunistas de muchos países europeos también están criticando a la Unión Soviética, y es Togliatti quien va a la cabeza. Los imperialistas, a su vez, hacen uso de esta espada para matar a la gente […] Los chinos no la hemos abandonado. Como primer punto, defendemos a Stalin y, como segundo, criticamos sus errores; es por eso que hemos escrito el artículo ‘Sobre la experiencia histórica de la dictadura del proletariado’. A diferencia de aquellas gentes que denigran y liquidan a Stalin, nosotros lo tratamos conforme a la realidad. En cuanto a la otra espada, Lenin, ¿no habrá sido abandonada en cierta medida por algunos dirigentes soviéticos? Me parece que lo ha sido en medida considerable. ¿Tiene aún validez la Revolución de Octubre? ¿Puede todavía servir de ejemplo para los demás países? En su informe ante el XX Congreso del PCUS, Jruschov afirmó que era posible conquistar el Poder por la vía parlamentaria, lo que quiere decir que para los demás países ya no es necesario aprender de la Revolución de Octubre. Abierta esta compuerta, el leninismo ha sido prácticamente abandonado […] ¿Cuánto capital tienen ustedes? Nada más que un Lenin y un Stalin. Pero han abandonado a Stalin y, en cuanto a Lenin, lo han abandonado casi por completo. A Lenin le han amputado los pies o le han quitado todo, menos la cabeza, o de sus dos manos le han cortado una. Nosotros, en cambio, insistimos en estudiar el marxismo-leninismo y aprender de la Revolución de Octubre.”

Poco después, el 29 de diciembre de 1956, el PCCh publicó otro artículo titulado “Una vez más, sobre la experiencia histórica de la dictadura del proletariado”, en el que de nuevo se refutaban las calumnias vertidas contra la figura de Stalin y se confirmaba la significación universal del camino abierto por la Revolución de Octubre.

Posteriormente, Liu Shaoqi, en conversaciones mantenidas con los dirigentes del PCUS en octubre de 1956, así como Zhou Enlai, tanto en su conversación el día 1º de octubre de 1956 con los delegados soviéticos que asistieron al VIII Congreso del PCCh, como en otra conversación el día 18 de enero de 1957 con dirigentes del PCUS, manifestaron ambos sus opiniones sobre la cuestión de Stalin, criticando los errores de la dirección del PCUS, reprochando a éstos el no haber hecho “un análisis cabal” de Stalin y el que no hubiesen “consultado de antemano al resto de partidos hermanos”, entendiendo que la cuestión de Stalin era de una importancia tal que incumbía al conjunto del movimiento comunista internacional, no solamente a los soviéticos.

En cuanto a las divergencias sobre la cuestión de la “transición pacífica” hacia el socialismo, en noviembre de 1957 el PCCh expresó al PCUS sus opiniones críticas en una carta titulada “Reseña de opiniones sobre el problema de la transición pacífica”, en la que, entre otras cosas, se decía que “es ventajoso, desde el punto de vista táctico, señalar nuestro deseo de la transición pacífica. Sin embargo, no conviene destacar con exceso la posibilidad de la transición pacífica. El proletariado y el Partido Comunista deben estar preparados en todo momento para rechazar los asaltos de la contrarrevolución y […] derrocar a la burguesía por la fuerza de las armas en caso que ésta recurra a las armas para reprimir la revolución popular.”

Cabe señalar que, por aquel entonces, todo aquello ocurría en el seno del movimiento comunista internacional a través de relaciones confidenciales entre partidos, sin que la polémica se hiciera pública a escala mundial. El PCCh entendía que no se debía airear esta polémica, en aras de la unidad del movimiento comunista internacional, frente al enemigo común, sobre todo en un momento en que el imperialismo (principalmente el norteamericano) estaba aprovechando los errores del PCUS, lanzando frenéticamente actividades anticomunistas contra la Unión Soviética a través de sus servicios secretos.(65) El PCCh albergaba la esperanza de que la dirección del PCUS rectificara sus errores. Sin embargo, esta situación solamente duró unos pocos años.

Por otra parte, durante este tiempo se había producido un hecho que tuvo cierta importancia en el posterior desenlace de las relaciones sino-soviéticas. En octubre de 1956 estalló una crisis entre Polonia y la Unión Soviética, en la que ésta estuvo a punto de movilizar las tropas del Ejército Rojo para reprimir a la dirección del Partido Obrero Unificado de Polonia (POUP). El 19 de octubre de 1956, aprovechando la diatriba anti-Stalin de Jruschov, el POUP, liderado por Wladyslaw Gomulka, elegió un politburó que excluía a los dirigentes “estalinistas” leales a Moscú, entre otros, al mariscal ruso-polaco Konstantin Rokossovsky, que ocupaba el puesto de Ministro de Defensa. Ante esta tentativa, Rokossovsky, que había vivido 35 años fuera de Polonia y apenas sabía hablar polaco (de hecho se dirigía las tropas polacas en ruso) pidió personalmente a Jruschov que usara la fuerza contra los comunistas polacos. Cuando estalló la crisis, el PCUS envió un telegrama al PCCh informando a éste que elementos anti-soviéticos en Polonia habían exigido la retirada del Ejército Rojo, y que en virtud del Pacto de Varsovia, la Unión Soviética tenía que enviar tropas de intervención en Polonia a restablecer la normalidad. La dirección del PCCh expresó su total oposición a esta medida. Mao Zedong le expresó al embajador Yudin que en caso de producirse esta intervención, China protestaría con vehemencia.

Sobre estos hechos, un par de reflexiones. Por un lado, no me quiero imaginar el revuelo que se habría montado (y se seguiría montando hoy en día) si esto mismo lo hubiese intentado hacer China con algún otro país. Aunque podemos suponer que, bajo la óptica dogmático-revisionista, cuando esto lo hace la Unión Soviética es “internacionalismo proletario”. Por otro lado, resulta muy llamativo, por decirlo de alguna forma, el que un mariscal soviético ocupe un puesto clave como es el Ministerio de Defensa en un país hermano como la República Popular de Polonia. Cosa que pone en entredicho el tan idealizado respeto de la Unión Soviética a la soberanía de otras naciones, por parte de los dogmático-revisionistas como el camarada Vagenas y demás hooligans “pro-soviéticos”. Son estos mismos hooligans los que luego en España hacen encendidas defensas del derecho de autodeterminación de “Euskal Herria” en declaraciones escritas en un perfecto y castizo castellano, con el objetivo de atraerse a ciertos sectores del movimiento revolucionario. Finalmente, cabe añadir que no me consta que haya habido país alguno donde China haya colocado a uno de los suyos en algún puesto clave o donde haya provocado algún cambio de gobierno.

En el momento de analizar lo que había pasado en la crisis polaco-soviética, el PCCh llegó a la conclusión de que las contradicciones entre Polonia y la Unión Soviética se debieron a una política chovinista de gran potencia por parte de esta última, y que aunque hubo efectivamente contrarrevolucionarios operando en Polonia, la mayoría de los polacos no pretendían abandonar el campo socialista, sino solamente reestructurar su órgano de dirección. Los comunistas chinos ya estaban percibiendo el nacimiento de ese chovinismo de gran potencia, que fue la base y a su vez la consecuencia de la tesis jruschovista sobre la “coexistencia pacífica”. Por otro lado, el PCCh también estaba detectando la tendencia, por parte de los soviéticos, a querer resolver las contradicciones con otros países mediante la fuerza militar, cosa que en opinión de los chinos era peligrosa por ser perjudicial para el prestigio de la Unión Soviética.

Sin embargo, el mismo mes de octubre de 1956 se produjo el levantamiento contrarrevolucionario en Hungría, cuyo aplastamiento el PCCh esta vez apoyó sin fisuras porque se oponía al “abandono de la Hungría socialista”. Postura muy distinta de la que adoptaría el PCCh tras la represión de la “Primavera de Praga” tan sólo 12 años después. Pero esto ya es suficiente para echar por tierra completamente las afirmaciones del camarada Vagenas según las cuales China llevó en todo momento “una actitud hostil” en contra del movimiento comunista internacional.

Después de los acontecimientos de Polonia, el PCCh sostuvo que los problemas entre partidos y países hermanos del campo socialista debían arreglarse con arreglo a principios justos, para fortalecer la unidad del campo socialista y procurando salvaguardar el prestigio del PCUS. El PCUS pareció asumir las críticas del PCCh y envió el 21 de octubre de 1956 un telegrama al PCCh en el que expresaba que era conveniente que el PCCh enviara una delegación a Moscú para debatir sobre el modo de abordar estos problemas. Mao Zedong, en compañía de Liu Shaoqi, Zhou Enlai, Chen Yun y Deng Xiaoping, comunicó al embajador Yudin que era necesario que la Unión Soviética adoptara una posición de igualdad respecto de Polonia, sin retirarle su ayuda. Por insistencia del PCCh, el 30 de octubre de 1956 el PCUS decidió hacer pública la “Declaración sobre el desarrollo y el ulterior fortalecimiento de la base de amistad y cooperación de la Unión Soviética con los demás países socialistas”. El 1º de noviembre de 1956, el gobierno chino publicó otra declaración en apoyo de la declaración de los soviéticos. De esta forma, el PCCh esperaba que la dirección del PCUS sacaría las lecciones apropiadas, y que las divergencias entre el PCUS y el PCCh se resolverían en base a los principios de igualdad y hermandad. Los acontecimientos posteriores, particularmente los que sucedieron en dos Conferencias de Representantes de Partidos Comunistas y Obreros, celebradas en 1957 y 1960, refutaron por completo estas esperanzas. Ambas conferencias tuvieron una importancia trascendental para el desenlace de las relaciones sino-soviéticas y la posterior ruptura del movimiento comunista internacional.

La primera de estas dos Conferencias se celebró en Moscú en noviembre de 1957. Esta Conferencia tuvo una importancia histórica de primer orden porque, después de ella, todo el eje de la polémica entre el PCUS y el PCCh iba a girar en torno al respeto de los acuerdos adoptados en la declaración final de esta Conferencia. Acuerdos que el PCCh tomaría como documento base a partir del cual elaborar la línea revolucionaria del movimiento comunista internacional. Posteriormente, en una manifestación de cinismo sin igual, la dirección del PCUS diría en su carta abierta al PCCh de julio de 1963 que no había diferencias entre las resoluciones del XX Congreso del PCUS y las de la Conferencia de 1957. Como podemos ver, ni siquiera para mentir sobre eso es original el camarada Vagenas. No hace más que repetir palabra por palabra lo que ya dijeran en su día sus homólogos al frente del PCUS. De allí que, en algunos aspectos, la ruptura de la dirección del KKE con el revisionismo jruschovista es más aparente que real. Hay viejas costumbres que no se pierden.

El principal tema de controversia que se trató en aquella conferencia fue el de la “transición pacífica” hacia el socialismo. La dirección del PCUS trató de introducir sus puntos de vista revisionistas sobre esta cuestión, intentando hacer pasar las resoluciones de su XX Congreso como línea común del movimiento comunista internacional, infringiendo el principio, hasta entonces convenido, de que ningún partido hermano puede imponer su propia línea o programa a otro partido. En el anteproyecto de declaración conjunta presentado por el PCUS, tan sólo se hablaba de de la transición pacífica, no se hacía referencia en ninguna parte a la revolución violenta. La delegación del PCCh mantuvo largas conversaciones con los dirigentes del PCUS, sosteniendo una lucha abierta, pero al mismo tiempo leal, contra sus posiciones erróneas. Por otro lado, tuvo diversos intercambios de opiniones con las delegaciones de los demás partidos hermanos a fin de llegar a una conclusión común que se pudiera reflejar en un documento final. Finalmente, la Conferencia adoptó una versión de la declaración conjunta, que aunque no satisfizo del todo a la delegación del PCCh, ponía de relieve el camino no-pacífico, es decir revolucionario, hacia el socialismo, además de rectificar otros muchos puntos de vista erróneos del XX Congreso del PCUS, como los relativos a los problemas del imperialismo,(66) la guerra y la paz, etc.

