Joaquín García Igual

Apuntes sobre la construcción europea: algunas cosas que los europeístas no quieren que sepáis. Contribución a un debate fundamental

Domingo 29 de enero de 2017


Reproducimos a continuación un artículo que tiene un indudable valor para avanzar en la construcción de una línea política revolucionaria. Se trata de "Apuntes sobre la construcción europea: algunas cosas que los europeístas no quieren que sepáis. Contribución a un debate fundamental", realizado por Joaquín García Igual. Decimos que tiene mucho valor porque desenmascara críticamente las posiciones reformistas y reformistas-posmodernas en relación a la Unión Europea, en relación a su planteamiento de construir "otra Europa", de reformar la Unión Europea para hacerla más popular y humana. Asimismo analiza de dónde parten las ideas de una unión europea, intrínsicamente unidas al imperialismo, a los monopolios, a la expansión nazi y, después de la guerra, al intervencionismo nosteamericano. Por último, desmitifica una serie de cuestiones que se utilizan por parte de los imperialistas y de los reformistas como recursos de persuasión: que es posible otra Europa, que es posible salir del euro son salir de la UE, que los partidarios de salir de la UE son xenófobos y que la UE asegura la paz. Para llegar a la conclusión que es una necesidad para los pueblos, también para el pueblo español, salir de la Unión Europea. Consideramos que es un trabajo muy bueno, que se debe tener en cuenta, para el debate y muestra elementos de calado para avanzar hacia una política revolucionaria.

Desde Unión Proletaria queremos queremos compartirlo, pero también queremos señalar que todavía puede desarrollarse más en favor de una política de clase, pues pensamos que tiene ciertas carencias en algunos temas importantes; algunas afirmaciones representan ciertos peligros de malinterpretación de objetivos y, también, todavía se debería dar algún paso más que necesitamos los comunistas. Esos pasos en los análisis, propuestas y conclusiones que actualmente necesitamos para enfocar la reconstitución del Partido Comunista y su línea revolucionaria.

Creemos que algunas contradicciones se simplifican y, por tanto, se realizan afirmaciones excesivamente tajantes, a veces no haciendo un análisis conforme a la dialéctica materialista. Comprendemos en este aspecto que para hacer una trabajo más divulgativo hay que aferrarse a veces a la insistencia repetitiva para marcar enemigo y dirección, pero en un artículo teórico hay que construir dialécticamente, ya que de marcar un "enemigo" nos podemos olvidar de nuestro "enemigo inmediato", o de señalar una "solución" (o propuesta programática) nos olvidemos de que esa "solución parcial" tiene que estar integrada en la "solución general", si no su valor se vuelve relativo. Comentamos algunas impresiones esquemáticamente que tal vez puedan enriquecer, clarificar o comprender mejor el artículo:

1.- Es cierto que la "izquierda" carga contra las políticas de Rajoy sin plantear romper con la UE, ya que esas políticas sociales y laborales tienen dependencia de las exigencias de Bruselas. Pero nos parece exagerado y contraproducente decir que Rajoy no hace más que cumplir con las directrices que le exige Bruselas. De esta manera parece que libramos de culpa a la oligarquía financiera española y al resto de los capitalistas españoles. No creemos que haga solamente lo que dice Bruselas, sino que lo hace porque beneficia a los capitalistas españoles. Aunque el Estado español, como estado imperialista que es, está dominado por la fracción oligárquica de los capitalistas, no podemos olvidar la necesidad de equilibrio con el resto de capitalistas. Tampoco podemos olvidar que los comunistas debemos centrarnos en la lucha contra la oligarquía financiera y el capitalismo monopolista de nuestro Estado, pero no para desarrollar una política democrático-reformista, sino para destruir todo capitalismo.

2.- En el artículo se insiste en que la UE actual es el proyecto de los Estados Unidos, que nos ata a los Estados Unidos y que estuvo y está tutelado por ellos. En buena parte se tiene razón al afirmarlo, pero nos parece exagerado afirmar que es un proceso tutelado de la A a la Z por USA, que tiene una total dominación sobre la UE y que ésta nos ata a la política exterior de USA. Hay muchas razones que nos hacen ver la parte de razón que tienen estas afirmaciones, peroe aquí faltaría un análisis de las contradicciones interimperialistas, de la lucha entre monopolios y entre países imperialistas. La UE nació de la mano de USA, por un interés monopolista y de lucha contra el socialismo y la clase obrera. Pero por eso, no podemos considerar a los monopolios europeos como lacayos de USA, en ese caso no tendrían sentido las guerras comerciales que se han sucedido a lo largo del tiempo entre la UE y USA. Tampoco podemos liberar de responsabilidad internacional a la oligarquía española y europea y a los gobiernos de la política exterior imperialista, tomándolas como servidoras de los intereses de USA y sus monopolios. Creemos que no se ven las relaciones en toda su magnitud. Es más, aunque es cierto que USA impone ciertas políticas internacionales, no podemos olvidar las posturas diferentes (y en bandos diferentes) en la guerra de Yugoslavia, en la de Irak o en la del Congo, ni que fueron los intereses alemanes los que provocaron la destrucción de Yugoslavia, etc. Incluso profundizando en las contradicciones, no podemos dejar de lado las contradicciones entre los monopolios europeos, las contradicciones entre los países imperialistas y las contradicciones entre capitalistas del mismo país. Es amplio y complejo para un solo artículo, pero si, al menos, no se deja ver podríamos caer en la malinterpretación de la realidad y, por tanto, en una línea política incorrecta para los intereses de la clase obrera.

3.- De cualquier manera, aunque la oligarquía financiera es internacional, también se aferra para su defensa frente a sus "iguales" a un carácter nacional. Así genera un determinado interés nacional, una determinada política nacional y unas determinadas alianzas y concesiones nacionales. El capitalismo monopolista es mundial y la oligarquía financiera es una a nivel mundial cuando tiene unos intereses comunes, por ejemplo, la lucha contra el comunismo, pero entra en lucha por el monopolio y el dominio mundial. Pasa lo mismo a nivel europeo y a nivel español. Fijémonos como ahora USA, con Donald Trump, va a ser probablemente más intervencionista, más nacionalista, pero por eso no va a dejar de ser imperialista. Precisamente las grandes empresas industriales de USA necesitan ahora más intervencionismo y más nacionalismo para defenderse del "dominio" chino. Salirse de muchos de los acuerdos internacionales para preservar sus monopolios, puede conllevar un gran acuerdo entre clases sociales con la bandera como centro, pero que en el fondo no es más que tomar una posición defensiva para rearmarse en la guerra imperialista comercial. De ninguna de las maneras dejarán de ser imperialistas USA y sus monopolios, sino todo lo contrario, intentarán, con todos los recursos, recuperar la primacía mundial.

4.- Incidir exageradamente, aunque se tenga una parte de razón, en que la UE es totalmente dependiente de USA, puede dar precisamente argumento a aquellos que pregonan "otra Europa", una Europa soberana donde USA es el enemigo y no la oligarquía de aquí.

5.- Lo mismo puede suceder si nos limitamos a argumentar la consigna de salida de la UE como solución contra los recortes sociales, sin darle una carácter revolucionario de lucha principal contra los capitalistas españoles. Precisamente la extrema derecha rupturista con la UE lo plantea así. No toda salida de la UE es igual. Pensamos que es un error y en cierta medida el artículo peca de ello al no concluir con una línea revolucionaria contra el capitalismo (imperialismo) español, sino con conclusiones de reforma.

Artículos como el que os presentamos son necesarios y creemos que los límites que señalamos pueden ser superados con el debate y el estudio del marxismo-leninismo. No quisiéramos que todo lo positivo que contiene este artículo se pierda en conclusiones maliciosas por parte de los reformistas. Creemos que podemos aprovecharlo los comunistas para forjar una línea revolucionaria para la clase obrera de nuestro país.

Unión Proletaria

APUNTES SOBRE LA CONSTRUCCIÓN EUROPEA: ALGUNAS COSAS QUE LOS EUROPEÍSTAS NO QUIEREN QUE SEPÁIS. CONTRIBUCIÓN A UN DEBATE FUNDAMENTAL

Los pueblos de Europa representan una sola familia en el mundo. No es muy inteligente imaginarse que en un espacio tan estrecho como el de Europa, una comunidad de pueblos pueda por mucho tiempo mantener sistemas de leyes que descansen sobre concepciones diferentes.

Adolfo Hitler, discurso ante el Reichstag, 7 de marzo de 1936

Es algo comúnmente aceptado por parte de la izquierda que la Unión Europea (UE) es sinónimo de ultra-liberalismo, creciente pobreza, privatizaciones y deslocalizaciones en el terreno económico, y de dictadura feroz al servicio del gran capital en el político. Es más, la opinión compartida por casi todo el espectro político es que no funciona como debería. Sin embargo, tras hacer un diagnóstico correcto, la práctica totalidad de los partidos políticos, desde la extrema derecha hasta cierta izquierda “radical” –con honrosas excepciones– llega a la conclusión de que el remedio a la enfermedad no pasa por romper con la UE, como sería lógico, sino por “cambiar Europa”.

Un ejemplo paradigmático de esta miopía política, que vuelve incapaz de ver más allá de la UE, se pudo ver en las declaraciones de la portavoz de Izquierda Unida en el parlamento europeo Marina Albiol después el ‘Brexit’. Después de declarar que la salida del Reino Unido de la UE era “fruto de las políticas económicas austericidas [1] impuestas desde Bruselas y Berlín”, Albiol hacía un llamamiento a “construir un nuevo modelo de integración que ponga a las clases populares en el centro de las decisiones” [2]. En nuestra opinión, este tipo de postura viene a ser lo mismo que si, haciendo un símil, en el periodo 1939-1945 un líder de la resistencia señalase que la ocupación de los ejércitos nazis era una opresión insoportable, pero hubiese concluido que hacía falta por lo tanto construir otro III Reich “que ponga a las clases populares en el centro de las decisiones”.

Más asombroso aún era que Albiol añadía que “la solución no pasa por salidas aisladas en clave nacionalista, que alimentan la xenofobia”, reproduciendo así el discurso del establishment europeísta sobre el ‘Brexit’, que criminalizaba al pueblo británico por haber votado incorrectamente (como si todos los que hubiesen votado a favor del ‘Brexit’ hubiesen sido votantes del UKIP).

Esta afirmación no es gratuita. Al día siguiente del ‘Brexit’, el “filósofo” multimillonario Bernard-Henri Levy –que, recordémoslo, es un agente israelí y un criminal de guerra– escribía en el diario Le Monde un artículo donde afirmaba que el ‘Brexit’ es “la victoria de la derecha dura sobre la derecha moderada –entiéndase que los Cameron, Merkel y Sarkozy son la “derecha moderada”– y de la izquierda radical sobre la izquierda liberal. Es la victoria, en los dos campos, de la xenofobia, del odio por tiempo recocinado del inmigrante y la obsesión con el ‘enemigo interior’”. [3]

Esta coincidencia en lo discursivo entre Marina Albiol y Bernard-Henri Levy se debe al fuerte calado que ha tenido la ideología europeísta en la izquierda. Esta ideología tiene carácter ecuménico porque resulta ser compartida por casi todas las fuerzas del arco parlamentario –ya sean de izquierdas o de derechas–, que asumen que la construcción europea es un proceso natural –incluyendo a los que afirman estar a favor de “otra Europa”–, cosa que les impide pensar en cualquier proyecto político más allá de las coordenadas de la UE.

En un artículo escrito en 2015, Enrique Castells Turia definía la naturaleza de la ideología europeísta con estas palabras:

“El objetivo de la izquierda europeísta es hacer calar entre los trabajadores y los pueblos el mensaje de que es posible una unidad europea que contemple los derechos sociales y laborales sin necesidad de romper el marco político y económico vigente. Se trataría de una Europa democrática donde los intereses de los trabajadores defenderían sus propuestas de igual a igual con los grandes poderes –públicos y privados–, las instituciones y el mundo de los grandes negocios y las altas finanzas en el marco de un corporativismo europeo armonioso.” [4]

Identificamos tres tipos de europeístas:

1) los europeístas convencidos, cuya filiación política puede abarcar desde los conservadores hasta la socialdemocracia, pasando por los liberales y los ecologistas del tipo Daniel Cohn-Bendit (otanista convencido). Son los políticos profesionales y tecnócratas a sueldo del capital financiero y las transnacionales que llevan a toda marcha la construcción europea por encima de la voluntad de los pueblos.

2) los europeístas ingenuos o hipócritas. Son aquellos que por democratismo infantil o pura hipocresía reconocen que la UE no es lo que debería ser, que está “mal gobernada” o que incluso es una “buena idea mal aplicada”, pero cuya posición final es que es posible “otra Europa”. De hecho, en este grupo se podrían incluir a políticos de prácticamente todas las familias. Así, mientras la extrema derecha habla de una “Europa de las naciones”, la socialdemocracia habla de una “Europa social”, y la izquierda radical-europeísta habla de una “Europa de los trabajadores”. Hasta los conservadores no tienen reparos en emplear el discurso sobre “cambiar Europa”. En 2005, interrogado sobre el referéndum sobre la Constitución Europea, Nicolás Sarkozy –en aquel momento ministro de interior francés– declaraba al diario Libération: “¿Queréis cambiar Europa? ¡Votad sí!”. [5]

En el campo de la izquierda, un ejemplo de libro de este tipo de europeísmo lo tenemos en el dirigente de Podemos Pablo Iglesias Turrión, que después de la capitulación del gobierno de Tsipras en julio de 2015, declaraba:

Nosotros no definimos nuestra política exterior por cuestiones electorales, sino porque pensamos que hace falta una Europa más democrática y más justa. Creemos que los ciudadanos españoles saben perfectamente que hace falta una Europa más democrática y diferente a la Europa de la austeridad que nos ha llevado al desastre”. [6]

Por si no quedaba claro, pocos días después Iglesias aclaraba: “Somos europeístas pero también demócratas. Los que están destruyendo Europa son instituciones como la Troika” [7]. Cuando es exactamente al revés: la ‘Troika’ es quien precisamente está llevando el proyecto europeo a implementación.

3) los europeístas muy a pesar de ellos. Son los más sutiles. Es hasta posible que algunos lo sean inconscientemente, aunque a efectos prácticos el resultado sea el mismo. Se trata de sectores de la izquierda que han asumido que la UE es irreformable y que no es posible llevar a cabo un programa de transformación social en el seno de la UE, pero que por algún motivo eluden sistemáticamente hablar de la conclusión lógica a esta premisa, a saber la salida de la UE.

