Jorge Codima

Oriente Medio

Jueves 9 de febrero de 2017


Intentar comprender lo que pasa en Oriente Medio sin tener en cuenta la naturaleza del imperialismo y su ambición hegemónica es condenarse a no entender lo esencial.

El imperialismo se caracteriza por la necesidad de dominar el planeta y sus recursos. La relación con Oriente Medio es una historia de guerra, subversión, injerencia y dominación. Hace 100 años, el Foreign Office inglés mandaba a su agente Lawrence de Arabia instigar la revuelta de los árabes, por aquel entonces sobre la dominación turco-otomana, prometiendo apoyo para una independencia futura. Con la declaración de Balfour, prometía también su apoyo a la creación de un Estado judío en Palestina. Sin embargo, al mismo tiempo que diseminaba sus promesas por la región (y más allá de ella), las potencias imperialistas urdían planes secretos para dividir Oriente Medio, como el acuerdo Sykes-Picot, revelado al mundo por la joven Revolución de Octubre. Las promesas de instigar la revuelta no pretendían la liberación de los pueblos. Solo eran mecanismos para conseguir el objetivo central de las potencias imperialistas: Dominar la región.

También ocurre lo mismo en nuestros días. Después de la II Guerra Mundial, el imperialismo mantiene su control sobre algunos países de la región: Israel, Turquía, Jordania, y las más autoritaria y retrogradas dictaduras de la región, como Arabia Saudí, Catar, Emiratos Árabes. Muchos otros países han visto sus movimientos de liberación nacional conseguir el poder, aunque con muchas contradicciones y limitaciones. Alzaron políticas independientes y nacionalizaron sus principales recursos, que hasta el momento estaban sobre el control imperialista, en particular el petróleo y el canal de Suez. Todo esto en un contexto en el cual la existencia de la URSS y del campo socialista limitaba y condicionaba la capacidad intervencionista del imperialismo. Entre estos países encontramos las principales victimas del imperialismo reciente: Siria, Irak, Irán, Libia.

Contra-ofensiva Imperialista

La contra-revolución en la URSS permitió un imperialismo sin limites. Quien crea que esto es “cuentos de comunistas”, puede arrimarse a los cuentos del imperialismo. El general Wesley Clark, comandante de las tropas de la OTAN en la guerra contra Yugoslavia, cuenta que en 1991, Paul Wolfowitz, por sobre “el número tres en el Pentágono”, le confesó que la principal lección de la Guerra del Golfo fue la de que “aprendimos que podemos usar a nuestros militares en aquella región del Oriente Medio sin que los soviéticos (por aquel entonces en la fase final de la perestroika – NA) nos lo impidan. Y […] tenemos cerca de cinco o diez años para limpiar todos aquellos regímenes clientelares de los soviéticos, Siria, Irak, Irán antes de que surja una nueva superpotencia que nos desafíe”. Wesley Clark cuenta todavía que en diez años más tarde el ministro de Defensa de los EEUU dio ordenes para invadir siete países en los cinco años siguiente: Irak, Siria, Libano, Somalia, Sudán e Irán.

La contra-ofensiva del imperialismo para imponer otra vez su hegemonía sobre toda la región se disfrazó de muchas maneras. Algunas veces intervino directamente (con los costes financieros y políticos respectivos). Otras veces delegó el trabajo sucio en su séquito en la región (Israel, Arabia Saudí, Turquia, Catar). Se hizo con criminosos grupos terroristas fundamentalistas. Otra vez insufló promesas, a los estados kurdos, sunitas, chiitas, sultanes y califas, a todos aquellos que participaran en las operaciones para desestabilizar y fortalecer el caos. Como Saddam Hussein que en 1980 atacó Irán, ayudando a los EEUU y a Israel, los desapercibidos que lo oyeron también descubrieron cual era el valor de las promesas imperialistas. En el “nuevo mapa del Oriente Medio” del Teniente-Coronel Peters, publicado en la revista americana Armed Forces Journal en 2006, no es solo Siria, Irak o Irán los que aparecen fragmentado o resquebrajados, son también Arabia Saudí y Turquía.

Pero hay razones para el optimismo precavido. La resistencia del pueblo sirio y sus aliados, y la derrota de los planes de agresión imperialistas en Siria, se consolida, representa un acontecimiento de gran alcance. El poder del viejo imperialismo euro-americano muestra sus limites. Es también por eso que las mentiras mediáticas son cada vez más delirantes.

Esconder la injerencia imperialista en Oriente Medio es como intentar explicar la revolución de la Tierra en el espacio sin hablar de la existencia del Sol. Es imposible ser coherente en la defensa de los pueblos que deciden su destino, sin ser solidario con los pueblos que resisten a las agresiones e injerencias del imperialismo. No habrá paz y progreso para la humanidad sin la derrota del imperialismo.


Apartado de correos 51498. 28080, Madrid.

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