Seminario Comunista Internacional de Bruselas 2009

Declaración sobre la crisis

Miércoles 10 de junio de 2009


En Mayo de 2002, la declaración final del Seminario Comunista Internacional concluía diciendo: “Se cumplen todas las condiciones para que estalle una crisis que será peor y aún más destructiva que la de 1929”.

I. La crisis del sistema capitalista muestra la necesidad del socialismo

1. El sistema capitalista se enfrenta a la crisis más grave desde la depresión de 1929. No se trata de una recesión pasajera y coyuntural sino de una crisis generalizada del sistema capitalista. Esta crisis será larga y profunda y apenas estamos en el principio.

2. El carácter estructural y sistemático de esta crisis muestra los límites históricos del sistema capitalista, su naturaleza caótica y destructiva. Esto nos remite directamente a las tesis fundamentales desarrolladas por Marx, Engels y Lenin sobre el carácter inevitable de las crisis bajo el capitalismo. La causa de ésta reside en la propriedad privada de los medios de producción y la contradicción con el carácter cada vez más social de la producción. Esto desemboca en el desarrollo anárquico de la producción y el desarrollo de las crisis capitalistas.

3. Esta crisis cambiará inevitablemente la cara del mundo. La correlación de fuerzas entre las grandes potencias se transformará. Las contradicciones de clase se agudizarán. Los trabajadores y los pueblos ya están pagando el coste de la crisis a través de una nueva serie de medidas que benefician a los monopolios, con el aumento del desempleo y una explotación intensificada, con nuevos impuestos y medidas de austeridad en los sectores sociales. Todos los que se ganan la vida gracias al trabajo encontrarán más inseguridad, más hambre y pobreza.

4. Los trabajadores y los pueblos del mundo tienen frente a sí la tarea de luchar por cambios profundos en la estructura económica y social, con la perspectiva del derrocamiento revolucionario del capitalismo y la construcción del socialismo. Es la única respuesta eficaz a la crisis del sistema, la única vía para evitar que el capital se recupere sobre la misma base después de haber “curado” el mercado, de forma que pueda comenzar un nuevo periodo de desarrollo capitalista y ganancias copiosas.

5. Los gobiernos de los países capitalistas mantienen conscientemente la falsa percepción de que la crisis actual encuentra su origen en la esfera financiera, porque temen que el propio sistema económico sea puesto en tela de juicio. Según ellos, bastaría con una regulación más estricta de los actores y las operaciones financieras para volver a comenzar. La caída vertiginosa de la producción sería sólo una consecuencia de los problemas del mundo financiero que se podría resolver con la restauración de la confianza de los consumidores y los inversionistas.

6. Es cierto que la esfera financiera ha adquirido una posición cada vez más dominante desde el estallido de la crisis económica a principios de los años 70. Sólo basta constatar que, entre 1980 y 2007, el producto mundial se ha multiplicado por 5 y que las reservas financieras se han multiplicado por 14. Así, se ha formado una brecha creciente entre la esfera productiva y la esfera financiera, inflada ésta última por un desarrollo gigantesco de los productos especulativos. Pero el estallido de esta burbuja financiera, que se orientó cada vez más ávidamente hacia los nuevos productos de alto riesgo, ha puesto al desnudo y reforzado una crisis estructural subyacente de sobre-producción.

7. A comienzos de los años 70, el mundo capitalista se enfrentó nuevamente a una crisis de sobre-producción, que se expresó, igualmente, por la cuadruplicación del precio del petróleo en 1973. Llegó a su fin un período de crecimiento relativamente fuerte y estable, debido principalmente a la reconstrucción posterior a la guerra. La sobreproducción se acumulaba, el capitalismo encaraba una crisis mundial de sobreproducción.

8. Como cada empresa o grupo capitalista tiene como única preocupación el hacerse con el mercado de los demás, es empujado a explotar en mayor medida a los trabajadores, a producir más rápido y a menor costo. Se sigue entonces una contradicción creciente entre el desarrollo de la capacidad de producción por un lado, y la baja relativa del poder adquisitivo de las masas por el otro. Esta contradicción se reproduce inevitablemente bajo las relaciones de producción capitalistas, donde una pequeña minoría posee los medios de producción y se enriquece por la explotación de la fuerza de trabajo de la gran mayoría. Engels caracterizó de la siguiente manera la crisis de sobreproducción: “A los obreros les faltan los medios de subsistencia porque han producido demasiados medios de subsistencia”.

