Gavroche

Podemos ante la libertad de prensa

Jueves 30 de marzo de 2017


La Asociación de la Prensa de Madrid acusa a Podemos de "acoso personal", de "amenazas" contra profesionales de los medios de comunicación, de amedrentarlos "cuando está en desacuerdo con sus informaciones", etc. Por supuesto, estas acusaciones han sido divulgadas y amplificadas por los medios conservadores, sus columnistas y tertulianos concluyendo que el partido morado y el "populismo" en general tienden al totalitarismo [1]. ¿Qué hay de cierto?

Lo primero es distinguir entre los periodistas y los medios de comunicación para los que éstos trabajan. Como los demás asalariados o autónomos, los periodistas se ven obligados a obedecer sin rechistar al medio que los emplea, mientras no entren en conflicto laboral con sus patronos (p. ej., la crítica al sesgo ideológico de Telemadrid por parte de sus empleados). Esta manifestación de sumisión es muy pronunciada en profesiones como el periodismo que destacan por su tasa de desempleo y de precariedad. Es lo que explica la existencia de asociaciones de periodistas que defienden más a los medios frente a terceros que a los periodistas frente a sus periódicos, revistas, emisoras de radio, cadenas de televisión, etc. Este fenómeno se conoce como amarillismo sindical. En realidad, la mayoría de los periodistas tiene intereses objetivamente antagónicos con sus empleadores, en la misma medida que el resto de asalariados, aunque no sean conscientes de ello ni actúen consecuentemente con ello. Como en el resto de empresas, sólo una pequeña minoría de periodistas forma parte de la patronal del sector.

El periodista no es un profesional independiente que se pueda dedicar a buscar la verdad para revelársela al público. Al igual que otro asalariado cualquiera, produce lo que su capitalista quiere y tal como éste lo quiere. Sólo que, en este caso, su producto son ideas y éstas tienen que someterse al criterio del propietario del medio de comunicación al que sirve, so pena de verse arrojado a las nutridas filas del paro y por mucho tiempo. Así, toda la verdad se reduce a saber a quién pertenecen esos medios y, entonces, si éstos buscarán esclarecer la verdad o esconderla, incluso presentando la mentira como verdad.

El periodismo surgió con la burguesía, cuando ésta era una clase revolucionaria que luchaba contra los privilegios de la corona, de la nobleza y del clero, y, por tanto, luchaba por la verdad exigida por el desarrollo social alcanzado. Pero, una vez cambiada la base feudal de la sociedad, la nueva propiedad burguesa de los medios de producción y de los periódicos se fue concentrando en muy pocas manos, mientras empleaba como asalariados a la mayoría de la población. Al hacerlo, acababa con la dispersión de los medios de trabajo y la independencia económica de los productores. En su lugar, creaba unas fuerzas productivas gigantescas, interdependientes y socializadas, si bien manejadas por unos pocos [2].

Desde ese momento, los obstáculos que se oponen al desarrollo social se deben a esta falta de correspondencia entre el carácter social de la producción y la forma privada de apropiación de la misma. Y esta es la verdad que preside los diversos conflictos sociales actuales y que el periodismo está llamado a revelar y denunciar. Pero no lo puede hacer cuando está bajo la dependencia de la prensa burguesa. Para poder practicar un periodismo veraz, hace falta una prensa independiente de los capitalistas, organizada por los partidos, sindicatos y todo tipo de asociaciones de las masas obreras y populares (tienen que ser medios de titularidad colectiva porque un solo trabajador o pequeño propietario carece de recursos económicos suficientes para sostener un medio de comunicación de masas).

Una acusación antidemocrática

En el fragor de la crisis financiera última, los grandes capitalistas se vieron amenazados por la rebeldía de sus víctimas y, desde luego, hicieron votos por canalizar esa rebeldía por derroteros políticos distintos de una consecuente lucha de clase de los trabajadores asalariados. Por eso, les podía resultar conveniente apoyar a los ideólogos posmodernos de Podemos. Pero, una vez que el movimiento de masas ha remitido, tienen que llevar “el rebaño del pueblo al redil”. Para ello, necesitan que Podemos se integre en el "sistema de partidos" vigente", como hizo el PCE después del franquismo. En vez de eso, parece que Vistalegre 2, en su táctica para ganar el gobierno, ha acordado animar a la movilización popular para reivindicar la recuperación de las anteriores condiciones laborales y sociales. He aquí el motivo fundamental por el que crece ahora el conflicto de "la prensa" con el partido morado.