Sin embargo, una vez finalizada la Conferencia, y haciendo caso omiso de los acuerdos aprobados en la misma (en especial la tesis sobre el imperialismo norteamericano), los dirigentes del PCUS trataron enseguida de congraciarse con el gobierno de los Estados Unidos,(67) pretendiendo que todos los problemas del mundo se podían resolver de forma exclusiva entre los Estados Unidos y la Unión Soviética, de acuerdo con la línea revisionista de “coexistencia” y “emulación” pacíficas, y ensalzando la “sensatez” y la “buena voluntad” de los dirigentes del imperialismo.

Tras las conversaciones de Camp David, en septiembre de 1959, en las que Jruschov calificó al presidente Eisenhower como alguien que “se preocupa al igual que nosotros por la paz”,(68) la dirección del PCUS empezaría a hablar con frecuencia de un “espíritu de Camp David”, espíritu que no reconocían ni los propios norteamericanos. Los soviéticos afirmaban que dicho “espíritu” suponía el inicio de “una nueva era en las relaciones internacionales”(69) y que las conversaciones constituían “un viraje en la historia”.(70) La dirección del PCUS predicaba que se podría conseguir “un mundo sin armas, sin ejércitos, sin guerra”,(71) abriendo “una nueva era en el desarrollo económico de Asia, África y América Latina”,(72) lo cual implicaba realmente la voluntad de sofocar las luchas anticolonialistas y de liberación nacional de los pueblos de estos continentes.

En su afán por fomentar ese supuesto “espíritu de Camp David”, la dirección del PCUS empezó a practicar una política exterior desfavorable, por no decir hostil a los intereses de China. En junio de 1959, el gobierno de la Unión Soviética anuló unilateralmente el acuerdo sobre nueva técnica defensiva firmado entre China y la Unión Soviética en octubre de 1957.(73) A consecuencia de ello, la Unión Soviética se negó a proporcionar a China las muestras de sus bombas atómicas y la información técnica para su fabricación, violando lo acordado dos años antes, lo cual era señal de que, en su deseo de congraciarse con el imperialismo norteamericano, la Unión Soviética quería mantener con éste el monopolio del arma nuclear.

El 9 de septiembre de 1959, haciendo oídos sordos a las repetidas protestas de China, en vísperas de una visita de Jruschov a los Estados Unidos, la dirección del PCUS publicó a través de la agencia de noticias TASS una declaración sobre el incidente militar en la frontera sino-india de agosto de 1959(74) en el que jugó un papel importante el apoyo de India al Dalai Lama y a la rebelión del 7 de abril en el Tíbet, instigada por la CIA. En su declaración, los soviéticos “lamentaban” el conflicto entre India y China. Los chinos interpretaron esta posición equidistante como un apoyo implícito al gobierno reaccionario de Nehru.(75) Esto ya suponía un hecho muy grave, porque con esta toma de postura los dirigentes soviéticos revelaron ante el mundo entero la polémica entre el PCCh y el PCUS, cosa que naturalmente llenó de alegría a los imperialistas.(76)

Poco antes, en agosto de 1958, China había lanzado un ataque militar contra las islas Quemoy, en Taiwán, motivado por su legítima aspiración a recuperar su soberanía sobre la isla de Taiwán, ocupada por el gobierno títere pro-americano del Guomindang. De regreso de las conversaciones de Camp David, Jruschov había tratado de convencer a los chinos de que aceptaran el plan norteamericano de las “dos Chinas” para que renunciaran a su legítima aspiración de reunificar Taiwán con la China continental. Descontento con la política exterior de China, tras el ataque militar a Taiwán y la crisis con la India, Jruschov lanzó en los medios de comunicación occidentales virulentos ataques contra China, calificándola de “belicista” y acusándola de practicar el “aventurerismo”,(77) de “desencadenar guerras” y de promover el socialismo por medio de “guerras entre Estados”.(78)

En el seno del movimiento comunista internacional, los dirigentes soviéticos se dedicaron a lanzar ataques contra el PCCh, como ocurrió por ejemplo el 1º de diciembre de 1959, con ocasión del Congreso del Partido de los Trabajadores Húngaros, en el que aprovecharon su intervención para lanzarle duros ataques. En respuesta a estos ataques, la dirección del PCCh publicó en abril de 1960 un artículo titulado “¡Viva el leninismo!” y otros artículos en los que insistían en la defensa de los principios marxistas-leninistas(48) de la declaración conjunta de 1957 y exponían sus puntos de vista sobre las cuestiones de la revolución proletaria, la dictadura del proletariado, la guerra y la paz, etc. Sin embargo, pese a los groseros ataques de los revisionistas soviéticos, el PCCh priorizó los intereses generales del movimiento comunista internacional y aún se abstuvo de criticar abiertamente a la dirección del PCUS, centrando sus críticas contra el grupo revisionista de Tito en Yugoslavia, como forma indirecta de aludir a la camarilla de Jruschov. Las relaciones entre ambos partidos empeoraron aún más a partir del verano de 1960, momento a partir del cual los dirigentes del PCUS ampliaron las divergencias entre ambos partidos a la esfera de las relaciones entre Estados.

En junio de 1960, los dirigentes del PCUS lanzaron en Bucarest un ataque a traición contra el PCCh. El PCUS había propuesto aprovechar el III Congreso del Partido Comunista Rumano para celebrar una reunión de representantes de partidos comunistas y obreros de cara a un intercambio de opiniones sobre la situación internacional. El PCCh propuso que dicha reunión se dedicara simplemente a preparar la convocatoria de una nueva Conferencia Internacional, y que se limitara a un intercambio de opiniones de manera preliminar. En un principio, la propuesta fue aprobada por los dirigentes del PCUS. Pero, faltando a su palabra, el 21 de junio de 1960 en vísperas de las conversaciones, la delegación del PCUS distribuyó una nota de información entre las delegaciones allí presentes, en la que se calumniaba al PCCh, acusando a éste de “locura”, de “querer desatar una guerra”, de “recoger la bandera de la burguesía monopolista imperialista”, de haber actuado durante el incidente fronterizo sino-indio como “nacionalista puro”(79)y de recurrir a “métodos trotskistas” contra el PCUS. En respuesta a ello, la dirección del PCCh publicó el 26 de junio de 1960 una declaración en la que señalaba que los actos de Jruschov estaban creando un precedente sumamente peligroso en las relaciones entre partidos hermanos.

En julio de 1960, en plena situación de hambruna en China(9) debida a los errores del Gran Salto hacia Adelante (intento de industrialización socialista a marchas forzadas de China que pretendía alcanzar en 10 años la producción de acero de Gran Bretaña) y a una serie de catástrofes naturales que habían asolado a China en 1959, el gobierno soviético decidió retirar unilateralmente toda la ayuda técnica que prestaba a China, anulando centenares de contratos para la construcción de proyectos industriales y militares. Aquello supuso la repatriación de 1390 especialistas soviéticos que trabajaban en China(80) y la ruptura de 343 contratos de especialistas y contratos suplementarios, la cancelación de 257 ítems de cooperación científica y técnica y la aplicación de una política de restricción y discriminación hacia China en las relaciones comerciales.(81) Centenares de construcciones en China quedaron paralizadas, lo que supuso un duro golpe a la economía china. Cosa que se sumaba a los millones de muertos de inanición motivados por los propios errores del Gran Salto Adelante y las calamidades climáticas que había sufrido China. Si esto es “internacionalismo proletario”, que baje Lenin y lo vea.

Poco después, el gobierno soviético anuló unilateralmente el acuerdo sobre la publicación y distribución en ambos países de las revistas “La Amistad” y “Amistad Soviético-China”, y llamó de regreso a los miembros del personal diplomático de la Unión Soviética en Beijing. Quedaba claro que la dirección del PCUS quería convertir las divergencias ideológicas entre los dos partidos en un conflicto diplomático entre ambos Estados, aunque fuera a costa de infringirle duros golpes a la economía china.

En noviembre de 1960 tuvo lugar en Moscú la segunda Conferencia de Partidos Comunista y Obreros a la que hice referencia antes. El desenlace de esta Conferencia, que acogió a representantes de hasta 81 partidos, fue decisivo para la ruptura sino-soviética. Fue una auténtica lucha de líneas entre la consecuente línea marxista-leninista defendida por el PCCh y la línea revisionista que el grupo de Jruschov quería imponer al resto del movimiento comunista internacional.

Previamente, el 10 de septiembre de 1960, el PCCh había contestado a una nota de información publicada por el PCUS el día 21 de junio, en la que volvían a exponer sus puntos de vista sobre las cuestiones a debate en el seno del movimiento comunista internacional, y en la que presentó al PCUS cinco proposiciones positivas(82) con vistas a resolver las divergencias y lograr la unidad en base a los principios fundamentales del marxismo-leninismo y la Declaración de 1957. Poco después, el PCCh envió a Moscú una delegación para mantener conversaciones con representantes del PCUS. Una vez allí la delegación china reprochó a la dirección del PCUS el que trataran “a los enemigos como a hermanos [en clara alusión al imperialismo norteamericano] y a los hermanos como enemigos”.

Las contradicciones entre ambos partidos ya se hicieron notar en las reuniones preparatorias de la comisión de redacción de la Conferencia, en las que los dirigentes del PCUS trataron de imponer por la fuerza su propio proyecto de declaración al resto de partidos, en el que se incluían sus puntos de vista revisionistas. Después de un acalorado debate, se introdujeron muchas enmiendas al anteproyecto inicial presentado por el PCUS, y la comisión preparatoria llegó a un acuerdo sobre la mayor parte del contenido. Sin embargo, tras su regreso a Moscú de un viaje a Nueva York, Jruschov declaró nulo dicho acuerdo. Y en vísperas de la Conferencia, la dirección del PCUS distribuyó a los representantes de los partidos una extensa carta (de más de 60.000 palabras) en la que se atacaba al PCCh, enrareciendo así el ambiente y llevando la Conferencia casi al borde de la ruptura.

No obstante, una vez comenzada la Conferencia se rechazaron muchas tesis revisionistas expuestas en el anteproyecto presentado por la dirección del PCUS, a saber, por ejemplo, la tesis según la cual la “coexistencia pacífica” y la “emulación económica” constituían la línea general de la política exterior de los países socialistas; la tesis sobre la posibilidad creciente de una transición pacífica hacia el socialismo; la tesis que se oponía a que los países socialistas lleven a cabo su edificación “en el aislamiento”;(83) o la tesis que se oponía a lo que la dirección del PCUS llamaba “actividades de grupos y de fracciones” en el seno del movimiento comunista internacional, tesis que venía a significar que quienes no obedecían al mando de la dirección del PCUS y no renunciaban a su independencia eran considerados “fraccionalistas”. La dirección del PCUS tuvo que aceptar las enmiendas del resto de partidos hermanos a estas tesis. En aras de la unidad y teniendo en cuenta las propias necesidades políticas del PCUS, el PCCh también hizo una serie de concesiones, por ejemplo al aceptar que en relación a la cuestión de las formas de transición hacia el socialismo, se copiara lo que decía al respecto la declaración de 1957. Sin embargo, la delegación del PCCh le hizo constar a los representantes del PCUS que sería la última vez que volverían a hacer este tipo de concesiones.

