Dimitrov

Imperialismo y oportunismo (Parte II). 100 años de triunfos del marxismo-leninismo

Miércoles 10 de mayo de 2017


A cien años del triunfo del primer Estado dirigido por el poder obrero y a 25 de su derrota, nada nuevo bajo el sol. El imperialismo y la oligarquía no han dejado ni un solo segundo de lanzar ataques al comunismo con un objetivo claro: desarmar ideológica y políticamente a la que saben, es la única clase que les dará muerte, el proletariado.

En el panorama de la izquierda, domina la descomposición ideológica en unas fuerzas que frecuentemente se alinean con una propaganda anticomunista que reanima los viejos mantras del anticomunismo nazi [1]. Por otro lado, se equivocaron también ciertos sectores maoístas [2] celebrando la caída de la URSS: al revisionismo soviético solo le sustituyó el posmodernismo o una versión reciclada – y todavía más light – de la socialdemocracia. El imperialismo salió fortalecido y se lanzó a nuevas agresiones a los pueblos del mundo que no han cesado todavía: desde Yugoslavia a Siria.

Tras la caída de la URSS y del muro de Berlín, el imperialismo y la burguesía se atreven a anunciar “el fin de la Historia” [3] en clara alusión al fin de la lucha de clases y proclaman el triunfo definitivo del liberalismo. 25 años después de esa muerte anunciada del comunismo, no han dejado descansar al difunto e insisten una y otra vez en ¿volver a matar al muerto? nunca un cadáver provocó tanto esmero en sepultarlo. Frente a este panorama muchos son los que se preguntan ¿Ha muerto el comunismo como alternativa al mundo actual? pero realmente esa no es la pregunta correcta. Si queremos acertar en la alternativa, primero deberemos hacernos las preguntas correctas ¿Ha cambiado tanto el mundo como para dejar de pensar que vivimos en la época del imperialismo? ¿Ha dejado de existir la explotación del hombre por el hombre en esta etapa de la Historia? ¿Es que ya no hay clases? Y lo más importante: si al final llegamos a la conclusión de que el imperialismo sigue más vivo y fuerte que nunca ¿Por qué las herramientas y medios que demostraron ser certeros para derrotarlo, ya no sirven?

¿Seguimos en la época del imperialismo?

Comencemos entonces a identificar el problema: la época que nos ha tocado vivir. La izquierda oficial ya mal empieza cuando no tiene las cosas claras, a no llamar las cosas por su nombre y así, confundir a la gente. El pensamiento dominante de la izquierda afirma que vivimos en la época del neoliberalismo o del “capitalismo salvaje” - como si lo hubiera dejado de ser alguna vez - y a una corrupción política exagerada – como si los lazos entre capital y política fueran un nuevo fenómeno -. Toda una suerte de enumeraciones sintomáticas más que un diagnóstico certero. Pareciera que, en época de Marx y Lenin, el capitalismo fuera guante de seda y los gobiernos de antaño marcados por una incorruptibilidad inmaculada. Eso sí, al menos el oportunismo describe fenómenos idénticos a los de hace 100 y 150 años: nada nuevo bajo el sol.

Se cumplen, además, 100 años de una de las obras fundamentales para comprender el mundo actual: “Imperialismo fase superior del capitalismo” de V.I. Lenin. Toda la fenomenología de la que nos habla suena a rabiosa actualidad. Por ejemplo, acerca de los estrechos lazos entre el capital y el poder político -en el siguiente fragmento, acerca de la “aristocracia obrera” - Lenin señalaba lo siguiente:

Obviamente, tan gigantesco superbeneficio (obtenido a mayores de los beneficios que los capitalistas exprimen a los obreros de su ‘propio’ país) permite corromper a los dirigentes obreros y a la capa superior de la aristocracia obrera. Y esto es justo lo que están haciendo los capitalistas de los países ‘avanzados’, corrompiéndolos de mil diferentes maneras, directas e indirectas, abiertas y ocultas. Esa capa de obreros aburguesados, o ‘aristocracia obrera’, bastante pequeñoburgueses por su forma de vida, por sus ingresos económicos y por toda su visión del mundo, es el principal apoyo de la Segunda Internacional y, en la actualidad, el principal apoyo social (no militar) de la burguesía. Son verdaderos agentes de la burguesía en el seno del movimiento obrero, los lugartenientes obreros de la clase capitalista, auténticos vehículos del reformismo y el chovinismo. En la guerra civil entre el proletariado y la burguesía se colocan inevitablemente, en número considerable, al lado de ésta, al lado de los ‘versalleses’ contra los ‘comuneros’”.

