Gavroche

El PCPE se rompe y continúa la crisis del comunismo

Jueves 27 de abril de 2017


Nos hemos encontrado con la noticia de una nueva ruptura en una organización comunista, esta vez, en el PCPE. No nos la esperábamos porque guardan las diferencias políticas celosamente en secreto hasta que la organización se fracciona sin remedio. Reivindican el leninismo pero, a diferencia de los bolcheviques, ocultan a las masas obreras la lucha que se produce en las organizaciones como producto de la influencia de la lucha de clases. Así, prefieren presumir de una aparente fortaleza monolítica que elevar políticamente a esas masas.

Ya nos pasó a los comunistas de Unión Proletaria dentro de este mismo partido y luego, en menor medida, dentro del Partido del Trabajo Democrático. En este segundo caso, al menos, pudimos explicar nuestra posición antes de que nos expulsaran, aunque los camaradas procedentes de la UJC-M evitaran rebatirla públicamente.

Las escisiones son fastidiosas porque interrumpen la construcción de la organización de la clase obrera. Pero no tienen por qué ser absolutamente negativas, si sirven para depurarla de desviaciones burguesas o pequeñoburguesas. Prevalece lo negativo cuando no sirven para hacer progresar las posiciones proletarias, cuando predomina el revisionismo en las dos partes escindidas.

Un partido comunista consecuente no puede por menos que sufrir, de vez en cuando, crisis internas debidas a la influencia corruptora externa. Cuando se depura de ésta, consigue fortalecerse. Esto es lo que le ocurrió al Partido Obrero Socialdemócrata Ruso cuando se escindió en un ala bolchevique y otra menchevique. Lejos de ser una desgracia, esta ruptura permitió construir un partido verdaderamente capaz de llevar a la clase obrera a la revolución socialista. Si la ruptura no se hubiera producido, si los bolcheviques hubieran intentado mantener demasiado tiempo la unidad organizativa con los mencheviques a pesar del antagonismo de principios con ellos, la Revolución de Octubre no habría sido posible. Ése fue uno de los principales errores de los marxistas revolucionarios alemanes de aquellos tiempos.

El problema verdaderamente grave para el proletariado no es la ruptura de una de las varias organizaciones marxistas-leninistas actuales, sino la división de los comunistas en varios partidos que no aclaran sus diferencias, que no luchan por superarlas y que son -todos y cada uno de ellos- incapaces de conducir a las masas por el camino de la lucha de clases. Lo que es realmente importante y útil no es si tal o cual fracción ha pecado contra las formalidades organizativas de uno de los partidos (que no es sino otra fracción más del Partido Comunista dividido). Tampoco lo es la ridícula acusación de que la fracción contraria no quiere o no es capaz de ganar a las masas: en realidad, todos los grupos comunistas lo queremos pero ninguno lo consigue. ¿Y por qué? Ésta es la pregunta que nos debemos atrever a formular y que debemos responder seriamente, si queremos salir de la marginalidad política y de la megalomanía para cumplir con nuestra obligación.

Para responder a esta pregunta, no estaría de más que quienes pretendemos representar y dirigir a la clase obrera se la hiciésemos a sus masas. Encontraríamos muchas y variadas respuestas, porque el problema es complejo, pero, en última instancia, se podrían resumir en la duda de si merece la pena el esfuerzo y sacrificio que entraña la revolución socialista sin que exista claridad sobre lo ocurrido con las precedentes: unos dirán que las cosas marchaban más o menos bien hasta Gorbachov; otros, hasta Jruschov; muchos, que la culpa fue del estalinismo; y la mayoría, que debemos resistir al capital sin pretender suprimirlo, porque el egoísmo está en la naturaleza humana, etc., etc. En definitiva, existe una confusión tremenda con respecto al marxismo y a la experiencia revolucionaria pasada. Y, así, resulta imposible fusionar el socialismo científico con el movimiento obrero, que es la condición fundamental para organizar un partido revolucionario proletario que no sea un mero grupúsculo.

