Unión Proletaria

Urge educar en el marxismo-leninismo a la vanguardia del movimiento obrero

Viernes 21 de julio de 2017


Nos hallamos en una sociedad dominada por las relaciones de producción capitalistas. Cualquiera que sea el grado de desarrollo de éstas, los trabajadores asalariados luchan contra la explotación a la que son sometidos y por su existencia. Dependiendo de su grado general de conciencia y de organización, esta lucha puede ser de mera resistencia o convertirse en revolucionaria. Con esta lucha, las masas obreras se capacitan para arrebatar el poder político a la burguesía y para edificar el socialismo.

Con el desarrollo de las relaciones capitalistas, mejoran las condiciones para llevar a término la revolución proletaria, porque las fuerzas productivas adquieren una naturaleza cada vez más social y crece la importancia de la clase obrera sobre el conjunto de la población.

En la confluencia de los siglos XIX y XX, el desarrollo del capitalismo a escala internacional alcanzó su etapa superior, imperialista o monopolista, en la que la masa fundamental de las fuerzas productivas reviste un carácter social y exige ser correspondido por relaciones de producción socialista, so pena de profundas crisis, de estancamiento, de guerras y calamidades crecientes.

Pero el capitalismo se desenvuelve sobre una base nacional, por lo que su desarrollo no es homogéneo sino desigual a escala internacional. Mientras unos países conocen una sobreacumulación de capital, en otros, las fuerzas productivas siguen atrasadas y desperdigadas. Esta situación conduce a la dominación duradera de éstos por aquéllos, en la esfera económica, política, cultural y militar. En los países dominantes (imperialistas), la clase obrera está más desarrollada y, por lo mismo, capacitada para hacer triunfar la revolución socialista. Sin embargo, la dominación parasitaria de su nación sobre otras hace afluir a ella una enorme cantidad de riquezas con las que la burguesía reprime la lucha del proletariado, engaña a amplias capas de la población, corrompe a individuos que desempeñan un papel destacado en la relación entre las clases sociales, reduce la proporción de proletarios que trabajan en la esfera material productiva de la economía, etc.

El marxismo-leninismo es la teoría que expresa adecuadamente los intereses esenciales de los obreros y obreras. Pero la ideología burguesa es la ideología que domina al conjunto de la sociedad, constituida en su mayoría por trabajadores asalariados. Por ello, la ideología burguesa es la ideología dominante en la conciencia obrera espontánea, incluso en la conciencia de quienes luchan contra la explotación capitalista, en la conciencia de las masas proletarias. Al mismo tiempo, las condiciones de existencia de éstas y su actividad social engendran elementos de conciencia de sus verdaderos intereses de clase, pero no son suficientes para quebrar la dominación ideológica de la burguesía sobre ellas. Sólo a partir de la conquista del poder político por parte de la clase obrera y nunca antes, las masas de ésta podrán liberar en lo fundamental su conciencia respecto de la influencia burguesa.

La misión de la organización comunista es dirigir la lucha de clase del proletariado hacia la revolución socialista, infundiendo en las masas obreras la conciencia cabal de sus condiciones de existencia y de la naturaleza de su lucha. El carácter imperialista del capitalismo español determina que debemos desplegar una porfiada lucha contra los prejuicios pequeñoburgueses chovinistas y anticomunistas que han arraigado en un amplio sector de las masas obreras. Para esto, la primera dificultad que se alza ante nosotros es el impacto que, bajo el imperialismo, la dominación ideológica burguesa causa en los estratos más avanzados de nuestra clase y los individuos progresistas de las capas más cultas. En estas condiciones, después del daño causado por el revisionismo moderno de Jruschov, Carrillo y otros a los partidos obreros, la unificación de esta vanguardia política sobre la base de la voluntad mutua y de las reglas del centralismo democrático no produce un partido comunista, sino que reproduce una y otra vez la actual constelación de organizaciones semi-proletarias y semi-pequeñoburguesas, que tergiversan en uno u otro sentido la teoría científica del marxismo-leninismo e impiden a las y los comunistas más consecuentes cumplir su cometido.