Enrique Castells Turia también mencionaba el caso de euroescépticos o incluso anti-europeístas, cuya “influencia dentro de las organizaciones europeístas es insignificante y acaban tolerando el europeísmo en nombre de la unidad porque no se considera un grave problema que deba provocar discrepancias internas”, haciendo que “a efectos prácticos, la izquierda europeísta presenta su propio proyecto de unidad europea sin fisuras”. [8]

En resumen, estos europeístas dicen no querer la UE, pero en la práctica la defienden.

Izquierda postmoderna y europeísmo

Como ya hemos avanzado, en nuestro país la pertenencia a la UE no se cuestiona por prácticamente ninguna de las fuerzas parlamentarias [9]. El Congreso de los Diputados se convierte en un teatro de monigotes donde izquierdas y derechas escenifican una disputa por ideas y programas políticos cuando, llegado el momento de la verdad, si la izquierda europeísta venciera en las elecciones, implementaría las mismas directrices impuestas por Bruselas –unos colaborando plácidamente, otros haciendo gala de una resistencia más o menos “heroica” para terminar haciendo lo mismo– que ya habían implementado tanto PP como PSOE. Pablo Iglesias lo dejó muy claro cuando justificó la traición de Tsipras diciendo que “lo que ha hecho el Gobierno griego es, tristemente, lo único que podía hacer” [10], dándonos a entender que si él se encontrase en la misma tesitura, no le temblaría la mano a la hora de firmar lo mismo que Tsipras [11].

Es por ello que resulta lamentable ver cómo partidos de izquierda y sindicatos cargan única y exclusivamente contra el gobierno de Rajoy, cuando éste no más que el gauleiter de la provincia España del IV Reich euro-atlantista, y no hace más que cumplir con las directrices que le exige Bruselas. Esto, por supuesto, no quiere decir que todos los males de España sean culpa de la UE. Por ejemplo, la UE no explica forzosamente el nivel de fraude fiscal en España, ni los niveles de corrupción, ni la especulación inmobiliaria, ni los altos niveles de precariedad en el mundo del trabajo desde hace muchos años, ni la nula elevación del poder adquisitivo (incluso en años de bonanza económica). Pero por ejemplo las grandes orientaciones en materia de déficit público, privatizaciones [12], mercado laboral, pensiones, gasto sanitario, etc., son imposiciones que provienen de Bruselas. Por lo que es notoria la hipocresía de cierta izquierda que carga únicamente contra el gobierno de Rajoy por los recortes sociales, sin plantear en ningún momento romper con la UE.

El momento culminante de la evolución de la izquierda en izquierda europeísta fue alcanzado en julio de 2015 con la aceptación por parte de Syriza del tercer rescate de la llamada ‘Troika’, convirtiendo a Grecia en una colonia de los poderes imperialistas, en la que se implementa el neoliberalismo más desenfrenado [13]. Los acontecimientos de Grecia nos demuestran que, en el marco de la UE, sean cuales sean las intenciones iniciales de los dirigentes de la izquierda europeísta, existe una tendencia hacia la dilución de las fronteras entre izquierda y derecha, que a efectos prácticos se distinguen cada vez menos, excepto por:

a) la manera de gestionar el capitalismo contra los intereses de los trabajadores, y b) una mayor inquietud por parte de la izquierda de cuestiones relativas a “identidades” supuestamente olvidadas por el “marxismo ortodoxo” (lo que la estructuralista Marta Harnecker llama “problemas étnico-culturales” [14]).

Es en base a esta constatación que creemos que la aceptación por parte de la izquierda de la construcción europea como un proceso natural ha estado acompañada por una fijación con la defensa de colectividades definidas por cuestiones de orientación sexual, género, raza, edad (los “jóvenes”), etc. que en palabras de Marta Harnecker representan “los sectores sociales discriminados y excluidos económica, política, social y culturalmente” [15]. Según el reformismo europeísta y el post-marxismo, estos sectores eran menospreciados por el “reduccionismo clasista” del marxismo-leninismo.

Pero en nuestra opinión estas ideas se convirtieron en el pretexto para justificar el progresivo abandono por parte de la izquierda del análisis marxista, la política de clase y el deber de organizar la resistencia contra los ataques del capital, dándose un barniz “progresista” que ayudara a mantener una consciencia tranquila mientras la izquierda aceptaba, sumisa, su absorción dentro de la vorágine europeísta. El lector nos disculpará si nos alejamos temporalmente del tema de Europa, pero creemos que la cuestión de la degeneración de la izquierda –sobre todo a partir de 1968– tiene suficiente importancia como para ser abordada, y que además está estrechamente relacionada con la ideología europeísta.

Las desviaciones que denunciamos guardan mucha relación con las teorizaciones de los freudo-marxistas adeptos del “marxista occidental” Herbert Marcuse, teórico que tuvo mucha influencia en los movimientos de contestación del año 1968, sobre todo tras la publicación de su obra El hombre unidimensional. Los freudo-marxistas colocaban como problemática principal lo que Marcuse llamaba la “desublimación del instinto libidinal”, convirtiendo los problemas psicológicos en problemas políticos. Denunciaban la inhumanidad represiva del principio (freudiano) de realidad bajo el capitalismo, abogando por la eclosión del deseo y la transformación de la sexualidad en Eros [16]. Criticaban lo que ellos llamaban la “falsificación de los instintos” –en la que según ellos había caído la clase obrera tradicional, al abandonarse por completo a la sociedad de consumo [17] – y la represión de las “potencialidades humanas”, cosa que denunciaban tanto en las sociedades capitalistas de Occidente –por crear necesidades ilusorias– como en los países socialistas del Este por la “burocratización” [18].

El freudo-marxismo hizo particularmente daño al denunciar la supuesta “integración” de la clase obrera industrial en la sociedad de consumo y el Estado del bienestar –conseguido gracias a una durísima lucha y mucha sangre derramada– que así habría “traicionado” a la revolución por su conformismo [19]. Menospreciando el papel central de la clase obrera en el proceso de transformación de la sociedad, realzaron la fuerza de los “colectivos no-integrados” por su poder de contestación contra el sistema capitalista: las “minorías”, los “outsiders” y la “intelligentsia radical” (así, por ejemplo, un Daniel Cohn-Bendit en el 68 o un Pablo Iglesias hoy en día) para nutrir las filas del pensamiento crítico.

El filósofo francés Michel Clouscard, calificaba esta oposición entre “marginales del sistema” y poder de “contradicción interna” en el seno de la propia burguesía: entre una burguesía tradicional, ahorradora, reaccionaria en lo social, y una nueva pequeña burguesía –a los que se añaden nuevos estratos acomodados del sector terciario– surgida al calor del Capitalismo Monopolista de Estado, que estaba accediendo a nuevos bienes de consumo surgidos en la nueva sociedad “permisiva” que sustituiría a la sociedad “autoritaria” de De Gaulle a partir de 1968.

Clouscard denunciaba de los freudo-marxistas el hecho de que hacían pasar dicha “contradicción interna” como contradicción principal –lo que los marxistas sitúan como contradicción capital-trabajo– como la nueva “revolución”, pretendiendo así sustituir el papel revolucionario de la clase obrera. En su genial obra Neo-fascismo e ideología del deseo, Clouscard denunciaba este papel contrarrevolucionario del freudo-marxismo:

“[el freudo-marxismo] busca asegurarse un control político sobre sectores del trabajo por una ideología radicalmente liberal (por lo tanto libertaria) que pretenderá superar el “dogmatismo marxista-leninista”. Este reformismo oportunista no consiste en oponerse al marxismo (como hacía la ideología de papá), sino en aparentar aprobar el corpus marxista para modificarlo tendencialmente.” [20]

Marcuse tuvo una gran influencia en la corriente de la “Nueva Izquierda” que surgió en los años 60 y 70, que a su vez tuvo cierta responsabilidad en la conversión de la izquierda marxista en lo que hoy denominamos izquierda “ista-ista” y “anti-anti”. Con Angela Davis como cabeza visible, la “Nueva Izquierda”, muy ligada a los movimientos de agitación estudiantil de 1968, criticaba el enfoque “dogmático” de la izquierda considerada “tradicional” porque sus análisis se focalizaban principalmente en el mundo del trabajo (sin embargo el único criterio serio para definir socialmente a un individuo es su posición de clase). Así, esta “Nueva Izquierda” creía necesario redefinir el concepto de contestación, que ya no sería solamente contestación a una opresión de clase, sino que se haría extensivo a los movimientos basados en el “género”, la “raza”, la “identidad sexual”, e incluso movimientos por la protección del medio ambiente.

Movimientos de protección del medio ambiente que, fuera de toda perspectiva de transformación socialista, resultaron ser en realidad uno de los mejores instrumentos de control de la contestación, pues el ecologismo ha sido en no pocos casos –sobre todo en el caso del ecologismo no-socialista– la mejor forma de abstenerse de hacer política seria [21]. Y en la actualidad es un ariete contra la República Popular China.

También tuvieron gran parte de culpa los filósofos vinculados al llamado estructuralismo [22], como Michel Foucault, Jacques Derrida, Claude Levi-Strauss, y Roland Barthes. Foucault, por ejemplo, que es un intelectual idolatrado en cierta izquierda radical, sacó a la luz a colectivos de “marginales” (excluidos, presos, enfermos mentales, minorías sexuales, etc.) que estaban siendo injustamente olvidados por la izquierda. Pero otorgó a estos “marginales” una centralidad política que llegaba a sustituir el papel de la clase obrera como sujeto de la transformación social. Al igual que para los freudo-marxistas, para Foucault la clase obrera estaba “aburguesada” e integrada en el sistema gracias a las conquistas sociales obtenidas tras la II Guerra Mundial, lo que la convertía incluso en un freno para la revolución [23]. Esas conclusiones contribuyeron a que el mundo del trabajo perdiera la centralidad, para dejar paso a las “luchas contra la marginalización” de minorías sociales y étnicas. Incluso el lumpenproletariado (los “nuevos plebeyos”, según la terminología foucaltiana) pasaron a convertirse en sujeto genuinamente revolucionario. Y hoy tenemos incluso al “precariado”.

Las luchas a favor del reconocimiento de estas distintos colectivos, que perfectamente podría entenderse como un complemento de la lucha económica y política de los trabajadores contra el capital –por no decir que son parte integrante de un tronco común que es la lucha por el socialismo– han ido paulatinamente desalojando el contenido ideológico de los partidos de izquierda como partidos de clase, para justificar precisamente su traición a la clase obrera en el marco de su sumisión al europeísmo.

Quisiéramos aclarar que el problema no está en la lucha de minorías oprimidas. El problema es cuando estas luchas llegan a ocupar un lugar de preeminencia o incluso de igualdad, en la escala de prioridades, con respecto a la lucha de la clase obrera como sujeto de la transformación social. Los marxistas nunca han negado la importancia de las discriminaciones por motivos de raza, género u orientación sexual –la URSS fue el primer país que sancionó la persecución contra la homosexualidad– dentro de las clases, pero ponen el énfasis en el sistema social –sistema capitalista– que genera las diferencias y la necesidad de unir a la clase obrera con el fin de eliminar las desigualdades, tanto en el centro de trabajo, como en el barrio o en el seno de la familia. Los marxistas se oponen a que las desigualdades de género y raza sean analizadas y resueltas fuera del análisis de clase. Se oponen a creer por ejemplo que una mujer terrateniente con sirvientes tenga algún tipo de connivencia con mujeres campesinas empleadas por sueldos de hambre.

Por lo tanto, contrariamente a lo que ocurría en el pasado, cuando los partidos de izquierdas se definían como “marxistas”, “socialistas” o “comunistas”–cuando ello significaba asumir la defensa del mundo del trabajo en la perspectiva del socialismo, sin que ello fuera incompatible, ni mucho menos, con la defensa de las libertades democráticas de ciertas minorías–, hoy es muy frecuente que las organizaciones de la izquierda –en particular las más europeístas y otánicas– se definan ideológicamente como “ista-ista”: ya no se es solamente “marxista” –no digamos ya marxista-leninista– o sencillamente “de izquierdas”, sino que además se es anticapitalista, feminista, ecologista, pro-LGTB, etc. [24] Esta izquierda “ista-ista” tiene luego su reflejo inverso en cierto neo-trotskismo que se define sistemáticamente como “anti-anti”: anti-capitalista, anti-fascista, anti-machista, etc. Excepto anti-europeísta.

No nos resistimos a citar lo que decía al respecto un excelente artículo del blog Euskal Herriko Antinperialistak:

La izquierda radical, que no ha conseguido ni una sola victoria en Europa desde 1990 (con la excepción parcial de Novorossiya, la cual no suscita consenso entre toda la izquierda radical), no tiene ni siquiera capacidad para tener un proyecto propio; debido a ello está totalmente imbuida de una ideología “anti”. El análisis ha sido sustituido por el deseo.” [25]

Efectivamente, la izquierda radical-postmoderna, incapaz de plantear ningún proyecto alternativo a la UE al someterse a la ideología europeísta, puede hacer poco más que declararse “anti”. La izquierda post-moderna no hace más que vender imagen.

También suscribimos las palabras del Partido Comunista de España (marxista-leninista), con el coincidimos plenamente en su descripción del neo-trotskismo “anti-anti”:

…el tándem LCR (posteriormente Izquierda Anticapitalista) y MC, que dirigió con habilidad el movimiento anti OTAN sin darle una salida política, tuvo mucho que ver en el desarrollo de esta concepción utilitaria y dispersa de la lucha política en frentes diversos: feminismo, ecologismo, solidaridad, etc, aparcando los objetivos de clase para hacer del movimiento, el objetivo. Algo que ya sintetizó el oportunista Bernstein: “el objetivo final no es nada, el movimiento lo es todo”, y cuyas consecuencias históricas fueron devastadoras para la clase trabajadora.” [26]

En un otro excelente artículo titulado La izquierda posmoderna y el éxito del neoliberalismo [27], escrito con ocasión de la capitulación de Syriza, el canadiense Scott Jay escribía:

Frente al neoliberalismo implacable, la Izquierda internacional ha abrazado el posmodernismo, no en teoría sino en la práctica, dando más importancia al estilo que a la sustancia y a los momentos que hacen sentir bien y a los líderes llamativos que a la realidad brutal de oponer resistencia a la explotación capitalista. […] la izquierda posmoderna evita construir un movimiento con verdadero poder entre los pobres y oprimidos, en vez de ello se centra en espectáculos de autopromoción que se viven como lucha y poder pero que están completamente vacíos”.