Pero apenas hubo terminado la Conferencia, la dirección del PCUS volvió a violar los acuerdos tomados en la misma. Prosiguió con sus alabanzas al imperialismo norteamericano, abogando por una “colaboración norteamericano-soviética” y expresando su deseo de trabajar con el presidente Kennedy para “proceder a tender desde ambos lados puentes sólidos e confianza, de comprensión mutua y de amistad”.(84)

Por otra parte, los ataques de la dirección revisionista del PCUS se ampliaron al Partido del Trabajo de Albania (PTA). En el XXII Congreso del PCUS, celebrado en octubre de 1961, la dirección del PCUS lanzó un ataque abierto contra el PTA, llegando incluso a hacer un llamamiento a destituir de su dirección a Enver Hoxha y Mehmet Shehu. No estaría de más que el camarada Vagenas nos cite algún caso en el que el PCCh haya intervenido de esta manera en los asuntos de otro partido comunista.

Como ya expuse antes, además de profundizar en las tesis revisionistas ya adoptadas en el XX Congreso, el XXII Congreso del PCUS profundizó en la revisión del marxismo-leninismo, con la formulación de las teorías sobre el “Estado de todo el pueblo” y el “partido de todo el pueblo”. Zhou Enlai, líder de la delegación del PCCh, expuso a los líderes soviéticos que la posición del PCCh se oponía resueltamente a los errores del XXII Congreso. Jruschov rechazó de plano estas críticas, contestándoles cínicamente que, si bien era cierto que cuando el PCUS empezó a tomar un “camino diferente del de Stalin”, aún necesitaban del apoyo de los partidos hermanos, en el año 1961 ya no era el caso, puesto que, según sus palabras, “las cosas son distintas ahora”, “nos está yendo bien” y “queremos ir por nuestro camino”.(85)

Durante el mismo XXII Congreso, el 31 de octubre de 1961, los líderes soviéticos decidieron retirar la tumba de Stalin del mausoleo de Lenin, ante lo cual la delegación china emitió una protesta. Los líderes albaneses, que se unieron a los puntos de vista chinos, fueron duramente criticados por ello.(86)

Después del XXII Congreso, los dirigentes del PCUS siguieron esmerándose en imponer su línea revisionista al conjunto del movimiento comunista internacional, que ellos definían como “la orientación leninista del movimiento comunista internacional en los últimos años”.(87) Presentaban su programa revisionista como “el verdadero Manifiesto Comunista de nuestra época”(88) y “el programa común de todos los Partidos Comunistas y Obreros y de todos los pueblos de la comunidad socialista”.(89) La Unión Soviética rompió relaciones económicas y diplomáticas con la República Socialista de Albania, y la privó arbitrariamente de sus legítimos derechos como país miembro de la Organización del Tratado de Varsovia y del Consejo de Ayuda Mutua Económica. Hechos sin precedentes en las relaciones entre países socialistas.

En cuanto a China, siguió siendo objeto de presiones. En su carta del 22 de febrero de 1962 dirigida al PCCh, la dirección del PCUS acusó al PCCh de adoptar una “posición peculiar”, reprochándole su apoyo al PTA, y exigió que abandonase su consecuente línea marxista-leninista para adoptar la línea revisionista del PCUS.

En enero de 1962, el Partido de los Trabajadores de Vietnam (nombre temporal que había adoptado antes de denominarse Partido Comunista de Vietnam) propuso que “los partidos en cuestión suspendieran los ataques mutuos por la radio o en la prensa”. Naturalmente, el camarada Vagenas, que tanto gusta de hablar en nombre del pueblo vietnamita, se cuida mucho de no mencionar esto. El PCCh, al igual que el PTA y otros partidos comunistas recibieron con simpatía la propuesta de los vietnamitas, pero los dirigentes del PCUS se negaron a asumir un compromiso para poner fin al carácter público de la polémica. Y no sólo eso, sino que siguieron promoviendo ataques públicos contra el PCCh en los Congresos de cinco partidos comunistas de Europa celebrados entre finales de 1962 y principios de 1963.

Posteriormente, la dirección del PCUS rechazó una propuesta de los partidos comunistas de Indonesia, Vietnam, Nueva Zelandia y otros países para que se convocara una conferencia de representantes de partidos con vistas a resolver los problemas entre partidos, y rechazó otra propuesta de cinco puntos que el PCCh había presentado al PCUS en una carta con fecha del 7 de abril de 1962. En su carta de respuesta, remitida al PCCh el 31 de mayo de 1962, la dirección del PCUS exigía que los comunistas albaneses renunciaran a sus posiciones como condición para el restablecimiento de las relaciones entre Albania y la Unión Soviética.

En abril y mayo de 1962, la dirección del PCUS se valió de sus organismos en la prefectura autónoma kazaja de Yili, en la provincia fronteriza de Xinjiang, para organizar actividades subversivas, seduciendo y coaccionando a decenas de miles de residentes para que se pasaran a territorio soviético. Pese a las protestas del gobierno chino, la dirección del PCUS se negó a repatriar a los ciudadanos chinos, bajo el pretexto de la “legalidad soviética”(90) y el “humanismo”.(91)

En agosto de 1962, y pese a las protestas del gobierno chino, el gobierno soviético declaró oficialmente que la Unión Soviética llegaría a un acuerdo de no-proliferación nuclear con los Estados Unidos, de forma que ambas potencias mantendrían el monopolio sobre el arma nuclear, privando así a China del derecho a poseerla.

La Unión Soviética volvió a posicionarse a favor del gobierno reaccionario de Nehru durante el segundo conflicto fronterizo sino-indio de junio de 1962, provocado por el propio gobierno indio. En dicho conflicto, India rechazaría una propuesta de armisticio ofrecida por China y acabó pidiendo ayuda militar a los Estados Unidos, Gran Bretaña y la Unión Soviética. Incluso en los momentos en que se produjeron los conflictos más graves en la frontera, la Unión Soviética nunca dejó de enviar armas a India.(92) Es más, de toda la ayuda económica que la Unión Soviética entregó a India, dos terceras partes de ella fueron concedidas después de que el gobierno de Nehru provocara los incidentes en la frontera. En 1963, pese a la falsa equidistancia que pretendía mostrar en este conflicto, el gobierno soviético hizo entrega a la India de algunos de sus más modernos aviones MIG. El 12 de agosto de 1963, Diario del Pueblo escribía: “Asistimos, ni más ni menos, a una alianza americano-soviética contra China”. ¿Quién era en ese momento el que mostraba una “actitud hostil frente al movimiento comunista internacional, en coordinación con los Estados Unidos a expensas de los intereses del movimiento revolucionario mundial”, para emplear las palabras del camarada Vagenas?

A partir de noviembre de 1962, Jruschov redobló sus ataques contra China en múltiples discursos, con el objetivo de crear una contracorriente opuesta al PCCh en el seno del movimiento comunista internacional. La prensa soviética publicó centenares de artículos atacando al PCCh. Bajo mandato del PCUS, los congresos de los partidos comunistas de Bulgaria, Hungría, Checoslovaquia, Italia y la RDA se convirtieron en escenarios de espectáculos anti-chinos. Más de 40 partidos comunistas publicaron resoluciones, declaraciones y artículos atacando al PCCh. Frente a estos ataques, el PCCh publicó, entre el 15 de diciembre de 1962 y el 8 de marzo de 1963, siete artículos en respuesta a estos ataques, pero en los cuales se abstuvo de criticar abiertamente al PCUS.

Pese al grave empeoramiento de las relaciones sino-soviéticas, el PCCh siguió mostrando una actitud favorable hacia la unidad y la resolución de las divergencias mediante el diálogo. El 14 de junio de 1963, el PCCh envió una carta al PCUS en la que presentó su famosa “Proposición acerca de la línea general del movimiento comunista internacional”. El PCCh accedió a mandar una delegación a Moscú, con vistas a un intercambio de opiniones. Pero previamente a su encuentro con el PCCh, la dirección del PCUS siguió atacándolo abiertamente y sin tregua mediante una serie de resoluciones, y expulsó de forma injustificada a varios miembros del personal de la Embajada de China y a un cierto número de estudiantes graduados en Moscú.

Pese a todo, aún en 1963 los dirigentes del PCCh le daban una oportunidad a la unidad del movimiento comunista internacional, mostrando una actitud favorable a resolver las divergencias por medio del diálogo. Para ello, anunciaron su decisión de suspender a partir del 9 de marzo las réplicas públicas a los ataques provenientes de otros partidos hermanos. El 9 de mayo de 1963, el PCCh recibió al embajador soviético en Beijing, y le informó que el PCCh mandaría una delegación a mediados de junio, en aras de resolver las divergencias. En el artículo “El origen y el desarrollo de las divergencias entre la dirección del PCUS y nosotros”, publicado en Diario del Pueblo el 6 de septiembre, la dirección del PCCh declaraba: “Queremos exhortar una vez más a la dirección del PCUS a corregir sus errores, volver al camino del marxismo-leninismo y del internacionalismo proletario y al camino de las Declaraciones de 1957 y de 1960.” No obstante esto no evitó la ruptura definitiva entre ambos partidos. El 14 de julio de 1963, en vísperas de las conversaciones entre ambos partidos, y también en vísperas de unas negociaciones entre Estados Unidos, Gran Bretaña y la Unión Soviética, la dirección del PCUS publicó su famosa “Carta abierta del Comité Central del PCUS a las organizaciones del Partido y a todos los comunistas de la Unión Soviética” en la cual que se tergiversaban los hechos y se lanzaban toda clase de injurias contra el PCCh. Esto fue un “regalo” que Jruschov le hizo a la administración Kennedy, en su afán de congraciarse con el imperialismo norteamericano.

Por otra parte, cabe añadir que los ataques en la prensa soviética no se detuvieron tampoco. Entre el 15 de julio hasta finales de octubre de 1963, fueron publicados en 26 periódicos y revistas nacionales de la Unión Soviética un total de 1119 artículos de redacción, editoriales, comentarios breves, artículos firmados, cartas de lectores, cartas de lectores, caricaturas, etc. en los que se atacaba al PCCh y a sus dirigentes Mao Zedong, Liu Shao-qi y Zhou En-lai, entre otros. En cuanto a la prensa local soviética, en 15 órganos distintos de la Repúblicas Federativas de la Unión Soviética se llegaron a publicar un total de 728 materiales antichinos.(93)

Aquí me detengo. Los posteriores conflictos entre la Unión Soviética y China, y en especial los conflictos fronterizos en los años 1966-1969 a los que se refiere el camarada Vagenas, son cuestiones que se salen del propósito de este artículo. Creo haber demostrado sobradamente que el PCCh criticó las posturas revisionistas adoptadas en el XX Congreso del PCUS desde el mismo año en que se celebró aquel congreso (1956), y que la crítica al revisionismo soviético no estaba motivada por “conflictos en las fronteras”, como afirma el camarada Vagenas, sino por una honesta y consecuente defensa de la línea revolucionaria del movimiento comunista internacional. Creo haber ofrecido suficientes datos para demostrar durante todo el periodo en que duró la Gran Polémica, desde el XX Congreso del PCUS (1956) hasta la ruptura ya definitivamente consumada del movimiento comunista internacional en los años 1962-63, el PCCh trató de defender por encima de todo la unidad del movimiento comunista y se armó de paciencia para tratar de solucionar las divergencias de la forma menos traumática. Y eso sin tener en cuenta posteriores intentos por restablecer relaciones con el PCUS, ya con Brézhnev, (94)independientemente de los errores izquierdistas en los que incurrió posteriormente el PCCh en su actitud hacia la Unión Soviética. Los hechos, que son muy tozudos, indican claramente que en todo el periodo anterior a la ruptura entre ambos partidos, la actitud del PCCh fue del todo correcta. Tratar de interpretar esto de otra forma es negar la evidencia.