9. El mismo mecanismo que lleva a la crisis de sobreproducción lleva igualmente a una caída de la tasa de ganancia. El frenesí de las inversiones aumenta la composición orgánica del capital y disminuye así la tasa de ganancia global. Como dijo Marx, “la verdadera barrera de la producción capitalista es el propio capital”. Esa tasa de ganancia cae aún más cuando la crisis de la sobreproducción estalla. La crisis de principios de los años 70 se transformó en una crisis estructural de larga duración, con una tasa de crecimiento promedio más lenta, y con un aumento espectacular y prolongado del desempleo en todos los países capitalistas. Para contraatacar la caída de las tasas de ganancias, el imperialismo estadounidense ha viró hacia una política neoliberal agresiva y una intensificación de la militarización de la economía.

10. A partir de los años 79-81, los imperialistas lanzaron una ofensiva anti-sindical con miras a reestructurar las necesidades del capital y a despejar el camino para facilitar una explotación más intensa, un enriquecimiento de la clase burguesa, la destrucción de las conquistas sociales cedidas en décadas anteriores por los imperialistas debido a la presión de los países socialistas. Esta ofensiva tomó un mayor peso cuando la contrarrevolución hizo caer definitivamente al socialismo en la Unión Soviética y en los países de Europa del Este. El capitalismo triunfante declaró “el fin de la historia” y el principio de la era TINA (“there is no alternative”). Esta era es parte del pasado ya, pues la crisis actual muestra cómo las “soluciones” neoliberales han fragilizado aún más el conjunto del sistema y lo han llevado al borde del colapso.

11. El capitalismo mundial ha tenido éxito en procurarse nuevos mercados, por la privatización de sectores públicos y por la imposición del libre intercambio a los países en desarrollo y los países ex socialistas. Ha “globalizado” la economía pero sobre todo los mercados financieros. Ha tenido éxito en crear temporalmente una demanda artificial gracias al desarrollo del crédito y de la especulación. La desregulación completa de los flujos de capital, de los actores financieros y de los productos derivados ha creado una montaña de lo que Marx llamaba “el capital ficticio”, siempre a la búsqueda de rendimientos usureros. Para el capital en búsqueda de inversiones rentables, eso significó una vía de escape bienvenida, pues la crisis de sobreproducción va siempre de la mano de una sobreacumulación. No es que haya una falta de capital, sino que hay un excedente que no encuentra salida en el sector productivo.

12. Esto destruye el mito socialdemócrata de un capital productivo y saludable por un lado, y de un capital financiero y parásito por el otro. Como Lenin describió de forma tan correcta, la era del imperialismo se caracteriza por la fusión del capital industrial y del capital bancario en capital financiero. Pero su interpenetración no evita que haya una separación aún mayor entre la propiedad del capital y su aplicación a la producción, una separación entre lo rentista y lo industrial. Según Lenin, “La supremacía del poder financiero sobre todas las otras formas del capital significa la hegemonía de lo rentista y de la oligarquía financiera; significa una situación privilegiada para un pequeño número de Estados financieros poderosos, en relación a todos los demás”. La hegemonía de lo rentista y de la oligarquía financiera se desarrolló al máximo con la aparición de nuevos actores financieros como los hedge funds y los fondos privados que dirigen las reestructuraciones de empresas por un lado, y, por el otro, los nuevos dictados de los mercados financieros que imponen una rentabilidad del 15% y más al sector productivo.