La unidad de la clase obrera, de los comunistas y del pueblo es, sin embargo, absolutamente necesaria para vencer a la burguesía. Pero esa unidad sólo puede conseguirse como resultado de una actividad preliminar.

El camino que muestra nuestra práctica -en consonancia con la teoría del marxismo-leninismo y la experiencia histórica del movimiento comunista- consiste en desplegar, a partir de una organización de comunistas que haya probado su homogeneidad ideológica, una labor sistemática de educación de la población, principalmente de las masas obreras, en el socialismo científico y en los resultados de la aplicación de esta teoría, a fin de seleccionar a los individuos más avanzados (en coherencia de ideas y actos) y completar su transformación comunista en el seno de dicha organización. Solo cuando hayamos conseguido formar un círculo de estudio, propaganda y agitación, que sea ideológicamente homogéneo y lo bastante amplio, organizado y eficaz, podremos avanzar de manera práctica hacia la reconstitución del Partido Comunista. Sólo entonces y gracias a la influencia de esta labor de educación, podrá resultar fructífera la unidad con otras organizaciones dotadas de una línea política definida y consolidada entre sus miembros, corrigiendo las eventuales desviaciones por medio de la lucha ideológica bajo las normas del centralismo democrático.

Este círculo de propaganda debe construirse teniendo en cuenta las circunstancias concretas que más puedan contribuir a su éxito. En nuestro caso, lo más conveniente es aprovechar dos circunstancias concomitantes: por una parte, que nos hallamos en la víspera del centenario del episodio más destacado de la historia de la revolución proletaria —la Gran Revolución Socialista de Octubre-; por otra parte, que los luchadores de vanguardia están desconcertados y han empezado a reflexionar sobre el retroceso que está experimentando el movimiento social que, en el último lustro, había despertado la combatividad de cientos de miles de personas. Ambas circunstancias serán aprovechadas (ya lo están siendo) por la burguesía para deformar la verdad y atacar al movimiento obrero. Nosotros, al contrario, tenemos la obligación de revelar a las masas el nexo existente entre la lucha espontánea y el socialismo para desarrollar el movimiento obrero. Nos hallamos ante una buena oportunidad para atraer la atención y el interés de quienes se sienten defraudados por la dirección claudicante que ha seguido el movimiento.

Así pues, lo más útil que podemos y debemos hacer para la clase obrera es rearmar la conciencia de sus masas con los conocimientos que proporcionan la teoría y la práctica socialistas. Todas las tareas que acometamos han de ir dirigidas a este fin.

La labor que nos espera puede condensarse con la fórmula de W. Liebknecht "estudiar, propagar y organizar", siempre que no perdamos de vista que el estudio no es el objetivo, sino sólo un medio para hacer propaganda, así como para organizar el partido. La labor teórica debe ponerse al servicio de la práctica revolucionaria. A pesar de que el socialismo ha sufrido un grave retroceso, no se trata de completar ningún balance de la experiencia revolucionaria para luego pasar a la práctica, 1º) porque eso desborda la capacidad de cualquier organización del partido tomada por separado y compete al conjunto del movimiento comunista y obrero internacional y 2º) porque la práctica no debe esperar, ya que partimos de la convicción de que los principios marxistas-leninistas han sido plenamente confirmados por los éxitos y los fracasos del socialismo.

Finalmente, las tareas de propaganda y organización no podrán desplegarse por igual. No podemos esperar que los individuos de vanguardia afluyan a nuestras filas mientras no les hayamos abierto camino con nuestra propaganda, mientras no hayamos empezado a transformarlos por medio de nuestra propaganda. Así que la actividad propagandística debe preceder al reclutamiento y crecimiento de nuestra organización comunista.

Unión Proletaria. Madrid, julio de 2017


Apartado de correos 51498. 28080, Madrid.

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