Y bien, ¿cómo es posible que un dirigente comunista como Elisseos Vagenas sea capaz de mentir de una forma tan burda para defender sus posturas? ¿Por qué algunos “marxistas-leninistas” reproducen las mentiras de los revisionistas soviéticos sobre el PCCh? ¿Cómo es posible que tamañas mentiras decirse sin que ningún destacamento comunista emita queja o crítica alguna?

En realidad las respuestas a estas preguntas son varias. Entre otros motivos, algunos (entre los que me encuentro yo) que militábamos en organizaciones marxistas-leninistas no considerábamos que, pese a lo ridículo de las afirmaciones del camarada Vagenas, fuera una prioridad publicar una crítica al KKE por esa tendencia hacia lo que un amigo mío denominaba “hoxhismo sin Hoxha”. Y otro motivo es que, sencillamente, en nuestro país no existe un verdadero partido comunista, fusionado con las masas proletarias, que haya asimilado científicamente el marxismo-leninismo, libre de revisionismo (ya sea de derecha o de “izquierdas”), desviaciones infantiles, dogmas religiosos y “lealtades” a otros partidos y/o Estados de “referencia”. A lo sumo lo que existen son grupúsculos comunistas, que se toman en serio la teoría marxista-leninista, y que hacen lo que buenamente pueden.

Si lo que he expuesto arriba es erróneo, no estaría de más que alguien nos indique en base a qué nuevo “descubrimiento” hoy “ya sabemos que el Partido Comunista de China […] no se diferenció de modo abierto y esencial de las direcciones del XX Congreso del PCUS”, como afirma el camarada Vagenas. Misión del todo imposible, porque estas afirmaciones son sencillamente mentira. Y lo más patético es que, siendo mentira, ni siquiera aportan un elemento novedoso. El camarada Vagenas no hace más que reproducir un refrito de las viejas patrañas de los revisionistas soviéticos de hace más de medio siglo.

Mentir no es propio de comunistas, sino más bien de politicastros burgueses y de dirigentes oportunistas, revisionistas o socialdemócratas que engañan a las masas, al estilo de los Jruschov y compañía. Mentir no ayuda a esclarecer los hechos, ni va a ayudar al que miente a convencer a los suyos de que su línea política es correcta, porque tarde o temprano, sus mentiras le estallarán en la cara. Sobre todo porque aquel que sea capaz de mentir de forma tan descarada sobre una cuestión como ésta, abre para sí mismo una oportunidad para volver a mentir en otras ocasiones, cosa que ineluctablemente conduce al fracaso. Esto lo sabían muy bien los comunistas chinos cuando decían que: “Estamos convencidos de que, en cualquier caso, la verdad del marxismo-leninismo terminará por triunfar. La verdad no teme al debate. En última instancia, es imposible pintar la verdad como error, ni el error como verdad. El futuro del movimiento comunista internacional depende de las necesidades y las luchas de todos los pueblos y de la dirección del marxismo-leninismo, y jamás será decidido por el bastón de mando de ningún individuo”.(95) Esto, por supuesto, incluye al camarada Vagenas, a la dirección del KKE y a sus seguidores incondicionales en todo el mundo.

En el colmo del cinismo, en nuestro país los dogmático-revisionistas “pro-soviéticos”, y en particular los que integran organizaciones afines al KKE, incluso se permiten afirmar que el PCCh es responsable de la ruptura el movimiento comunista internacional.(96) Se niegan a reconocer que la crítica china a la línea revisionista del PCUS era correcta, y llegan a acusar de “revisionismo histórico” a quienes en el seno de sus organizaciones cuestionan el papel desempeñado por la Unión Soviética en la segunda mitad del siglo XX, y también a quienes traten de cuestionar la crítica soviética (es decir, jruschovista) hacia el PCCh y la República Popular China. Tratan de esconder la verdad reescribiendo la historia, cosa que no se puede lograr indefinidamente, pues como bien decía Abraham Lincoln, “se puede engañar a algunos todo el tiempo y a todos algún tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo”. Las manipulaciones de los hechos históricos por los dogmático-revisionistas no resisten el más mínimo análisis, ni la más mínima investigación, y desvelan fácilmente que el único revisionismo histórico que existe es el que practican el KKE y organizaciones afines, al tratar de esconder el triste papel que jugaron en el pasado al seguir ciegamente la línea revisionista del PCUS y acompañar a éste en sus ataques contra el PCCh. ¿Pero no sería mucho más honesto, a la vez que se declara tener simpatías por la Unión Soviética, reconocer el justo papel que desempeñó el PCCh al criticar el revisionismo de Jruschov? ¿Es que acaso es esto incompatible con la defensa del socialismo en la Unión Soviética?

Y es que allí reside uno de los motivos por los que el llamado “maoísmo” (que es el término que emplean para identificar y condenar el marxismo-leninismo anti-revisionista, algo parecido a lo que es el “estalinismo” para los trotskistas) provoca puro pánico en los dirigentes dogmático-revisionistas afines al KKE que hoy se han pasado al “izquierdismo” y el radicalismo pequeño-burgués. Un estudio objetivo, sin tergiversaciones ni anteojeras doctrinales, de la Gran Polémica de los años 50-60, podría poner seriamente en peligro la credibilidad de su pose “hiper-revolucionaria” en clave post-brezhneviana. Podría llevar a muchos a reconocer que la crítica del PCCh contra el revisionismo soviético fue – cuanto menos parcialmente – correcta, lo que a su vez podría poner al descubierto el papel que algunos de estos dirigentes desempeñaron en el pasado de defensa a ultranza del mismo revisionismo soviético que ayer defendía la vía parlamentaria, pacífica hacia el socialismo, es decir, del mismo reformismo que ellos tanto critican en la actualidad.

Hoy, los dogmático-revisionistas “pro-soviéticos” critican con la boca pequeña el XX Congreso del PCUS para mantener cierta apariencia “marxista-leninista” o incluso “estalinista”, etiqueta que permite gozar de cierto “aura” en algunos ambientes comunistas. Pero al dar crédito a las tergiversaciones, falsedades y calumnias de los Jruschov y compañía contra el PCCh, pese a que pretendan mantener una posición de falsa equidistancia entre la dirección revisionista del PCUS y el PCCh, demuestran tomar claramente partido por el revisionismo soviético de Jruschov. Revisionismo con el que no quieren romper puesto que ello supondría cortar el cordón umbilical que les ha unido al “partido/Estado-guía” con el que se han identificado y del que se han alimentado durante décadas. Y porque no pueden soportar la idea de que un partido comunista de un país de extremo oriente (es decir, no-ruso) pueda criticar la línea política del “partido-guía” y oponerse a sus directrices. Por ello, prefieren “pactar con el diablo” y seguir alineándose con el revisionismo de los Jruschov y los Brezhnev, haciendo frente común contra el PCCh y en general contra otras lecturas del marxismo-leninismo diferentes de la que marca su “ortodoxia”.

Finalmente, como bien señala el camarada Vagenas, es cierto que a raíz del cisma sino-soviético el PCCh incurrió en una serie de graves errores “izquierdistas”, en materia de política exterior, con respecto a la Unión Soviética y el resto de países en su esfera de influencia. Pero contrariamente a lo que nos quiere hacer creer el camarada Vagenas, aquellos errores no fueron fruto de decisiones políticas que caen del cielo, no aparecieron de forma puramente casual por capricho de malvados dirigentes “anti-soviéticos”. Los errores cometidos por el PCCh en su confrontación con la Unión Soviética fueron parte de los efectos negativos de la división del movimiento comunista internacional que fue, hay que insistir en ello, responsabilidad del señor Jruschov y adláteres, y de sus sucesores. Cargar toda la responsabilidad de las consecuencias negativas de la división del movimiento comunista internacional exclusivamente en la cuenta del PCCh es un repugnante ejercicio de deshonestidad intelectual.

De hecho, de políticas erróneas en la arena internacional se podría hablar mucho. El camarada Vagenas habla de Afganistán y de Angola, y algunos incluso hablan del reconocimiento a Pinochet y de la “teoría de los tres mundos”. Pero no hablan de algunas otras memorables demostraciones de “internacionalismo proletario” por parte de la Unión Soviética como fue la negación a reconocer al gobierno provisional del FLN de Argelia hasta que no se hizo inevitable su victoria;(97) la ayuda económica al régimen anticomunista y hostil a China de Nehru en la India;(98) el grave error que supuso el voto en el Consejo de Seguridad de la ONU a favor de la intervención internacional en el Congo Belga el 13 de julio de 1960, que desembocó en el aplastamiento a sangre y fuego de la revolución congoleña y la posterior detención y asesinato de Patricio Lumumba; los bombardeos de la marina del Ejército Rojo sobre las costas de Eritrea, en pugna por su independencia del régimen “marxista-leninista” de Mengistu en Etiopía, a quien la Unión Soviética proveyó generosamente con armamento moderno;(99) los bombardeos sobre población campesina en Afganistán; por no hablar del voto a favor de la partición de Palestina en la Asamblea General de Naciones Unidas, el 29 de noviembre de 1947,(100)y la posterior ayuda militar a las fuerzas sionistas en la primera guerra árabe-israelí en 1948-49.

Hasta aquí la primera parte de este escrito. En la segunda parte, me meteré más de lleno con el artículo de Elisseos Vagenas, para refutar o matizar una serie de afirmaciones que él hace en su artículo, notablemente sobre el carácter “capitalista” e “imperialista” (aunque no se atreva a decirlo con estas palabras) de China; la naturaleza de clase de la política económica del PCCh; las relaciones comerciales de China con los países del llamado “tercer mundo”, y en general sus relaciones diplomáticas con el resto de países del mundo; y el papel de China en las dos guerras del pueblo vietnamita por su liberación nacional. Por supuesto, no faltará una mención al ataque militar que China “lanzó contra Vietnam” en febrero de 1979.


