Unión Proletaria

Educar a las masas obreras en la teoría y en la práctica histórica del marxismo-leninismo

Lunes 25 de noviembre de 2019


Intervención de Unión Proletaria en el acto unitario (Iniciativa Comunista, PCPE, Red Roja y UP) sobre la vigencia dela Revolución de Octubre y la vigencia del comunismo (21 de noviembre de 2019).

Ya van una decena larga de resoluciones de las instituciones burguesas europeas que igualan criminalmente al comunismo con el fascismo.

Bueno, condenan indistintamente al comunismo y al estalinismo. Habrá quienes rechacen esta identificación con la "buena" intención de poner el comunismo a salvo de prohibiciones. Unión Proletaria, en cambio, piensa, como Stalin, que “Si los capitalistas y sus lacayos difaman a nuestro Partido, es porque la línea general de éste es acertada.” [1]

Si aquellas instituciones europeas realmente quisieran condenar el fascismo, no habrían admitido en su seno al Reino de España que no ha cumplido los principios antifascistas de Nüremberg.

Ese “totalitarismo” supuestamente común al comunismo y al fascismo es una mentira utilizada para ocultar que la democracia parlamentaria es, en esencia, una dictadura de la burguesía capitalista, como se ha vuelto a demostrar en Bolivia.

Ya lo advertían Marx, Engels y Lenin: “Las formas de los Estados burgueses son extraordinariamente diversas, pero su esencia es la misma: todos esos Estados son, bajo una forma o bajo otra, pero, en último resultado, necesariamente, una dictadura de la burguesía.” [2]

Todo Estado es instrumento, no de libertad, sino de dominación de una clase social sobre las demás. Como decía Engels, “tan pronto como pueda hablarse de libertad, el Estado como tal dejará de existir”. (Carta a Bebel, 18-28 de marzo de 1875).

El régimen económico capitalista divide a la sociedad en clases y agudiza cada vez más la lucha entre ellas, poniendo así en evidencia la esencia totalitaria del Estado. Por tanto, denunciar el totalitarismo sin cuestionar el capitalismo es un ejercicio de hipocresía.

En realidad, la Unión Soviética nacida de la Revolución de Octubre fue lo opuesto al fascismo. Garantizaba la plenitud de derechos para las grandes mayorías antes oprimidas, para las clases trabajadoras, las mujeres, las nacionalidades, las razas, las religiones, etc. Y no se limitaba a un reconocimiento formal, sino que ponía todo su desarrollo económico al servicio de la liberación de estas grandes mayorías.

Cuando reprimió a clases sociales y partidos políticos, fue porque se oponían violentamente a la voluntad socialista de las clases trabajadoras mayoritarias.

Lo tenía que hacer así para no ser ahogada en sangre por la contrarrevolución, para no correr la misma suerte que la Comuna de París en 1871. Posteriormente, los gobiernos del Frente Popular en España, de Sukarno en Indonesia, de Allende en Chile y tantos otros hicieron pagar un alto precio a sus pueblos por despreciar esta ley fundamental de la lucha de clases.

Al poco de triunfar la Revolución de Octubre, empezaron los atentados contra los dirigentes soviéticos, las sublevaciones contrarrevolucionarias y la guerra civil de 1918 a 1920 atizada por la invasión de 14 potencias antisoviéticas. El pueblo soviético salió vencedor de estas duras pruebas, aunque el atentado contra Lenin en 1918 le acabaría costando la vida a la temprana edad de 54 años.

El estímulo que imprimió la Revolución de Octubre al movimiento obrero hizo que las clases poseedoras del mundo entraran en pánico y encauzaran su violencia cada vez más a través del fascismo.

El Partido Bolchevique y el Gobierno Soviético -que eran parte del movimiento obrero y democrático internacional- hicieron frente a la barbarie fascista luchando por unir contra ella a todas las tendencias democráticas, al mismo tiempo que mantenían el rumbo hacia la revolución proletaria como el único remedio definitivo.

