Unión Proletaria

¿Qué actitud debemos tomar hacia el gobierno del PSOE con Unidas Podemos?

Sábado 25 de enero de 2020


La derecha parlamentaria formada por el PP, Ciudadanos y Vox ha amenazado con oponerse por todos los medios al nuevo gobierno español de coalición. Lo considera una fastidiosa interrupción en su labor de fanatización chovinista de la población y de rehabilitación del franquismo. Esta tarea que viene desempeñando tiene su origen en el hecho de que las contradicciones del modo de producción capitalista se están agudizando, y de un modo particular en la actual etapa monopolista del mismo. La exacerbada competencia entre los capitalistas mina la concordia antes alcanzada entre las naciones y entre las clases dentro de cada nación. De ahí, el auge de la extrema derecha en el mundo y en el mismo continente europeo que fue devastado por ella hace 80 años. De ahí que, en España, la derecha recurra a la herencia franquista contenida en la vigente Constitución (monarquía al frente de un ejército como garante de la unidad de España, etc.).

En una batalla ideológica como la que se está librando, la única manera de orientarse con acierto es indagar qué intereses materiales hay detrás de tanta histeria, irracionalidad y falsedad. Más concretamente, como decía Lenin, seguiremos siendo necias víctimas del engaño propio y del de los demás mientras no aprendamos a descubrir detrás de las palabras los intereses de las diversas clases que componen la sociedad [1] .

Las ideas y los partidos de derecha defienden los intereses de la clase económicamente dominante, la burguesía capitalista: su interés de seguir siéndolo a costa de explotar cada vez más a los asalariados. Pero esto no supone que los intereses de los trabajadores los defiendan realmente los partidos ahora gobernantes.

El PSOE ha demostrado, al menos en los últimos decenios y por la trayectoria de sus actuales ministros, que antepone los intereses fundamentales de los capitalistas a los de los obreros. Se trata, por tanto, también de un partido político al servicio de la burguesía, aunque se diferencia de la derecha en que la mayor parte de su base social es proletaria, en que pretende un capitalismo menos desigual y en que prefiere el engaño a la imposición. Además es justo afirmar que, con el desarrollo en curso de los antagonismos sociales, la derecha es más reaccionaria, mientras que el PSOE es más conservador.

La clase capitalista y la clase obrera son las dos clases fundamentales de la sociedad capitalista, pero no son las únicas clases presentes ni todas las capas de cada una de estas clases tienen idénticos intereses. Entre estas dos clases fundamentales, está la pequeña burguesía y, en esta misma zona intermedia de intereses, las capas superiores de trabajadores asalariados. Representan una amplia proporción de la población en los países más o menos dominantes del sistema imperialista mundial, como lo es España. Unidas Podemos representa su ala democrática, la que se acerca al proletariado [2] con el agravamiento de la crisis del capitalismo; mientras que su ala reaccionaria se convierte en la fuerza de choque fascista de la clase capitalista, a través de Vox y otros partidos por ahora pequeños.

En resumidas cuentas, las derechas y el actual gobierno de coalición dominado por el PSOE –con su programa insuficiente y ambiguo- no van a satisfacer las necesidades fundamentales de los trabajadores asalariados y sí, de un modo u otro, los intereses estratégicos de la burguesía que nos dirige hacia el fascismo y la guerra. De esto deducen algunos comunistas que procede oponerse por igual al gobierno PSOE-Unidas Podemos que a la derecha, y quizás más a aquél porque destruye mediante el engaño la intuición de clase de los trabajadores. Y ciertamente, tenemos la obligación de desenmascarar y combatir intransigentemente las ideas engañosas que los demócratas pequeñoburgueses (socialdemócratas, posmodernos y revisionistas) inculcan en la conciencia de los obreros mientras declaran su solidaridad con las demandas de éstos.

Pero cometeríamos un grave error si nos obcecáramos en ver únicamente esta faceta de la realidad y de nuestras tareas. Al lado de ella y en relación contradictoria con ella, hay otros hechos reales a tener en consideración antes de sintetizar la actitud y el programa de acción que conviene a la lucha por la emancipación de la clase obrera en el período actual.

