Gavroche

La elección de Trump, síntoma de la descomposición creciente del capitalismo

Lunes 14 de noviembre de 2016


Aun con menor voto popular que Hillary Clinton y desconociendo el índice de abstención voluntaria, la victoria de un candidato como Donald Trump refleja significativamente la hostilidad creciente de las clases populares hacia el régimen burgués imperialista. Lo mismo ocurrió con el triunfo del Brexit en el Reino Unido, el de Syriza en Grecia, el ascenso que tuvo Podemos en España, el que tendrá previsiblemente el Frente Nacional en Francia, etc. Sin duda, se trata de salidas muy diferentes, incluso opuestas, para una misma situación. A todas estas alternativas políticas se las llama populistas y con razón por cuanto consiguen beneficiarse del sentimiento de una población harta pero carente de conciencia sobre las causas más profundas de su situación. Los llaman así, despectivamente, todos los de esa casta mediática ligada a los partidos neoliberales de derecha y de la falsa izquierda, los cuales promueven la explotación creciente de los trabajadores por el capital y la liquidación de sus conquistas sociales y políticas. La OTAN, los tratados de libre comercio, la UE, el euro, las vulneraciones de la soberanía nacional y popular, los recortes sociales, la precariedad laboral, la represión, etc., son los medios con las que van conduciendo a la humanidad al caos y a la guerra.

Los populistas como Trump, el UKIP y el Frente Nacional francés pretenden desviar hacia un radicalismo reaccionario la legítima aspiración popular a la prosperidad, a la verdad y a la seguridad. Son herederos de esa rebeldía aristocrática que encarna Nietzsche y el fascismo: una rebeldía contra la hipocresía de la burguesía, pero no para suprimir la dominación de ésta, sino para afirmarla más franca y brutalmente. Por eso, no merecen el apoyo de los obreros conscientes, sino su oposición más resuelta.

Pero esa oposición al fascismo debe dirigirse también y primeramente contra la actual oligarquía y sus partidos, que son los causantes de los sufrimientos de la población y que no dudarán en apoyar con todos sus medios las "alternativas" fascistas frente al crecimiento de la conciencia y de la combatividad populares. Y también hay que criticar a los populistas de "izquierda" cuando hacen causa común con los Clinton para hacer frente a los Trump.

Además, los obreros debemos comprender que la lucha de clases en la que nos vemos involucrados trasciende las fronteras nacionales. El capitalismo ya no se centra en el ámbito nacional pues se ha convertido en imperialismo. Las estrategias, alianzas y confrontaciones principales de las burguesías nacionales tienen un carácter internacional. Los sectores dominantes de las burguesías occidentales persiguen la unidad de éstas frente al resto del mundo: frente a los obreros de sus propios países, pero también frente a los pueblos menos desarrollados y a sus Estados. La pugna contra China, Rusia, los BRICS, etc., acarrea costes en las sociedades occidentales que cada vez más gente se opone a sufragar. Se abre así entre las clases poseedoras una polémica entre librecambismo y proteccionismo, entre globalización y nacionalismo, que no son más que dos caras de la misma moneda, de un camino que conduce a la conflagración militar mundial.

Así, la política de Obama, Clinton, Merkel, Hollande, Rajoy, etc., es la de continuar la guerra en Siria, en todo el Oriente Medio y en el este de Ucrania, la de seguir presionando militarmente a Rusia y a China. En cambio, los populismos de derecha reclaman renunciar a estas aventuras conjuntas, lo que aliviaría momentáneamente las tensiones planetarias. Seguramente esta línea de conducta no pueda significar más que una tregua temporal, dados los intereses económicos de la burguesía a la que sirven esos nacionalistas, y acabe agudizando los conflictos esta vez entre las viejas potencias.

En cualquier caso, este fenómeno de los populismos no es una solución para los agudos problemas de las clases populares, pero sí es la expresión política de que se profundiza la crisis general del capitalismo. De poco sirve que el movimiento obrero y comunista esté más débil que nunca y que, por tanto, el capitalismo esté más a salvo que nunca de su enemigo real (he aquí la mayor prueba histórica de que Nietzsche no tenía razón cuando achacaba la infelicidad de las masas a los socialistas por inculcarles ideales de igualdad). Las contradicciones económicas del régimen burgués siguen su curso, exacerbándose, empeorando las condiciones de vida de la población, desestabilizando social y políticamente a todos los países.

Sólo con una lucha consciente, constante y "organizada" de la clase obrera, puede evitarse el triunfo de los populismos y el doloroso desengaño que sufren las masas cuando dicho triunfo llega a producirse. Sólo desarrollando abiertamente y sin tapujos la lucha de clases, quedarán desenmascarados ante las masas los verdaderos intereses de estos populistas.

Las condiciones son cada día más propicias para que la clase obrera acoja favorablemente las ideas marxistas-leninistas (el programa de la revolución socialista). Sólo hace falta que los partidarios del comunismo se las llevemos de verdad, por encima de consideraciones tácticas.


Apartado de correos 51498. 28080, Madrid.

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