Y sentencia:

Si no se comprenden las raíces económicas de este fenómeno (el imperialismo) ni se aprecia su importancia política y social, es imposible dar ningún paso hacia el cumplimiento de las tareas prácticas del movimiento comunista y de la inminente evolución social. El imperialismo es la antesala de la revolución social del proletariado. Esto ha sido confirmado a escala mundial desde 1917“.

Acerca de una concentración cada vez mayor de capital, la obra arroja infinidad de ejemplos. En una de las conclusiones, Lenin ya nos cuenta algo que hoy en día está muy en boga de muchos representantes de la izquierda que todavía se niegan a reconocer que vivimos en la época del imperialismo:

¡Menos de una centésima parte de las empresas consumen más de las tres cuartas partes de la cantidad total de energía eléctrica y mecánica! ¡Y las 2.970.000 pequeñas empresas (con menos de 5 trabajadores), que son el 91% del total, consumen solamente el 7% de dichas energías! Unas decenas de miles de grandes empresas lo son todo; millones de pequeñas empresas no son nada”.

Y nos habla de la tendencia general del capitalismo, de su curso natural que es el paso de la libre competencia a la monopolista. Es a través de la acumulación capitalista que el capital se convierte en monopolista y con él aparecen la formación de los grandes consorcios capitalistas, los trust, la combinación de capitales, etc. fenómenos característicos de la base económica del imperialismo:

De aquí se deduce claramente que la concentración, al llegar a un grado determinado de su desarrollo, por sí misma conduce, puede decirse, de lleno al monopolio, ya que a unas cuantas decenas de em presas gigantescas les resulta fácil ponerse de acuerdo entre sí, y, por otra parte, la competencia, que se hace cada vez más difícil, y la tendencia al monopolio, nacen precisamente de las grandes proporciones de las empresas. Esta transformación de la competencia en monopolio constituye de por sí uno de los fenómenos más importantes — por no decir el más importante — de la economía del capitalismo moderno, y es necesario que nos detengamos a estudiarlo con mayor detaile…. Una particularidad extremadamente importante del capitalismo, que ha alcanzado su más alto grado de desarrollo, es la llamada combinación, o sea la reunión, en una sola empresa, de distintas ramas de la industria que representan en sí o bien fases sucesivas de la elaboración de una materia prima (por ejemplo, la fundición del mineral de hierro, la transformación del hierro en acero y, en ciertos casos, la elaboración de tales o cuales productos de acero), o bien distintas ramas que desempeñan unas con relación a otras un papel auxiliar (por ejemplo, la utilización de los residuos o de los productos accesorios, producción de artículos de embalaje, etc.)”.

Lo que tales fuerzas oportunistas combaten y ponen en cuestión son siempre los abusos de un sistema injusto, pero no la injusticia misma del sistema. Se desprende de sus posiciones que incluso el problema radica la elevada concentración económica de algunos capitales o de la falta de democracia de los diferentes sistemas jurídico-políticos pero lo que ocultan y escamotean constantemente es que, el verdadero problema es el de la existencia misma del capital, del control privado de la economía que lo ordena todo en función de sus sucesivas acumulaciones y concentraciones. Llegado a este punto de desarrollo capitalista, se sientan las bases económicas del imperialismo y sus inmediatas consecuencias: control y dominio de toda la economía nacional y más adelante mundial por un puñado de capitalistas. Sin embargo, la alternativa que nos ofrecen todo el abanico de expresiones oportunistas siempre termina en llamados a un mayor control o su mayor alcance resulta ser hacer “tabula rasa” de la fase actual. En primer lugar, además de ser algo utópico – la Historia nunca regresa tras sus pasos – fueron precisamente “aquellos barros que nos trajeron estos lodos”. De nuevo Lenin y sin cambiar de obra nos vuelve a dejar bastante claro que nos olvidemos de ilusiones:

Hay que observar que considera a Alemania como un caso especial a consecuencia de la protección de su industria por elevadas tarifas arancelarias. Pero esta circunstancia no ha podido más que acelerar la concentración y la constitución de asociaciones monopolistas patronales, cartels, sindicatos, etc. Es extraordinariamente importante hacer notar que, en el país del librecambio, en Inglaterra, la concentración conduce también al monopolio, aunque un poco más tarde y acaso en otra forma. (...) Medio siglo atrás, cuando Marx escribió "El Capital", la libre concurrencia era considerada por la mayor parte de los economistas como una "ley natural". La ciencia oficial intentó aniquilar por la conspiración del silencio la obra de Marx, el cual había demostrado, por medio del análisis teórico e histórico del capitalismo, que la libre concurrencia engendra la concentración de la producción, y que dicha concentración, en un cierto grado de su desarrollo, conduce al monopolio. Ahora el monopolio es un hecho. Los economistas escriben montañas de libros en los cuales describen manifestaciones aisladas del monopolio y siguen declarando a coro que "el marxismo ha sido refutado". Pero los hechos son testarudos — como dice un refrán inglés — y, de grado o por fuerza, hay que tenerlos en cuenta. Los hechos demuestran que las diferencias entre los diversos países capitalistas, por ejemplo, en lo que se refiere al proteccionismo o al librecambio, condicionan únicamente diferencias no esenciales en la forma de los monopolios o en el momento de su aparición, pero que el engendramiento del monopolio por la concentración de la producción es una ley general y fundamental de la fase actual de desarrollo del capitalismo”.

Se trata no solamente de acabar con una oligarquía, sino también con las condiciones materiales que son causa de su existencia: son las formas de propiedad sobre los medios de producción las que llevan a que, a través de sucesivos intercambios desiguales (entre el capital y la fuerza de trabajo), la acumulación y concentración de capital tengan lugar. Se trata entonces, no solamente de luchar, debilitar y acabar con el capital monopolista sino de erradicar toda posibilidad para que vuelva a aparecer. Se trata entonces, de tener claro que el capitalismo monopolista sólo puede ser superado preparando las condiciones que aseguren la extinción de su etapa anterior, el capitalismo. Por último, el capitalismo significa preparar a la clase obrera para encabezar ese movimiento, armarla ideológicamente para golpear políticamente al enemigo. Llevar a la clase obrera a la toma del poder es la única vía posible para lograrlo.

Otro de los temas de rabiosa actualidad y denuncia pública de las llamadas “fuerzas del cambio” son las llamadas “puertas giratorias”. ¿Fenómeno nuevo o imperialismo de siempre? Ya en 1917 Lenin recoge las observaciones de intelectuales de la burguesía entre 1860 y 1905:

"La unión personal" de los bancos y la industria se completa con la "unión personal" de ambas con el gobierno. "Los puestos en los consejos de administración — escribe Jeidels — son confiados voluntariamente a personalidades de renombre, así como a antiguos funcionarios del Estado, los cuales pueden proporcionar no pocas facilidades (!!) en las relaciones con las autoridades. . . En el consejo de administración de un banco importante hallamos generalmente a un miembro del parlamento o del ayuntamiento de Berlín".

Ejemplos y fenómenos como estos, que redundan tanto en los telediarios y prensa de nuestros días los encontramos en numerosas ocasiones en la obra: especulación urbanística, saneamientos bancarios, proletarización creciente de capas de la pequeña burguesía y semiproletariado, etc.