Un hecho que no debemos pasar por alto es la lucha sectaria de los partidos de la derecha española que, al obstaculizar la investidura del PSOE en solitario, han obligado a este partido a una alianza con la democracia pequeñoburguesa de Unidas Podemos y de los partidos separatistas de izquierda, basada en reivindicaciones emanadas de los movimientos populares [3]. Esta lucha en el seno de la burguesía imperialista la debilita, lo que correlativamente beneficia al desarrollo del movimiento obrero y democrático en general. De entrada, esta fractura se plasma en el hecho de que, por primera vez desde el Frente Popular de la II República, hay miembros del PCE en un gobierno español, en contra de la Gladio y de todas las injerencias del imperialismo estadounidense en Europa Occidental desde la II Guerra Mundial (bien es cierto que el PCE no practica una política marxista-leninista, pero tampoco lo hacía el PC Italiano de los años 60-70).

Esta lucha partidista en el campo de la gran burguesía radica en que la derecha y la socialdemocracia no defienden del mismo modo el interés estratégico de su clase. Los acuerdos del PSOE con Unidas Podemos y con ERC suponen, desde el momento de su firma, una cierta tregua en la ofensiva reaccionaria plasmada en “reformas estructurales” neoliberales y en medidas represivas contra las libertades, la organización y la lucha de las masas.

En primer lugar, los comunistas no somos indiferentes a las reivindicaciones económicas de las masas, por muy insuficientes que sean desde el punto de vista de su liberación final. El propio Marx, después de demostrar que el régimen económico capitalista tiende necesariamente a empeorar las condiciones de vida de los obreros [4], rechazaba deducir de ello la inutilidad de toda lucha que no fuera revolucionaria: “¿quiere esto decir que la clase obrera deba renunciar a defenderse contra las usurpaciones del capital y cejar en sus esfuerzos para aprovechar todas las posibilidades que se le ofrezcan para mejorar temporalmente su situación? Si lo hiciese, veríase degradada en una masa uniforme de hombres desgraciados y quebrantados, sin salvación posible”. Debemos apoyar, por tanto, las medidas e intenciones del gobierno que beneficien, por poco que sea, a los trabajadores, impulsando la movilización de masas por su realización y por su ampliación [5], a la vez que criticamos el incumplimiento de los compromisos gubernamentales.

En segundo lugar, los comunistas no somos indiferentes ante la diversidad de formas de dominación de la burguesía. Nuestra lucha contra esta dominación en todas sus formas exige que tomemos partido por las que menos restrinjan la libertad de expresión y de organización de las masas. En 1936, el PCE se incorporó al gobierno del Frente Popular sobre la base de un programa poco más que antifascista. Ahora, el fascismo todavía no está tan desarrollado como en aquellos años, pero va camino de ello. Tenemos la oportunidad de anticiparnos y aprovechar esta tregua para reunir las condiciones sindicales, democráticas y revolucionarias que están muchísimo más atrasadas que entonces.

Finalmente, el gobierno de coalición es el fruto de una victoria electoral de las masas obreras más conscientes y de las capas medias democráticas contra los llamados poderes fácticos, los estamentos privilegiados y su monopolio mediático. Elección tras elección –que fueron cuatro seguidas- la mayoría de los votantes resistió esta presión reaccionaria y dio su apoyo a los partidos más democráticos. Esta masa de más de 10 millones de personas es la que está en mejores condiciones de impulsar el progreso social de España. En su mayoría, son todavía muy escépticos sobre su capacidad de cambiar la sociedad y se resignan a paliativos reformistas que beneficien de un amplio consenso. Pero son la base de masas de la revolución necesaria.