La retahíla de “ista-istas” y “anti-antis” resulta ser, en definitiva, la máscara tras la cual la izquierda esconde su nula operatividad a la hora de construir un contrapoder obrero.

El sociólogo estadounidense James Petras también abordó esta cuestión en un artículo en el que resumía de la siguiente manera los principales argumentos del post-marxismo: “1.El socialismo fue un fracaso y todas las teorías generales de sociedades están condenadas a repetir ese proceso […] 2. El énfasis marxista sobre las clases sociales es reduccionista, porque las clases se están disolviendo. Los principales puntos políticos de partida son culturales y están arraigados en diversas identidades (raza, género, etnicidad, preferencia sexual) […] 7. La solidaridad de clase es parte de la ideología pasada y refleja política y realidades anteriores. Las clases ya no existen. Hay comunidades fragmentadas en las que grupos específicos (identidades) participan de labores y relaciones recíprocas para la supervivencia basadas en cooperación con partidarios externos. La solidaridad es un fenómeno que trasciende las clases, un gesto humanitario.

Recientemente, el intelectual belga Jean Bricmont decía en una entrevista al diario Público:

Mientras que la “vieja izquierda” se basaba en la clase obrera y sus dirigentes procedían de esa clase social, la nueva izquierda está enteramente dominada por intelectuales pequeño-burgueses. Estos intelectuales no son “burguesía”, en el sentido de que no poseen los medios de producción, ni son tampoco explotados.

Su función social es la de proporcionar una ideología que pueda servir de justificación cómoda a un sistema económico y a una serie de relaciones internacionales que están basadas, en última instancia, en la fuerza bruta. La ideología de los derechos humanos es perfecta desde ese punto de vista.” [28]

Esta ideología de los “derechos humanos”, que ha legitimado las “intervenciones humanitarias” en Yugoslavia, Libia, Siria, etc. casa perfectamente con la ideología de la transmutación de la izquierda de clase en “izquierda de los colectivos minoritarios” que apenas es capaz de concebir el sentido de ser de izquierdas más que como ser portador de una ideología que va hacia lo transgresivo, considerando como causa principal la lucha contra las “violaciones de los derechos” de tal o cual minoría. Esto va de la mano de la disgregación del sentido de solidaridad de clase en beneficio de distintas “identidades”, para diluirse en un magma individualista donde nadan conceptos abstractos de “igualdad”, “libertad”, “derechos humanos” y “democracia” –así, la democracia euro-atlántica se percibe como modelo universal– en tanto que abstracciones puras fuera de la división en clases sociales.

En una entrevista a Russia Today, el filósofo libertario –en el sentido de anarquista– Michel Onfray, nada sospechoso de “estalinismo”, ilustraba muy bien lo que pretendemos decir con estas palabras:

“…hemos cambiado de pueblo, lo que yo llamaba el pueblo ‘old school’, es decir el pueblo a la antigua usanza, el “proletariado”. Yo sigo creyendo que es una bonita palabra, y que aún deberíamos poder utilizarla, aunque hayan cambiado las cosas… un proletario es también es un joven que para poder pagar sus estudios entrega pizzas en moto hasta la una de la madrugada…

Por lo tanto, el proletariado sigue existiendo. Y la izquierda consideró que había que cambiar de pueblo, que este pueblo, al haberse ido con Marine Le Pen, había que dejarlo allí. Y eligió a un pueblo fabricado por las élites intelectuales estructuralistas, derridianas, foucaltianas, etc…

Entonces tuvimos a los ‘marginales’ de Deleuze, de Foucault, de Derrida y otros, y tuvimos al inmigrante, al homosexual, al transgénero, a los sin-papeles, etc… Evidentemente que son minorías que hay que tomar en consideración. Pero estas minorías, por definición, no son mayoritarias. Hay que tomarlas en consideración, sin hacer de ellas mayorías que impongan su ley a la mayoría del pueblo, que descubre efectivamente que no nunca hay dinero, que nunca hay posibilidad de aumentar los salarios, pero que siempre hay dinero para entretener el clientelismo electoral.” [29]

Y este régimen de clientelismo de minorías, en el cual se ha apoyado la socialdemocracia para justificar su abandono del proletariado, es lo que Michel Clouscard llamaba “socialdemocracia libertaria”. La izquierda radical, que pretende estar a la izquierda de la izquierda, ha sido contaminada por esta ideología.

De hecho, si existe un intelectual de izquierdas –marxista– que mejor supo explicar –y de hecho fue el primero– el origen de esta degeneración, ése ha sido sin duda Michel Clouscard. En Neo-fascismo e ideología del deseo, Clouscard identificaba cuál era la nueva clientela virtual del mercado permisivo del neo-capitalismo instaurado a partir de 1968, es decir, “las mujeres, los jóvenes, los intelectuales, los artistas, los marginales… y los neuróticos (como objetivos de la seducción del modelo neo-capitalista del consumo).” [30]

Y después:

¿Es necesario apuntar que definiremos los seis objetivos citados según los criterios de la ideología neo-capitalista que, por ejemplo, hace de entidades ontológicas (la mujer, el joven) unos términos políticos? –cuando la izquierda habla de “la juventud”, “las mujeres” o “los inmigrantes” como categorías políticas en igualdad de condiciones con las clases sociales (proletariado-burguesía), su destino es irremediablemente alejarse del marxismo y por lo tanto del socialismo– ¿Es necesario subrayar lo grotesco de estas terminologías que identifican, por ejemplo, juventud y revolución (y el neo-fascismo italiano)?

Las clases sociales se han redistribuido, lo hemos visto, en la nueva sociedad, al igual que ésta redistribuye a los jóvenes, las mujeres, según las clases sociales (¿hace falta subrayar también que entre los ideólogos al servicio del neo-capitalismo y sus víctimas, sus presas, e incluso sus manipulados, no podría haber ninguna identificación?) [31]

Definiremos estos términos como expresiones de un condicionamiento socio-cultural determinantes de un modo diferente a las atribuciones (cuan ideológicas) que se le otorgan al sexo, a las edades de la vida, etc.

Las mujeres, los jóvenes, los intelectuales-artistas, los marginales… los neuróticos susceptibles de ser integrados en la nueva sociedad lo son:

  en tanto que mayor alejamiento posible del proceso posible del proceso de producción (marginalidad para la producción),
  en cuanto mayor alejamiento posible del salariado,
  en función de la jerarquía social (cuanto más se asciende en la jerarquía, más tiende a producirse esta integración),

Mujeres, jóvenes, intelectuales, marginales, neuróticos no están efectivamente en situaciones similares cuando no son productores, asalariados, y cuando entonces están bajo la tutela económica, política, cultural de la burguesía como tutela del hombre-burgués, del padre-burgués, del filisteo-burgués, del mercader-burgués, del institucional-burgués.

¡Estos términos (mujeres, jóvenes, intelectuales, marginales, neuróticos) pueden entonces considerar su emancipación transgresiva como la revolución! Y para ellos, en efecto, se trata de un cambio enorme. ¡Para esta gente, el modelo de emancipación-transgresión (de la nueva sociedad) es la inmediata, espontánea, existencial expresión!

¡La rebelión más íntima toma entonces la forma de integración a la nueva sociedad! Y veremos hasta qué punto este razonamiento será contrarrevolucionario.” [32]

En resumen, con honrosas excepciones, la conversión de la izquierda marxista o de tradición comunista en izquierda europeísta ha ido de la mano con su auto-identificación como izquierda posmoderna “ista-ista” o “anti-anti”, es decir en una izquierda principalmente de minorías y menos del pueblo trabajador (¿cuándo fue la última vez que oímos a un dirigente de la izquierda oficial hablar de “proletariado”?). Y ello en detrimento de la organización de la lucha obrera en los centros de trabajo y el trabajo militante extra-institucional en aras de la lucha por el socialismo, y la solidaridad anti-imperialista consecuente con los países agredidos por el imperialismo que no hablan español [33] –ese anti-imperialismo consecuente parece ser otro “anti” que no llame la atención de la izquierda post-moderna– para mayor satisfacción de Bruselas (y Washington, lo que viene a ser lo mismo).

Tesis sobre los orígenes de la construcción europea

Este humilde trabajo pretende contribuir a la lucha contra la ideología europeísta y al debate sincero sobre la necesidad de asumir la ruptura con la UE como punto programático de primer orden. Para ello ofreceremos algunas informaciones relativamente desconocidas sobre los orígenes de la construcción europea y refutaremos algunos lugares comunes relativos a la UE.

Los sectores más euroescépticos de la izquierda en España suelen considerar que la UE es una herramienta al servicio de los monopolios europeos para garantizar un mercado cada vez mayor y más desregulado –cosa que no es falsa–, es decir un proyecto exclusivamente endógeno de las élites europeas al servicio de los capitales europeos. Por ejemplo, en las tesis de su IX congreso, el PCPE definía a la UE de la siguiente manera:

Lo que hoy conocemos como Unión Europea es el resultado de un proceso iniciado hace ya más de cincuenta años por los dirigentes de las economías más importantes de la Europa capitalista.

Al finalizar la II Guerra Mundial, con una Europa devastada tras la guerra desencadenada por el nazifascismo, los sectores oligárquicos de Europa Occidental decidieron poner en marcha un proceso de unificación de mercados. Lo que inicialmente era la eliminación de las restricciones al comercio de carbón, acero y energía atómica entre los países miembros, fue ampliándose hasta convertirse en la apertura de mercados a todos los ámbitos de la economía tal y como la conocemos hoy, comprendiendo el libre tránsito de trabajadores, capitales, mercancías y servicios.

No pretendemos explicar que estas afirmaciones sean erróneas: esta caracterización de la UE es parte de la explicación. Pero creemos que solamente enseña parte de la verdad, pues ignora que la UE es al mismo tiempo y sobre todo un proceso tutelado de la A a la Z por los Estados Unidos de América. Esto será comentado más adelante.

No obstante, hay parte de verdad en lo que dice el PCPE, y es que los monopolios europeos tienen mucho que ver con el proyecto de construcción europea. Lo que quisiéramos recalcar en primer lugar, es que este proyecto estuvo perfectamente en armonía con la geopolítica del III Reich.

Tesis 1: el primer intento de construcción europea fue llevado a cabo por el nazismo

Ante todo, hay que aclarar que si bien es cierto que los nazis fueron los primeros en querer llevar el proyecto europeísta hasta las últimas consecuencias, la idea de construir una “nueva Europa” ya había sido defendida desde los años 20 por los grandes trusts alemanes (los llamados konzern) para ampliar su escala de producción y crear un gran mercado europeo e incluso euro-americano. Se podrían citar varios ejemplos, pero queremos centrarnos en los dos grandes carteles alemanes que defendieron la idea de “nueva Europa” y tuvieron un papel clave en el ascenso de Hitler al poder.

El primero de ellos es el cartel de la industria química IG Farben (del cual la empresa Bayer formó parte), que en 1927 concluyó un acuerdo para un programa conjunto de investigación y desarrollo con la Standard Oil de Rockefeller. En 1928, IG Farben fusionó sus activos con los de Henry Ford, y el 9 de noviembre 1929 se creó un gran cartel petroquímico internacional con la fusión de las británicas ICI y Shell, y las estadounidenses Standard Oil y Dupont. Se podría decir que se trataba de los antecedentes de los actuales TTIP y CETA (que son en realidad no son más que la culminación del proyecto europeísta). En el momento de iniciarse la II Guerra Mundial, IG Farben había firmado acuerdos con unas 2.000 empresas, incluyendo Ford, Alcoa, General Motors, Texaco o Procter & Gamble. [34]

El otro gran cartel que fue decisivo en el ascenso del nacionalsocialismo alemán fue el cartel internacional del acero, que abrió sus oficinas en Luxemburgo en 1926. Su componente alemana, Vereinigte Stahlwerke, reunía los cuatro mayores productores alemanes, dirigidos entre otros por Fritz Thyssen, Ernst Poensgen y Otto Wolf. Este grupo llegaría a recibir 100 millones de dólares de parte de inversores estadounidenses. [35]

Durante la firma del primer acuerdo internacional para la conformación del cartel, el 30 de septiembre de 1926, los grandes industriales del acero declararon que dicho acuerdo era el primer paso hacia la formación “de los Estados Unidos económicos de Europa”. 12 años más tarde, más del 90% del hierro y del acero comercializado en el mundo estaba bajo el control del cartel. Las industrias del acero de Austria, Polonia, Checoslovaquia, Reino Unido y Estados Unidos formaban parte del cartel. Eso sí, bajo hegemonía alemana. [36]

Para demostrar que la voluntad de utilizar a Hitler para la creación de estos “Estados Unidos de Europa” no provenía solamente del capital de origen alemán, es preciso citar también el caso del Banco de Pagos Internacionales (BPI), con sede en Basilea y conocido como el “banco de los bancos centrales”, que descansaba en el modelo anglo-holandés de banco central que escapa totalmente al control de los Estados-naciones (curiosamente lo que ocurre con el Banco Central Europeo).

El BPI fue creado en 1930 en el marco del plan Young [37] por los bancos centrales internacionales, notablemente el Banco de Inglaterra y la Reserva Federal de los Estados Unidos, a iniciativa de Hjalmar Schacht, que por entonces era el directo de la Reichsbank, el banco central alemán. Schacht ocuparía más tarde el puesto de ministro de economía del III Reich entre 1934 y 1937 [38]. Este banco, que era co-dirigido por instancias estadounidenses y británicas –el estadounidense Thomas H. McKittrick fue su presidente entre 1940 y 1946– tuvo en su equipo directivo a individuos como:

 el baron Kurt von Schröder, director de la JH Stein Bank de Colonia y principal financiador de la Gestapo y de las SS-Totenkopfverbände (“unidad calavera”).  el director de la Reichsbank Walther Funk y el economista nazi Emil Puhl, ambos nombrados personalmente por Hitler al consejo de administración del BPI.