13. La situación privilegiada de un pequeño número de estados financieramente poderosos, como los descritos por Lenin, se aplica en primer lugar a los Estados Unidos. Su posición de superpotencia única les permite vivir por arriba de sus posibilidades. Ha permitido aumentar masivamente su deuda exterior y continuar gastando a espuertas gracias a la entrada de capitales extranjeros. Así los Estados Unidos han podido proseguir con el armamentismo y con sus ofensivas militares y las capas altas de la sociedad han podido gastar aún más en productos y servicios de lujo. El consumo desenfrenado estadounidense, estimulado él mismo por el endeudamiento, ha jugado un rol importante para sostener la economía mundial. Esta situación no sería posible sin la posición del dólar como moneda de cambio y de reserva mundial. La crisis refuerza la tendencia al cambio en la correlación de fuerzas en los mercados mundiales, con un declive de los Estados Unidos en el PIB global, la subida de países emergentes como China, la India e incluso Brasil en el Producto Mundial Bruto (PMB) y una partida más grande para la Unión Europea.

14. Los Estados más poderosos (los de la OCDE) han intervenido a gran escala para asegurar las ganancias capitalistas, salvar sus bancos y sus monopolios industriales y para el estallido del sistema financiero mundial. Después de haber liberado completamente los mercados financieros y después de haber sostenido a fondo “la mano invisible del mercado”, se llama a los estados para que paguen los platos rotos. Esto destruye el mito de que los estados habrían perdido su poder. Han abolido voluntariamente su poder de intervención para dejarle la libertad total al capital. Todos los estados capitalistas han seguido las reestructuraciones capitalistas y se han alineado con la política neoliberal de los Estados Unidos, incluso los estados con gobiernos con participación o de mayoría socialdemócrata. Así, el Tratado de Maastricht y la estrategia de Lisboa europea, promovidas tanto por los liberales como por los socialdemócratas, han intensificado la competencia entre los países imperialistas y han llevado a la intensificación de la explotación, a la bajada del precio de la fuerza de trabajo, a la liberación de los mercados financieros, a las privatizaciones, a la creación de empleos precarios, al alargamiento de la edad de jubilación y de las horas de trabajo, a la privatización de las pensiones, la mercantilización de la enseñanza y del sector de la salud.

15. Las actuales nacionalizaciones sirven para proteger los intereses del gran capital con dinero del Estado, de tal suerte que el sector se vuelve de nuevo lo suficientemente rentable como para ser entregado íntegramente al sector privado. De ahí saldrá una concentración aún más grande de capital. Los fondos que el Estado pone a disposición del capital privado, bajo la forma de aumento de capital o de garantías del Estado, muestran una vez más cuánto de parásito tiene el sistema capitalista. Las ganancias son privatizadas, las pérdidas son socializadas.

16. Como consecuencia de la crisis, la brecha entre ricos y pobres aumentará, la mayoría de los países del mundo conocerán una degradación aún más desastrosa. Esta degradación golpeará sobre todo a los países en desarrollo. La mayoría de estos países depende de la producción de materias primas y de productos agrícolas para la exportación y sólo algunos disponen de manufacturas y semi-manufacturas que exportan. Los dictados del FMI, de la OMC, de EEUU y la UE han destruido su tejido industrial local y su agricultura y los han sometido a la dominación de compañías transnacionales. Esto los ha vuelto cada vez más dependientes de la coyuntura económica del mundo desarrollado. Se encuentran ahora en la terrible situación de que los pedidos han caído de forma drástica, que los precios de la exportación se han hundido y que las condiciones de crédito internacional se han endurecido. Esta vulnerabilidad los empuja de nuevo al ciclo de los préstamos, del endeudamiento y de nuevos dictados de las esferas imperialistas. Los trabajadores y campesinos corren el riesgo de un aumento rápido del desempleo, la precariedad y la exclusión.

17. Durante la depresión de los años 30, no fue el “new deal” el que sacó a la economía capitalista del marasmo, sino la segunda guerra mundial. Estamos ante un periodo de contradicciones agudizadas en tanto que el capital se vuelve más agresivo. Se corre el riesgo de desembocar en nuevos conflictos armados. La crisis actual igualmente representa una amenaza enorme de regresión social y democrática y crea las bases de movimientos autoritarios y militares, como lahistoria ha demostrado.

18. El problema de la crisis económica generalizada va de la mano de una amenaza planetaria que pesa sobre el medio ambiente. Ninguna de las dos puede encontrar solución bajo el capitalismo. El desarrollo armonioso de la economía mundial y la salvaguardia del medio ambiente exigen una planificación desarrollada que está excluida mientras la búsqueda de beneficios domine la Tierra. Estos dos desafíos mundiales confirman la necesidad de la socialización de los monopolios así como la planificación centralizada de una economía socialista. Esto confirma la necesidad de derrocar el poder de la clase burguesa en cada país y de construir una sociedad socialista basada en la propiedad colectiva de los medios de producción.