***Desde Unión Proletaria no cabemos de agradecimiento al camarada Álexandre García por habernos hecho entrega de este magnífico artículo que sigue la estela de la línea de UP en combate a las posiciones izquierdistas con el afán no de atacar a partidos que consideramos hermanos ideológicos (m-l). Precisamente nuestra intención, lejos de dar lecciones a los demás es hacer notar que la teoría es una guía, mejor dicho unas orientaciones que al ser llevadas a la práctica en cada país, en cada sociedad se debe adaptar dicha práctica a las realidades concretas. A continuación el enlace al blog del camarada donde encontraréis muchos más artículos interesantes manos fuera de China

(1)Esto se puede comprobar en el apartado “Algunas cuestiones sobre China” del Informe al Pleno del Comité Central del PCE (m-l), Febrero de 2011 http://www.pceml.info/2012/02/14/informe-aprobado-por-el-pleno-del-comite-central-del-pce-m-l-extractos/
(2)En su Informe al VII Congreso del Partido del Trabajo de Albania (PTA) celebrado en 1976, Enver Hoxha afirmaba: “Las victorias históricas que el pueblo chino ha alcanzado en su gloriosa revolución y en la edificación del socialismo, la creación de la nueva China Popular y el elevado prestigio del que goza en el mundo están directamente ligados al nombre, a las enseñanzas y a la dirección del gran revolucionario que fue el camarada Mao Zedong. La obra de este eminente marxista-leninista representa una contribución al enriquecimiento de la teoría y de la práctica revolucionaria del proletariado”. Cinco años más tarde, en el VIII Congreso del PTA, en 1981, Hoxha sostenía en cambio que: “El revisionismo chino es una corriente oportunista en el movimiento comunista mundial, y el pensamiento-Mao Zedong,… es su fundamento, una ideología de rasgos arcaicos […] una ideología hegemonista que tiende a la dominación mundial… La teoría por la que se guiaba la nueva China no era el marxismo-leninismo. […] bajo el hábito de la ‘revolución’ se escondía la contrarrevolución,… bajo el hábito del pensamiento-Mao Zedong se escondía el antimarxismo, se escondía una corriente del revisionismo moderno… El alcance de la lucha del Partido del Trabajo de Albania reside en que ha derribado dos mitos, el de China como un país en el que se construía el socialismo, y el del pensamiento-Mao Zedong como marxismo-leninismo de nuestra época.”
(3)http://www.cpgb-ml.org/
(4)Vaya por delante que cuando en este artículo empleo la palabra “pro-soviético” en cierto tono peyorativo, no estoy condenando el hecho de simpatizar con la Unión Soviética o defender el socialismo en ese mismo país, que sin duda había que defender incluso hasta la total liquidación del socialismo en los años 89-91. Con este término, sólo me refiero a cierta concepción esclerótica del marxismo-leninismo de algunos sectores del movimiento comunista que en el pasado siguieron la línea revisionista y anti-china de los Jruschov y los Brézhnev. Sectores que, aparte de heredar la concepción del mundo de los revisionistas soviéticos, niegan por completo toda la experiencia de la Revolución China, y aún a día de hoy justifican ciertas políticas y tesis ideológicas del PCUS que en mi opinión están reñidas con el marxismo-leninismo.
(5)http://www.pce.es/secretarias/secinternacional/pl.php?id=5172
(6)En este sentido, llama particularmente la atención el hecho de que, en diciembre de 2012, coincidiendo con la celebración del XVIII Congreso del PCCh, el artículo del camarada Vagenas se volvía a publicar en la web tercerainformacion, afín a las juventudes del PCE.
(7)http://www.socialismocientifico.com/el-dogmatismo-la-otra-cara-del-oportunismo.pdf
(8)Para quien desee documentarse más sobre la ruptura con el marxismo-leninismo que supusieron el XX y el XXII Congresos del PCUS, recomiendo la lectura de la “Polémica acerca de la línea general del Movimiento Comunista Internacional” (http://marxists.org/espanol/tematica/china/documentos/pol.pdf) publicada en 1963 por Diario del Pueblo (órgano de expresión del PCCh) y la obra del dirigente del PTB Ludo Martens “La URSS y la contrarrevolución de terciopelo”, Editorial EPO, 1995 (http://es.scribd.com/doc/56763029/La-URSS-y-la-contrarrevolucion-de-terciopelo-Ludo-Martens)
(9)De la misma forma que, siendo excesivamente indulgente con la inoperancia de muchos comunistas occidentales, y en particular con la inoperancia de los comunistas griegos, el camarada Vagenas le echa a China la culpa de un sinnúmero de desgracias que sufre el pueblo griego, pero cuya responsabilidad recae única y exclusivamente en los propios comunistas occidentales, incapaces de hacer la revolución en sus propios países, como es el caso del KKE después de 95 años.
(10)B.N. Ponomariov, “La bandera triunfante de los comunistas del mundo”, Pravda, 18 de noviembre de 1962.
(11)“Nosotros (los EE.UU. y la URSS) somos los países más poderosos del mundo; si nos unimos en nombre de la paz, no habrá ninguna guerra. Entonces, si algún loco quiere la guerra, bastará que le amenacemos con los dedos para que se sosiegue.” (N. Jruschov, Conversación con C.L. Sulzberger el 5 de septiembre de 1961, Pravda, 10 de septiembre de 1961). En su intervención en el debate general de la Asamblea General de la ONU del 23 de septiembre de 1960, Jruschov afirmaba que la Unión Soviética y los EEUU “pueden marchar mano a mano en nombre de la consolidación de la paz y el establecimiento de la verdadera cooperación internacional de todos los Estados”.
(12)En 1962, Boris Ponomariov, jefe del Departamento Internacional del Comité Central del PCUS, afirmaba que el triunfo en dicha competencia económica “significará un golpe demoledor a todo el sistema de relaciones capitalistas” (B. N. Ponomariov, “Algunos problemas del movimiento revolucionario”, Problemas de la paz y el socialismo, nº 12, 1962).
(13)En el programa del Partido Comunista de la Unión Soviética, aprobado en el XXII Congreso del PCUS, se afirmaba que “Cuando el pueblo soviético disfrute de los bienes del comunismo, otros centenares de millones de personas de la Tierra dirán: ¡Estamos por el comunismo!” y entonces incluso los capitalistas “se pasarán al Partido Comunista”.
(14)De hecho, en un discurso pronunciado en 1965 en conmemoración de los 20 años de la derrota de la Alemania nazi, Brézhnev mencionaba a Stalin de forma positiva, cosa que no había ocurrido en más de una década.
(15)L.I. Brézhnev, informe al XXIII Congreso del PCUS, 1965.
(16)En 1973, tras el golpe de Estado de Pinochet en Chile, que echó por tierra toda ilusión acerca de una vía pacífica hacia el socialismo, Brézhnev declaraba, con toda la tranquilidad del mundo: “La tragedia de Chile en modo alguno ha descartado la deducción de los comunistas de que son posibles vías distintas de la revolución, incluida la pacífica, si para ello existen las condiciones requeridas”. Afirmación cuanto menos atrevida y poco afortunada después de aquella tragedia, que pasaba por alto el daño infligido al movimiento revolucionario por el pacifismo y el reformismo de Jruschov.
(17)En su Informe al XXIII Congreso del PCUS (1965), Brézhnev afirma: “En todos estos años, el PCUS, inspirándose en la línea emanada de los XX y XXII congresos del partido, ha guiado con firmeza al pueblo soviético en la vía de la construcción del comunismo”. Más tarde, en el Informe al XXV Congreso (1976), se pueden leer cosas como las que siguen: “En nuestro país se construye una sociedad socialista desarrollada que se transforma progresivamente en sociedad comunista. Nuestro Estado es el Estado del pueblo entero. Se ha constituido en nuestra nación una nueva comunidad histórica - el pueblo soviético - que descansa sobre la alianza indestructible de la clase obrera, el campesinado, la intelectualidad, la amistad entre todas las naciones y etnias del país”.
(18)Más información sobre las reformas económicas en la Unión Soviética a partir del XX Congreso del PCUS en la obra de Harpal Brar “Perestroika: el fracaso completo del revisionismo”, Ed. Progressive Printers, 1992.
(19)I.V. Stalin, “Sobre el materialismo dialéctico y el materialismo histórico”
(20)Desde la victoria de la Revolución de Octubre, los marxistas-leninistas habían afirmado que existían cuatro contradicciones principales en el mundo, a saber, la contradicción entre el campo socialista y el campo imperialista; la contradicción entre el proletariado y la burguesía en los países capitalistas; la contradicción entre las naciones oprimidas y el imperialismo; y la contradicción entre los países imperialistas y entre los grupos monopolistas. Sobre las tergiversaciones que hicieron los revisionistas soviéticos de este principio elemental del marxismo-leninismo, en la 1963 los comunistas chinos escribían: “La correlación de fuerzas en el mundo ha cambiado y se ha tornado cada vez más favorable al socialismo y a los pueblos y naciones oprimidos del mundo, y cada vez más desfavorable al imperialismo y a los reaccionarios de todos los países. No obstante, siguen existiendo objetivamente las contradicciones arriba enumeradas. Dichas contradicciones, así como las luchas que engendran, están vinculadas entre sí e influyen unas en otras. Nadie puede borrar ninguna de estas contradicciones fundamentales ni sustituir de modo subjetivo por una de ellas todas las demás.” (“Proposición acerca de la línea general del movimiento comunista internacional”, Respuesta del CC del PCCh a la carta del CC del PCUS del 30 de marzo de 1963, Diario del Pueblo, 14 de junio de 1963).
(21)Ibíd.
(22)Ibíd. Ibíd.
(23)“Las dos más grandes potencias contemporáneas, la Unión Soviética y los Estados Unidos, han dejado muy atrás a cualquier otro país del mundo […] Cada uno de estos dos Estados encabeza un gran grupo de países — la Unión Soviética encabeza el sistema socialista mundial y los Estados Unidos, el campo capitalista.” (N.N. Yakovlev, “Pasados 30 años…”, escrito con motivo del XXX aniversario de las relaciones diplomáticas soviético-norteamericanas).
(24)Ibíd. Esto mismo que según el PCCh no se podía esperar ni exigir de los países socialistas, es lo que de alguna forma espera el camarada Vagenas de China, como veremos en la segunda parte de este artículo.
(25)“Apologistas del neo-colonialismo”, Diario del Pueblo, 22 de octubre de 1963
(26)Ludo Martens, “Los años Brézhnev, ¿estalinismo o revisionismo?”, Études Marxistes nº8, 1991, http://marx.be/fr/content/%C3%A9tudes-marxistes?action=get_doc&id=7&doc_id=354
(27)V.I. Lenin, “El infantilismo de izquierda y la mentalidad pequeño-burguesa”
(28)Por supuesto, huelga decir que puede parecer chocante que de forma superficial, la tradición “pro-soviética” definiera a estos países como “socialistas”, sin que nadie se rasgue las vestiduras por ello, mientras que algunos comunistas “pro-soviéticos” como Elisseos Vagenas le nieguen ad eternum a China la condición de país socialista. Pero se ha de tener en cuenta que aquellos países del tercer mundo bajo influencia soviética eran “amigos”, un detalle muy importante.
(29)Cosa que se pretende justificar alegando que la intervención fue solicitada por la mayoría del Comité Central del Partido Comunista de Checoslovaquia, pero entonces habría que ver es hasta qué punto dicha “mayoría” era representativa de la voluntad del pueblo checoslovaco.
