Proletarian/PCGBML

Homenaje al camarada Mugabe

Viernes 26 de enero de 2018


Un triste fin para una vida ilustre al servicio de las masas oprimidas

El camarada Robert Gabriel Mugabe renunció al cargo de presidente de Zimbabue el 21 de noviembre de 2017 en medio de mucho júbilo y regodeo por parte del imperialismo y sus lacayos, dentro y fuera de Zimbabue. Los medios de comunicación imperialistas han vertido contra él todo su odio venenoso y racista, lo han descrito irracionalmente como un dictador brutal que gobernó Zimbabue a través de la coacción y que no trajo más que miseria, pobreza e indigencia a su pueblo.

Una vida de servicio

La verdad es totalmente opuesta. Robert Mugabe dedicó toda su vida a servir a su pueblo. Sufrió un largo período de encarcelamiento en las mazmorras de los gobernantes racistas minoritarios blancos durante los primeros años de la guerra de liberación sin que los ideólogos del imperialismo tan amantes de la libertad y sus piratas a sueldo acudieran en su defensa, ni en la de sus compañeros luchadores por la liberación.

Al salir de prisión, guió la lucha de liberación armada en Zimbabue con habilidad y astucia, forzando al gobierno británico por fin a organizar la conferencia de Lancaster House que condujo a la independencia de Zimbabue.

En esta conferencia, el punto de fricción fue la cuestión de la tierra. Tanto los Estados Unidos como Gran Bretaña habían acordado financiar la compra de tierras de los granjeros blancos, que la habían robado a punta de pistola a sus legítimos propietarios tras la colonización del país por parte de las hordas armadas de Cecil Rhodes. Pero esta promesa la iban a honrar más con su incumplimiento que con su observancia.

Para disgusto de sus enemigos y agradable sorpresa para sus amigos, el Zanu-PF, dirigido por Robert Mugabe, obtuvo una victoria absoluta y decisiva en las elecciones celebradas bajo el acuerdo de Lancaster House, y el camarada Mugabe pasó a formar el primer gobierno de la Nueva Zimbabue. Él y su partido no tuvieron que compartir el poder del gobierno con ningún otro partido, y mucho menos con los representantes de la minoría blanca, a quienes se había asignado, de forma bastante injusta, una parte desproporcionada de los escaños parlamentarios. De todos modos, olvidando todas las diferencias pasadas y la crueldad infligida por el antiguo régimen de minoría blanca al pueblo de Zimbabue, a los combatientes por la liberación y a él mismo personalmente, Mugabe nombró a dos miembros blancos para su gobierno y nombró al que sería a la larga su oponente Joshua Nkomo como ministro del interior.

No conforme con este nombramiento, Nkomo organizó una rebelión en Matabeleland, que con razón fue aplastada por el gobierno. En lugar de culpar a Mugabe por el derramamiento de sangre resultante, como lo han hecho tanto los medios de comunicación imperialistas como los políticos, la culpa debe hacerse recaer absolutamente sobre los hombros de quienes escenificaron esa provocación.

Incluso a pesar de eso, Nkomo fue invitado posteriormente a formar parte del gobierno, lo cual aceptó, incluso ejerciendo como vicepresidente del país. Cuando Nkomo murió, Robert Mugabe le rindió un tributo elocuente y le honró enterrándolo en el Acre de los Héroes, un cementerio cercano a Harare dedicado a los patriotas y luchadores por la libertad de Zimbabue.

Resolviendo la cuestión de la tierra

Finalmente, al no lograr que Gran Bretaña y Estados Unidos cumplieran su promesa de financiar la compra de tierras a los granjeros blancos, el gobierno del presidente Mugabe adoptó el único camino honorable: la confiscación de las tierras de los granjeros blancos y su redistribución entre los zimbabuenses negros, en su mayoría agricultores pobres.

De no haberlo hecho, el gobierno habría sido acusado justamente de traicionar al pueblo de Zimbabue, el cual había sufrido y derramado sangre en la lucha por la liberación para poder resolver esta injusticia histórica.

El gobierno de Mugabe no fue de ninguna manera el primero en confiscar la tierra. Antes, lo había hecho durante la gran Revolución francesa la burguesía victoriosa. Y lo han hecho los gobiernos socialistas desde la Unión Soviética, hasta China, la República Popular Democrática de Corea y otros países.

Lo que fue notable fue que el gobierno de Robert Mugabe fue el primer gobierno no comunista desde la revolución francesa en haber entregado la tierra al agricultor. Al hacerlo, creó un ejemplo muy contagioso para otros países, especialmente para la vecina Sudáfrica.

Es por esta razón, más que ninguna otra, que el imperialismo ha vertido toda clase de insultos sobre Robert Mugabe. De repente, de ser un "caballero africano perfecto" (en palabras de la ex primera ministra británica Margaret Thatcher), se transformó en un demonio y un monstruo, y su gobierno fue sometido a draconianas sanciones económicas y políticas y amenazas militares.

El gobierno de Zimbabue pudo sobrevivir durante un período muy difícil gracias a la distribución de tierras, la cual trajo un mínimo de prosperidad al campo, y la estrecha relación que el país había cultivado, desde los primeros días de la lucha de liberación, con la República Popular de China.

Avances en el desarrollo independiente

Durante el período del camarada Mugabe como presidente, la esperanza de vida casi se duplicó y la educación se hizo ampliamente disponible, con el resultado de que Zimbabue tiene una de las poblaciones más alfabetizadas de África. Se pusieron en marcha programas de salud y otros programas sociales.

Zimbabue incluso pudo intervenir militarmente, junto con Namibia y Angola, en la República Democrática del Congo para apoyar a un Estado africano progresista amenazado por mercenarios manejados por el imperialismo. El país también cortó sus vínculos con el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI), los cuales no aportaban más que miseria y hambre al pueblo de Zimbabue.

Estas son las verdaderas razones por las que el imperialismo convirtió en blanco especial de sus ataques a Robert Mugabe y su gobierno e hizo todo lo posible por derrocar a ese gobierno por todos los medios, incluso financiando y entrenando a la oposición.

Si todos los esfuerzos del imperialismo por derrocar a Robert Mugabe fracasaron, las disensiones dentro del partido gobernante Zanu-PF ahora han obligado a Mugabe a renunciar. No sabemos en este momento la dirección que tomará el curso de los acontecimientos. Es nuestra ardiente esperanza que el Zanu-PF continúe defendiendo y salvaguardando los logros alcanzados por el pueblo de Zimbabue durante el largo mandato de la administración de Robert Mugabe.

Por nuestra parte, honramos sus actos y sus logros, que indudablemente pasarán a la historia como muy notables. Fue y sigue siendo una figura icónica que merece el respeto, el aprecio y la admiración de todos los que aman la libertad y la justicia.

Nuestra admiración por su larga trayectoria de servicio al pueblo de Zimbabue está teñida de tristeza por la manera en que se fue. Hubiéramos deseado que hubiera dejado paso a su sucesor hace cuatro o cinco años y se hubiera retirado como un anciano estadista en el apogeo de su gloria.

(Para más información sobre la historia de Zimbabue y el papel del camarada Mugabe, lee Chimurenga! La lucha de liberación en Zimbabue por Harpal Brar, disponible en la librería de Proletarian)


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