Pues bien, hay que saber que los fondos estadounidenses y británicos destinados a financiar el acceso al poder de Hitler y posteriormente su maquinaria de guerra transitaban por el BPI. Debido a ello, en la conferencia de Bretton Woods de 1944 se emitieron dos resoluciones, una para disolver el BPI y otra para investigar sus cuentas. La primera resolución fue retirada después de presiones, y en cuanto a la segunda, nunca ha habido investigaciones hasta el momento actual, en el que el BPI sigue activo. [39]

Con la ocupación de la casi totalidad de Europa por parte del III Reich y aliados, el proyecto de fusión económica que defendieron los grandes carteles alemanes encontró su mejor expresión política. Más allá de las ideas de supremacía racial defendida por Hitler, el sueño del canciller del III Reich era construir una “Europa de las naciones” bajo hegemonía alemana para defender la “civilización” frente a la barbarie judeo-bolchevique. Por ejemplo, el 1 de febrero de 1941, con Francia ya ocupada por las tropas alemanas, Adolfo Hitler declaraba: “1941 será el año histórico del gran reagrupamiento de Europa”. [40]

En 1943, el ministro alemán de Asuntos Extranjeros declaraba: “Europa es ahora demasiado pequeña para soberanías pendencieras e independientes. Una Europa fragmentada es demasiado pequeña para preservar su naturaleza individual y mantenerse en paz, manteniéndose al mismo tiempo como potencial mundial.” [41] Esto es exactamente lo que se nos dice hoy para justificar la construcción europea.

En 1943, el jurista nazi Roland Freisler, nombrado por Hitler para ser presidente del Tribunal Popular del Pueblo del III Reich, escribió una obra titulada El pensamiento jurídico de la joven Europa, donde decía cosas como las que siguen:

De la historia de Alemania, Italia, España y de muchos pueblos de Europa […] podríamos invocar épocas enteras de la historia de estos pueblos bajo la marca innegable del cumplimiento de una misión paneuropea. Entre el tumultuoso ruido de las luchas de nuestra época, luchas en las que la providencia nos ha encomendado tomar parte, surge ante nuestra mirada y por nuestros esfuerzos una nueva Europa […] Esta Europa debe estar unida. Porque sólo cuando esté unida podría conservar su libertad. Y esta unidad debe ser integrada orgánicamente. Porque solamente así podrá desafiar vientos y tempestades.” [42] Roland Freisler mostraba ser así un precursor de los Tratados de Roma, Maastricht y Lisboa.

Por supuesto, el proyecto europeísta de los nazis también fue defendido por el régimen colaboracionista francés de Vichy. De hecho, los vichystas eran ante todo europeístas, mucho más que pro-nazis. Su colaboración con los alemanes era un asunto circunstancial [43]. En los años 1941-1942, un cartel de propaganda del régimen de Vichy titulado “La Francia europea” explicaba cuáles eran los planes de Francia después de la victoria alemana en la guerra, que en aquella época se creía inminente. El cartel mostraba un mapa de Europa occidental, en el que en un rincón se notificaba “la construcción de Europa”. [44]

El 20 de agosto de 1941, en un discurso ante el Consejo de Estado, el mariscal Pétain declaraba: “Estoy convencido de que la Revolución Nacional –fascista– triunfará para mayor gloria de Francia, de Europa y del mundo.

El 10 de noviembre de 1941, el diario francés Le Petit Parisien anunciaba en su portada las siguientes declaraciones de Hitler: “La lucha actual no interesa solamente a Alemania, sino a toda Europa.

En una obra titulada Primeros contactos Francia-Alemania, escrita por uno de los grandes intelectuales colaboracionistas, Jules Gros (que publicaba sus obras bajo el seudónimo de Géo Vallis) y publicada a finales de 1941, se dice:

El mariscal Pétain y el canciller Hitler se reúnen en Francia. Mi corazón late al conocer esta información. Me parece que al fin el amanecer de una época realmente nueva. La paz se instala en Europa. La raza blanca está a salvo.

Es inevitable hablar también del caso del jurista alemán Walter Hallstein (1901-1982), al que mencionaremos en más de una ocasión. Profesor de derecho en la Universidad de Rostock durante el III Reich, Hallstein fue un “demócrata de toda la vida” que después de la II Guerra Mundial resultó ser uno de los “padres fundadores” de la UE (en aquella época Comunidad Económica Europea – CEE). No se tiene constancia de que Hallstein fuera alguna vez miembro del partido nazi, pero se sabe que en 1935 declaró formar parte de la Asociación de los Juristas Alemanes Nacional-Socialistas (Bund Nationalsozialistischer Deutscher Jurister – BNSDJ) y de la Asociación Nacional-Socialista de Enseñantes (Nationalsozialistischer Lehrerbund – NSLB) [45]. En 1936 fue elegido decano de la Facultad de Rostock. No hace falta pues ser brillante para deducir que, ocupando tales cargos, Hallstein no era precisamente un marxista-leninista.

El 9 de mayo de 1938, Adolf Hitler se entrevistó en Roma con Benito Mussolini. Ambos dirigentes fascistas decidieron poner las bases de una “Nueva Europa” bajo su hegemonía. Después de este encuentro, Walter Hallstein representó en Roma al gobierno nazi entre el 21 y el 25 de junio de 1938 durante las negociaciones con la Italia fascista para el establecimiento del marco jurídico de la “Nueva Europa” en la que la soberanía de los pueblos fuera arrebatada por los industriales y financieros. Al igual que ocurre hoy.

Posteriormente, siendo oficial de la Wehrmacht, Walter fue capturado por los estadounidenses en la ciudad francesa de Cherbourg el 26 de junio de 1944. A partir de allí, su evolución sería realmente asombrosa y tendría mucho que ver con la actual construcción europea.

Tesis 2: el proyecto nazi de construcción europea fue reciclado por el imperialismo estadounidense

Como ya hemos apuntado anteriormente, es una creencia común el pensar que la UE es una estructura creada por y para los monopolios europeos. Esto no debe hacernos perder de vista que el proceso actual de construcción europea es ante todo y sobre todo un proyecto de inspiración estadounidense.

Una vez iniciado el proceso de reconstrucción de Europa tras la II Guerra Mundial, y al socaire del Plan Marshall, el imperialismo estadounidense desempolvó los viejos proyectos nazis en relación a la “Nueva Europa” para conseguir una Europa occidental firmemente unida a los Estados Unidos contra el campo socialista, dejándolo todo “atado y bien atado” para que nunca más pudiese haber Estados europeos que no se sometan a los designios de Washington.

Esto fue confirmado por un artículo del diario británico Daily Telegraph, con fecha del 19 de septiembre del 2000, escrito por el periodista Ambrose Evans-Pritchard, que informaba sobre un documento desclasificado del Departamento de Estado de los Estados Unidos que demostraba que, durante los años 50 y 60, los servicios secretos estadounidenses hicieron campaña para promover la unificación europea. [46]

El artículo señalaba lo siguiente:

Los dirigentes del Movimiento Europeo (Retinger, el visionario Robert Schuman y el antiguo primer ministro belga Paul-Henri Spaak) eran todos tratados como empleados por sus patrocinadores americanos.

“El papel de los Estados Unidos fue camuflado como para una operación secreta. El dinero del ACUE –American Committee for United Europe– provenía de las fundaciones Ford y Rockefeller –fundaciones pantalla de la CIA– así como de los círculos de negocios con lazos estrechos con el gobierno americano […] El departamento de Estado también jugaba allí un papel.

“Una nota proveniente de la Direction Europe, fechada el 11 de junio de 1965, aconsejaba al vicepresidente de la Comunidad Económica Europea, Robert Marjolin, el perseguir de manera subrepticia el objetivo de una unión monetaria.

“Esta nota recomendaba ‘impedir todo debate hasta el momento en que la adopción de tales propuestas se volvieran virtualmente inevitables’.” [47]

El documento del Departamento de Estado también citaba a un personaje importantísimo en la historia construcción europea, que fue el francés de origen germano-luxemburgués Robert Schuman, ministro de Asuntos Extranjeros durante la IV República Francesa, considerado como otro “padre de Europa” y al que el Partido Comunista Francés (PCF) calificaba como “el más americano de los hombres de negocios franceses” [48]. Esa condición de “padre” se debe sobre todo a su famosa declaración del 9 de mayo de 1950, donde declaró que la puesta en común de las producciones de carbón y acero en Europa sería la “primera etapa de la Federación Europea”. Hoy se sabe que esta declaración, que se suele atribuir a la genialidad de Robet Schuman, fue concebida y redactada por el Departamento de Estado y le fue entregada por Jean Monnet, otro “padre fundador”, al cual por otra parte Charles de Gaulle calificaba de “enfermo preocupado por encima de todo en servir a los americanos”. [49]

No está de más citar algunos datos de la vida de Robert Schuman que no suelen ser mencionados por sus hagiógrafos. Es importante saber que votó a favor de darle los plenos poderes a Pétain al final de la III República –aunque hay que saber que en eso coincidió una mayoría de diputados del Frente Popular, con la excepción del PCF, que estaba ilegalizado–, previamente a la inauguración del régimen de Vichy. Después, Schuman fue miembro del primer gobierno de Pétain, siendo el primero en reunirse con las autoridades nazis en la ciudad de Metz. Pese a que posteriormente fuera apresado por los nazis y permaneciera detenido hasta el final de la guerra, todo ello le valió ser amenazado de “indignidad nacional” por los comunistas y los gaullistas. En resumen, este gran “padre fundador” de la UE era un colaboracionista.

Y aquí es cuando tenemos que volver a hablar del señor Walter Hallstein. Después de ser apresado por los estadounidenses, Hallstein fue prisionero de guerra en Estados Unidos en Camp Como, Mississippi. Después, en el marco del Sunflower Project, destinado a reeducar a los prisioneros de guerra alemanes, fue transferido a Fort Getty, Rhode Island, para seguir allí unos cursos de “formación en democracia americana”.

Muy rápidamente, en 1945 Hallstein fue repatriado a la República Federal Alemana (RFA) –bajo ocupación militar estadounidense– donde pudo volver a ejercer de profesor universitario. Desde allí inició una carrera política en la CDU, convirtiéndose en Secretario de Estado para Asuntos Extranjeros del canciller Konrad Adenauer en 1951. Ocupando este cargo, Hallstein elaborará la “doctrina Hallstein”, negociando las modalidades de la construcción europea en nombre de la RFA.

Si bien no se tiene constancia de que Hallstein estuviese empleado por la CIA, el hecho de que en el plazo de 7 años haya pasado de prisionero de guerra a ocupar un alto cargo de Estado en la RFA –cosa que en sí misma resulta ser un milagro– invita a pensar que Hallstein estaba cuanto menos bajo el patrocinio de Washington. Y que los estadounidenses reciclaron a Hallstein, reutilizando a la vez el viejo proyecto nazi de construcción europea elaborado en 1938 –un dossier en el cual Hallstein ya tenía cierta especialización– para implementarlo en las nuevas condiciones de Guerra Fría y de vasallaje de Europa Occidental.

El hecho de que los estadounidenses no hicieron más que desempolvar un viejo proyecto nazi fue confirmado por el diario británico Mail Online, que en su edición del 9 mayo de 2009 sacó a la luz un informe desclasificado de los servicios de información militares estadounidenses sobre esta cuestión. Dicho informe revelaba que el 10 de agosto de 1944 –en un momento en la que la futura derrota del III Reich estaba más que clara– se celebró en Estrasburgo, concretamente en el Hotel Maison Rouge, una reunión entre industriales alemanes –entre los que se encontraban Volkswagen, Krupp y Messerschmitt– y dirigentes nazis para organizar el “renacimiento de la Alemania de post-guerra, la vuelta de los nazis al poder y obrar por un imperio alemán fuerte” [50]. En otras palabras, la creación de un IV Reich europeo.

El Mail Online revelaba también que en aquella reunión se encontraban oficiales de la US Navy y del Ministerio del Armamento estadounidense, y que “con extraordinaria clarividencia, decidieron juntos que el IV Reich Alemán, a diferencia de su predecesor, sería un imperio más económico que militar, aunque no sería sólo alemán”. [51]

Así pues, el 25 de marzo de 1957 Walter Hallstein, antiguo jurista nazi, ministro de Adolfo Hitler y oficial de Werhmacht, estuvo en Roma –otra vez Roma, sólo que ahora con “demócratas”– junto con Konrad Adenauer en la firma del Tratado de Roma que dará lugar a la Comunidad Económica Europea. Posteriormente, Hallstein sería presidente de la Comisión Europea entre 1958 y 1967.

Hallstein obtuvo en 1961 el premio Carlomagno, ofrecido desde 1950 en la ciudad de Aquisgrán, Alemania, y con el que, según Wikipedia, son distinguidas “las personalidades o instituciones en el ámbito europeo en general y de la UE en particular”.

El nombre de tal premio se debe a que la figura de Carlomagno es y ha sido siempre muy importante en la mitología europeísta, por haber sido entre 768 y 814 d.c. rey del Imperio Carolingio, que ocupaba los territorios de Francia, Alemania y del norte de Italia.

De hecho, para los colaboracionistas franceses Carlomagno era una figura mitológica. En una carta postal del año 1942 editada por los correos de la Francia ocupada, que anunciaba la necesidad de celebrar el 1200 aniversario del nacimiento de Carlomagno, se decía lo siguiente:

Doce siglos antes que se dibuje hoy la comunidad europea –es decir, la “nueva Europa” bajo hegemonía nazi–, Carlomagno había reunido bajo su cetro a los principales países de Europa. –lo cual era una revisión descarada de la historia, pues no reunía ni la mayor parte de España, ni el sur de Italia, ni Inglaterra, etc.– Su imperio no era ni alemán, ni francés, era europeo.” [52]

En octubre de 1941, el grupo de intelectuales franceses colaboracionistas llamado Groupe Collaboration organizaba una conferencia de un tal Colin Ross, titulada “La llegada de una nueva Europa en el marco de un Nuevo Orden Mundial”. Después de decir que “Europa, incluyendo Francia, se ve amenazada al sur y al este, pese a que muchos franceses hayan podido ver en los rojos unos aliados y unos camaradas” –sirva esto para hacernos una idea de a qué se refieren los europeístas con “valores europeos”–, Ross afirmaba:

Recordemos que Karl der Grosse y Carlomagno no son más que dos nombres diferentes para un héroe común a nuestros dos pueblos.

