Unión Proletaria

La monarquía parlamentaria, representante de los opresores

Lunes 5 de diciembre de 2016


A lo largo de su historia, el movimiento obrero ha hecho causa común con otras masas oprimidas y progresistas por las libertades civiles y políticas, por la mayor democracia posible y por la forma de Estado más adecuada a ella: la república.

La lucha de la clase obrera por su emancipación se desarrolla más completa y rápidamente cuanta mayor es la libertad política: libertad de expresión, de manifestación, de organización, etc. Además, es en estas condiciones cuando más claro se manifiesta el antagonismo entre el proletariado y la burguesía en su totalidad, cuando menos aparece éste velado por el poder de instituciones precapitalistas que oprimen también a las capas inferiores de la burguesía. La monarquía es la principal de estas instituciones, amparando al alto clero, la nobleza latifundista y la aristocracia militar.

La Revolución de Octubre que instauró, en Rusia, el primer poder duradero de la clase obrera se fraguó bajo las consignas de república democrática, jornada de 8 horas y entrega a los campesinos de las propiedades de los terratenientes. Sólo cuando se conquistó la primera de estas reivindicaciones, en febrero de 1917, las masas comprobaron que las otras dos no serían satisfechas mientras la burguesía tuviera el poder y que, para realizarlas, era necesario que la república democrática fuera dirigida por la clase obrera organizada -junto a los campesinos pobres- en los soviets (consejos) que eran los órganos de la insurrección popular y del Estado de la dictadura del proletariado.

En la etapa imperialista de desarrollo del capitalismo, la cúspide de la burguesía -la oligarquía financiera- se convierte en el centro de la reacción, apelando en su apoyo a todas las viejas instituciones de origen feudal, principalmente la monarquía, frente a los anhelos democráticos y revolucionarios de las masas.

Así, no fue casual que, en la España de los años 1930, ante el ascenso del movimiento obrero y avance del socialismo en la URSS, la mayor parte de la burguesía se volviera contra la república para restaurar la monarquía por la fuerza de las armas. Y tampoco fue casual que tuviera para ello el apoyo internacional, no sólo de los Estados más retrógrados -Italia, Alemania y Portugal nazi-fascistas-, sino también de los Estados democrático-burgueses de Francia y Gran Bretaña bajo la argucia de la "no intervención" en la guerra civil española.

La Unión Soviética sí que estuvo con la República española, a pesar de que ésta era burguesa, haciendo causa común con la democracia, como siempre ha hecho el movimiento obrero para avanzar hacia su meta final.

Desde 1978, la monarquía constitucional pretende encarnar la conciliación de los explotadores y los explotados, lo que viene a ser -como muestra la experiencia, más allá de la palabrería habitual- la sumisión más absoluta de los explotados a los explotadores: el régimen monárquico empeora cada día la situación económica y política de la mayoría de la población, mientras elude toda responsabilidad por los crímenes que perpetraron sus partidarios durante la larga dictadura franquista.

La clase obrera y las demás clases populares tienen un interés común en luchar por una república democrática. A la vez, el proletariado necesita plena independencia política a fin de asegurar este objetivo frente a las vacilaciones de la pequeña burguesía y a fin de preparar la revolución socialista, único contenido posible para un progreso social real en un país imperialista como España. Y esa independencia política exige, ante todo, la reconstitución del Partido Comunista, es decir, de un partido intransigentemente fiel al marxismo-leninismo y, por tanto, a los intereses fundamentales de la clase obrera.


Apartado de correos 51498. 28080, Madrid.

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