II. Las tareas de los comunistas

19. Bajo los auspicios del G20 y de organizaciones e instituciones internacionales comola UE, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, las grandes potencias y los gobiernos de los países capitalistas se dedican a dos grandes tareas. Una, tapar las brechas del sistema y salvar a los capitalistas. Dos, hacer cargar el peso de la crisis sobre los trabajadores y los pueblos del mundo. La tarea de los comunistas es doble igualmente, pero radicalmente opuesta.

20. Primero. Deseamos movilizar a las masas para llevar a cabo una ruptura radical con el capitalismo, con el sistema de explotación. Incluso si el capitalismo escoge la vía de las reformas llamadas “keynesianas” para estabilizar al sistema y sobre todo para evitar que las masas reclamen reformas más profundas, éstas serán a costa del pueblo. La burguesía aportará retoques al sistema financiero sin resolver las relaciones de producción y la propiedad privada de los medios de producción. Hay que incidir en la responsabilidad del gran capital y sus servidores políticos, que son quienes han llevado al mundo a la catástrofe. Pero eso no es suficiente. Hay que lograr adoptar objetivos de lucha y reivindicaciones que preparen la vía revolucionaria para el derrocamiento de este sistema de explotación y de opresión. Para este propósito, es particularmente importante desarrollar y reforzar la corriente clasista en el movimiento sindical, así como en otros movimientos que representan a la clase obrera y sus aliados.

21. Segundo. Desarrollaremos y apoyaremos toda lucha de resistencia dirigida a hacer pagar a la clase burguesa por la crisis. Se trata de desarrollar la lucha para mantener y crear empleos, la lucha por la protección de los desempleados y de las familias trabajadoras, la lucha por salvaguardar y mejorar la protección social, la lucha por aumentar los salarios y mejorar el poder adquisitivo. Se trata de aprovechar todas las oportunidades en contra de las privatizaciones. Se trata igualmente de preservar los derechos democráticos y de oponerse al crecimiento del racismo, del fascismo, del belicismo, y de toda forma ideológica burguesa. Sobre todo en tiempos de crisis capitalista, los imperialistas tienden a intensificar su anticomunismo con el fin de golpear a la única alternativa existente, el derrocamiento del capitalismo y la construcción del socialismo.

22. Tenemos un importante debate ideológico que lanzar, el debate sobre el fracaso del sistema capitalista y sobre la superioridad del proyecto socialista. Debemos igualmente frenar la escapatoria de mercado libre “controlado” o “regulado”, versión socialdemócrata de la apología del sistema. Nuestras críticas se centran en el sistema económico y no solamente en las “exageraciones”, los “abusos” o la “codicia de los banqueros” y el denominado capitalismo casino.

23. Al mismo tiempo, consagraremos todas nuestras fuerzas para estar en la primera línea de la lucha de los trabajadores, los campesinos y los autónomos. El período próximo estará lleno de oportunidades para hacer avanzar la causa comunista. Pero la crisis no trae consigo automáticamente la lucha. El miedo puede también paralizar temporalmente o aplastar la revuelta. Se trata de trabajar con confianza y paciencia entre las masas y descubrir la creatividad y el espíritu de solidaridad, pues será finalmente la clase obrera y otras masas trabajadoras quienes determinarán el curso de la historia.

24. Lo importante es construir y reforzar los partidos comunistas. Éste será el factor decisivo para poder aprovechar las oportunidades que se ofrecerán a los pueblos y trabajadores en el futuro, y para trazar la vía hacia una sociedad socialista, una sociedad sin explotación ni opresión por parte del capital.

25. Debemos intensificar la colaboración internacional entre los partidos comunistas y desarrollar una estrategia unificada contra el imperialismo, pues es una condición esencial para avanzar más rápidamente hacia un futuro de progreso, de justicia y de paz y para estar a la altura de las tareas que están ante nosotros.

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