Invertir la correlación de fuerzas, hoy favorable a los capitalistas, no se consigue despreciando la voluntad de estas amplias masas populares, sino organizándolas en pos de un objetivo necesario y, por esto mismo, realista [6]. Para ello, es preciso apoyarlas en todo lo que han comprendido correctamente, aunque sea muy poca cosa, y ayudarlas a vencer los obstáculos que impiden su realización. Es el caso de lo que tiene de progresivo la coalición entre el PSOE y Unidas Podemos, así como del enfoque democrático e internacionalista de la relación entre los territorios de España. Por supuesto que debemos combatir los prejuicios irracionales, pero no todo lo es en el anhelo reformista de las masas.

En 1920, Lenin pedía a los partidos comunistas recién formados que aprendieran a razonar, a “conducirse como el partido de la clase y de las masas”, a “observar serenamente el estado real de la conciencia y de la preparación de toda la clase (y no solo de la vanguardia comunista) de toda la masa trabajadora entera (y no solo de los más avanzados)”. Los comunistas sabemos que únicamente la sustitución del capitalismo por el socialismo puede mejorar realmente la situación de la mayoría trabajadora, pero de poco sirve si no se lo explicamos a las masas de manera convincente, con sólidos argumentos científicos y ayudándolas a comprobarlos con su propia experiencia. Mal vamos si, ya de primeras, nos oponemos a su experiencia y a su decisión de llevar al gobierno a la socialdemocracia junto con la democracia pequeñoburguesa; si minusvaloramos los ataques de la derecha reaccionaria y si nos limitamos a la crítica negativa al gobierno y, con él, a las masas democráticas que lo eligieron y que todavía confían en él.

Si observamos “con serenidad el estado real de la conciencia y de la preparación” de toda la masa trabajadora, de la clase obrera e incluso de los comunistas, tendremos que reconocer lo mucho que han retrocedido desde hace decenios. Mientras la ideología burguesa ha visto multiplicarse los canales a través de los cuales corrompe la conciencia de la población, la ideología proletaria –el marxismo-leninismo- es cada vez más desconocida, deformada y denostada. En estas condiciones, poco más se puede exigir a estas masas de lo que han hecho. Ya no se trata de que Pablo Iglesias o Pedro Sánchez no sean de fiar: aunque quisieran, no podrían derrocar la dominación de los capitalistas, y no sólo porque el gobierno elegido por voluntad popular carece del verdadero poder político (como se ha vuelto a comprobar en Bolivia y se verá también aquí: de momento, con la atadura que suponen las leyes en vigor, la judicatura y todo el aparato del Estado), sino sobre todo debido al bajo nivel de movilización de las masas.

Para elevarlo, hay mucho trabajo que hacer en el seno de la clase obrera, entre sus masas y, sobre todo, entre su vanguardia comunista. Necesitamos tiempo y condiciones políticas que no sean las peores, dentro de lo posible. Y esto es lo que nos proporciona este gobierno, mientras cumpla sus promesas de frenar la ofensiva reaccionaria y mientras no se sume a ella. No sabemos cuánto va a durar esta tregua, pero debemos aprovecharla. Hay momentos en la historia como el presente, en que lo más revolucionario es ganar tiempo y aprovecharlo para aumentar las fuerzas ante la batalla inminente. Hace 80 años, la Unión Soviética tuvo que hacerlo pactando con su principal enemigo, la Alemania nazi, y, gracias a ello, consiguió tiempo para prepararse; no todo el deseable, pero sí el suficiente para que acabara venciendo, que se extendiera el campo socialista a un tercio del planeta, que creciera el movimiento de liberación de las colonias y que se satisficieran muchas de las reivindicaciones del movimiento obrero en los países capitalistas.

La conveniencia de esta táctica de apoyo limitado y crítico [7] al gobierno del PSOE con Unidas Podemos -y más amplio a las masas que lo han promovido- se vuelve clara y evidente a condición de que los comunistas seamos conscientes del trabajo a realizar durante el tiempo ganado, del trabajo que no estamos haciendo y que hace mucho que dejamos de hacer. Desgraciadamente es esta conciencia la que nos falta y sólo podemos desarrollarla si debatimos nuestras diferencias con verdadera voluntad de resolverlas, a la vez que actuamos juntos en todo lo que estemos de acuerdo, por muy poco importante que sea o nos parezca.