Sin embargo, existe una tesis fundamental en esta obra que a menudo, al analizarla se pasa por alto. Esta tesis es la que desmonta definitivamente toda ilusión que pueda hacernos dudar lo más mínimo de que dentro de los márgenes del capitalismo, del control privado de la economía es posible alcanzar un “capitalismo de rostro humano”:

En el umbral del siglo XX asistimos a la formación de monopolios de otro género: primero, uniones monopolistas de capitalistas en todos los países de capitalismo desarrollado; segundo, situación monopolista de unos pocos países ricos, en los cuales la acumulación de capital había alcanzado proporciones gigantescas.

Se produjo un enorme "excedente de capital" en los países avanzados. Naturalmente, si el capitalismo hubiera podido desarrollar la agricultura, que hoy día se halla en todas partes enormemente atrasada con respecto a la industria; si hubiera podido elevar el nivel de vida de las masas de la población, la cual sigue arrastrando, a pesar del vertiginoso progreso de la técnica, una vida de subalimentación y de miseria, no habría motivo para hablar de un excedente de capital. Este "argumento" es el que esgrimen sin cesar los críticos pequeñoburgueses del capitalismo. Pero entonces el capitalismo dejaría de ser capitalismo, pues el desarrollo desigual y subalimentación de las masas son las condiciones y las premisas básicas e inevitables de este modo de producción. Mientras el capitalismo sea capitalismo, el excedente de capital no se consagra a la elevación del nivel de vida de las masas del país, ya que esto significaría la disminución de las ganancias de los capitalistas, sino al acrecentamiento de estos beneficios mediante la exportación de capitales al extranjero, a los países atrasados. En estos países atrasados el beneficio es de ordinario elevado, pues los capitales son escasos, el precio de la tierra relativamente poco considerable, los salarios bajos y las materias primas baratas. La posibilidad de exportación de capitales la determina el hecho de que una serie de países atrasados han sido ya incorporados a la circulación del capitalismo mundial, han sido construidas las principales líneas ferroviarias o se ha iniciado su construcción, se han asegurado las condiciones elementales de desarrollo de la industria, etc. La necesidad de la exportación de capitales obedece al hecho de que en algunos países el capitalismo ha "madurado excesivamente" y al capital (atendiendo al desarrollo insuficiente de la agricultura y la miseria de las masas) le falta campo para su colocación "lucrativa"".

En efecto, aquí encontramos la “madre del cordero” entre las posiciones del oportunismo y del marxismo. Lenin sintetiza de modo magistral la lógica interna del capitalismo en su transición al imperialismo y por qué es imposible, dentro de esa misma lógica, que las masas, confiando únicamente en las consecuencias de tal desarrollo vean mejoradas continuamente sus condiciones económicas y de vida si no es manteniendo constantemente un pulso de fuerza con la burguesía – monopolista o no - a través de la lucha de clases. Es decir, los sucesivos procesos de acumulación de capital dan lugar al denominado “excedente de capital”. Dicho excedente, al estar en manos de la clase capitalista, está al servicio de futuras nuevas acumulaciones y puesto que el desarrollo desigual del capitalismo abre enormes vías a que dichos capitales encuentren mejores condiciones de explotación en economías menos desarrolladas, dicha lógica imposibilita que tal excedente redunde en una mejora continua de las condiciones de vida de las masas en dicho país. Todo ello, a pesar del enorme desarrollo técnico que revoluciona el seno mismo de la producción y sus costes cada vez menores. Cabe añadir a eso que, al mismo tiempo, los capitalistas de esos otros países “menos desarrollados” se ven obligados, por el reverso de esa misma lógica de desarrollo desigual que les obliga a acelerar sus propias acumulaciones e impide en modo alguno cualquier redistribución general de la riqueza.

¿Por qué la clase obrera y no "la mayoría"?

Una vez que ha quedado claro que la época en que vivimos obedece a las mismas reglas y lógica de desarrollo idéntico al del s.XIX y principios del XX, nos queda ahora por abordar quién es el sujeto revolucionario capaz de superar de una vez por todas la fase actual del capitalismo. Si la burguesía fue aquella clase en auge que sepultó a la clase de los feudales y su modelo ¿Quién es esta vez el sepulturero de la burguesía? Los comunistas, sin duda estamos seguros de que hace 100 años como hoy, es la clase obrera la única capaz de cambiar el mundo de base y construir un futuro en el que, como decía Lorca “que se cumpla la voluntad de la tierra, que da sus frutos para todos”.