Es una gran comunidad que hay que volver a crear, y la volveremos a crear, pese a todo. No creo solamente en el acercamiento franco-alemán. Creo en Europa, en NUESTRA EUROPA, la Nueva Europa que será la gran patria común de los franceses y los alemanes.” [53]

En la lista de los ganadores del premio Carlomagno aparecen nombres significativos. Aparte de los ya conocidos “padres fundadores” de Europa (Jean Monnet, Robert Schuman, Alcide de Gasperi y el propio Hallstein), se encuentran personalidades españolas como Juan Carlos de Borbón, Salvador de Madariaga, Felipe González o Javier Solana, y estadistas como Winston Churchill, François Mitterrand, Helmut Kohl, Václav Havel –suponemos que en recompensa por la destrucción del socialismo en Checoslovaquia y la posterior partición del país– o Tony Blair.

Pero lo que ya resulta más sorprendente es que en esta lista aparecen los nombres de George Marshall, Henry Kissinger y William J. Clinton, lo cual es cuanto menos extraño para un premio que distingue a “personalidades del ámbito europeo”. Pero a estas alturas, el lector habrá comprendido que no hay ninguna incoherencia en ello.

El lector que aún tenga alguna duda sobre los orígenes estadounidenses de la construcción europea debería saber que la primera persona en tener la idea de una “constitución europea” no fue ni francés, ni alemán, ni belga, ni italiano, sino que fue el señor Dwight Eisenhower, cuando era comandante supremo de las fuerzas de la OTAN. El 27 de octubre de 1951, Eisenhower declara a la revista Paris-Match del 27 de octubre de 1951:

Nada podría ser más agradable que aprender que los Estados de Europa Occidental han decidido reunir en una ciudad de Europa, pongamos Luxemburgo, a delegados responsables con el mandato de redactar el acta constitucional de Europa…

Y añadía:

Ninguna decisión podría ayudarnos mejor en el objetivo que perseguimos”.

Estas declaraciones también deberían ser suficientes para refutar toda creencia de que la construcción europea supone un “contrapeso” a los Estados Unidos. Muy al contrario, la totalidad de los Estados que ingresan en la UE terminan integrándose en la OTAN, lo cual nos indica que existe un maridaje entre ambos organismos. El señor George W. Bush lo dejó muy claro el 15 de junio de 2001 en un discurso en la Universidad de Varsovia, en el que dijo:

Todas las nuevas democracias de Europa, del Báltico al Mar Negro y todas las que se encuentran situadas entre ambos, deben tener las mismas oportunidades para la seguridad y la libertad, y las mismas oportunidades de unirse a las instituciones europeas. Todas las naciones deberían comprender que no hay ningún conflicto entre la pertenencia a la OTAN y la pertenencia a la UE”.

Y añadía:

Damos una buena acogida a una Europa verdaderamente unida.” [54]

Interrogada acerca del referéndum en Francia sobre la Constitución Europea durante una visita a Lituania el 21 de abril de 2005, la Secretaria de Estado de la administración Bush Condoleeza Rice declaraba:

Hemos apoyado firmemente el proyecto europeo, su culminación, así como a la Unión Europea. Desde nuestro punto de vista, la continuación del éxito de la construcción europea es importante.” [55]

¿Realmente puede creerse que si la UE sirviera para hacer contrapeso político, económico y militar a los Estados Unidos, los dirigentes del imperialismo estadounidense harían semejantes declaraciones que pudiesen apoyar con tanta vehemencia algo que supuestamente va en contra de sus intereses?

La total dominación de los Estados Unidos sobre las instituciones europeas se puede comprobar en la cantidad de comisarios europeos que están en la nómina de Washington. François Asselineau, antiguo funcionario del Ministerio de Finanzas de Francia y presidente del partido anti-europeísta Unión Popular Republicana, reveló que más de un tercio de los integrantes de la primera Comisión Europea Durão Barroso habían hecho sus estudios en los Estados, y estimó que alrededor del 80% defendían en todos los puntos de vista estadounidenses [56], empezando por el propio José Manuel Durão Barroso, que ha sido un agente de la CIA desde sus tiempos de militante del maoísta Partido Comunista de los Trabajadores Portugueses [57].

Y para ilustrar la total dominación del capital financiero de Wall Street sobre Europa, haríamos mal en no mencionar la banca de inversión Goldman Sachs International, cuyo presidente es el antiguo comisario europeo irlandés Peter Sutherland, que también forma parte del comité del Grupo Bilderberg. Bajo su autoridad, en noviembre de 2011 el antiguo vicepresidente de Goldman Sachs Europe Mario Draghi fue nombrado presidente del BCE. También bajo la autoridad de Sutherland, el antiguo asesor de Godman Sachs Mario Monti fue nombrado presidente de Italia sin pasar por ningún cauce electoral, en noviembre de 2011 igualmente. También en 2011, el presidente griego Papandreou fue defenestrado por esta misma oligarquía financiera para ser sustituido por Lukas Papademos, antiguo consejero del Banco Federal de Boston y gobernador del Banco de Grecia entre 1994 y 2002, ¡precisamente cuando Grecia se “calificó” para entrar en la zona euro gracias a la falsificación de sus cuentas por parte de Goldman Sachs! Y por si fuera poco, recientemente el señor Durão Barroso fue elegido presidente no ejecutivo de Goldman Sachs International, en recompensa por los servicios prestados.

¿Con esta gente pretende la izquierda europeísta construir su “otra Europa”?

En definitiva, la construcción europea y Departamento de Estado son dos cosas que van unidas de la mano. Esto lo supo ver Charles de Gaulle, que en su conferencia de prensa del 15 de mayo de 1962 decía estas lúcidas palabras:

Se nos dice: “Fundemos juntos los seis Estados en una entidad supranacional: así todo será muy simple y muy práctico”. Son ideas que pueden seducir a algunos espíritus, pero no veo en absoluto cómo podríamos hacerlas realidad prácticamente, aun si tuviéramos seis firmas debajo de un papel.

Es cierto que en esta Europa “integrada”, como suele decirse, tal vez no habría política en absoluto. Esto simplificaría mucho las cosas. En efecto, a partir del momento en que no haya Francia, ni haya Europa, que no hubiese política al no poder imponerla a cada uno de los seis Estados, nos abstendríamos de hacer política.

Pero entonces tal vez este mundo se pondría a la cola de alguien del exterior que sí tendría, en cambio, una política. Tal vez habría un federador, pero no sería europeo.

Después de hablar de los orígenes de la construcción europea, pasemos ahora algunos mitos defendidos por cierta izquierda europeísta.

Mito nº1: Otra Europa es posible

A decir verdad, lo que venimos de exponer ya es bastante para responder a la pregunta de si sería posible una UE al servicio de las clases trabajadoras. Pero quisiéramos refutar esta creencia haciendo mención de una cuestión jurídica que hace del todo imposible reformar la UE en beneficio de las clases trabajadoras, y sobre la cual la izquierda europeísta suele guardar silencio.

Y es que modificar los tratados europeos –véase por ejemplo modificar el artículo 63 del Tratado sobre el Funcionamiento de la Unión Europea, que garantiza la imposibilidad de controlar los movimientos de capitales– requiere de la unanimidad de los 28 Estados de la UE. Si los que abogan por “otra Europa” ni siquiera son capaces de convencer a sus propios compatriotas –pues la “otra Europa” que quiere IU/Podemos, no es la que quiere el PSOE, como tampoco es la misma que la que quieren ecologistas, nacionalistas catalanes, etc.– ¿cómo pretenden hacernos creer que pueden obtener la unanimidad de los 28 Estados miembros? Es del todo imposible.

Y es que además de la imposibilidad matemática de que los 28 Estados miembros tengan simultáneamente el mismo color político, hay que señalar que, bajo sus distintos gobiernos burgueses, aquellos tienen incluso intereses nacionales totalmente divergentes. Algunos países del este de Europa por ejemplo, que se benefician de las deslocalizaciones provenientes del oeste europeo, se opondrían resueltamente a una restricción de los movimientos de capitales. Lo mismo ocurre con un país como Luxemburgo, que vive principalmente de las finanzas. Alemania se negaría vehementemente a que los demás países miembros estuviesen en condiciones de devaluar el euro. Bastaría con el veto de uno sólo de estos países para echar al traste cualquier proyecto de reforma de los tratados. Los más lúcidos habrán comprendido que esta disposición no es fruto de la casualidad: está pensada expresamente para que la UE sea irreformable.

Mito nº2: Es posible salir del euro sin salir de la UE

Contrariamente a lo que parecen pensar algunos partidos de izquierda, los países que están en la zona euro no pueden volver a su antigua moneda nacional sin salir de la propia UE. Esa también es la postura de partidos de la derecha radical-populista como el Frente Nacional francés.

Posiblemente en este momento algún lector esté pensando en países como Reino Unido, Dinamarca, Suecia, que forman o han formado parte de la UE sin estar dentro de la zona euro. Efectivamente, en el caso de estos países, ha sido posible evitar estar en la zona euro. Pero insistimos, esto no sería posible en el caso países de España y de otros países como Francia, Alemania, etc.

De los 27 Estados miembros de la UE –Reino Unido sigue formando parte de la misma mientras no culmine formalmente su salida– sólo 17 de ellos utilizan la moneda común. De los 10 países restantes, hay que identificar tres grupos diferentes:

1) Países que ratificaron el Tratado de Maastricht pero que aún no cumplen los requisitos para adoptar la moneda común. Estos países son: Bulgaria, Hungría, Letonia, Lituania, Polonia, República Checa y Rumanía. Estos países se han comprometido a adoptar el euro, cosa que está prevista en el calendario del imperialismo euro-atlantista.

Es interesante señalar casos como el de República Checa, país que ya reúne los criterios de convergencia para adoptar el euro, cosa que estaba prevista para el año 2012, pero que ha ido retrasando su incorporación a la zona euro por el enorme rechazo que ello generaría en el pueblo checo y al verse los efectos desastrosos que genera en la economía de otros países de la zona euro.

2) Países que ratificaron el Tratado de Maastricht con una cláusula de exención sobre la moneda común. Estos países son el Reino Unido –que de todas formas saldrá de la UE– y Dinamarca.

El Reino Unido ratificó en 1992 el Tratado de Maastricht haciendo uso de lo que en derecho internacional se llama “reserva”, la cual le permitía ratificar la casi totalidad del tratado, excepto los puntos referidos a la moneda común. De hecho, cualquier otro país de la UE podría haberse opuesto a que el Reino Unido formara parte de la comunidad europea en estas condiciones, haciendo uso de un derecho de veto, pero ningún gobierno europeo protestó ante ello. Lo cual era lógico porque Washington necesitaba tener al Reino Unido en la UE para tener un caballo de Troya que asegurase su tutela del proceso de construcción europea.

Dinamarca en cambio sí aceptó en un principio la totalidad del Tratado de Maastricht, pero éste fue posteriormente rechazado por el pueblo danés tras un referéndum en 1992. Debido a ello, el gobierno danés ratificó el Tratado derogando algunos puntos del mismo, incluyendo la moneda común, cosa que se hizo oficial con la Declaración de Edimburgo el 11-12 de diciembre de 1992. Declaración que por cierto decía claramente que sus disposiciones se aplicaban exclusivamente a Dinamarca “y a ningún otro Estado miembro, ni presente ni futuro”. [58]

3) Países que ratificaron el Tratado de Maastricht sin cláusula de exención sobre la moneda común, pero cuya entrada en la zona euro está condicionada por referéndum posterior. Éste es el caso de Suecia.

Después de ratificar el Tratado de Maastricht en 1992, el gobierno sueco decidió esperar a que la entrada en la zona euro fuese confirmada vía referéndum, esperando que la aparición del euro bajo forma fiduciaria en 2002 generaría tanto entusiasmo que el pueblo sueco no podría oponerse. El problema es que pese a una brutal campaña propagandística por parte del gobierno, en 2003 el pueblo sueco dijo “no” al euro.

Desde entonces, Suecia se encuentra en una situación contradictoria desde el punto de vista jurídico: por una parte el gobierno está comprometido en adoptar la moneda común, pero por otra debe aceptar la decisión soberana de su ciudadanía. Estaba previsto convocar ulteriores referéndum para tratar de entrar en la zona euro, pero ello no se termina de hacer, porque en la situación actual, el resultado de un eventual referéndum en Suecia podría ser aún más desastroso para los europeístas.

Para resumir, lo diremos de una forma que parece de Perogrullo: Reino Unido, Dinamarca y Suecia no han formado parte de la zona euro… porque no han entrado en el euro. Esto no es el caso de España, ni de otros países como Francia, Alemania, Italia, etc. El derecho de “reserva” que hubiese permitido ratificar el Tratado de Maastricht, evitando adoptar la moneda común es algo que debía ser utilizado antes de la ratificación del Tratado. Ahora es demasiado tarde para España para salir del euro sin salir de la UE. No existe, en el Tratado de la Unión Europea (TUE) aprobado en 2007 en Lisboa, ninguna cláusula que lo permita. De hecho, el artículo G del título II del Tratado de Maastricht lo dejaba además muy claro, subrayando que la adopción de la moneda común tiene carácter “irreversible”.

En cambio, sí existe una forma de salir de la zona euro y recuperar nuestra soberanía monetaria, que es la salida unilateral de España de la UE, aplicando el artículo 50 del TUE, que determina que “todo Estado miembro podrá decidir, de conformidad con sus normas constitucionales, retirarse de la Unión”. [59]

Mito nº3: Los partidarios de salir de la UE son xenófobos

Se nos acusa de estar contra Europa, ¡es absurdo! Francia es la nación más antigua de Europa, pero no estoy a favor de cualquier Europa. Es la Europa de las patrias lo que queremos.

Si Jean-Marie Le Pen es elegido para la presidencia de la República, no propondrá la salida del euro, pero propondrá cambio recuperar poderes fundamentales en material fiscal.

(Jean-Marie Le Pen y Bruno Gollnisch –número 2 del Frente Nacional–, El Frente Nacional busca matizar su discurso sobre Europa, Agencia de Noticias AFP, 16 de Junio de 2006)

Podemos reconocer que en un país como el Reino Unido, la salida de la UE ha sido abanderada por el UKIP, partido bastante escorado hacia la derecha, incluso de cierto carácter xenófobo, sin por ello llegar a ser de “extrema derecha”. No obstante, si cogemos el caso del partido que representa en el imaginario colectivo el paradigma del “euroescepticismo” de extrema derecha, el Frente Nacional (FN) francés, hay que aclarar que, contrariamente a lo que se suele pensar, el FN –al igual que el resto de partidos de extrema derecha europeos– no plantea en su programa la salida de la UE.