Presagiando lo que iba a suceder, Lenin explicaba que

“…, la burguesía ve en el bolchevismo casi únicamente uno de los aspectos de este último: la insurrección, la violencia, el terror; por esto se prepara particularmente para resistir y rechazar al bolchevismo en este terreno Es posible que en casos aislados, en algunos países, en tales o cuales períodos breves lo consiga; hay que contar con esa posibilidad, que no tiene para nosotros nada de temible. El comunismo "brota", literalmente, en todos los aspectos de la vida social, se manifiesta decididamente por doquier, el "contagio" (para emplear la comparación preferida de la burguesía y de la policía burguesa, y la más "agradable" para ella) ha penetrado muy profundamente en todos los poros del organismo y lo ha impregnado por completo. Si se "obtura" con celo particular una de las salidas, el "contagio" encontrará otra, a veces completamente inesperada; la vida triunfa por encima de todo. Que la burguesía se sobresalte, se irrite hasta perder la cabeza, que rebase los límites, que cometa necedades, que se vengue de antemano de los bolcheviques y se esfuerce en aniquilar (...) a centenares, a miles, a centenares de miles de bolcheviques de mañana o de ayer. Al obrar así procede como han obrado todas las clases condenadas por la historia a desaparecer. Los comunistas deben saber que, en todo caso, el porvenir les pertenece, y por esto podemos (y debemos) unir el máximo de pasión en la gran lucha revolucionaria con la consideración más fría y serena de las furiosas sacudidas de la burguesía.” [3]

Como era previsible, la unidad antifascista se vio obstaculizada por el anticomunismo de los demócratas burgueses. En Alemania, los diputados de la socialdemocracia llegaron incluso a aclamar a Hitler en 1933, aunque eso no los puso a salvo. Como dijo un jefazo nazi: los socialdemócratas « pueden profesar su devoción por Hitler, pero están mejor en la cárcel ».

El último Congreso de la Internacional Comunista celebrado en 1935 se dedicó precisamente a la tarea de alcanzar la mayor unidad posible contra el fascismo. Fruto de este Congreso se organizaron frentes populares y nacionales antifascistas, así como las Brigadas Internacionales que ayudaron a la II República española.

La última resolución anticomunista del Parlamento Europeo tiene la desvergüenza de acusar a la URSS del estallido de la Segunda Guerra Mundial por firmar el Pacto de No Agresión con Alemania en agosto de 1939. Para sostener esta acusación, el Parlamento Europeo:

-  oculta los esfuerzos de la diplomacia soviética por formar una alianza militar con Gran Bretaña, Francia y otros Estados capitalistas, durante la segunda mitad de los años 30, para frenar el expansionismo germano;
-  oculta cómo estos Estados se negaron;
-  oculta cómo, al revés, ayudaron a rearmarse a los nazis;
-  oculta que les entregaron a éstos la República española, Austria, Renania y el Sarre desde 1936, y Checoslovaquia en el Pacto de Munich de 1938;
-  oculta que, desde 1939, les dejaron adueñarse del resto de Europa sin comprometer sus ejércitos, a pesar de haberles declarado la guerra;
-  oculta, en definitiva, que estaban dirigiendo las fuerzas de agresión de todo el nazi-fascismo contra la URSS.
-  Y finalmente miente al sostener que el Pacto de No Agresión tenía por finalidad repartirse Europa entre Alemania y la URSS. En realidad, este pacto fue la única salida que las democracias capitalistas le habían dejado al gobierno bolchevique para ganar tiempo durante el cual prepararse para la guerra de exterminio que Hitler le había prometido desde su libro “Mein Kampf”.

La Unión Soviética no fue tan ingenua como para confiar la suerte de la lucha antifascista solamente a la unidad con la democracia burguesa.

A la vez y sobre todo, se preparaba económica y militarmente para la confrontación.

Casi dos años después de firmar el Pacto de No Agresión, el 22 de junio de 1941, Alemania comenzó la invasión del territorio soviético, con la mayor potencia de fuego jamás movilizada.

La URSS sufrió terriblemente la guerra relámpago del III Reich (blitzkrieg), pero resistió, a diferencia de los países anteriormente invadidos, que habían caído en pocos días o semanas.

Los nazis se empantanaron en el frente del Este y experimentaron sus primeras derrotas en Smolensk y Moscú.

Y en Stalingrado, a principios de 1943, el Ejército Rojo rompió el equilibrio estratégico a su favor.

Sólo a partir de entonces, los angloamericanos se tomaron en serio la petición soviética de abrir el segundo frente de la guerra antifascista en la parte occidental de Europa, aunque todavía tardarían un año en hacerlo. Entretanto, el Ejército Rojo aplastaba a las fuerzas alemanas en Kursk, Leningrado, Varsovia, etc., hasta conquistar Berlín en los primeros días de mayo de 1945.