(30)“La primera gran fisura hecha pública en el movimiento comunista europeo tiene lugar tras la intervención internacionalista proletaria de los países del Pacto de Varsovia en Checoslovaquia, en agosto de 1.968. El Partido Comunista Italiano, el Partido Comunista de España y el Partido Comunista Rumano condenan públicamente la intervención.” (Raúl Martínez Turrero, Revista Comunista Internacional nº2). Pero del hecho de que la intervención en Checoslovaquia también fuera condenada por el revisionismo eurocomunista, no implica necesariamente que fuera una decisión acertada y acorde con los principios del marxismo-leninismo, como tampoco se puede anatematizar a los que disienten de la posición “oficial” brezhneviana. Incluso Enrique Líster, que ni por asomo es sospechoso de antisovietismo o de simpatía por el “maoísmo”, fue muy crítico con la intervención de los ejércitos en Checoslovaquia. En una reunión del Comité Ejecutivo del PCE el 17 de agosto de 1968, Líster, que además se encontraba en Praga cuando ocurrieron aquellos hechos, afirmaba lo siguiente: “Estoy en contra de esa intervención porque considero que no está justificada en ese momento y, por tanto, ha sido un error […] Ahora, es aquí cuando nosotros debemos elaborar realmente lo que va a ser nuestra política, nuestra orientación sobre esta cuestión y lo debemos elaborar entre todos. Pienso que una condición para eso es que cada uno demos honestamente, honradamente, nuestra opinión sobre este drama […] Pienso que el drama de por sí ya es lo suficientemente terrible para nuestro movimiento y para nuestro Partido, para que haya que venir aquí con medias verdades […] ¿es que para no estar de acuerdo con la intervención en Checoslovaquia hace falta negar que allí había una fuerza contrarrevolucionaria?”. Y, más adelante: “Camaradas: las cosas son mucho más trágicas y más complicadas. Miles y decenas de miles de dramas ha habido en las familias checoslovacas. Yo he hablado con camaradas. He hablado cerca de cuatro horas con el secretario de Dubcek. He hablado con el responsable de la sección extranjera del Partido y con toda una serie de dirigentes, muchos de ellos conocidos por mí en su época como novotnistas. He procurado tener el máximo de elementos, no para condenar o no condenar la intervención; para eso no me hacía falta ningún nuevo elemento. Desde el primer día tuve el convencimiento (y mi familia que vivía conmigo lo mismo) de que la intervención no estaba justificada.” (Enrique Líster, “Así destruyó Carrillo el PCE”, 1983. Ed. Planeta) Por otra parte, cabe observar que aquella “intervención internacionalista proletaria” sólo sirvió para retrasar el hundimiento del socialismo en Checoslovaquia poco más de 20 años.
(31)“Los partidos comunistas propugnan la cooperación con los partidos socialdemócratas no sólo en la lucha por la paz, por el mejoramiento de las condiciones de vida de los trabajadores, por la defensa de ampliación de sus derechos y libertades democráticas, sino también en la lucha por la conquista del Poder y la construcción de la sociedad socialista.” (N. Jruschov, Informe al XX Congreso del PCUS, 1956).
(32)Por si alguien tenía una duda, esto es lo que afirma Lenin en el capítulo “El comunismo de “izquierda” en Inglaterra” de esta misma obra: “…del hecho de que la mayoría de los obreros en Inglaterra siga todavía a los Kerenski o Scheidemann ingleses, de que no haya pasado todavía por la experiencia de un gobierno formado por esos hombres […] se deduce de un modo indudable que los comunistas ingleses deben participar en el parlamentarismo, deben desde el interior del parlamento ayudar a la masa obrera a ver en la práctica los resultados del gobierno de los Henderson y los Snowden [dirigentes del partido laborista], deben ayudar a los Henderson y a los Snowden a vencer a la coalición de los Lloyd George y Churchill. Proceder de otro modo significa obstaculizar la obra de la revolución, pues si no se produce un cambio en las opiniones de la mayoría de la clase obrera, la revolución es imposible, y ese cambio se consigue a través de la experiencia política de las masas, nunca de la propaganda sola. El lema "¡Adelante sin compromisos, sin apartarse del camino!", es manifiestamente erróneo…” Palabras de Lenin que chirrían cuando se comparan con lo que algunos partidos comunistas entienden como la “verdadera línea marxista-leninista”. Por otra parte, en el mismo capítulo Lenin censura a la comunista británica Sylvia Pankhurst por hacer afirmaciones como la siguiente, que Lenin califica de “extraña conclusión”: “El Partido Comunista no debe contraer compromisos […].Debe conservar pura su doctrina e inmaculada su independencia frente al reformismo; su misión es ir adelante, sin detenerse ni desviarse de su camino, avanzar en línea recta hacia la Revolución Comunista.” ¿Alguien ve diferencia alguna entre estas palabras y las del camarada Dimitris Koutsoumpas?
(33)“En las condiciones actuales, la actividad de los sindicatos, en tanto que escuelas de comunismo, adquiere un nuevo significado. La extensión de las prerrogativas y de la autonomía económica de las empresas, y el empleo sistemático de estimulantes económicos, aumentan considerablemente la responsabilidad de los sindicatos en lo que respecta al cumplimiento del plan estatal, el perfeccionamiento técnico de la producción, la proliferación de los inventores y racionalizadores.” (L. Brézhnev, Informe ante el XXIII Congreso del PCUS, 1965).
(34)Después del famoso “socialismo-guión-comunismo”, el KKE ha acuñado otra expresión de moda para identificar ese fenómeno, que es la de “unión interestatal capitalista”. (35)”Proposición acerca de la línea general del movimiento comunista internacional”, Diario del Pueblo, 14 de junio de 1963.
(36)Con “Gran Polémica” haré referencia en este artículo a los debates entre el PCCh y el PCUS desde el XX Congreso hasta la división del movimiento comunista internacional en los años 60.
(37)En su resolución de 1943, proponiendo la disolución de la IC, el Presídium del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista puntualizaba: “...en el grado en que la situación interna e internacional se torna más complicada, la solución de los problemas del movimiento obrero de cada país por medio de algún centro internacional encuentra obstáculos insuperables”.
(38)http://es.wikipedia.org/wiki/28_bolcheviques
(39)Según el historiador chino Wang Yunsheng, el origen del nombre se debe a una reunión de estudiantes de la Universidad Sun Yat-sen de Moscú en el verano de 1929, en la que habrían participado 28 estudiantes, muchos de los cuales decidieron allí unirse oficialmente al PCCh. Pero no todos los participantes en la reunión se unirían a las filas del PCCh, y de hecho su propio líder, Wang Ming, ni siquiera estuvo presente en dicha reunión.
(40)Muchas veces se leerá más frecuentemente la palabra “Kuomintang” para referirse al Partido Nacionalista Chino, aunque esto es una incoherencia, puesto que “Kuomintang” era la trascripción a lenguas occidentales que establecía el antiguo sistema inglés wade-giles, que ha quedado en desuso, siendo desalojado paulatinamente por el sistema de transliteración chino hanyu pinyin, que es el que se suele utilizar en la actualidad (por ejemplo, hoy ya no se suele escribir “Mao Tse-tung”, sino más bien “Mao Zedong”). De la misma forma que, siendo coherentes, no se debería hablar de “Chang Kai-shek”, como se sigue haciendo por inercia, sino de “Jiang Jieshi”.
(41)Me adelanto a eventuales acusaciones de incoherencia por parte mía: aquí me refiero a una línea de colaboración sin independencia política del partido comunista, dándole al Guomindang el papel central en la revolución democrático-burguesa, pendiente en China, otorgándole al proletariado un papel testimonial. Una línea típicamente menchevique, defendida por el entonces secretario general Chen Duxiu, por cierto un trotskista. No me refiero por lo tanto a cualquier política de colaboración o compromiso en abstracto, pues de hecho fue el propio Mao quien a partir de la ocupación japonesa de Manchuria haría de nuevo un llamamiento a la unidad con el Guomindang.
(42)“Evitar la confrontación contra formaciones de combate bien ordenadas y no atacar grandes batallones constituye el dominio de la adaptación” (Sun Tzu, “El arte de la guerra”) y de una aplicación creativa del marxismo-leninismo, partiendo, como decía Carlos Marx, “de la realidad que tenemos ante los ojos”.
(43)En 1963, el PCCh hacía referencia a este papel de “partido-guía” en su polémica con el PCUS y refutaban la pretensión de los revisionistas soviéticos de dirigir al movimiento comunista, no sin cierta ironía: “Los dirigentes del PCUS acusan de “actuación antisoviética” a todos los que rechazan y critican su revisionismo y escisionismo. Esta es una acusación espantosa. Oponerse al primer Estado socialista del mundo y al Partido creado por el gran Lenin. ¡Qué osadía!”. Y más adelante, decían: “Por lo visto, los dirigentes del PCUS efectivamente se consideran a sí mismos dirigentes naturales que pueden dominar sobre los partidos hermanos de todo el mundo. Según su lógica, sus programas, resoluciones y declaraciones son leyes inapelables. Cada frase e incluso cada palabra de Jruschov, por muy errónea y absurda que sea, es un edicto imperial. Los partidos hermanos sólo deben obedecerla sumisos y observarla con rigurosidad, y queda absolutamente prohibido criticarla u oponerse a ella. Esa es una verdadera arbitrariedad; es un despotismo feudal en el estricto sentido de la palabra. Pero tenemos que decir a los dirigentes del PCUS que el movimiento comunista internacional no es una agrupación feudal. Todos los partidos hermanos, sean grandes o pequeños, nuevos o viejos, estén en el Poder o fuera de él, son independientes e iguales.” (“Los dirigentes del PCUS son los mayores escisionistas de nuestra época”, Diario del Pueblo, 4 de febrero de 1964). Estas palabras mantienen hoy toda su validez. Por increíble que parezca, hay comunistas que aún creen que cada frase o palabra del PCUS era un edicto imperial.
(44)Actas del VI Congreso de P.C.(b) de la URSS, págs. 233-234
(45)Sobre la cuestión del “asalto a las ciudades desde el campo”, cabe hacer la siguiente observación: tras la rendición de Japón en la 2ª Guerra Mundial, el ejército soviético siguió ocupando Manchuria, que anteriormente había sido un Estado títere pro-japonés. Cuando la Unión Soviética vio que los Estados Unidos no iban a respetar los acuerdos de Yalta, y que pretendían un control exclusivo sobre Japón, aquélla decidió revisar su política hacia el Guomindang, con quien había firmado un tratado de amistad en agosto de 1945. Por otra parte, la Unión Soviética observaba con inquietud la creciente colaboración entre los Estados Unidos y el Guomindang en Manchuria. Por todo ello, la Unión Soviética decidió elevar su cooperación con el PCCh, dejando que éste aumentara su influencia en Manchuria, El 14 de septiembre, el teniente coronel Belunósov, como representante de las fuerzas armadas soviéticas en Extremo Oriente, llegó a Yenán para reunirse con los dirigentes del PCCh. Llegaron al siguiente acuerdo: mientras las tropas comunistas en el noreste de China no penetrasen en las grandes ciudades, los soviéticos les permitirían ocupar el campo y algunas ciudades de pequeño y mediano tamaño. De ello se infiere que la famosa táctica china de “cercar las ciudades” desde el campo, que parece causar un problema en ciertos dogmáticos, también fue, al menos parcialmente, de inspiración soviética.