El proyecto del FN en lo que respecta a la UE y los tratados europeos, disponible en su página web, nos habla de “una Europa de las naciones libres” que incluiría a Suiza y Rusia, y de una “renegociación de los tratados” para “romper con la construcción europea dogmática en fase de fracaso total”. Es decir, no a la “construcción europea dogmática”, pero sí a “otra Europa”, lo cual viene a ser lo mismo que dice la izquierda europeísta. En ningún momento se plantea la necesidad de salir de la UE.

Esto ha sido confirmado por Louis Aliot, pareja sentimental de Marine Le Pen y vice-presidente del FN, que declaró que el triunfo del ‘Brexit’“es la ocasión soñada para reconstruir la Europa de las naciones” [60]. Por su parte, la nieta Le Pen, Marion Maréchal, calificó a la UE como un “monstruo frío” –que no dudó en comparar con la Unión Soviética para criminalizar de paso al comunismo–, pero no obstante afirmó desear “el fin de la Unión Europea para la construcción de una Europa diferente, una Europa de las naciones y la soberanía”. [61]

Por lo tanto, parece que la izquierda europeísta tiene mucho más en común con el FN de lo que quisiera creer, pues ambos son incapaces de pensar en otras coordenadas que no sean las de Europa.

No es cuestión de negar el carácter xenófobo de cierta derecha populista, anti-inmigracionista y euroescéptica (eso sí, de palabra), pero si existe de hecho una ideología que hunde sus raíces en el racismo más genuino, ésta es el europeísmo. ¿En qué nos basamos para afirmarlo? El origen ideológico de la idea de una Europa unida se remonta al discurso de 1849 sobre los “Estados Unidos de Europa” del escritor francés Víctor Hugo, autor de Los Miserables. A este discurso hacen frecuentemente referencia los europeístas para justificar el proyecto de construcción europea. Veamos algunos ejemplos.

El ex-primer ministro francés Lionel Jospin –sionista y antiguo cuadro de la Organización Comunista Internacionalista [62] – declaró el 18 de febrero de 2002, año del centenario del nacimiento del escritor francés, que “Víctor Hugo desarrolló una visión profética de los Estados Unidos de Europa. El mensaje de paz y unidad que nos dejó Víctor Hugo debe seguir inspirando el proyecto europeo. Para que la Unión Europea, sin perder en nada su ambición, se extienda a otros países […] Al mismo tiempo que completa su unidad, Europa debe ofrecer al mundo un modelo basado en la paz, la democracia, la solidaridad y el pluralismo”.

Jean François-Poncet, antiguo ministro de asuntos extranjeros de Francia bajo el gobierno Giscard, dijo el 20 de febrero del mismo año que “Víctor Hugo es el padre espiritual de la Unión Europea”.

Y lo que es más elocuente, el 25 de noviembre de 2003, Jean-Pierre Raffarin, antiguo primer ministro de Francia bajo el gobierno Chirac, dijo en la Asamblea Nacional, citando el discurso de Víctor Hugo, que: “La predicción de Víctor Hugo en el Congreso de la Paz de 1849 se ha hecho realidad: ‘un día llegará en que vosotros, Francia, Rusia, Inglaterra, Alemania, os fundiréis estrechamente en una unidad superior y constituiréis la fraternidad europea’”.

Aparte de que el señor Raffarin no parecía haberse enterado de que Rusia no forma parte de la UE –al contrario, parece más bien que la UE está geopolíticamente diseñada para ser hostil a Rusia– se cuidaba no obstante de citar enteramente el discurso de Víctor Hugo. De haberlo hecho, se habría sabido que Hugo también dijo lo que viene a continuación:

Suponed que los pueblos de Europa, en lugar de desafiarse unos a otros, envidiarse unos a otros, odiarse, se hubiesen amado; suponed que hubiesen dicho que antes de ser franceses o ingleses, o alemanes, se es hombre, y que si las naciones son patrias, la humanidad es una familia…

¿Saben ustedes qué habría pasado? ¡El rostro del mundo había cambiado! ¡Los istmos habrían sido cortados, los ríos excavados, las montañas agujereadas, y los ferrocarriles cubrirían los dos continentes, la marina mercante se habría centuplicado, y no habría en lugar alguno ni landas, ni barbechos, ni pantanos; se construirían ciudades allá donde no hay más que soledad; se excavarían puertos allá donde no hay más que escollos; Asia sería devuelta a la civilización, África sería devuelta al hombre; la riqueza brotaría de todas partes de todas las venas del globo con el trabajo de los hombres, y la miseria se extinguiría! ¿Y saben ustedes lo que se extinguiría con la miseria? Las revoluciones.

¡Sí, el rostro del mundo cambiaría! ¡En lugar de desgarrarse entre sí, nos extenderíamos pacíficamente sobre el universo! ¡En lugar de hacer revoluciones, haríamos colonias!

¡En lugar de traer la barbarie a la civilización, traeríamos la civilización a la barbarie!

Estas palabras parecen sacadas de un discurso de George W. Bush, y son profundamente racistas: “Asía sería devuelta a la civilización”, es decir que en Asia reina la barbarie [63], y “África sería devuelta al hombre”, es decir que allí no viven hombres, sino probablemente simios. Por lo tanto, es el europeísmo quien hunde sus raíces ideológicas en el racismo. Son los europeístas los que siguen una tradición racista y xenófoba, y no los anti-europeístas. De hecho, es profundamente racista la creencia de que los españoles tengamos que sentirnos más cercanos de los estonios, los finlandeses o los eslovacos, países con los que no tenemos lazos históricos o culturales, que de Venezuela, Cuba, México, etc. países con los que sí tenemos lazos históricos o de idioma, o de países geográficamente cercanos como Marruecos o Argelia… ¡o de cualquier otro país, se llame China, Brasil o Sudáfrica!

Y es que además, se puede observar que la construcción europea encaja geográficamente con lo que establecía la tesis del “choque de civilizaciones” del neoconservador Samuel P. Huntington. En este momento, Norteamérica y la inmensa mayoría del espacio que engloba la UE pertenecen a lo que Huntington clasificaba como “civilización occidental”. Algunos países de la UE, como Grecia, Rumanía o Bulgaria –naciones de “raza blanca” al fin y al cabo– están dentro de la “civilización ortodoxa”, pero esto no es más que la excepción que confirma la regla. Si nos fijamos en el mapa, podemos observar que la extensión de la UE se ha detenido a las puertas de Rusia, país que no parece estar destinado a formar parte de “Europa” a menos que quede destruido y despedazado a manos del imperio euro-atlantista.

Esto nos indica que, lejos de aislarse del resto del mundo, la salida de la UE implica abrirse mucho más al resto del mundo. No es, por lo tanto, la salida de la UE, sino la permanencia en la misma lo que nos aísla del resto del mundo, porque nos introduce de lleno en el choque de civilizaciones y su visión racista y neo-colonialista del mundo.

Siguiendo con el ejemplo de Francia, y negando que las posiciones euroescépticas sean de extrema derecha, recordaremos al lector que hasta los años 80 el PCF se había caracterizado precisamente por un feroz anti-europeísmo. Ya hemos explicado que la construcción europea actual es un proyecto de inspiración estadounidense. No se trata de ninguna idea “conspiracionista”: es la posición que defendió el PCF entre 1945 y aproximadamente 1980.

En 1947, Maurice Thorez, secretario general del PCF, ya afirmaba que “los capitalistas americanos tienen por objetivo el extender su hegemonía sobre Europa y el mundo entero”. [64]

En 1969, Jacques Denis y Jean Kanapa, dirigentes del PCF (Kanapa era miembro del Buró Político y muy próximo a Jean-Paul Sartre), escribían lo siguiente en una obra titulada ¿Por o contra Europa?:

Desde su primeros pasos, la construcción europea reviste rasgos muy particulares […] En nombre de la Europa pacífica, [ella] organizaba un bloque militar agresivo dirigido contra la parte socialista de Europa. Desde su nacimiento, portaba pues la tara del atlantismo, es decir del liderazgo americano.” [65]

En 1979 –año en que se celebraron las primeras elecciones europeas–, un colectivo de dirigentes del PCF publicó un ensayo titulado Europa: Francia en juego, donde se analizaba la construcción europea y se explicaban las raíces del europeísmo en base al materialismo histórico. En su prefacio, el ex-miembro del Comité Central Maxime Gremetz –hoy el PCF le ha retirado su carné de miembro– explicaba que el Plan Marshall suponía un apoyo estadounidense a una “comunidad europea” con la cual los Estados Unidos podrían “mantener relaciones de señor feudal a vasallo”. [66]

Gremetz explicaba que durante la firma del Tratado de Roma en 1957, el Departamento de Estado de los Estados Unidos envió un telegrama a los “padres fundadores” en el que se decía que “los Estados Unidos tienen la intención de darle a la comunidad del carbón y del acero un fuerte apoyo, justificado por la importancia de la unificación política y económica de Europa”. Según el análisis del PCF, el gobierno de los Estados Unidos pretendía así levantar las limitaciones a la producción de acero impuestas a la RFA para permitir su re-militarización en el nuevo contexto de Guerra Fría.

El interés de los estadounidenses era así resucitar los famosos konzern que habían colocado a Hitler en el poder, en nombre del anticomunismo. Gremetz escribía: “…esos eran los padrinos de la Europa de los seis: los americanos, los monopolios industriales más potentes de la época, los partidarios del rearme alemán.” [67] Por decir estas mismas palabras, hoy Gremetz sería tildado de xenófobo por la izquierda “ista-ista” y de “pro-imperialista” por cierta extrema izquierda.

Después, Gremetz añadía: “Una vez más, y desde el primer momento [los comunistas] manifestaron su ardiente adhesión a esta libertad esencial que es la independencia nacional […] Recordaron hasta qué punto el alineamiento detrás de las intenciones de Washington, la alianza preferencial y desigual con la RFA eran sinónimos para Francia de degradación nacional […] Desde hoy, en Denain como en Longwy, decenas de miles de obreros siderúrgicos manifiestan detrás de pancartas que proclaman: “Quieren construir Europa rompiendo Francia”. [68]

El PCF ya era en ese momento eurocomunista. Había renunciado a la dictadura del proletariado y estaba alejándose de la URSS. Pero se oponía con ferocidad a la construcción europea y al federalismo europeo bajo hegemonía estadounidense. Si hoy existiera el PCF auténtico –y no esa cosa que hoy se hace llamar “PCF”–, defendería la salida unilateral de Francia de la UE. Por la paz entre los pueblos, por el internacionalismo, por el socialismo.

Hoy en cambio, el PCF es un partido totalmente europeísta, cuyas posiciones con respecto a Europa no solamente difieren, sino que se encuentran en el extremo opuesto de las que defendía, no ya en 1945, sino incluso en 1979.

Mito nº4: la UE asegura la paz

Los europeístas suelen vender la construcción europea como una garantía de paz, puesto que los países europeos no han estado en guerra entre sí desde finales de la II Guerra Mundial. Veamos algunos ejemplos. En 1992, el ministro de Asuntos Extranjeros de Francia Roland Dumas llamaba en la Asamblea Nacional a votar “sí” al tratado de Maastricht diciendo que: “Vine al mundo adulto en un clima de horror y crímenes […] es en primer lugar por ello que deseo una Europa unida, y que quiero que sea irreversible”.

El mismo año, el presidente francés François Mitterrand también invitaba a votar “sí” a Maastricht diciendo que “si no hubiésemos retocado esta política extranjera –se refería a la política exterior de los Estados-naciones antes de Maastricht–, habríamos corrido el riesgo de sufrir guerras terribles, que deben pertenecer al pasado”.

Y en una alocución por televisión dirigida al pueblo francés para votar “sí” en el referéndum de 2005 sobre la Constitución Europea, Dominique Strauss-Kahn afirmaba antes sus conciudadanos:

En 50 años, la construcción de Europa ha permitido fortalecer la paz. En aquellos territorios en los que los libros de historia nos relatan que los conflictos han sido irrigados con sangre de soldados que han dejado allí sus vidas, hemos construido lo que jamás la humanidad había logrado construir: un espacio de paz, organizado por la razón, el derecho, y no por la fuerza y los cañones.”

Pero estos argumentos son falaces. Si no ha habido guerra entre países europeos durante casi toda la segunda mitad del siglo XX, no ha sido gracias a la construcción europea, sino que ha sido buena y sencillamente porque entre 1945 y 1989 Europa estuvo dividida en dos bloques irreconciliables –el campo socialista y el campo capitalista-imperialista– que se mantuvieron en estado de Guerra Fría ante la amenaza de Destrucción Mutua Asegurada (MAD) que suponían las cabezas nucleares que había a un lado y otro del telón de acero.

Y es que además, en la actualidad la UE no garantiza la paz, sino todo lo contrario: la UE nos ata a la alianza atlantista y a la política exterior estadounidense, lo cual nos conduce hacia la guerra. El Tratado de Maastricht de 1992 mencionaba ya las palabras “OTAN” y “alianza atlántica”. Este tratado, que creó una “Política Extranjera y de Seguridad Común” (PESC), evocaba expresamente la alianza militar atlántica con los Estados Unidos, en el apartado titulado “Declaración relativa a la Unión de Europa Occidental”.

Actualmente, el artículo 42 del TUE precisa que la UE “respetará las obligaciones derivadas del Tratado del Atlántico Norte para determinados Estados miembros que consideran que su defensa común se realiza dentro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y será compatible con la política común de seguridad y de defensa establecida en dicho marco.”

Pero en los hechos, cuando se dice que la Política Común de Seguridad y Defensa de la UE debe “respetar” las obligaciones de algunos países con la OTAN, ello significa subordinarse a la OTAN, puesto que 22 de los 28 Estados miembros de la UE –que representan más del 94% de su población, es decir la práctica totalidad de la UE– son miembros de la alianza atlántica.

Y por si fuera poco, en la página web del Eurocuerpo, el “cuerpo militar europeo” integrado por Alemania, Francia, Bélgica, España, Luxemburgo y los Estados Unidos, y que participa en misiones en Kosovo y Afganistán, aparece el siguiente eslogan: “Cuerpo europeo: una fuerza para la Unión Europea y la Alianza Atlántica”.

Es por todo ello que relevan de una cierta ingenuidad las palabras de Willy Meyer en el nº298 de Mundo Obrero, órgano de expresión del PCE, cuando escribía que “uno de los motivos del fracaso del proyecto regional de la Unión Europea [es que] desde su creación, no entendió el papel relevante en la creación euroasiática con relaciones estrechas regionales con Rusia y China”. Pero camarada Meyer, no es que la UE no lo “entendiera”, ¡es que desde sus mismos inicios, la UE no es otra cosa que un instrumento de vasallaje de los países europeos para someterse a los intereses de Washington!