En el transcurso de la Segunda Guerra Mundial, la URSS destruyó 607 Divisiones del Eje con 13.600.000 soldados, frente a las 176 divisiones con 3.500.000 soldados que destruyeron los angloamericanos. Por tanto, a los soviéticos les corresponde el 75 % del mérito por la victoria. Sin embargo, ni esto ni el sacrificio de 25 millones de sus ciudadanos -casi la mitad de las víctimas de esta guerra-, impiden a la mentirosa propaganda burguesa atribuir la victoria a EE.UU. e incluso presentar a Stalin como amigo de Hitler.

En la Conferencia de Potsdam de 1945, Stalin presionó a sus aliados occidentales para actuar contra el régimen de Franco, pero éstos sólo aceptaron excluir a España de la ONU. Truman y Churchill se lavaron las manos afirmando farisaicamente que el gobierno de Franco era un asunto interno de España, olvidando que era el fruto de la intervención militar del Eje nazi-fascista contra la II República.

Para la burguesía internacional, el enemigo nunca ha sido el fascismo, sino el comunismo y la Unión Soviética.

Ha pretendido incluso justificar al fascismo como una reacción únicamente defensiva frente al comunismo. Es otra falsedad desmentida por el auge actual de la ultraderecha, precisamente cuando el comunismo está debilitado. No, el fascismo es una reacción ofensiva de las burguesías nacionales imperialistas motivada por su crisis económica y encaminada a fanatizar a la población y lanzarla a guerras de rapiña.

Desde 1945, el imperialismo ha reciclado muchos individuos y métodos fascistas para provocar 200 guerras que han costado 39 millones de vidas. Sólo desde la caída de la Unión Soviética, ha habido unas 90 guerras con más de 19 millones de muertos.

Fue gracias al prodigioso desarrollo económico de la URSS –también hoy negado por la propaganda burguesa- que pudo vencer al Eje y, luego, romper el monopolio yanqui sobre el arma nuclear e impedir que la guerra fría lanzada el Occidente capitalista se convirtiera en una Tercera Guerra Mundial.

Para alcanzar un desarrollo económico eficiente y sólido, el Estado obrero y campesino, realizó las siguientes tareas:

- Desde los primeros meses de la revolución, socializó la industria y entregó la tierra a los campesinos.

- Durante los años 20, tuvo que recuperar el nivel de producción anterior a la Primera Guerra Mundial y a la Guerra Civil, a través de concesiones a la producción privada y capitalista. Fue la llamada Nueva Política Económica (NEP).

- A medida que lo conseguía, tuvo que clarificar la perspectiva del trabajo de los obreros y campesinos, toda vez que la revolución no se había triunfado fuera de la URSS. Dentro del Partido Bolchevique, Trotski y sus partidarios no confiaban en que los trabajadores de un solo país, y menos de un país atrasado como el soviético, pudieran construir una sociedad socialista. No comprendían realmente el espíritu del marxismo ni la transformación del capitalismo progresivo en imperialismo y, por estas razones, rechazaban la línea política defendida por Lenin. Hizo falta derrotarlos políticamente, mediante amplias y prolongadas discusiones, para poder convertir la Unión Soviética en un país desarrollado y socialista.

- También hubo que derrotar políticamente las ideas de Bujarin y de sus partidarios, que no confiaban en la disposición de mayoría campesina a expropiar a los capitalistas agrarios (kulaks) y a pasar a la agricultura colectivizada y mecanizada.

- Así es como la gran industria y la gran agricultura pudieron desarrollarse de manera acompasada y fue posible organizar racionalmente la economía mediante planes quinquenales.

- Esta ofensiva del socialismo desató el entusiasmo de las masas obreras. Emprendieron un movimiento de masas (stajanovista) dirigido superar las normas de trabajo estimadas por los capitalistas y los intelectuales burgueses. La fuerza de trabajo demostraba ser la principal fuerza productiva y las relaciones de producción socialistas, la principal palanca para el desarrollo de las fuerzas productivas. El objetivo fundamental del desarrollo socialista era crear las condiciones materiales para la erradicación de la división social en clases.

El éxito de la ofensiva socialista en la URSS acrecentó la hostilidad de un mundo capitalista que se hundía en una profunda crisis económica desde 1929.

Stalin había advertido en 1931 que “Nos hallamos a una distancia de cincuenta o cien años por detrás de los países más adelantados. Debemos cubrir esta distancia en diez años. O lo hacemos o acabarán con nosotros”. [4]

Los soviéticos consiguieron esta proeza a tiempo para poder vencer a los nazis.