Siempre recordaré que, en 1984, cuando decidí incorporarme al Congreso de Unidad de los Comunistas que daría nacimiento al PCPE, visité la sede de uno de los grupos participantes y pregunté si se iba a invitar al PCE(m-l) a esta unificación: se me contestó que no, porque era un partido antisoviético. La respuesta era correcta sólo parcialmente. Este partido apoyaba a la URSS del período de Lenin y Stalin, si bien atacaba al Estado soviético posterior porque -según él- se había convertido en una potencia socialimperialista tan odiosa como el imperialismo yanqui. Ésta era una exageración unilateral y, por tanto, una falsedad; tanto como la que cometían los "prosoviéticos" al escamotear la diferencia esencial entre la Unión Soviética de antes y de después de Stalin.

No se puede superar la crisis del comunismo si se pasa por alto el Informe Secreto que Jruschov presentó en el XX Congreso del PCUS para denigrar al principal dirigente de las mayores hazañas revolucionarias del pueblo soviético, dando alas a las mentiras del nazismo y del trotskismo. Tampoco se puede sin denunciar que la renuncia a la lucha de clases bajo el socialismo, a la dictadura del proletariado y al carácter obrero del partido, promovida por Jruschov en el XXII Congreso del PCUS, no fue revocada posteriormente. Que eso dejó desarmada a la clase obrera soviética frente a la ofensiva de los elementos burgueses (no es posible evitar que se desarrollen mientras no se haya completado la transformación comunista de la sociedad y mientras haya Estados capitalistas hostiles alrededor). Que Gorbachov fue el resultado final de esta renuncia política, completando la restauración del capitalismo en la URSS.

Dicho esto, tampoco olvidaré nunca de que, cuando se estaba derrumbando el socialismo en la URSS y en Europa centro-oriental, visité la sede del PCE(m-l) y uno de sus miembros me aseguró que eso jamás ocurriría en Albania porque habían combatido de raíz el revisionismo soviético y chino. En cuestión de meses, el socialismo albanés se venía abajo tan estrepitosamente como el de sus vecinos. Quedaba claro que esta fracción del comunismo internacional tampoco había dado con la receta para prevenir la contrarrevolución.

En conclusión, si queremos construir un partido comunista -a pesar de las escisiones-, tenemos que dejar de aferrarnos a tal o cual experiencia nacional del socialismo [1], asumirlas en su totalidad [2], ser un poco más humildes con nuestra propia experiencia, ser más generosos con la de otros y buscar de manera científica la verdad sobre las revoluciones proletarias del siglo XX. Así es como podremos sacar a la luz toda la gloria de la lucha por el socialismo, descubrir los errores a corregir y devolver a las masas la confianza en su propia capacidad para sepultar el capitalismo de una vez por todas. Éste es el reto que deberíamos plantearnos para que la tendencia a la unidad prevalezca sobre la tendencia a la división. Qué mejor que ponernos manos a la obra ahora que se cumplen 100 años del triunfo de la primera revolución socialista. En Unión Proletaria estamos dispuestos a ello. ¡Ojalá también en las demás organizaciones comunistas!

Gavroche, 24-4-2017

Notas

[1] Basta con que hagamos caso a esta advertencia de Lenin: "... solamente por medio de una serie de tentativas –cada una de las cuales, tomada por separado, será unilateral y adolecerá de ciertas inconsecuencias- se creará el socialismo integral, producto de la colaboración revolucionaria de los proletarios de todos los países" (El infantilismo “de izquierda” y la mentalidad pequeñoburguesa)

[2] Por ejemplo, no vale amputar a la experiencia bolchevique la táctica defensiva de acumulación de fuerzas revolucionarias, precisamente ahora que la correlación de fuerzas políticas de clase es tan desfavorable al proletariado o más que cuando la revolución de 1905 entró en declive o cuando la entrada de Rusia en la Primera Guerra Mundial contagió a las masas del pueblo de chovinismo o cuando la revolución iniciada en Febrero de 1917 estaba secuestrada por los mencheviques y eseristas o cuando fue necesario firmar la paz separada con Alemania en 1918 o cuando hubo que hacer concesiones al comercio privado durante la NEP o cuando hubo que expulsar a los "izquierdistas" de la Internacional Comunista tras la derrota de la revolución en Europa para recomponer los vínculos de los marxistas-leninistas con las masas proletarias (léase, por favor, La enfermedad infantil del "izquierdismo" en el comunismo, de Lenin).


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