Por lo tanto, la pertenencia a la UE no asegura la paz entre los pueblos, sino todo lo contrario: ata la política exterior de nuestros gobiernos a los intereses de Washington, conduciéndonos hacia una confrontación muy peligrosa con Rusia y con el mundo arabo-musulmán, de acuerdo con la tesis del “choque de civilizaciones”, como ya hemos visto antes.

Conclusiones

Por todo lo dicho anteriormente, la única posición coherente con la denuncia del carácter anti-popular de la UE, o con el reconocimiento de la imposibilidad de todo proyecto de transformación social dentro de la UE, es abogar sin vacilaciones por la salida unilateral de la UE, aplicando el artículo 50 del Tratado de la Unión Europea. Esto es lo que habría que concluir por una mera cuestión de lógica. Pero parece que en la izquierda “europeísta muy a pesar de ella” se produce en última instancia un cortocircuito que impide llegar a esta lógica conclusión. Esto demuestra hasta qué punto la ideología europeísta ha calado hondo en la izquierda.

En su discurso en el mitin central de las últimas fiestas del PCE, José Luis Centella, afirmaba con mucha razón que “en la UE no es posible el desarrollo de políticas democráticas, sociales” y que “la UE es irreformable y [que] es incompatible con la soberanía de los pueblos, y cualquier tipo de política transformadora y no digamos ya revolucionaria”. También decía que “no es posible emprender una vía de ruptura en los países miembros de la UE sin romper con la Union Europea”.

Sin embargo, acto seguido, Centella concluía que “es urgente que la izquierda europea asuma de una forma clara la necesidad de una confrontación con la Unión Europea, para desde otro marco plantear la Alternativa de una Europa Democrática, Solidaria, Social” [69]. Lo cual viene a ser lo mismo que decir: “sí, pero no; no, pero sí”. Lenguaje contradictorio, aparentemente rupturista, que hablará de cualquier cosa menos de lo fundamental, a saber la necesidad de saliir de la UE.

Si el mismo Centella reconocía el carácter irreformable de la UE, entonces ¿a qué se refiere con la construcción de una “Europa democrática”? ¿Pretende que los 28 países salgan todos de la UE, para luego ponerse de acuerdo en fundar otra Unión Europea? ¿Pretende que varios países de la UE logren convencer a los tecnócratas de Bruselas para que dejen paso a la “alternativa”? ¿Pretende que se les pueda torcer el brazo por medio de una revolución social que se diera al mismo tiempo en todos o en una mayoría de los países de la UE? Esto es del todo imposible. Este tipo de esquema, que evoca la “revolución permanente” soñada por los trotskistas, no se ha producido nunca en ningún lugar del mundo ni se producirá jamás.

Desde un punto de vista revolucionario, la salida unilateral de la UE por parte de cada Estado miembro es la única alternativa viable y que permite ofrece un horizonte a los trabajadores. No se trata de darse aires de radicalidad. Al contrario, se trata de la única opción realista que puede ofrecer una solución al sufrimiento de las clases populares. Si mientras afirmamos que el desarrollo de políticas democráticas y sociales es incompatible con la pertenencia UE, dejamos la salida de la UE para las calendas griegas, buscando un hipotético acuerdo con otros países, o el surgimiento de un movimiento “euroescéptico” a escala continental para alcanzar la tan deseada “alternativa”, podemos estar seguros de que seguiremos con la UE ad eternum, con todo lo que ello supone de sufrimiento para las clases populares. El pueblo francés no esperó a que hubiese surgido un movimiento contra el absolutismo y el feudalismo en otros países de Europa para tomar la Bastilla. Los bolcheviques no esperaron a que la revolución socialista triunfara en otros países de Europa para tomar el Palacio de Invierno. Tampoco esperaron a que siguieran otros países para iniciar la construcción del socialismo en la URSS. Hugo Chávez no esperó a que surgieran varios gobiernos progresistas y patriotas en América Latina para intentar devolverle el poder al pueblo en 1992. La historia demuestra que sucede lo contrario: suele ser una chispa lo que enciende el resto de la pradera.

En este momento, muchos pueblos en Europa están esperando a que un primer país dé el pistoletazo de salida. Es por ello que todo comunista o personas que sea consecuentemente de izquierdas debería alegrarse por el ‘Brexit’, porque ello ha supuesto el fin de un mito, a saber, el de la irreversibilidad de la integración europea. Las cuestiones relativas mencionadas por Marina Albiol acerca de “una salida que no cuestiona el modelo económico en su conjunto y que viene impulsada por posiciones de derechas” es un problema que deberá resolver la clase obrera británica y nadie más.

Con mucha visión de futuro, en su discurso ante el XIX Congreso del PCUS (1952), Stalin decía:

Antes la burguesía era considerada el jefe de la nación, ella defendía los derechos y la independencia de la nación poniéndolos “por encima de todo”.

Ahora ya no ha quedado ni rastro del “principio nacional”. Ahora la burguesía vende los derechos y la independencia de la nación por dólares. La bandera de la independencia nacional y la soberanía nacional ha sido arrojada por la borda. No hay duda de que esta bandera la tendrán que levantar ustedes, los representantes de los partidos comunistas y demócratas, y llevarlo adelante, si es que quieren ser patriotas de su país, si quieren ser una fuerza dirigente de su nación. Nadie más la puede levantar.

Así, el hecho de que la salida de la UE haya sido “impulsada por posiciones de derechas” debería ser motivo de autocrítica por parte de la izquierda, que después de tantísimos años siendo incapaz de ofrecer otra cosa que no sea “otra Europa”, ha entregado en bandeja de plata a la derecha populista y a la extrema derecha la bandera de la soberanía nacional y la defensa de las clases populares. Cosa que, además, ha sido facilitada por la concepción como “nacionalismo” –véase “fascismo”– de la defensa de la soberanía nacional, propia de un cierto discurso del 1968 [70].

Así se explica que en Francia el FN sea hoy el partido más votado por la clase obrera. Una vez que la izquierda ha desaparecido del terreno de batalla, ahora las clases populares son seducidas por el discurso demagógico del FN. Este es el papel criminal que ha desempeñado la izquierda europeísta, por desoír los consejos de Stalin.

Resulta además curioso que el filósofo francés Dominique Pagani –muy próximo a Clouscard y de firmes convicciones anti-stalinistas– dijera exactamente lo mismo que Stalin hace pocos años, no sin cierta ironía:

De manera general, atreverse a rehabilitar el soberanismo, o, para evitar que nos metan en otro saco, el principio de soberanía en el seno de un movimiento […] concepto (de los más decisivos del Contrato Social [71]), que había llegado a rozar la obscenidad,: ¿no supondría mancharnos las manos recogiendo este viejo trapo ensuciado por el Frente Nacional? […] si Le Pen se ha apoderado de ello, al igual que se recoge una bandera sobre un cadáver, ha sido de manera tardía, y por defecto, sin combate. Lejos de defenderlo, la “izquierda de gobierno”, es decir la izquierda de mercado, del PS a los ecolo-trotskistas, lo había tirado al basurero de la historia; y ello para satisfacer las exigencias de la formidable presión federalista cuya potencia no ha dejado de crecer durante estas últimas décadas (estos “Treinta vergonzosos” [72] como los había llamado Clouscard). A la extrema derecha le bastaba con recogerlo.” [73]

Hemos de añadir que la pertenencia de una organización de izquierdas al Partido de la Izquierda Europea (PIE) es contradictoria con la defensa de la tesis de romper con la UE e incluso con reivindicarse de la historia del Movimiento Comunista. Los documentos del XX Congreso del PCE, celebrado en abril de 2016, dicen en su apartado 5.2 que “Para poder construir un nuevo país tenemos que romper con estos dos corsés: la UE y el euro y el Régimen del 78, recuperar la soberanía y realizar la ruptura democrática con los marcos que impiden cualquier proceso de transformación social al servicio de los trabajadores y trabajadoras”. En el apartado 6.3, se dice que “el PCE apuesta por la necesidad ineludible de romper con la Unión Europea y salirnos del euro, por lo que es necesario elaborar una propuesta política y económica sólida desde el campo del marxismo y la izquierda transformadora”. Sin embargo, después de su congreso fundacional en 2004, el recién elegido presidente del PIE y secretario general del Partido de Refundación Comunista de Italia Fausto Bertinotti declaraba:

El socialismo democrático toma sus raíces de la ética cristiana, del humanismo, de la filosofía clásica. […] Pero yo diría que, si Europa tuviera el valor de recuperar la totalidad de su herencia histórico-cultural: la ética judeocristiana, la cultura del derecho greco-romano, el humanismo, la filosofía clásica, el iluminismo y sobre todo también el movimiento obrero, es tener en efecto un patrimonio exclusivamente europeo. Sería una respuesta fuerte a la ideología de la derecha fundamentalista americana.” [74]

Otra figura emblemática del PIE, el presidente del alemán Partido de Socialismo Democrático (PDS) Lothar Bisky, decía que “a ello se vincula el hecho de que la Izquierda europea introduce en los debates públicos el concepto de cultura europea como base de nuestra política europea. Aún lo formularon el anterior fin de semana, en el consejo de los presidentes de partidos, un órgano dirigente de la Izquierda europea”. [75]

Es evidente que estas declaraciones relevan del europeísmo más reaccionario. Declaraciones de las que, hasta el día de hoy, el PIE no ha renegado. Por lo tanto, poco se puede esperar de las organizaciones del PIE en lo que respecta a “romper con la UE”. Por lo tanto, la pertenencia del PCE al PIE es una contradicción manifiesta.

El carácter reaccionario y socialdemócrata del PIE se puede comprobar en el preámbulo de sus estatutos, disponibles en su página web, donde se dice “nos reivindicamos de los valores y tradiciones del movimiento socialista, comunista y obrero, del feminismo, del movimiento feminista y la igualdad de género, del movimiento por el medio ambiente y el desarrollo sostenible, de la paz y la solidaridad internacional, los derechos humanos, el humanismo y el antifascismo, del pensamiento progresista y liberal, tanto a nivel nacional e internacional. […] Defendemos el legado de nuestro movimiento que inspiró y contribuyó a asegurar las conquistas sociales de millones de personas. […] Lo hacemos con una condena sin reservas de las prácticas y crímenes estalinistas no-democráticas, que estaban en total contradicción con el ideal socialista y comunista.”

Por si quedase alguna duda, recientemente, en su V Congreso, el PIE elegía como presidente al alemán Gregor Gysi del PDS, antiguo miembro del Partido Socialista Unificado de Alemania (SED) que había obrado durante los años 80 por la liquidación del socialismo en Alemania del Este, consiguiendo organizar manifestaciones gubernamentales con este objetivo. Gysi llegó incluso a formar parte de un comité de enjuiciamiento destinado a investigar “abusos de poder”, que juzgó entre otros al comunista ejemplar Erich Honecker [76]. En 1990 lideró el proceso de liquidación del SED, expulsando a sus cuadros marxistas-leninistas, convirtiéndolo en el PDS.

Particularmente lamentable fue el hecho de que, en este Congreso, el secretario general del PCE José Luis Centella se congratulara por la elección Maite Mola como vicepresidenta del PIE, declarando además que “el congreso es un punto y seguido por transformar la Unión Europea, por acabar con estas políticas imperialistas, y por la construcción de la alternativa”, en clara violación de los acuerdos del XX Congreso.

En resumen, la pertenencia al PIE es totalmente incompatible con todo proyecto de ruptura con la UE, transformación social y recuperación de la soberanía nacional, y es un insulto a la memoria histórica del Movimiento Comunista durante el siglo XX. El PCE debe salirse de esta organización, por respeto a los acuerdos de su XX Congreso.

Para ir terminando, en el caso concreto de España, la salida de la UE –que conllevaría automáticamente la salida del euro– y de la OTAN son cuestiones que deben estar unidas como uña y carne a la reivindicación de la legitimidad histórica de la IIª República –último periodo histórico en el que España fue un país soberano– y la necesidad de un proceso constituyente hacia la IIIª República.

Es por ello que en España el movimiento republicano debe aclarar su posición con respecto a la UE, porque el programa de 8 puntos que defiende habla de “independencia nacional”, al mismo tiempo que en lo que respecta a Europa, plantea la consigna de “rechazo a la UE de los mercados” [77] ¿Pero qué significa esto en lo concreto? Se trata una consigna abstracta que tanto puede significar la salida de la UE como el deseo de tener “otra Europa” que no sea “la de los mercados”, véase una “Europa social” o una “Europa de los trabajadores”, etc. El mismo tipo de indefinición tenemos cuando, en las elecciones europeas de 2014, el FN lanzaba, con calculada ambigüedad, la consigna de “No a Bruselas, sí a Francia”. Este tipo de consignas no quiere decir nada.

Sirva este humilde trabajo para contribuir clarificar las posiciones de la izquierda, y en particular las del movimiento comunista, con respecto a la UE.

Notas

[1] Debería ser hora ya de dejar de emplear este tan manido término (“austericidio”), pues si asumimos que el homicidio es el asesinato de otra persona, el parricidio el asesinato del padre, etc. entonces deberíamos deducir que el “austericidio” es la muerte de la austeridad. Es decir, ¡exactamente lo contrario de lo que se pretende decir con este novedoso término!

[2] IU cree que el Brexit es consecuencia de una UE que no da respuesta a las necesidades de las clases populares y llama a reconstruir Europa, 24 de junio de 2016 http://www.izquierda-unida.es/node/16139

[3] Bernard-Henri Lévy, Etrange défaite à Londres, Le Monde, 25 de junio de 2016.

[4] Enrique Castells Turia, Izquierda Europeísta, políticas de traición nacional y de guerra contra los trabajadores. Tsipras y el pinochetismo de izquierdas, 18 de julio de 2015.

[5] Parce qu’il n’aime pas cette Europe, Sarkozy votera oui, Libération, 22 de abril de 2005.

[6] Pablo Iglesias defiende a Tsipras: ‘Ha cedido muy poco y ha llegado a un buen acuerdo’, El Diario, 23 de junio de 2015

[7] Pablo Iglesias cierra la campaña griega: ‘Tsipras es un león. Podemos está con él’, El Mundo, 18 de septiembre de 2015.

[8] Enrique Castells Turia, op. cit.