(46)En opinión del PCCh, entre estos errores, estuvo por supuesto el apoyo al grupo liderado por el “bolchevique” Wang Ming, además de la pretensión de mantener la alianza con el Guomindang en los años 30, por encima de la propia seguridad del PCCh, incluso durante la campaña de “cerco y aniquilamiento”. Posteriormente, debido a una promesa hecha a Roosevelt, Stalin decidió no apoyar al PCCh en la guerra civil contra el Guomindang en los años 1945-49. En agosto de 1945, la Unión Soviética firmó el Tratado Sino-Soviético de Amistad y Ayuda Mutua que reconocía la legalidad del gobierno del Guomindang. Tras la rendición de Japón, los días 20 y 22 de agosto de 1945 Stalin envió sendos telegramas al PCCh, en los cuales instaba a éste a negociar la paz con el Guomindang. “Si estallara una guerra civil, la nación china se enfrentaría a su autodestrucción.”, decía Stalin. Después de la victoria de los comunistas chinos en 1949, Stalin no quiso firmar otro tratado de alianza con China que sustituyera al firmado anteriormente con el Guomindang hasta Febrero de 1950, 4 meses después de la proclamación de la República Popular.
(47)“Los dirigentes del PCUS tienen un mal hábito: colocan indiscriminadamente etiquetas a todos los que les critican.Dicen: “¡Ustedes son antisoviéticos!” ¡No, amigos! La etiqueta de “antisoviéticos” no nos sienta. Criticamos sus errores precisamente para defender al gran PCUS y a la gran Unión Soviética y para impedir que ustedes estropeen tan lastimosamente el prestigio del PCUS y de la Unión Soviética. Hablando con franqueza, son ustedes y no nosotros los auténticos antisoviéticos que difaman y cubren de fango al PCUS y a la Unión Soviética. Después de negar completamente a Stalin en el XX Congreso del PCUS, ustedes han seguido cometiendo incesantemente fechorías de esa índole. Ni toda el agua del Volga puede lavar la ignominia que ustedes han echado sobre el PCUS y la Unión Soviética.” (“Proposición acerca de la línea general del movimiento comunista internacional”, Diario del Pueblo, 14 de junio de 1963)
(48)“Proposición acerca de la línea general del movimiento comunista internacional, Diario del Pueblo, 14 de junio de 1963.
(49)Y aún así, habría que ponerse a analizar qué conclusiones sacan los dogmático-revisionistas de la lectura de estos “manuales de instrucciones”, que no siempre coinciden, ni mucho menos, con lo afirmado por los padres del socialismo científico.
(50)- Tesis compartida con el dogmático-revisionismo de tipo hoxhista. Aunque aparentemente ello parezca ser fruto de la casualidad, no lo es tanto pues ambos comparten el mismo odio neo-colonial hacia la revolución china.
(51)http://es.wikipedia.org/wiki/Hafiz
(52)“El mundo capitalista y la Internacional Comunista”, Manifiesto del II Congreso de la Internacional Comunista, julio de 1920.
(53)“Los parias se levantan. Su pensamiento que despierta se dirige hacia la Rusia de los soviets, hacia las barricadas levantadas en las calles de las ciudades de Alemania, hacia la lucha desesperada de los obreros huelguistas de Inglaterra, hacia la Internacional comunista.” (ibíd.)
(54)“Respetamos el orden constitucional y no cuestionamos la monarquía de don Juan Carlos” (declaraciones de Ignacio Gallego, secretario general del PCPE, en la conferencia de prensa posterior al congreso de los comunistas “pro-soviéticos”, 15 de enero de 1984) Esto no es óbice para que estos mismos “pro-soviéticos”, pasados hoy al izquierdismo, califiquen dicho congreso de unidad como de “punto de inflexión en la etapa de retroceso de la lucha revolucionaria en este país” (Tesis del IX Congreso del PCPE). De la misma forma que otros partidos como el PCOE, que hoy hacen gala de un estridente lenguaje radical, con llamamientos a la abstención en las elecciones o a romper con los sindicatos mayoritarios, no hace mucho tiempo, cuando aún existía la Unión Soviética, hablaban de la “Restructuración democrática del Estado” y de la “Democratización del aparato estatal” (Programa del PCOE del año 1984, pág. 72), dejando claro incluso que aquellas propuestas no se debían entender “como una medida que vaya contra la propia Administración pública, la Justicia y las Fuerzas Armadas y sus funcionarios, tanto civiles como militares” (ibíd., pág. 136-139).
(55)No obstante, cabe señalar que la caída del Muro de Berlín y la desintegración de la Unión Soviética supusieron un duro golpe, no solamente para los comunistas “pro-soviéticos” sino para todos los comunistas que se reclamaban del marxismo-leninismo, incluso los “anti-revisionistas” que no veían socialismo más que en China o Albania. De hecho, ellos fueron quienes más lamentaron la desaparición de la Unión Soviética, pese a que creyeran en los años 89-91 que los procesos contrarrevolucionarios en el este de Europa y en la Unión Soviética “no iban con ellos”, porque ya habían condenado al resto de países socialistas por “revisionistas”. Esto se puede observar hoy en día por el estado de marginalidad en el que se encuentran la mayoría de ellos en Europa. Asimismo, es más que probable que, haciendo política-ficción, si un día el régimen socialista de la República Popular China hubiera de hundirse, desapareciendo con ello el modesto papel de contrapeso que ejerce China contra las políticas imperialistas, serían los comunistas como Elisseos Vagenas quienes más lo lamentarían. Por mucho que éste considere ahora que China es “carne de la carne del sistema imperialista internacional”, como afirma en su artículo.
(56) En el caso de los dogmático-revisionistas “pro-soviéticos” y “hoxhistas”, esta negación va más allá, puesto que su odio hacia el pueblo chino les lleva a negar ad eternum el carácter socialista de la República Popular China. Es decir, no solamente en estos últimos 36 de reformas “capitalistas", sino en toda su historia. En este tipo de análisis “dialéctico”, no ha lugar para la negación de la negación, sólo cabe una negación absoluta y total de 65 años de historia, y fin del asunto. La ciencia ha sido sustituida por los sentimientos. Hegel (y Marx) se revuelven en su tumba.
(57)En su XV Congreso en 1996, el KKE escribía: “La lucha contra el imperialismo y por el socialismo no podrá lograr éxitos si el movimiento comunista está ideológica y políticamente fragmentado. La reconstrucción del movimiento comunista internacional y la salida de la situación actual de la crisis y el retroceso, la restauración de su unidad en la base del socialismo científico, del internacionalismo proletario y de la estrategia común, así como su expresión particular, es el deber urgente impuesto por las condiciones actuales de lucha contra la unidad internacional del capital […] Si el reagrupamiento del MCI no da pasos hacia la dirección de formación de un movimiento revolucionario fuerte, capaz de liderar una ofensiva estratégica y revitalizar la perspectiva socialista, las fuerzas radicales populares y los movimientos emergentes serán aún más vulnerables ante la confusión y la integración (citado en “La situación en el movimiento comunista internacional. 10 Años de Encuentros Internacionales de Partidos Comunistas y Obreros.” Nikos Seretakis, “Colección de artículos sobre temas actuales del movimiento comunista”, pág. 48. Ed. Templando el Acero, Cierzo Rojo, 2011). En sí mismos, estas pretensiones no son erróneas. Pero si se supedita la posibilidad del avance de las posiciones de los partidos comunistas en cada país al “reagrupamiento del MCI” de cara a la formación de un “centro dirigente “capaz de liderar una ofensiva estratégica”, si no se asume que, antes de acometer este “reagrupamiento”, hacen falta partidos comunistas fundidos con las masas de su propio país, que sean capaces de adecuar la teoría marxista-leninista a su propia realidad, se estará construyendo la casa por el tejado y se seguirá dándole una prioridad excesiva a los factores externos. En relación a esta cuestión resultan muy certeras las siguientes palabras de José María Rodríguez: “No es la fragmentación del movimiento comunista internacional la que impide luchar contra el imperialismo y por el socialismo, sino su inexistencia real en el movimiento obrero de cada país […] La realidad es que el surgimiento y fortalecimiento de los partidos comunistas no está en relación con la creación de un centro internacional, sino con profundizar de manera autocrítica en su pasado, centrarse en el propio país, ligarse a las masas en lucha mediante la dirección revolucionaria huyendo tanto del reformismo como del dogmatismo […] Decir que si no existe la reconstrucción del movimiento comunista internacional, la lucha contra el imperialismo y por el socialismo “no podrá lograr éxito”, es anteponer el centro internacional al desarrollo de los diferentes partidos comunistas en sus propios países dirigiendo la lucha de clases y en definitiva supone justificar no abordar las tareas de la toma del poder político en el propio país por la inexistencia de un centro internacional […] En las actuales condiciones de desorganización sumaria de los partidos comunistas en España y Europa, la posición de clase no consiste en primar el centro internacional con partidos cuyo verdadero carácter no se puede conocer integralmente, sino en apegarnos a las condiciones concretas de nuestro país para desarrollar un potente partido comunista.” (José María Rodríguez, “El dogmatismo, la otra cara del oportunismo”).
(58)De todos es conocida la famosa expresión “socialismo-guión-comunismo”, y otras expresiones empleadas por el KKE, que han sido recogidas por determinadas “estructuras satélites” del KKE y que ahora emplean de forma compulsiva. Veamos algunos ejemplos. En su en su órgano de expresión “El Comunista”, el Partido Comunista de México (PCM) escribía hace poco lo siguiente: “Es verdad que nuevas condiciones pueden presentarse, sin embargo con base en nuestra experiencia, ya no bastan las buenas voluntades, son necesarias las siguientes premisas […] en lo programático, con base en el método del marxismo-leninismo […] la superación del etapismo, rechazando las alianzas y pactos interclasistas con la burguesía; colocar con claridad el objetivo estratégico del derrocamiento y del socialismo-comunismo.”. Por su parte, el PCPE publicaba recientemente un comunicado en el que se podía leer frases como las que siguen: “El bloque dominante se encuentra en una difícil situación para mantener su posición hegemónica en la sociedad, pero este bloque no caerá si la clase obrera no se organiza para aprovechar este momento y lanzar todas sus fuerzas en una lucha de contraataque decidido hasta la victoria […] No habrá victoria si no se lucha con el horizonte estratégico del socialismo-comunismo.” Y finalizaba el comunicado con las siguientes consignas: "Por la salida del €-UE-OTAN, Por la unidad de la clase obrera, por el poder obrero y el socialismo-comunismo".
(59)Cosa que indica que el KKE y partidos afines justifican su relativa inoperancia y sus propias carencias propias por medio de factores externos, siguiendo la vieja tradición dogmático-revisionista de concederle prioridad a los factores externos en detrimento de los internos.
(60)“Proposición acerca de la línea general del movimiento comunista internacional, Diario del Pueblo, 14 de junio de 1963.
(61)No puedo resistirme a señalar el cómo estas palabras del camarada Vagenas me recuerdan a lo que escribía el PCUS en su carta abierta al PCCh escrita en 1963, en la que afirmaban que “los dirigentes chinos minan no sólo la cohesión del campo socialista, sino también de todo el movimiento comunista mundial, pisoteando los principios del internacionalismo proletario” (“Carta abierta del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética a las organizaciones del Partido, a todos los comunistas de la Unión Soviética”, 14 de julio de 1963).