En primer lugar, el núcleo de la explotación capitalista es la plusvalía. La producción de la mis-ma, forma parte del proceso de producción social por parte de la clase obrera -y no de otra-. Así, si el motor del capitalismo reside en la capacidad del proletariado para producirla - condi-ción primera para su posterior realización a través del intercambio - existe solo en esta clase -y no en otra- el poder de decidir la suerte de la explotación capitalista, y con ella, la de sus explotadores.

Es esta primera razón científica (y no ninguna pasión que mantenemos oculta o deseo en que sea de otro modo) el "leitmotiv" que nos hace insistir en la clase obrera como el único sujeto revolucionario al que prestamos y entregamos toda nuestra teoría y práctica, agitación y propaganda.

En segundo lugar, la Historia nos ha demostrado que a pesar de que la clase obrera es la más permeable a la ideología burguesa, es la primera quien, una vez organizada, es consecuente hasta el final consigo misma y enfrentada a su enemigo de clase. Esta pauta se observa ya en las formas de lucha más primitivas como las económico-sindicales. Además, en lo referente a la ideología, la clase obrera cuando se forma en su ideología, la marxista, es la única que por la posición y lugar que ocupa en el modo de producción capitalista mejor asimila la esencia del marxismo [4]: si la lucha de clases es la guerra, el marxismo es el fusil y la clase obrera su ejército.

Todo comunista que no sitúe en el centro de su actividad política e ideológica a la clase obrera, puede ser de todo excepto comunista. Si el proletariado para la industria, el mundo se detiene. Y si el proletariado dirige la lucha política, el mundo avanza.

¿Por qué el marxismo?

Comprender al más alto nivel la realidad concreta en cada momento y su racionalidad, sirviéndonos de la acumulación de conocimiento más avanzada que ha producido la Humanidad es imprescindible para operar los cambios necesarios sobre una realidad económica y social en la que operan leyes ocultas a “prima fascie [5]”.

Si bien gracias a Marx, la sociedad moderna y, principalmente, las fuerzas progresistas pudieron comprender en su plenitud las causas de las leyes generales del capitalismo de una forma científica; es gracias a Lenin y su época que es imposible hoy en día, comprender el desarrollo actual del capitalismo y cómo dar respuesta a ello sin sus enormes aportaciones.

Superar cada época histórica ha exigido siempre, además de pasar por la etapa del conocimiento, a la dirección política de una sola clase. Así como la época feudal fue superada gracias a la difusión del liberalismo a todos los niveles, exigió además, que la organización de los grandes movimientos de masas marcharan a la zaga y tras la batuta de la burguesía. Asimismo, para superar el capitalismo obliga al proletariado a colocarse a la vanguardia de todo el pueblo, dirigirlo y marcar el ritmo y compás de todo el proceso de cambio. Preparar las condiciones para que esto ocurra, a través de un Partido Comunista pertrechado en el marxismo-leninismo es el único camino para que tal empresa tenga éxito, de otro modo, toda intentona de superar la época actual mediante atajos - o repartiendo el peso por igual entre clases - quedará a medio camino y todo lo ganado volverá sobre sus pasos.

Son numerosos los estudios que nos proporcionan las universidades de todo el mundo, informes económicos de ministerios e incluso las propias organizaciones imperialistas y medios afines, quienes nos aportan datos más que suficientes corroboran las principales tesis del marxismo acerca de la época en que vivimos. En un trabajo que apareció con motivo de unas charlas de la Universitat de Barcelona, se señala que:

El conjunto de las 500 mayores empresas multinacionales ofrece unos volúmenes de movilización directa de recursos y de trabajadores de una extraordinaria y creciente magnitud. (….) Los ingresos conjuntos que alcanzan en un año son superiores al PIB de todo conjunto de la UE o de los Estados Unidos. Con relación al conjunto del PIB mundial, a partir de los datos que suministra el FMI, vemos que se incrementa a lo largo de estos años, pasando de representar el equivalente del 38 por ciento al 43 por ciento entre 1996 y 2006. Esta simple comparación nos aporta ya una clara idea que su poder económico en el mundo. Para hacernos una composición del lugar más matizada hemos incluido el PIB anual de los mayores países productores. [6]”