[9] El PCE, que es integrante de Izquierda Unida, y a su vez parte de la coalición electoral Unidos Podemos, apuesta desde su XX Congreso por romper con la UE, pero esta posición resulta ser una voz muy pequeña ahogada en el magma de la coalición con Podemos.

[10] Pablo Iglesias, resignado: “Lo que ha ocurrido en Grecia es la verdad del poder”, Europa Press, 16 de julio de 2015.

[11] También nos invita a pensar lo mismo el silencio cómplice de aquellos sectores de la izquierda que en su día ensalzaron a Tsipras, llegaron a afirmar que su victoria en las elecciones de 2015 supondría “el fin de la austeridad”, pero que ahora eluden condenar su gestión ultra-neoliberal en Grecia.

[12] En el momento de escribir estas líneas, el Parlamento Europeo imponía privatizar todo el sistema de ferrocarriles de la UE. El Parlamento Europeo aprueba privatizar el sector ferroviario, La República, 14 de diciembre de 2016

[13] En el momento de escribir estas líneas, el gobierno de Tsipras aprobaba la privatización de la compañía de aguas de Atenas y Tesalónica y de la industria de vehículos del metro de Atenas.

[14] Marta Harnecker, La izquierda en el umbral del siglo XXI, Ed. Siglo XXI, 1999

[15] Ibíd.

[16] Así se podría explicar que en la recta final de su campaña para las elecciones de diciembre de 2015, Izquierda Unida se dedicara a repartir preservativos donde se podía leer el lema “dale duro a la derecha”. http://www.murcialibre.com/2015/12/14/condones-por-votos-la-exitosa-campana-de-izquierda-unida/ Como podemos ver, hoy los partidos de la izquierda no se presentan como portadores de ideologías y de intereses de clase, sino como instituciones que desean suministrar determinados servicios a la “ciudadanía” compitiendo en el mercado de los partidos políticos por arrancar votos a la competencia, apelando como vemos a los instintos libidinales. Esta ideología está unida al europeísmo como uña y carne: en 2009, un spot electoral de las juventudes del PS francés con el eslogan “¡Haz vibrar a Europa!” mostraba a un joven copular con su pareja después de sacar un preservativo de un envoltorio donde ponía “PSE” (Partido Socialista Europeo). En 2013, después de una decisión del gobierno de Hollande de bajar el IVA sobre los preservativos, un cartel de esas mismas juventudes decía: “La izquierda te protege”. Cuando la izquierda radical reproduce los mismos métodos de imbecilización de la socialdemocracia, tiene motivos más que suficientes para reflexionar.

[17] El filósofo francés Michel Clouscard desenmascaró esta patraña, al explicar que lo que los freudo-marxistas realmente reprochaban a la clase obrera era la adquisición de bienes de equipamiento –bienes funcionales, como coches, lavavajillas, frigoríficos, etc., que son productos necesarios para la vida– que ellos confundían con los bienes de consumo. Añadiendo que, además: a) la clase obrera no tendría nada que reprocharse por acceder a esos bienes de consumo, puesto que ella es quien los ha producido y b) de todas maneras las pretensiones de los freudo-marxistas es falsa, pues la única “sociedad de consumo” que puede existir es el comunismo.

[18] “Burocratización” que en última instancia será, sin falta, culpa del “estalinismo”.

[19] Nótese que el filósofo francés André Gorz, también popular en 1968, llegaba a afirmar que la clase obrera era una “minoría privilegiada”.

[20] Michel Clouscard, Neo-fascisme et idéologie du désir, 1973, Ed. Delga.

[21] Se puede explicar en parte el surgimiento de movimientos ecologistas al margen de todo proyecto de transformación socialista –por regla general movimientos anticomunistas y otánicos, como se puede constatar en un Daniel Cohn-Bendit– y la fijación de la izquierda post-marxista en querer etiquetarse sistemáticamente como “ecologista” –dentro de su larga serie de “ista-ista”– en el hecho de que Marcuse teorizaba que una sociedad no-represiva para con el deseo implicaba un cambio en las técnicas –fuerzas productivas– en oposición al clásico planteamiento del “mecánico” Marx, que creía que bastaba con un cambio en las relaciones de producción. Como resultado, tenemos un ecologismo que se basa en simples cuestiones técnicas de gestión del capitalismo

[22] Con la retrospectiva, podemos afirmar sin dudarlo un instante que el estructuralismo, surgido en Francia en los años 60, no era una corriente de pensamiento más, sino un instrumento para des-marxistizar (extirpándole al marxismo su médula hegeliana) a los círculos académicos y la intelectualidad francesa dentro de la contra-ofensiva neo-liberal del capitalismo para recuperar el terreno perdido a partir de 1945. Así se explica que “intelectuales” otánico-sionistas como Alexandre Adler y Bernard-Henri Levy hayan sido discípulos de Althusser sin renegar nunca de él. Para profundizar en esta cuestión, ver el artículo de Juan Manuel Olarrieta Althusser o la miseria del estructuralismo burgués.

[23] Etudes Marxistes nº109, Daniel Zamora sur Foucault, 2015.

[24] Que no nos hagan decir lo que no hemos dicho. Lo que pretendemos no es menospreciar la cuestión de la mujer en el movimiento obrero o las discriminaciones contra ciertas minorías sociales. Lo que proponemos es una denuncia de una cierta reutilización que hace el capitalismo de estas cuestiones para integrar a la izquierda en el sistema europeísta. Retomando las palabras del filósofo francés Dominique Pagani, el combate de la mujer obrera por obtener igual salario y derechos es, objetivamente, progresista. Pero decir “los y las” o decir “Madame la ministre” le hace cosquillas al capital. La izquierda europeísta es más pose y reclamo que lucha real, lo cual se inscribe en la tradición de la posmodernidad que señala que con el lenguaje se puede crear la verdad.

[25] Oxandabaratz, “Ecumenismo”, ¿Nueva arma ideológica del imperialismo? (sobre algunas taras del 1968) https://antinperialistak.wordpress.com/2016/08/19/ecumenismo-nueva-arma-ideologica-del-imperialismo-sobre-algunas-taras-del-1968/

[26] J. Romero, La erupción ciudadanista: el oportunismo en acción http://pceml.info/actual/index.php/actualidad/articulos/392-la-erupcion-ciudadanista-el-oportunismo-en-accion

[27] Scott Jay, The “Postmodern Left” and the Success of Neoliberalism, Global Research, 5 de enero de 2016.

[28] “La izquierda se ha autodestruido aceptando las intervenciones humanitarias”, Público, 24 de noviembre de 2016.

[29] Michel Onfray: “Nous sommes déjà en guerre civile”, 2 de junio de 2016 https://francais.rt.com/france/21513-michel-onfray-nous-sommes-deja-en-guerre-civile

[30] Michel Clouscard, op. cit.

[31] Efectivamente, como hemos dicho anteriormente, no podría haber connivencia de intereses entre la mujer burguesa, rentista o aristócrata del sector terciario que puede pagarse una baby-sitter y la cajera del supermercado que debe dejar al niño al cuidado del abuelo mientras se va a trabajar. O entre el homosexual directivo de empresa y el homosexual con contrato por obra y servicio. Por mucho que la izquierda “ista-ista” lo asuma de palabra (“somos feministas, sí, pero de clase”), no lo suele llevar a la práctica.

[32] Michel Clouscard, op. cit

[33] El hecho, realmente aberrante, de que la izquierda europeísta no muestra con países como Siria –pues limitarse a “condenar” la guerra imperialista en Siria sin defender su gobierno legítimo es una falta grave–, Libia, RPDC e inclusive Rusia o China ni una centésima parte de la solidaridad que muestran con Cuba, Venezuela o Bolivia sólo se puede interpretar como una reminiscencia del colonialismo español.

[34] François Asselineau, Les origines cachées de la construction européenne, conferencia ofrecida el 24 de abril de 2014. https://www.youtube.com/watch?v=Qj5utZJm1dA

[35] Ibíd.

[36] Ibíd.

[37] Programa establecido entre 1929 y 1930 para resolver el problema de las reparaciones de guerra impuestas a Alemania al finalizar la Primera Guerra Mundial, que llevaba el nombre del banquero estadounidense Owen D. Young.

[38] Curiosamente, Schacht fue absuelto en 1946 por el Tribunal de Nuremberg pese a ser acusado de crímenes contra la paz por su contribución a la militarización de la economía alemana. Fue condenado no obstante a 8 años de trabajos forzados por un tribunal alemán de desnazificación, pero de nuevo liberado en 1948. En 1953 volvió a los negocios financieros fundando la Deutsche Außenhandelsbank Schacht & Co., que dirigió hasta 1963.

[39] François Asselineau, op. cit.

[40] Portada del diario Paris Soir, 1º de febrero de 1941.

[41] Cecile Von Renthe-Fink, Nota sobre el establecimiento de una confederación europea, agosto de 1943, citado por John Laughland, La libertad de las naciones, 2001.

[42] Citado en François Asselineau, op. cit.

[43] Prueba de ello es que el régimen de Vichy nunca dejó de tener embajada de los Estados Unidos. Se sabe que el mariscal Pétain se reunía muy frecuentemente con el embajador estadounidense, a quien no dudaba en subrayar que Estados Unidos podría contar con el régimen de Vichy si el viento viniera a soplar de otra parte.

[44] https://gazettefrancaise.wordpress.com/2015/12/14/un-nazi-devenu-president-de-la-commission-europeen/

[45] Thomas Freiberger, Der friedliche Revolutionär: Walter Hallsteins Epochenbewusstsein, en Entscheidung für Europa: Erfahrung, Zeitgeist und politische Herausforderungen am Beginn der europäischen Integration, de Gruyter, 2010

[46] Ambrose Evans-Pritchard, Euro-federalists financed by US spy chiefs, 19 de septiembre de 2000.

[47] Ibid.

[48] François Asselineau, Quelle était l’analyse du Parti Communiste Français sur « l’Europe » de 1947 a 1980?, 26 de agosto de 2013.

[49] Alain Peyrefitte, C’était De Gaulle, tomo 2, Fayard, 1997

[50] Revealed: The secret report that shows how the Nazis planned a Fourth Reich… in the EU, Mail Online, 9 de mayo de 2009.

[51] Ibid.

[52] Citado en François Asselineau, op. cit.

[53] Colin Ross, L’avènement d’une Nouvelle Europa dans le cadre d’un nouvel ordre mondial, 1941, citado en François Asselineau, op. cit.

[54] http://www.presidency.ucsb.edu/ws/?pid=45973

[55] http://www.legrandsoir.info/Les-USA-votent-OUI-a-la-Constitution-Europeenne.html

[56] ¿Qui gouverne la France et l’Europe ?, Conferencia de François Asselineau, 27 de abril de 2012, https://www.youtube.com/watch?v=Bb8dB7d3BdE&t=10401s

[57] Ibíd.

[58] http://www.europarl.europa.eu/summits/edinburgh/default_en.htm

[59] https://es.wikipedia.org/wiki/Retirada_de_un_Estado_miembro_de_la_Uni%C3%B3n_Europea

[60] http://www.bvoltaire.fr/louisaliot/cest-une-occasion-revee-de-rebatir-leurope-des-nations,264410

[61] http://www.bfmtv.com/politique/marion-marechal-le-pen-invitee-de-jean-jacques-bourdin-ce-lundi-matin-996937.html

[62] Organización perteneciente a Comité por la Reconstrucción de la IV Internacional, en la que también militó el antiguo cuadro del Partido Socialista Jean-Luc Mélenchon, europeísta de segunda categoría –que en 1992 hizo campaña a favor de Maastricht y en la actualidad declara abiertamente estar a favor del “federalismo europeo–, que llegó a acusar a los que abogan por la salir del euro y de la UE de “mariscalistas” (es decir, de petainistas). A día de hoy cierta izquierda euro-escéptica sigue considerando a este personaje como un modelo a seguir.

[63] No obstante, las personas cambian con el tiempo. En 1861, sería el propio Víctor Hugo quien calificaría a Occidente de “bárbaro”, condenando la intervención anglo-francesa en China, en el marco de la Segunda Guerra del Opio, que saqueó y dejó en ruinas al Antiguo Palacio de Verano (que era una maravilla del mundo): “Nosotros, los Europeos, somos los civilizados, y para nosotros los chinos son los bárbaros. He aquí lo que la civilización ha hecho a la barbarie. Un bandido se llama Francia, el otro se llamará Inglaterra” (Víctor Hugo, Carta al capitán Butler, 25 de noviembre de 1861).

[64] François Asselineau, Quelle était l’analyse du Parti Communiste Français sur « l’Europe » entre 1947 et 1980?, 26 de agosto de 2013

[65] J. Denis y J. Kanapa, Pour ou contre l’Europe?, Editions Sociales, 1969.

[66] D. Debatisse, S. Dreyfus, G. Laprat, Europe, la France en jeu, Editions Sociales, 1979.

[67] Ibíd.

[68] Ibíd.

[69] Discurso de José Luis Centella en el mitin central de la Fiesta del PCE, 17 de septiembre de 2016. http://www.pce.es/secretarias/secgeneral/pl.php?id=6000

[70] Véase la obra La ideología francesa (1981) de un ex-“sesentayochero” pasado al atlantismo como es el “filósofo” multimillonario Bernard-Henri Levy, donde explicaba al pueblo francés que su país es intrínsecamente fascista.

[71] Haciendo referencia a la obra El contrato social del filósofo Jean-Jacques Rousseau.

[72] Expresión irónica que empleaba Clouscard en oposición a los llamados “treinta gloriosos” años, que fueron las décadas de los 40, 50 y 60 en las que el capitalismo conoció un ciclo de expansión.

[73] Dominique Pagani, ¿Doit-on sauver le soldat Lordon?, agosto de 2013, postfacio de la edición de 2013 de Neo-fascismo e ideología del deseo, Ed. Delga.

[74] Partido de la Refundación Comunista, Un Bad Godesberg europeo para frenar a la derecha de Bush. El líder de Refundación Comunista y las lecciones de las elecciones americanas, 9 de noviembre de 2004.

[75] Citado en Peter Mertens, La clase obrera en la era de las multinacionales, Etudes Marxistes nº72, 2005.

[76] El PIE elige como presidente al abogado de la disidencia en la RDA, La República, 18 de diciembre de 2016.

[77] https://federacion.republicanos.info/2016/06/24/ocho-puntos-para-avanzar-hacia-la-republica-manifiesto-del-19-de-junio/


Apartado de correos 51498. 28080, Madrid.

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