Los grandes medios de comunicación van a ser cada vez más antipáticos con los líderes de Podemos si éstos siguen empeñados en sacar las masas a la calle en vez de dejar la política para los políticos profesionales que sirven a la burguesía. Y esto va a suponer un duro revés para los dirigentes podemitas que creían poder prescindir del marxismo en su lucha contra la oligarquía, confiando en su habilidad mediática. Ahora constatan que, en la medida en que quieran servir al pueblo, tendrán que enfrentarse a los grandes medios de comunicación y contrarrestar sus ataques a través de una militancia directa en la que están poco entrenados después de haberlo apostado todo a una rápida conquista electoral del gobierno.

Por una parte, cualquier demócrata, y con mayor razón revolucionario, tiene que salir en defensa de Podemos cuando es atacado por la prensa burguesa, porque el blanco de estos ataques es toda la lucha de la democracia genuina contra la feroz dictadura del capital financiero que hoy se esconde bajo una apariencia democrática.

Así, por ejemplo, hay que denunciar el lloriqueo, las lágrimas de cocodrilo con las que el comunicado de la Asociación de Periodistas de Madrid pretende cercenar el derecho de rectificación y de réplica de quienes son objeto de críticas por parte de la prensa. Este derecho es presentado como un intento de "descalificar o ridiculizar" el trabajo de los periodistas, de "recortar su libertad de información", de "orientar y controlar el trabajo de los periodistas y limitar su independencia”, de vulnerar gravemente "los derechos constitucionales a la libertad de expresión y a la libertad de información", de "coartar el libre ejercicio del periodismo", de invitarlos a "escribir al dictado de Podemos”, de "conducirlos hacia la autocensura" [3].

Aunque dicho comunicado recuerda farisaicamente a Podemos "que puede recurrir al derecho de rectificación", es de sobra conocido que los medios se niegan con demasiada frecuencia a publicar las cartas que exigen la rectificación de sus mentiras [4], sobre todo cuando desvelan la inconsistencia de su línea ideológica. Abusando de la jurisprudencia del Tribunal Supremo, recuerda que la crítica a un cargo público es legítima "aunque pueda molestar o herir". Pero no quiere recordar la elemental lógica de que quien se atreve a criticar tampoco debe molestarse si se le replica. Además, el poder de un cargo público viene respaldado por una legitimidad democrática, mientras que el poder de los grandes medios de comunicación unánimemente reaccionarios proviene directamente de la dominación económica de sus escasos propietarios sobre la inmensa mayoría de la población. ¿Quién merece mayor amparo desde el punto de vista democrático? Y, con mayor razón, si se trata de un cargo electo que no gobierna, que no dispone del poder político.

Pero la APM, cerrando los ojos ante este poder espurio de los grandes medios de comunicación, sigue defendiéndolos como "una prensa independiente y sin miedo" llamada a controlar al poder [5]. Más aun, les pide que "protejan y respalden a sus periodistas" para asegurar "que los ciudadanos reciban una información veraz (!), rigurosa (!), diligentemente contrastada (¿por quién?) y de interés público (¿de qué parte del público?)". La APM pide al zorro que cuide de las gallinas: que protejan a los periodistas los mismos magnates de la prensa que obligan a sus esclavos asalariados a elaborar mentiras y a autocensurarse. ¿A quién representa realmente este sindicato?

La inconsistencia de la democracia pequeñoburguesa

Por otra parte, también hay que criticar a Podemos cuando se acobarda ante la embestida de la reacción (por miedo a perder votos) y cuando propone soluciones que no lo son porque olvidan que no hay una ciudadanía única sino clases enfrentadas entre sí por su posición económica en la sociedad.

Pablo Iglesias tenía mucha razón cuando afirmaba hace un par de años [6] que "El problema de la privatización de los medios es que la lógica de funcionamiento es el beneficio, no el interés social ni la calidad ni la utilidad social". Aunque, al mismo tiempo, no se atrevía a ponerle el cascabel al gato: "el beneficio", ¿para qué clase social? En efecto, por cuanto domina y representa a la actual sociedad, la clase capitalista convierte su interés particular en "social" y sus acciones en útiles socialmente. Por ejemplo, ¿acaso el interés de una multinacional por invertir en nuestro país no es también útil socialmente por cuanto crea empleo para los parados?