(62)Con la excepción de lo afirmado por Vagenas sobre la “actitud de China frente al pueblo de Vietnam mientras luchaban por la liberación nacional”, que es de una obscenidad tal que le dedicaré una sección entera en la segunda parte de este trabajo.
(63)Curiosamente, la valoración que hace el camarada Vagenas de la política exterior de China coincide con la valoración de los hoxhistas en lo siguiente: la total ausencia de delimitaciones entre distintas etapas históricas de la experiencia china, tanto en lo que respecta a la política exterior de la República Popular China como a la política interior (edificación económica). Tanto hoxhistas como “pro-soviéticos” condenan toda la historia de la República Popular China desde 1949 hasta hoy, como si desde su nacimiento la revolución china llevara en sí misma una “semilla del mal” que condujera irremediablemente hacia un ineludible destino “antisoviético”, “capitalista” e “imperialista”. Así, se niega la posibilidad de hacer un análisis concreto de la evolución de China en materia de política, economía, ideología, política exterior, etc., y diferenciado en función de las distintas etapas de su historia. Una vez más, la ciencia ha sido asesinada por la metafísica. Pero quien sepa algo sobre la historia de la construcción socialista en China, sabrá que su evolución fue de todo menos lineal. Para mayor ilustración, esto es lo que escribe Enver Hoxha en 1978: “En China, y también en el exterior, existen personas que al observar estas maniobras reaccionarias, comparan la lucha de Teng Siao-ping contra Mao, que jamás fue un marxista-leninista, con el crimen perpetrado por Jruschov que echó barro sobre Stalin, el cual fue y sigue siendo un gran marxista-leninista. Nadie que tenga dos dedos de frente puede admitir tal analogía. La comparación más justa que puede hacerse es la siguiente: Brezhnev y su grupo revisionista derrocó a Jruschov y ahora el Brezhnev chino, Teng Siao-ping, está derribando del pedestal al Jruschov chino, Mao Tse-tung.” (Enver Hoxha, “El pensamiento Mao Tse-tung, teoría antimarxista”, extraído de “El imperialismo y la revolución”, Ed. Cuestión, 1978).
(64)V.I. Lenin, “Materialismo y empiriocriticismo”, p. 135, Ed. Progreso, Moscú http://www.marx2mao.com/M2M%28SP%29/Lenin%28SP%29/MEC08i%28s%29.html#c2s55
(65)En una alocución por radio el 11 de junio de 1956, T.C. Streibert, director de la U.S. Information Agency, celebraba la aparición del “informe secreto” de Jruschov afirmando que dicho informe “nunca ha servido tanto a nuestros propósitos”. Por su parte, en su editorial del 23 de junio de 1956, el New York Times afirmaba que dicho informe debía servir “como arma para destruir el prestigio y la influencia del movimiento comunista”, a la vez que el Secretario de Estado en aquellos años, J.F. Dulles, confesaba en una conferencia de prensa el 3 de abril 1956 sus deseos de una “evolución pacífica” en el seno del “mundo soviético”.
(66)- La adición principal al proyecto inicial propuesto por la dirección del PCUS sobre el tema del imperialismo, era la tesis de que el imperialismo norteamericano es el centro de la reacción mundial y el peor enemigo de las masas populares. En aquella época, los comunistas si sabían identificar quién era la verdadera amenaza a la paz mundial, es decir los Estados Unidos y sus aliados imperialistas de segundo orden. No como hoy, cuando el KKE defiende la tesis filo-trotskista de “todos son imperialistas”, sin importar los matices entre unas potencias y otros, y sin importar los hechos. Tesis que en última instancia solamente le es útil al Pentágono.
(67)Por supuesto, se podrá alegar que hoy en día China mantiene una actitud conciliadora hacia el imperialismo norteamericano, pero a esto se ha de objetar que: a) de lo que se trata aquí es de señalar que los revisionistas soviéticos fueron los responsables de la ruptura del movimiento comunista internacional, al violar los acuerdos de la Conferencia de 1957 y que b) la línea de coexistencia pacífica actual de China dista mucho de parecerse en lo más mínimo a la tergiversación revisionista que hiciera Jruschov. Esto lo abordaremos sucintamente después.
(68)N. Jruschov, Conferencia de prensa en Washington, 27 de septiembre de 1959. Esto lo decía Jruschov del mismo presidente norteamericano que proveyó a Francia de los 2/3 del material militar que empleó en el final de la guerra de Indochina contra el pueblo de Vietnam, que posteriormente sería el iniciador de la intervención de Estados Unidos en la segunda guerra de Vietnam (1954-1975), y que organizó la represión sangrienta de la revolución de liberación nacional del pueblo congoleño en 1961. El mismo Eisenhower que el 16 de marzo de 1955 declaró que Estados Unidos emplearía el arma nuclear en caso de un conflicto con la República Popular de China.
(69)A. Gromyko, Discurso en la Sesión del Soviet Supremo de la Unión Soviética, 31 de octubre de 1959.
(70)N. Jruschov y K. Voroshilov, Mensaje de año nuevo a Eisenhower, 1º de enero de 1960.
(71)N. Jruschov, Respuestas a las preguntas de Roberto J. Noble, director del diario Clarín (Argentina), 30 de diciembre de 1959.
(72)N. Jruschov, Discurso en la Asamblea General de Naciones Unidas, 18 de septiembre de 1959.
(73)“La China de Mao y la guerra fría”, Chen Jian, Universidad de Cornell, Ed. Paidós, 2005.
(74)China reclama desde 1947 los territorios de Arunachal Pradesh, que considera parte del Tíbet.
(75)El 2 de octubre de 1959, en una reunión en Beijing con dirigentes del PCCh, Jruschov le dijo a los chinos que era “insensato” competir con India “por unos cuantos kilómetros cuadrados de tierra yerma”, a la vez que se mofaba de ellos por “haber dejado marchar” al Dalai Lama (“El dogmatismo, la otra cara del oportunismo”, José María Rodríguez, pág. 158)
(76)“Hemos de estarle [a Jruschov] agradecidos por haber estropeado sus relaciones con los chinos […] Debemos estarle agradecidos porque ha introducido confusión en el comunismo internacional mediante numerosas iniciativas bastante presuntuosas y repentinas” (“¿Ha cambiado Jruschov sus medios con el Tratado de Prohibición de pruebas?”, US News and World Report, 30 de septiembre de 1963).
(77)N. Jruschov, Informe ante la Sesión del Soviet Supremo de la Unión Soviética, octubre de 1959
(78) “Proposición acerca de la línea general del Movimiento Comunista Internacional”, Diario del Pueblo, 14 de junio de 1963
(79)Las acusaciones de “nacionalismo” contra China, posteriormente retomadas por Brézhnev, son un clásico de la crítica revisionista soviética contra China. Realmente, el camarada Vagenas no inventa nada nuevo cuando ataca a China en su artículo.
(80)Especialistas que por cierto eran pagados en dólares USA. Merece la pena subrayarlo porque, aunque ello supusiera también una pesada carga para la economía china, China acabó pagando toda la deuda contraída con la Unión Soviética, y ello haciéndolo a precios de mercado mundial, siendo esta deuda totalmente liquidada en 1964 (es decir, incluso después de consumida la ruptura sino-soviética).
(81) “Los dirigentes soviéticos son los mayores escisionistas de nuestra época”, Diario del Pueblo, 4 de febrero de 1963.
(82)“Las cinco proposiciones hechas por el Comité Central del PCCh en su respuesta a la Nota de Información del Comité Central del PCUS, con vista a resolver las divergencias y lograr la unidad”, 10 de septiembre de 1960 (“Polémica acerca de la Línea General del Movimiento Comunista Internacional”)
(83)Con estas palabras, los revisionistas soviéticas realmente se referían a los países que perseguían el objetivo de construir el socialismo apoyándose principalmente en sus propios esfuerzos y desarrollaban su economía sobre la base de la independencia, oponiéndose a los planes de los revisionistas soviéticos de convertir a los países hermanos en apéndices económicos de la Unión Soviética. Invitándoles a abandonar su industrialización, de modo que se conviertan en fuentes de materias primas y en mercado para los excedentes de producción de la Unión Soviética. Fue en oposición a esta pretensión de los revisionistas soviéticos que los comunistas coreanos en la República Democrática Popular de Corea (RPDC) elaboraron el pensamiento “Juche”, que propugnaba que la RPDC debía apoyarse en su propias fuerzas para desarrollarse.
(84)N. Jruschov y L. Brézhnev, Mensaje de saludo a Kennedy en el 185 aniversario de la independencia de Estados Unidos, 4 de julio de 1961.
(85)- “Polémica acerca de la línea general del movimiento comunista internacional”
(86)- Iring Fletscher, Historia del Comunismo
(87) Y. Andrópov, El XXII Congreso del PCUS y el desarrollo del sistema socialista mundial, Pravda, 2 de diciembre de 1961
(88) Nikita Jruschov, Discurso en la Conferencia de los trabajadores de la agricultura de Uzbekistán y otras repúblicas, 16 de noviembre de 1961.
(89)“La unidad multiplica diez veces las fuerzas del comunismo”, editorial de Pravda, 25 de agosto de 1961.
(90)Memorándum presentado al Ministerio de Relaciones Exteriores de China por la Embajada soviética en China, 9 de agosto de 1962.
(91)Memorándum presentado al Ministerio de Relaciones Exteriores de China por la Embajada soviética en China, 29 de abril de 1962.
(92) Iring Fletscher, Historia del Comunismo
(93)“Los dirigentes soviéticos son los mayores escisionistas de nuestra época”.
(94) En noviembre de 1964, tras la caída de Jruschov, Zhou Enlai viajó a Moscú para tener discusiones con los dirigentes soviéticos a fin de ayudarles a dejar la vía revisionista.
(95)“Declaración de la delegación del Partido Comunista de China en la Conferencia de los partidos hermanos de Bucarest” (26 de junio de 1960)
(96)Por mucho que ciertos dogmático-revisionistas pretendan falsear los hechos históricos, es posible acercarse a la verdad por medio de los imperialistas norteamericanos, que saben muy bien quiénes son sus enemigos en cada momento y quiénes les han sido útiles. El 26 de marzo de 1962, la revista Newsweek decía: ““Jruschov ha destruido irrevocablemente el bloque unificado del tiempo de Stalin. Este quizás sea el mayor servicio de Jruschov — no al comunismo sino al mundo occidental.” (“Moscú y Pekín: ¿qué amplitud tiene la escisión?”, Newsweek, 26 de marzo de 1962.). Y en su edición del 1º de julio de 1963, la misma revista publicaba un artículo en el que se decía: “La administración [norteamericana] ahora está convencida de que los EE.UU. deben brindar el máximo apoyo a Jruschov en su disputa con la China roja.” (“El periscopio”, Newsweek, 1º de julio de 1963)
(97)Hasta entonces la Unión Soviética se había opuesto a la lucha de liberación nacional del pueblo argelino. En una entrevista al periódico francés Le Figaro el 19 de marzo de 1958, Jruschov declaraba: “No queremos que Francia se debilite, sino que se fortalezca su grandeza”. No sería hasta después, cuando la victoria del FLNA era un hecho consumado, cuando la Unión Soviética lo reconocería como legítimo representante del pueblo argelino. Lo que no impidió que Jruschov, con el cinismo que le caracterizaba, afirmar que la victoria del pueblo argelino se debía a la política de “coexistencia pacífica”.
(98)- Respecto de la ayuda prestada por la Unión Soviética a la India de Nehru, W.A. Harriman, Secretario de Estado para asuntos de Lejano Oriente de la administración Kennedy, diría en una entrevista por televisión el 9 de diciembre de 1962 que esta ayuda “responde muy bien a nuestros intereses”.
(99)http://www.rebelion.org/noticia.php?id=106895
(100)Hecho histórico que los palestinos mencionan desde entonces como la “Declaración Balfour soviética”.

Apartado de correos 51498. 28080, Madrid.

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