Hay comunistas que temen que, por apoyar a este gobierno abocado a defraudar o traicionar las expectativas populares, vayamos a hundirnos con él como cómplices y a favorecer el consiguiente auge de la extrema derecha. Este temor es infundado puesto que se trata de un apoyo contra la ofensiva derechista, de un apoyo condicionado a que se alivie la opresión sobre las masas y orientado a elevar la conciencia revolucionaria de las mismas.

Para desarrollar esta conciencia, no bastan las situaciones de sufrimiento, la lucha contra ellas, la denuncia de la culpa económica y política de los capitalistas y sus políticos. Así de unilateralmente y de infructuosamente han visto siempre las cosas los sindicalistas, los anarquistas y todos los socialistas pre-marxistas. En lugar de ello, los marxistas han proporcionado a la lucha de la clase obrera una base científica, una perspectiva, una estrategia y una táctica, consiguiendo que ésta edificara una sociedad socialista en muchos países y durante largos períodos.

Tras la contrarrevolución triunfante a lo largo de la segunda mitad del siglo pasado, un sector considerable de comunistas ha perdido la confianza en el marxismo-leninismo, a pesar de que, sin esta teoría científica, a los revolucionarios no nos espera más que aislamiento, desesperación y derrota. Muchos comunistas han recaído, no ya solo en la enfermedad infantil del “izquierdismo” [8], sino en la falsa alternativa del espontaneísmo, es decir, en el seguidismo hacia el movimiento espontáneo de las masas, descuidando la difusión y la aplicación íntegras de la teoría científica del marxismo-leninismo. La batalla que Lenin libró contra esta tendencia y que condensó en su obra ¿Qué hacer?, lejos de ser una exageración del dirigente bolchevique, es la quintaesencia de cómo el marxismo actuó durante el siglo XIX para convertir al movimiento obrero en un partido político, desde el cual conquistar el poder y liberar al proletariado de la explotación capitalista.

En efecto, Marx advertía en su discurso titulado Salario, precio y ganancia que “la clase obrera no debe exagerar a sus propios ojos el resultado final de estas luchas diarias. No debe olvidar que lucha contra los efectos, pero no contra las causas de estos efectos; que lo que hace es contener el movimiento descendente, pero no cambiar su dirección; que aplica paliativos, pero no cura la enfermedad. No debe, por tanto, entregarse por entero a esta inevitable lucha guerrillera, continuamente provocada por los abusos incesantes del capital o por las fluctuaciones del mercado. Debe comprender que el sistema actual, aun con todas las miserias que vuelca sobre ella, engendra simultáneamente las condiciones materiales y las formas sociales necesarias para la reconstrucción económica de la sociedad”.

Engels dedujo de este hecho la tarea práctica fundamental de los comunistas: “… el socialismo científico, expresión teórica del movimiento proletario, es el llamado a investigar las condiciones históricas y, con ello, la naturaleza misma de este acto [la revolución proletaria], infundiendo de este modo a la clase llamada a hacer esta revolución, a la clase hoy oprimida, la conciencia de las condiciones y de la naturaleza de su propia acción” [9].

La repetición de viejos errores se debe al desamparo y a la desorientación que ha producido la contrarrevolución general a la que nos hemos referido. Mientras la URSS se desarrolló de acuerdo con los principios generales del marxismo-leninismo, las masas proletarias intuían que se trataba del camino a seguir y esta teoría era hegemónica entre los comunistas. A partir de su XX Congreso, el Partido Comunista de la Unión Soviética se desvió de estos principios y el movimiento comunista internacional se adentró en un debate y una crisis que proporcionó a la vez elementos de clarificación y de confusión. Fue una primera negación dialéctica de la rica experiencia revolucionaria. Sus resultados generales ya están a la vista, pero nos estamos retrasando en sacar las conclusiones pertinentes. Hay que llevar a cabo la negación de la negación: volver a la unidad de acción y orgánica entre los comunistas a partir de lo común y de la resolución de las divergencias heredadas. El primer paso práctico que necesitamos es la organización de un aparato de propaganda conjunto que lleve a las masas obreras nuestros acuerdos y también nuestros desacuerdos. No debemos seguir conformándonos con fragmentos de la verdad y fragmentos del Partido. Hay que restablecer el materialismo dialéctico como base de la política comunista y avanzar decididamente hacia la unidad del partido revolucionario de la clase obrera.