Y, prosternándose ante el punto de vista liberal, el líder de Podemos se limitaba a quejarse de que "La gestión de la información no puede depender únicamente de hombres de negocios y de su voluntad por permitir la libertad de expresión". La cuestión, desde un punto de vista estrictamente democrático, es si se debe permitir que una ínfima minoría de la sociedad tenga tanto poder material para deformar en su provecho la opinión de la inmensa mayoría. Y aquí es donde la democracia consecuente bajo el capitalismo desarrollado se acerca al socialismo y le abre paso: a estas alturas, la democracia exige la expropiación de la gran mayoría de los medios de comunicación de las manos de los capitalistas, en función de la proporción numérica de éstos en la sociedad. El programa no socialista, sino meramente antifascista, del Consejo Nacional de la Resistencia de Francia, al término de la Segunda Guerra Mundial, reivindicaba "la libertad de prensa, su honor y su independencia con respecto al Estado, los poderes del dinero y las influencias extranjeras" [7] .

Aproximándose las elecciones generales, la inconsecuencia democrática de Pablo Iglesias se volvía genuflexión ante la clase capitalista. Ahora, en la COPE, ya sólo exigía democracia ¡en el seno de esta misma clase!: “No estoy de acuerdo en nacionalizar los medios privados. Yo lo que digo es que hay que facilitar la competencia para que haya más. En España hay un problema: hay dos grandes grupos de comunicación que se lo reparten prácticamente todo. Ojalá en lugar de dos hubiera 15 ó 16 y hubiera más iniciativa privada. (...) A mi me entrevistan más en medios privados, que en públicos ¿Cómo voy a estar en contra de ellos?” [8].

Antes incluso de tener que disfrazar por motivos electorales su punto de vista sobre la libertad de prensa, el dirigente de Podemos erraba en cuanto a la solución del problema que él mismo tan bien planteaba: "¿Por qué esto de tener medios va a ser un privilegio de los ricos? Si alguien los tiene que tener tiene que estar controlado por el Estado que, con todas sus contradicciones, es representativo en última instancia de la voluntad popular" [9]. Cualquier Estado controla la libertad de prensa y el uso de cualquier otro derecho. Los que se llevan las manos a la cabeza cuando oyen esta verdad son los mismos que persiguen ante la justicia a los que publican opiniones a favor del terrorismo de ETA (de Franco no, por supuesto). Más allá de esta obviedad, Pablo Iglesias demuestra aquí que piensa como tantos reformistas democrático-burgueses cuya ingenuidad ha costado tan cara a las masas trabajadoras, desde la II República española, hasta el Chile de Allende, pasando por la Indonesia de 1966.

El Estado actual es representativo de la voluntad popular sólo en primera instancia. Si lo fuera en última instancia, las condiciones de vida de la mayoría de la población no empeorarían como lo están haciendo. Es por eso que las elecciones son mucho menos importantes que la lucha de clases de las propias masas. El Estado controla la libertad de prensa, pero ¿quién controla al Estado? Bajo el capitalismo, el Estado es controlado en última instancia por la clase capitalista y ese Estado no puede servir para controlar la libertad de prensa necesaria a fin de liberar a los trabajadores de la explotación del hombre por el hombre. Hay que destruirlo y, mientras esa liberación no haya sido completada y definitivamente consolidada, la clase obrera necesita su propio Estado como arma contra las tentativas de restauración del capitalismo. Pero, para que sea realmente suyo y no se le vuelva en contra (como pasó en la URSS, sobre todo a partir de mediados de los años 50), ese aparato especial de dominación debe ser situado bajo su control y vigilancia permanentes. El triunfo definitivo de la revolución proletaria exige que se desarrolle plenamente la libertad de prensa, de expresión, de crítica, etc., de las masas trabajadoras contra los viejos y nuevos burgueses, empezando por entregarles los principales medios de comunicación [10]. La experiencia histórica muestra que estos medios deben convertirse en medios de control de las masas obreras y campesinas sobre el Estado socialista. Tal es el nuevo contenido del concepto de libertad de prensa en la transición del capitalismo al comunismo.

