Daniela Ayala

¡Ay, hija eran otros tiempos...!

Jueves 21 de septiembre de 2017


Mi abuela me contaba que cuando era joven, durante la Dictadura Franquista, en la tienda que regentaba su padre no se le permitían vender determinadas prendas: corbatas rojas, telas con colores brillantes o alegres, y por supuesto, ninguna tela de color rojo… porque si lo hacía habían leyes que llevaban a su padre a la cárcel.

Yo le decía que la tienda era de propiedad de su padre, que podía vender lo que quisiera y que no podían que encarcelarle por lo que vendía.

“¡Ay, hija eran otros tiempos…! Estaban los fascistas en el poder y ellos lo imponían todo…”

También me contaba, que no se podía votar, que no había democracia, que el golpe de estado había anulado todos los derechos, el divorcio no estaba permitido y, si la mujer se iba del hogar, aunque fuera maltratada, la perseguían y la metían en la cárcel. Era el marido quien decidía por ella, dependiendo de su voluntad de dejarla ir: podía irse o no. Estaba sometida al marido y no tenía decisión propia….

“¡Ay, hija eran otros tiempos…, estábamos en una dictadura…”

Ahora en pleno siglo XXI, veo que esto se repite de forma inquietante. No a nivel de las relaciones interpersonales, sino a nivel de las relaciones interculturales.

Cuando oigo en los medios de comunicación que persiguen a los propietarios de las imprentas por imprimir papeletas para una votación, cuando son amenazados los ciudadanos por participar en un referéndum, cuando se prohíbe votar…, me vienen a la memoria las palabras de mi abuela sobre el tiempo de la Dictadura Franquista.

Y yo me pregunto, ¿está volviendo el Fascismo y no nos estamos dando cuenta?

Pero las similitudes van más allá.

El matrimonio España-Cataluña no va bien. Cataluña quiere decidir si continúa o no con su contrato matrimonial. Todavía no sabe si lo continuará o no. Pero es perseguida, simplemente por el hecho de planteárselo, como las mujeres de antaño.

Pide un Acto Democrático, una Votación, para poder decidir su futuro, del que puede salir que se queda o se marcha. Y España en lugar de ganársela, la quiere someter; en lugar de hacerle ver lo que se pierde si se separa, la persigue y la humilla, se impone, como en otros tiempos, cual marido a su esposa. “Te quedas conmigo. Tú no decides, no tienes esa capacidad, lo hago yo por ti, y no te lo permito…”

Creo que todo esto merece una reflexión muy seria, ¿no os parece??

Daniela Ayala


Apartado de correos 51498. 28080, Madrid.

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