Pero, justo antes, tuvieron que desbaratar diversas conspiraciones terroristas formadas por trotskistas, bujarinistas, militares bonapartistas, etc. Éstos pretendían aprovechar las dificultades del salto al socialismo para derrocar al gobierno de Stalin, incluso con la ayuda de las potencias fascistas a cambio de cederles territorios.

Así, al mismo tiempo que estas potencias se lanzaban a la dominación mundial, la Unión Soviética sufría una traumática crisis política que se prolongó durante tres años (1936-1939). Finalmente y gracias a esta depuración de su retaguardia, la URSS se aseguró una solidez interna suficiente para derrotar la invasión hitleriana, a diferencia de otros países invadidos que estaban trufados de agentes del III Reich.

En la segunda mitad de los años 40, a pesar de la devastación de la Segunda Guerra Mundial y del gasto militar improductivo provocado por la guerra fría, la Unión Soviética recuperó su nivel de desarrollo en un plazo brevísimo de 3-4 años. Su impetuoso desarrollo destruyó los pronósticos catastrofistas de la pedante burguesía internacional y llenó de esperanza a los millones de luchadores contra la explotación capitalista, el fascismo, el colonialismo y las demás formas de opresión.

Desde que se inició la ofensiva del socialismo en 1929 hasta la muerte de Stalin en 1953, la producción industrial soviética se multiplicó por más de 12, mientras que la de los grandes países capitalistas como mucho se multiplicó por 2.

La mayor parte de estas proezas se realizaron cuando Lenin ya había fallecido y el principal dirigente del Partido era Stalin. Stalin tuvo la firmeza y la valía suficientes para continuar el camino abierto por Lenin y para completar la organización socialista de la URSS, primera etapa de la sociedad comunista.

Es bajo su dirección cuando quedó demostrado ante el mundo que la clase obrera, no sólo puede derribar el poder de la burguesía, sino que también puede construir el socialismo.

La burguesía nunca ha dejado de denigrar al comunismo, pero, hasta mediados del siglo XX, no tuvo éxito.

Sólo comenzó a salirse con la suya cuando la nueva dirección del PCUS se sumó a las mentiras burguesas contra Stalin y la dictadura del proletariado. Y más aún, a medida que las reformas de Jruschov y Brézhnev desarmaban a la clase obrera y favorecían el desarrollo de una burguesía entre las capas intelectuales.

La promesa revisionista de un socialismo idílico –con paz y armonía entre las clases- ha dividido al movimiento comunista internacional, ha destruido la Unión Soviética, ha frustrado la esperanza de todos los explotados del planeta y ha dado alas nuevamente al fascismo.

Como consecuencia de esto, los revisionistas han quedado desacreditados a los ojos de los comunistas, pero han dejado en las mentes las dudas que habían sembrado conjuntamente con la burguesía internacional.

Hoy en día, la inmensa mayoría de los obreros ignora la verdadera historia de su clase social, porque los comunistas no hacemos lo suficiente por explicársela. Así, no podemos progresar y menos vencer. Así, nos vemos forzados a retroceder continuamente.

Entre los mismos comunistas, se ha perdido la confianza en la experiencia soviética y en la política marxista-leninista que la engendró. Pero no merecen esta desconfianza.

Al contrario, debemos luchar contra el desconocimiento y la deformación de los hechos.

Debemos educar a las masas obreras en la teoría y en la práctica histórica del marxismo-leninismo. Que aprendan por nuestra propaganda que no son una simple masa doliente, sino la clase social con la misión histórica más grandiosa de todos los tiempos. ¿De quién lo pueden aprender si no?

En opinión de Unión Proletaria, esta línea de conducta es la que permitirá despejar los obstáculos fundamentales que hoy impiden la reunificación comunista.

Y es la base para cambiar la correlación de fuerzas sociales a favor de la revolución.

¡Viva la Gran Revolución Socialista de Octubre!

¡Viva la unidad comunista!

Notas

[1] Stalin, Informe político del Comité Central ante el XVI congreso del P.C.(b) de la U.R.S.S.

[2] Lenin, El Estado y la revolución. http://www.marx2mao.com/M2M(SP)/Lenin(SP)/SR17s.html, pág. 43.

[3] Lenin, La enfermedad infantil del "izquierdismo" en el comunismo. http://www.marx2mao.com/M2M(SP)/Lenin(SP)/LWC20s.html#s10, págs. 111-112.

[4] Las tareas de los dirigentes de la economía, Stalin, Obras, tomo 13, pág. 16: https://www.marxists.org/espanol/stalin/obras/oe15/Stalin%20-%20Obras%2013-15.pdf


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