En conclusión, Unión Proletaria estima necesario que los comunistas apliquemos, en las circunstancias presentes, una táctica de apoyo crítico a este gobierno frente a la reacción, a fin de ayudar a las masas que lo eligieron mayoritariamente a convencerse de nuestra propaganda democrática y socialista, y a desarrollar la organización revolucionaria de su lucha a partir de sus reivindicaciones económicas y políticas.

Notas

[1] V. I. Lenin, Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo. https://www.aporrea.org/internacionales/a154624.html

[2] Aunque es contraria a la causa revolucionaria del proletariado, al marxismo-leninismo.

[3] Toda alianza es una expresión de lucha y, en este caso, mientras Unidas Podemos peleará por algunas de las reformas demandadas por los movimientos sociales, el PSOE lo hará por imponer los intereses de los capitalistas y por liquidar a su socio como representante (aun moderado) de dichos movimientos.

[4] En la actual etapa imperialista del capitalismo, hay que entender esta tendencia a una escala internacional e histórica: no sólo en los países dominantes que reúnen una proporción cada vez menor de la población mundial y no sólo en las fases de bonanza económica.

[5] Una de las primeras oportunidades será el apoyo a la huelga general convocada en Euskadi para el 30 de enero en defensa del sistema público de pensiones. El propio Pablo Iglesias ha manifestado que el gobierno "necesitará de la crítica y de la presión de los movimientos sociales para hacer las cosas bien" (Público, 4-1-2020).

[6] Los pequeñoburgueses posmodernos y revisionistas sólo alcanzan a ver como realista aquello de lo que la mayoría es consciente inmediatamente. Si fuera así, seguiríamos creyendo que la tierra es plana y que el sol gira alrededor de ella, porque sólo unos pocos como Copérnico y Galileo pensaban lo contrario. No comprenden que es realista todo lo que el desarrollo social ha vuelto necesario, como la revolución socialista proletaria en curso desde el año 1917, aunque a la mayoría le parezca que no. Un claro ejemplo de aquel idealismo mediocre lo tenemos en el artículo de J. C. Monedero "Tarea urgente: correr el centro hacia la izquierda" (Público, 11-1-2020)

[7] No procede adoptar en el momento actual la consigna aprobada por los bolcheviques en abril de 1917 de no dar "ningún apoyo al gobierno provisional". Entonces, se trataba de un gobierno (liberal-burgués) que resultaba reaccionario en relación con el espíritu revolucionario de las masas. El camino progresivo explicado por los bolcheviques a las masas no consistía en pedirles que le entregaran a ellos el poder político, sino en que fueran los soviets (consejos) de obreros y soldados (campesinos) los que lo tomaran, ¡a pesar de que estos órganos electivos estaban dominados por la democracia pequeñoburguesa del tipo de Unidas Podemos! Aquí y ahora, el espíritu de las masas no pasa del democratismo burgués, entre otras cosas porque los comunistas les explicamos muy poco los principios teóricos del socialismo y su ya abundante aplicación práctica desde 1848 hasta al menos los años 1960-70.

[8] ¿Por qué Lenin escribió La enfermedad infantil del "izquierdismo" en el comunismo? ¿Se equivocó en lo que ahí sostuvo? Si no, ¿qué ha cambiado concretamente desde entonces para que haya dejado de ser correcto? Quienes nos declaramos partidarios de las ideas de Lenin deberíamos responder a estas preguntas antes de adoptar posiciones que las ignoran.

[9] F. Engels, Del socialismo utópico al socialismo científico. https://www.marxists.org/espanol/m-e/1880s/dsusc/


Apartado de correos 51498. 28080, Madrid.

Seguir la vida del sitio RSS 2.0 | Mapa del sitio | Area de gestión | SPIP