Incluso ONG’s como Intermón Oxfam alertan, basándose en informes de eurostat y otros organismos oficiales, de tal grado de preocupación: “Tan sólo ocho personas (ocho hombres en realidad) poseen ya la misma riqueza que la mitad más pobre de la población mundial 3.600 millones de personas. [7]”

A todas las cuestiones que se han visto anteriormente hemos obtenido una respuesta certera gracias al marxismo. Cualquier transformación de base requiere previamente armarse ideológicamente si queremos llegar a golpear políticamente al enemigo de clase. El marxismo se torna imprescindible para comprender las leyes intrínsecas del capitalismo, su fase monopolista y sus límites. Al mismo tiempo que es la única ideología genuinamente proletaria es, además, liberadora de todas las clases subalternas, segmentos y elementos oprimidos: clase obrera, proletariado en general, campesinado, mujeres, Natura, etc.

En lugar de aprender de las victorias del movimiento obrero internacional, recoger sus ricas experiencias y no repetir los errores que en tantas ocasiones lo han llevado a la derrota, el oportunismo pretende hacernos comulgar con ruedas de molino: que no es posible plantearse objetivos como acabar con la explotación del hombre por el hombre y que, por tanto, debemos conformarnos en combatir – en una lucha interminable - los excesos del capital sobre el mundo del trabajo. Detrás de todas las buenas intenciones que puedan albergar los nobles corazones del oportunismo, en última instancia, nos pretenden arrastrar a defender esas posiciones que nos conducen a una derrota segura. Los señores dirigentes del oportunismo deben saber que el destino que la Historia les tiene reservado no es diferente al que ya conocieron los Kerenski y compañía.

En octubre de 1917 los explotados de Rusia, empoderados gracias al Partido bolchevique, tomaron el poder por primera vez en la historia. Nació así el primer estado obrero del mundo. A principios de siglo, el imperialismo inauguró la centuria con una primera guerra mundial. Desde entonces, y hasta hoy, ha demostrado que su existencia y el imperialismo es incompatible con los intereses de la Humanidad. La Revolución de Octubre abrió un nuevo horizonte para los explotados y oprimidos, demostrando que su lucha no se limitaba a acabar con los abusos del capitalismo, sino que era posible zafarse del dominio y opresión de clase de las burguesías y de las potencias más poderosas.

Notas

[1] La explicación es sencilla, prácticamente todo el espectro político del revisionismo contemporáneo resulta ser heredero directo del revisionismo soviético, cuando no del XX Congreso del PCUS, de revisiones más recientes como la perestroika. El desmantelamiento de la URSS – aun siendo revisionista – no fue solo una derrota para el pueblo soviético, sino que con su desaparición salimos derrotados todos los pueblos del mundo.

[2] En España concretamente, los camaradas de UCE consideramos que se equivocaron al celebrar el desmantelamiento de la URSS e insisten en su error todavía a día de hoy.

[3] ¿El fin de la Historia? F. Fukuyama 1989

[4] Prólogo El Capital "No podía apetecer mejor recompensa para mi trabajo que la rápida comprensión que El Capital ha encontrado en amplios sectores de la clase obrera alemana. Un hombre que económicamente pisa terreno burgués, el señor Mayer, fabricante de Viena, dijo acertadamente en un folleto publicado durante la guerra franco–prusiana, que las llamadas clases cultas alemanas habían perdido por completo el gran sentido teórico considerado como patrimonio tradicional de Alemania, el cual revive, en cambio, en su clase obrera"

[5] A primera vista.

[6] ->http://www.ub.edu/geocrit/-xcol/449.htm

[7] ->http://www.oxfamintermon.org/es/sala-de-prensa/nota-de-prensa/ocho-personas-poseen-misma-riqueza-que-mitad-mas-pobre-del-mundo


Apartado de correos 51498. 28080, Madrid.

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