Unión Proletaria

La burbuja inmobiliaria sigue inflándose

Hoja repartida en las movilizaciones por una vivienda digna.

Sábado 6 de octubre de 2007


El gobierno español lleva unos meses congratulándose por la desaceleración del crecimiento del precio de la vivienda. Tanto la anterior ministra, M.A. Trujillo, como la actual, C. Chacón, han tratado de enseñar estos datos a la opinión pública como grandes logros del Ministerio de Vivienda. Todas las campanas se lanzan al vuelo cuando aparecen estudios como el presentado en el mes de mayo de este mismo año por el banco BBVA, que pronostica una “caída suave” de los precios para 2008.

Es sorprendente que se considere una gran noticia que el precio de la vivienda suba “sólo” en torno al 7% en los primeros trimestres de 2007, más aún si tenemos en cuenta que en los últimos nueve años el precio de la vivienda ha crecido... ¡un 174%!. En España la vivienda cuesta más que en países como Francia o Alemania, donde además los sueldos son bastante más altos. Esto ha traído aparejado un endeudamiento record de las familias españolas, que ya supera los 600.000 millones de euros (el doble que en 2003). Aunque lo hagan más despacio que en años anteriores, las hipotecas no paran de subir, (un 7% más respecto al 2006), y cada vez se pagan a más años vista, incrementándose anualmente en función del índice Euríbor. Y la vivienda en alquiler tampoco supone una alternativa viable dado su coste, que ha subido un 13’2% según el INE sólo desde 2004.

Es difícil descifrar cuáles son las medidas adoptadas por el Ministerio para obtener tan “maravillosos” resultados, dado que España, por ejemplo, es el segundo país europeo con menor número de viviendas públicas en alquiler (1% por el 35% de Holanda). La vivienda de protección oficial es escasa (como se demuestra sorteo tras sorteo), mientras permanecen cerradas más de 3 millones de casas vacías, la gran mayoría de las cuales son propiedad de las propias empresas constructoras, que las mantienen vacías para especular. La emigración interna a zonas con viviendas más baratas, barrios obreros que de repente se transforman en zonas donde vivir es un lujo para la mayoría, los “asustaviejas” al servicio de las inmobiliarias que tratan de expulsar de sus casas a las personas que pagan alquileres de renta antigua para poder especular... Esta es la realidad de la vivienda en este país, y el gobierno se atreve a sacar pecho.

Esta situación tiene una clara repercusión en las condiciones de vida de los trabajadores. Así, se calcula que las familias españolas dedican una media del 44’8% de su renta a financiar la compra de su vivienda, mermando brutalmente el poder adquisitivo. Si a esto unimos una precariedad laboral desmesurada, podemos explicar por qué los jóvenes se emancipan como media con 29 años, y por qué la natalidad media se sitúa en torno a 1’13 hijos por mujer, que convertirá a España en el país con población más envejecida del mundo para el año 2050. Es la “calidad de vida” que nos ofrece el sistema: es cierto que podemos adquirir una mayor cantidad de productos que normalmente no necesitamos, muchos de ellos elaborados a bajo coste en países del tercer mundo, pero a cambio hemos perdido lo que realmente importa: el derecho a una vivienda, la posibilidad de tener hijos, el derecho a un trabajo digno y estable, etc.

Como bien se ha ejemplificado en el párrafo anterior, no podemos entender el problema de la vivienda como algo desligado de la situación general que vive la clase obrera. Así, el endeudamiento familiar juega otro papel en el entramado del sistema capitalista, además del enriquecimiento directo de bancos y constructoras. Es una fórmula perfecta para que los trabajadores y trabajadoras no se atrevan a protestar y movilizarse ante sus condiciones de trabajo. Atados de pies y manos hasta la jubilación (cuando no incluso después) por la necesidad de pagar cada mes la hipoteca, el miedo al despido, que puede llegar a suponer el no poder hacer frente a la eterna deuda, hace que un trabajador tenga que pensárselo dos veces antes de hacer frente al patrón.

Tampoco podemos olvidar la relación entre la construcción y las constantes agresiones al medio ambiente. La construcción desmesurada que amenaza parques naturales y especies protegidas; el desprecio más absoluto por la “ley de costas”, que llena la primera línea de playa de construcciones; la escasez de zonas verdes en el entorno urbano para poder aprovechar hasta el último palmo de terreno que permita aumentar los beneficios; y un larguísimo etcétera.

Pero hay más. Un nuevo peligro se cierne sobre las cabezas de los trabajadores y trabajadoras: la perspectiva de una crisis económica motivada por el “reventón” de la burbuja inmobiliaria. En EE.UU. el sector inmobiliario vive una profunda crisis, provocada por no poder hacer frente muchas familias al pago de sus hipotecas, se habla incluso de una situación parecida a la que dio lugar al “crack” económico del año 1929, ya que ha generado un “efecto dominó” de consecuencias nefastas al resto de sectores económicos americanos y a la bolsa en medio mundo. En España, la construcción es uno de los motores de la economía, que ve como las ventas caen ante los elevados precios, el número de casas construidas anualmente se reduce. Si se construye menos, el paro crece en el sector, trabajadores que a su vez tienen que pagar su hipoteca cada mes... Se habla de amortiguar la caída del sector mediante inversiones en obras públicas, es decir, con el dinero de todos se tratará de reflotar el sector, al igual que se ha hecho para frenar la crisis en EEUU: los bancos centrales de la Unión Europea , EEUU, Japón, etc. han inyectado dinero público a sus sistemas financieros, frenando con dinero de todos la posibilidad de desplome del entramado económico de los empresarios.

La única respuesta posible ante esta situación es la movilización, la lucha contra aquellos que sacrifican nuestra calidad de vida en el altar del máximo beneficio empresarial. En Francia, por ejemplo, tanto los gobiernos conservadores como socialdemócratas han tenido en frente una movilización social importante, que ha provocado que la situación en este país, sin ser la panacea, sea bastante mejor que la española: amplio sistema de ayudas públicas, más de 4 millones de viviendas públicas en alquiler,... y la última y sonada inclusión, en respuesta a fuertes movilizaciones, del derecho constitucional a la vivienda como reivindicable ante el tribunal constitucional.

El movimiento para luchar contra esta situación en España sigue creciendo y diversificándose. Al clásico movimiento vecinal reivindicativo, los grupos barriales, etc. se ha unido el movimiento por una vivienda digna. Este movimiento sigue creciendo en capacidad de lucha e influencia, sobre todo entre los jóvenes. El número de asambleas continúa aumentando por todo el país, y se avanza cada vez más en la coordinación entre ellas. Las reivindicaciones planteadas por estas asambleas giran en torno al acceso para todas las personas a la vivienda en condiciones aceptables, reivindican un modelo distinto de urbanismo y atacan directamente al sistema económico y social que permite la actual situación.

Sus movilizaciones cada vez cuentan con mayor apoyo popular, estando programada la próxima para el 6 de octubre. Es una ocasión que los trabajadores y trabajadoras no podemos desperdiciar para decirle a la patronal y su acólito estado monárquico que no estamos dispuestos a seguir como hasta ahora, que nuestras vidas son más importantes que sus multimillonarios beneficios y que estamos decididos a plantar cara hasta conseguir cambiar las cosas.

Hoja en pdf:

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La burbuja inmobiliaria

Apartado de correos 51498. 28080, Madrid.

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