Para luchar por la libertad de prensa que necesita el progreso social, Podemos no basta y no sirve: hace falta reconstituir el Partido Comunista sobre la estricta base de la teoría científica del marxismo-leninismo.

Gavroche, marzo de 2017

Notas

[1] Los ideólogos del gran capital han construido el concepto de totalitarismo para estigmatizar, a fin de cuentas, toda política que cuestione su dominación. Claro que, si lo presentaran de ese modo, no resultaría asumible para la población. Por eso, emplean un subterfugio por el que llaman totalitarismo a la negación generalizada de los derechos individuales de la democracia liberal, destacando el derecho a la propiedad privada con todas sus consecuencias. Así, incluyen en esta categoría tanto al nazi-fascismo como sobre todo al comunismo (justificando incluso al primero como recurso extremo frente al segundo). En realidad, la negación de tales derechos se produce también bajo los regímenes parlamentarios cuando peligra la dominación burguesa, ya sea por medio de estados de excepción o de golpes de Estado, según la gravedad del caso. La democracia liberal era la expresión idealizada de los intereses de quienes constituían la mayoría social hace un siglo o dos: los pequeños productores propietarios de sus medios de producción. Pero, desde entonces, mucho ha cambiado la realidad socio-económica. Sobre la base de la competencia mercantil entre aquéllos, la propiedad se concentró en una minoría mientras que la mayoría tiene que sobrevivir como asalariada por cuenta de esa minoría. Así es como los principios del liberalismo han dejado de ser expresión de la democracia para esgrimirse como antítesis de ésta, salvo que se trate de democracia en el seno de la clase capitalista y para la clase capitalista. O, lo que viene a ser igual, salvo que se identifique dogmáticamente la democracia con un contenido económico que pasó a la historia, como hace el ordenamiento jurídico vigente en la mayoría de los países.

[2] Valga como ejemplo de ello el caso del diario El País, supuestamente de izquierdas, analizado en un trabajo de Marina Vallejo Valcárcel, titulado "La deriva ideológica de El País: del socialismo a Ciudadanos": https://ddd.uab.cat/pub/tfg/2016/170310/TFG_Vallejo_Valcarcel_Marina.pdf

[3] http://www.apmadrid.es/comunicado/comunicado-de-apm-ante-el-acoso-de-podemos-a-periodistas/

[4] Valga como un ejemplo entre miles el mencionado por Vicenç Navarro en su artículo "¿Quién acosa a quién? La desvergüenza de El País" (si la prensa se atreve a ningunear a un reputado intelectual, ¡qué no hará con un simple obrero!): http://blogs.publico.es/vicenc-navarro/2017/03/15/quien-acosa-a-quien-la-desverguenza-de-el-pais/

[5] “La ‘libertad de prensa’ en la sociedad burguesa es la libertad de los ricos de engañar, corromper y embaucar cada día, de manera sistemática y continua, con millones de ejemplares, a las masas explotadas y oprimidas del pueblo, a los pobres.” (Lenin, Cómo asegurar el éxito de la Asamblea Constituyente, 28 de septiembre de 1917) “La prensa burguesa recurre siempre y en todos los países al procedimiento más usual e ‘infalible’. Miente, alborota, grita, repite la mentira: ‘calumnia, que algo queda’.” (Lenin, La alianza de la mentira, 13 de abril de 1917)

[6] http://librospdf.gratis/libro-conversacion-con-pablo-iglesias/HBCxHO8j9Boi9ZCY9L7tcZ8Y9ZEi/

[7] http://cache.media.eduscol.education.fr/file/droits_homme/19/8/Programme_du_Conseil_national_de_la_ Resistance_319198.pdf

[8] http://gaceta.es/noticias/pablo-iglesias-medios-comunicacion-privados-rectifica-16092015-1252

[9] http://blogs.lavozdegalicia.es/lahuelladigital/inmensa-torpeza-de-pablo-iglesias/

[10] Véase la tesis 8 del Informe sobre la democracia burguesa y la dictadura del proletariado presentado por Lenin al I Congreso de la Internacional Comunista: https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1910s/internacional/ informe.htm


Apartado de correos 51498. 28080, Madrid.

Seguir la vida del sitio RSS 2.0 | Mapa del sitio | Area de gestión | SPIP